Autores
María Fernanda Padilla Reyes
Estudiante de la Licenciatura en Nutrición, Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), Universidad de Guadalajara (UdeG).
Diana Montserrat Tirado Rocha
Estudiante de la Licenciatura en Nutrición, Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), Universidad de Guadalajara (UdeG).
Teresita de Jesús Hernández Flores
Departamento de Disciplinas Filosóficas, Metodológicas e Instrumentales, CUCS, UdeG.
Contacto: [email protected]
¿Qué es la microbiota?
Dentro de nuestro cuerpo habita una comunidad invisible de microorganismos, como bacterias, virus, hongos y arqueas, que trabajan constantemente para mantenernos saludables. Estos «ayudantes» conforman lo que llamamos microbiota. Aunque no podemos verlos, viven en armonía con nuestras células y desempeñan funciones esenciales para nuestro bienestar.
Estos microorganismos habitan diversas partes del cuerpo, pero los más conocidos son los que residen en el intestino, especialmente en el intestino grueso. Para visualizar su magnitud, imagina que el intestino es una ciudad superpoblada con más de 100 millones de habitantes. A pesar de su diminuto tamaño, desempeñan un papel fundamental en la salud, ya que sin ellos muchas funciones esenciales no podrían llevarse a cabo.
Por ejemplo, cuando consumes alimentos, estos microorganismos ayudan a descomponer nutrientes que tu cuerpo, por sí solo, no podría procesar. Además, producen compuestos esenciales, como la vitamina K y las del complejo B, fundamentales para diversas funciones biológicas. También actúan como guardianes, manteniendo el sistema inmunológico alerta y protegiendo al organismo contra infecciones.
Desde el momento en que naces, tu microbiota comienza a desarrollarse y evoluciona a lo largo de tu vida, influenciada por la alimentación, el uso de antibióticos e incluso tu carga genética. Cada persona posee una microbiota única, lo que explica por qué respondemos de manera diferente a enfermedades y tratamientos. Es tan singular como una huella digital, aunque con ciertos elementos en común, y esa diversidad es parte de lo que nos hace especiales [1].
Prebióticos y probióticos: los aliados invisibles
Los prebióticos y probióticos son elementos esenciales para mantener el equilibrio de la microbiota intestinal. Los prebióticos son compuestos no digeribles, como la fibra, que sirven de alimento para las bacterias beneficiosas del intestino. Puedes imaginarlos como un «abono» que favorece el crecimiento y fortalecimiento de estas bacterias.
Los prebióticos, presentes en alimentos como frutas, verduras y granos enteros, no se digieren en el estómago ni en el intestino delgado. En cambio, llegan al intestino grueso, donde son fermentados por bacterias beneficiosas, lo que favorece la digestión, fortalece la respuesta inmunológica y reduce el riesgo de enfermedades metabólicas.
Por otro lado, los probióticos son microorganismos vivos que, al consumirse en cantidades adecuadas, contribuyen directamente a la salud intestinal. Actúan como «refuerzos» que llegan al intestino para fortalecer a las bacterias ya presentes. Se encuentran en alimentos fermentados como el yogur, el kéfir y el chucrut, así como en suplementos.
Tanto los prebióticos como los probióticos no solo benefician la salud digestiva, sino que también influyen en el bienestar mental. Estudios han demostrado que pueden reducir el estrés, la ansiedad y los síntomas de la depresión al mejorar el equilibrio intestinal y la función del eje intestino-cerebro [2].

Figura 1. Relación entre la microbiota intestinal y la salud mental.
¿Cómo se relaciona la microbiota con la salud mental?
La conexión entre la microbiota y la salud mental se basa en el eje intestino-cerebro, un sistema de comunicación bidireccional que permite que los cambios en el intestino afecten al cerebro y viceversa. Esta relación es clave para comprender cómo el equilibrio intestinal puede influir en trastornos como la ansiedad, la depresión y el estrés.
El intestino y el cerebro están conectados a través de múltiples vías, siendo el nervio vago una de las más importantes. Funciona como una línea de comunicación directa que permite el intercambio de señales entre ambos órganos. En el intestino se producen neurotransmisores como la serotonina, conocida como la «hormona de la felicidad», que desempeña un papel fundamental en la regulación del estado de ánimo.
Cuando el equilibrio de la microbiota se altera (disbiosis), el cerebro también se ve afectado. Es como vivir rodeado de vecinos ruidosos y desordenados: el desorden intestinal puede provocar ansiedad, estrés o depresión. En cambio, cuando la microbiota está en armonía, esos «vecinos» son tranquilos, y todo funciona correctamente, tanto en el intestino como en el cerebro.
El estrés también desempeña un papel clave en esta conexión. Un desequilibrio en la microbiota puede intensificar el estrés, y el estrés, a su vez, puede alterar aún más la microbiota, generando un círculo vicioso. No obstante, el consumo de probióticos y una dieta equilibrada pueden contribuir a romper este ciclo, favoreciendo tanto la salud intestinal como el bienestar mental [1].
Alimentos funcionales
Los alimentos funcionales son más que una fuente de energía; poseen beneficios adicionales para la salud. Contienen compuestos específicos que optimizan el funcionamiento del organismo y contribuyen a mantener el bienestar. Estos alimentos no solo nutren, sino que también fortalecen la microbiota intestinal, ayudando a prevenir enfermedades. Al consumirlos, proporcionas el alimento necesario para que estos microorganismos trabajen de manera óptima, favoreciendo la digestión, la absorción de nutrientes y el fortalecimiento del sistema inmunológico.
El yogur con probióticos es un excelente ejemplo de alimento funcional, ya que actúa como un refuerzo para la microbiota. Contiene bacterias beneficiosas que llegan al intestino para apoyar a las que ya residen allí. Otro ejemplo son los alimentos ricos en fibra, como la avena y los plátanos, cuya fibra funciona como el combustible que mantiene activas a las bacterias intestinales. Además, alimentos como el ajo, la cebolla y la cúrcuma contienen compuestos que favorecen el crecimiento y fortalecimiento de estos microorganismos. Consumir alimentos funcionales es como darle un impulso extra a tu organismo, favoreciendo su funcionamiento y reduciendo el riesgo de enfermedades [3].
Conclusiones
La microbiota intestinal desempeña un papel crucial en la salud mental, ya que influye en el bienestar emocional a través del eje intestino-cerebro. Este sistema de comunicación regula funciones clave como el estado de ánimo, el estrés y la ansiedad. Mantener el equilibrio de la microbiota es esencial para una salud mental óptima. Factores como la alimentación, el consumo de probióticos y prebióticos, y el manejo del estrés pueden contribuir a restaurar este equilibrio, favoreciendo tanto la salud emocional como mental.
Referencias
[1] Generoso JS, Giridharan VV, Lee J, Macedo D, Barichello T. The role of the microbiota-gut-brain axis in neuropsychiatric disorders. Brazilian Journal Of Psychiatry. 1 de junio de 2021;43(3):293-305. doi:10.1590/1516-4446-2020-0987. PMID: 32667590; PMCID:PMC8136391.
[2] Wu SX, Li J, Zhou DD, Xiong RG, Huang SY, Saimaiti A, et al. Possible Effects and Mechanisms of Dietary Natural Products and Nutrients on Depression and Anxiety: A Narrative Review. Antioxidants. 28 de octubre de 2022;11(11):2132. https://doi.org/10.3390/antiox11112132
[3] Xiong RG, Li J, Cheng J, Zhou DD, Wu SX, Huang SY, et al. The Role of Gut Microbiota in Anxiety, Depression, and Other Mental Disorders as Well as the Protective Effects of Dietary Components. Nutrients. 23 de julio de 2023;15(14):3258. https://doi.org/10.3390/ nu15143258
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