Autores
Itzel Verónica García Tolentino
Maestría en Ciencias en Biomedicina, Facultad de Medicina, Universidad Autónoma de Querétaro
Adriana Jheny Rodríguez Méndez
Laboratorio de Neuroinmunoendocrinología, Centro de Investigación Biomédica Avanzada, Facultad de Medicina, Universidad Autónoma de Querétaro
Iza Fernanda Pérez Ramírez
Departamento de Química Clínica y Diagnóstico Molecular, Facultad de Química, Universidad Autónoma de Querétaro
Contacto: iza.perez@uaq.mx
Maternidad, una experiencia compleja
Durante muchos años, la maternidad ha estado influenciada por factores culturales y sociales relacionados con el rol de la mujer y la crianza. Se trata de una experiencia de vida que involucra vínculos sociales, creencias, valores y representaciones. La noticia de un embarazo puede generar importantes cambios emocionales, con sentimientos encontrados relacionados con la maternidad, como fluctuaciones en el estado de ánimo, inestabilidad emocional, pesimismo, mayor interés por la salud, tristeza o ansiedad ante el miedo a perder el feto, temor a lo desconocido, preocupación por asumir el rol materno e incertidumbre económica [1, 2].
De acuerdo con datos de la Secretaría de Salud de México publicados en 2023, dos de cada diez mujeres presentan depresión o algún problema de salud mental durante el embarazo o en el primer año después del parto. El 75 % de ellas no son diagnosticadas ni reciben atención adecuada. Esta situación puede agravarse por factores individuales y externos, como las condiciones sociodemográficas, emocionales, psicológicas y la relación con la pareja o familia. En este contexto, el diagnóstico de diabetes durante el embarazo puede representar un reto adicional que intensifica la carga emocional [4].
¿Cómo afecta la diabetes a mi bebé y a mí?
Actualmente, la diabetes es considerada la segunda complicación más común durante el embarazo. Se trata de una condición que se presenta cuando los niveles de azúcar (glucosa) en la sangre son más altos de lo normal. Puede presentarse desde antes del embarazo (diabetes pregestacional) o aparecer por primera vez durante el embarazo (diabetes gestacional). Cuando no se controla adecuadamente, esta condición puede afectar tanto a la madre como al bebé. En la madre, puede aumentar el riesgo de presión alta o infecciones. En el bebé, pueden presentarse algunas complicaciones, como un crecimiento mayor al esperado (macrosomía), lo que puede dificultar el parto y provocar lesiones en los hombros al nacer. También es posible que el recién nacido tenga coloración amarilla en la piel y los ojos (ictericia) o dificultades para respirar. A largo plazo, tanto la madre como su bebé pueden tener mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 [3].
Más allá de las implicaciones médicas, el diagnóstico de diabetes durante el embarazo puede tener un fuerte impacto emocional. Para muchas mujeres, recibir la noticia de que su embarazo ahora es considerado como «de alto riesgo» genera ansiedad, culpa, tristeza o incertidumbre. Esto puede estar relacionado con las expectativas que tenían sobre esta etapa, en la que un proceso comúnmente asociado con ilusión se convierte en una experiencia marcada por el miedo, interfiriendo con su bienestar emocional e incluso con su vínculo con el embarazo [4].
Antes del diagnóstico hay una oportunidad para la prevención
En México, los casos de diabetes durante el embarazo han ido en aumento. Esto se relaciona con varios factores, como el estilo de vida y algunas características de la población, como antecedentes culturales, genéticos e incluso étnicos que aumentan la susceptibilidad a desarrollar enfermedades metabólicas como la diabetes. Es por ello que es fundamental que todas las mujeres reciban seguimiento médico adecuado desde antes del embarazo, especialmente si presentan factores de riesgo [3].
Los factores de riesgo son características, condiciones o incluso comportamientos que aumentan la probabilidad de que una persona desarrolle una enfermedad o complicación; es decir, no la causan directamente, pero sí hacen que sea más probable que ocurra. En el caso de la diabetes en el embarazo, los factores de riesgo más comunes son antecedentes personales o familiares de diabetes o resistencia a la insulina, edad materna avanzada (>35 años), sobrepeso u obesidad, sedentarismo y trastornos hormonales como de la tiroides o síndrome de ovario poliquístico [3].
¿Qué sucede después del diagnóstico?
Cuando una mujer es diagnosticada con diabetes durante el embarazo, el equipo de salud suele clasificar su embarazo como «de alto riesgo». Esto significa que se requiere un seguimiento más frecuente y detallado. Uno de los primeros pasos suele ser la recomendación de un plan alimenticio personalizado, así como la incorporación de actividad física moderada. Estos cambios buscan mantener los niveles de glucosa en sangre dentro de un rango saludable [3].
Para evaluar si el tratamiento está funcionando, se recomienda un monitoreo diario de los niveles de glucosa en sangre. Esto puede realizarse con un glucómetro digital, que requiere pequeñas punciones en el dedo varias veces al día, o, en algunos casos, con un monitor de glucosa continuo que registra los niveles de glucosa en tiempo real sin necesidad de pinchazos. Generalmente, las mediciones se hacen en momentos clave del día, como al despertar, antes de las comidas o una o dos horas después de comer. Estos valores permiten al personal médico ajustar el plan de alimentación, la actividad física o, si es necesario, iniciar tratamiento farmacológico como metformina o insulina [3].
Estas acciones, que parecen ser solo médicas, tienen un impacto directo en la vida emocional de la mujer. Modificar su rutina diaria, asistir a más consultas médicas, cambiar su alimentación, estar atenta a cada lectura de glucosa, sin dejar el miedo a que algo salga mal, puede volverse abrumador. Es por ello que muchas mujeres se sienten vigiladas, inseguras e incluso culpables cuando no logran mantener los niveles de glucosa «ideales».
Me cuido para cuidar a mi bebé
El estado de alerta constante desde el diagnóstico de diabetes en el embarazo puede dar lugar a cuestionamientos sobre los riesgos durante y después de la gestación, afectando la capacidad de la madre para adaptarse a su nuevo contexto. En este proceso, el autocuidado puede dejar de sentirse como una herramienta de bienestar, percibiéndose más como una carga [2]. Ante esta situación, el apoyo emocional y social es fundamental. Contar con una red cercana, ya sea la pareja, la familia, amistades o incluso personal de salud empático, puede marcar la diferencia entre pasar por esta experiencia en soledad o con acompañamiento. Cuando este respaldo no existe, el autocuidado se vuelve más difícil de sostener y el bienestar emocional se ve comprometido.
Además, el estado mental de la madre influye directamente en cómo acepta su diagnóstico y en su capacidad para tomar decisiones cotidianas que le permitan afrontar la condición con mayor confianza. Entre las estrategias recomendadas para atravesar un embarazo de alto riesgo están [2, 4]:
- La autoeficacia, es decir, la confianza en una misma para manejar la situación;
- El apoyo emocional (escucha, contención y validación);
- El acceso a información clara que permita comprender y tomar decisiones;
- El acompañamiento, es decir, ayuda práctica en la vida diaria.
En México, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) cuenta con guías clínicas dirigidas al personal de salud para el diagnóstico y tratamiento de la diabetes en el embarazo, las cuales pueden servir como base para desarrollar materiales informativos accesibles y útiles para las mujeres embarazadas. En la Figura 1 se presenta una infografía adaptada con algunos puntos clave que pueden orientar el autocuidado físico y emocional antes, durante y después del embarazo.

Conclusiones
Durante el embarazo, la falta de apoyo emocional y social, así como la ausencia de estrategias para afrontar el diagnóstico de diabetes, puede dificultar la adopción de nuevos hábitos de autocuidado. Esta situación no solo impacta en el bienestar emocional de la madre, sino que también puede interferir con el tratamiento y aumentar el riesgo de complicaciones, tanto durante la gestación como después del nacimiento. Por eso, contar con un acompañamiento psicosocial adecuado es fundamental. Cuando la mujer se siente escuchada, comprendida y apoyada, es más probable que logre adaptarse a los cambios que requiere su salud y la de su bebé. Crear conciencia entre familiares, parejas y redes cercanas sobre la importancia de su papel durante esta etapa puede generar un entorno más empático y protector, y contribuir a una experiencia de embarazo más saludable.
Referencias
[1] Mozqueda-Rodríguez E. Hacia una nueva construcción de la maternidad desde la democratización familiar: una colaboración con el colectivo “Malas Madres”. Querétaro: Universidad Autónoma de Querétaro; 2021.
[2] Bedaso A, Adams J, Peng W, Sibbritt D. The relationship between social support and mental health problems during pregnancy: a systematic review and meta-analysis. Reprod Health. 2021 Jul 28;18(1):162.
[3] ElSayed NA, McCoy RG, Aleppo G, Balapattabi K, Beverly EA, Briggs Early K, et al. 2. Diagnosis and Classification of Diabetes: Standards of Care in Diabetes—2025. Diabetes Care [Internet]. 2025 Jan 1 [cited 2025 Mon Day];48(Suppl 1):S27-S49. Available from: https://diabetesjournals.org/care/article/48/Supplement_1/S27/157566/2-Diagnosis-and-Classification-of-Diabetes
[4] Iwanowicz-Palus G, Zarajczyk M, Bień A, Korżyńska-Piętas M, Krysa J, Rahnama-Hezavah M, et al. The relationship between social support, self-efficacy and characteristics of women with diabetes during pregnancy. Int J Environ Res Public Health. 2021 Dec 28;19(1):304.



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