Autores
Miriam Anahí Flores Barragán
Estudiante de la Licenciatura en Médico Cirujano y Partero, Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), Universidad de Guadalajara (UdeG)
Erick Sierra Díaz
Departamentos de Clínicas Quirúrgicas y Salud Pública, CUCS, UdeG.
División de Epidemiología, UMAE Hospital de Especialidades Centro Médico Nacional de Occidente del IMSS, Guadalajara
José Ángel Regla Nava
Centro de Investigación en Enfermedades Infectocontagiosas, Departamento de Microbiología y Patología, CUCS, UdeG
Contacto: jose.regla@academicos.udg.mx
¿Te imaginas que la picadura de un mosquito pueda cambiar la estructura del cerebro de un bebé antes de nacer?
Los virus son parásitos extraordinarios. Están compuestos por material genético, proteínas y capas que los protegen del ambiente. No tienen mecanismos para generar energía, fabricar proteínas ni reproducirse por sí mismos. Para lograrlo, invaden células sanas que poseen estas capacidades: las utilizan y finalmente las destruyen. Por esta razón, los virus son considerados como parásitos obligados (microorganismos que solo pueden sobrevivir dentro de una célula huésped). Ejemplo de ello es el virus del Zika (ZIKV), transmitido por la picadura de mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus. En 2016, este virus sacudió Latinoamérica con un brote de casi medio millón de casos, siendo Brasil, Colombia y El Salvador los países más afectados. Pero el impacto fue más allá del contagio. Aunque la infección por Zika suele ser asintomática, se ha relacionado con defectos congénitos como la microcefalia, una condición en la que el cráneo del bebé es anormalmente pequeño. Además de la picadura del mosquito, el virus puede transmitirse por contacto sexual, transfusiones de sangre infectada y de manera crucial, de madre a hijo durante el embarazo. Esta vía es especialmente importante para entender los efectos del Zika en el desarrollo fetal [1].
Más allá del contagio
Una semana después de la infección, solo entre el 20 % y el 25 % de los pacientes presentan síntomas inespecíficos como fiebre, dolor de cabeza, conjuntivitis (enrojecimiento ocular), erupciones cutáneas, dolor articular y en algunos casos, trastornos neurológicos como el síndrome de Guillain-Barré, una condición en la que el sistema inmunológico ataca por error a los nervios, provocando parálisis. Las anomalías congénitas suelen aparecer durante el primer y segundo trimestre del embarazo, cuando el riesgo para el desarrollo fetal es mayor. En estos casos, la infección puede causar restricción del crecimiento intrauterino o en situaciones más graves, la muerte fetal. Se estima que el 15 % de los bebés nacidos de madres infectadas desarrollan algún grado del síndrome congénito por Zika (SCZ), que incluye complicaciones neurológicas como calcificaciones intracraneales (depósitos de calcio en estructuras cerebrales), anomalías oculares, pérdida auditiva y microcefalia [2].
Esta última es especialmente relevante por las dificultades que genera a medida que el bebé crece, manifestándose en retraso en el desarrollo motor y cognitivo, convulsiones y dificultades para comer, caminar, hablar o aprender [3].
Desde 2016, científicos de todo el mundo han llevado a cabo investigaciones intensas para comprender cómo un virus tan pequeño puede provocar efectos tan devastadores. La respuesta está en los mecanismos que utiliza para atacar desde el interior de las células.
Del mosquito al bebé en gestación
Cuando un mosquito infectado pica, su saliva que contiene el virus entra en contacto con la sangre humana. El ZIKV posee proteínas en su envoltura que le permiten reconocer e invadir células inmunitarias encargadas de la defensa antiviral, lo que incrementa rápidamente su concentración en el cuerpo [2].
Primer paso: evadir la inmunidad
El sistema inmunológico humano está compuesto por células especializadas que protegen al cuerpo de microorganismos. Para entenderlo mejor, se divide en dos tipos:
- Inmunidad innata, que actúa rápidamente y de forma general.
- Inmunidad adquirida, más específica y capaz de generar memoria.
Ambas trabajan en conjunto para detectar y neutralizar amenazas. Sin embargo, el ZIKV logra evadir en gran medida estas defensas.
Uno de sus principales mecanismos es bloquear la producción de interferón tipo I, molécula clave para coordinar la respuesta inmunitaria. Sin interferón, las defensas pierden capacidad de reacción. Además, el virus inhibe la enzima Dicer, que participa en la generación de pequeños fragmentos de ARN capaces de neutralizar el material genético viral. Sin esta defensa, la célula queda vulnerable a la infección. Durante el embarazo, las hormonas reducen la actividad del sistema inmune para evitar que el cuerpo de la madre rechace al embrión. Este entorno tolerante también facilita que el virus se extienda hacia la placenta y desde ahí, al bebé en gestación. [2].
Segundo paso: atravesar la barrera placentaria
El virus del Zika tiene afinidad por múltiples tipos de células porque interactúa con una variedad de receptores. Entre estos, AXL (proteína transmembrana involucrada en procesos de proliferación y diferenciación celular) es una de las más estudiadas. Estudios han demostrado que las células que expresan más este receptor también son más vulnerables a la infección. Ejemplos de estas son las células madre neurales fetales, gliales y astrocitos. También se ha reportado que las células perivasculares y de la decidua (capa uterina en contacto directo con la placenta), expresan gran cantidad de AXL durante el segundo trimestre del embarazo. En ese sentido, la decidua facilita el ingreso del virus a los tejidos del bebé en gestación y funciona como reservorio viral. Los componentes virales no siempre interactúan solos con los receptores. En el caso de AXL, el Zika necesita formar un complejo con las moléculas GAS6 y PROS1, que actúan como ligandos, es decir, se unen al receptor e inducen una respuesta intracelular. Provocan endocitosis, proceso mediante el cual la célula incorpora elementos del exterior. Esta interacción es esencial para que el virus infecte y se replique dentro de la célula huésped [4].
Otra estrategia que emplea el Zika es aprovechar el proceso de ubiquitinación, que ocurre cuando las células desean eliminar o modificar proteínas y las marcan con una molécula llamada ubiquitina. De esta forma, son capaces de reconocerlas e interactuar con ellas.
Se ha observado que la proteína E del virus puede ser modificada con ubiquitina en un sitio particular, a través de la enzima TRIM7. Esta modificación facilita que el virus acceda a los tejidos fetales y al embrión en desarrollo [2].
Tercer paso: causar daño neurológico
Una vez dentro del bebé en gestación, el virus puede infectar células progenitoras neuronales (NPCs), esenciales para el desarrollo del cerebro. Estas células responden al daño activando la apoptosis (muerte celular programada), mecanismo que normalmente protege al organismo. Sin embargo, si este proceso se activa de forma masiva, el desarrollo cerebral se ve gravemente afectado.
El virus genera daño en el ADN celular y debilita mecanismos de reparación. Esto activa la proteína p53, que inicia una cadena de señales que conduce a la muerte celular. Algunas proteínas del virus, como NS4B, pueden incluso activar este proceso sin necesidad de p53.
Además, el ZIKV interfiere con el citoesqueleto celular, red de filamentos que da soporte a la célula y permite su división. El virus desorganiza esta red y crea “jaulas” que rodean sus sitios de replicación, lo que le permite multiplicarse sin ser detectado. Como resultado, las células pierden su capacidad de dividirse y comunicarse, y finalmente mueren.
Así, el virus del Zika manipula con eficacia al organismo para atravesar múltiples barreras y dañar directamente al embrión en formación [3].
¿Está todo perdido? La respuesta científica al Zika
Aunque no existe un tratamiento antiviral específico ni una vacuna aprobada contra el ZIKV, actualmente se trabaja activamente en su desarrollo. La relación entre el ZIKV y los defectos congénitos llevó a que la comunidad científica lo considerara como una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII) el 1 de febrero de 2016. En respuesta, se han desarrollado diversas estrategias de vacunación:
- Vacunas de ARN mensajero: usan nanopartículas lipídicas que llevan instrucciones para que las células produzcan proteínas virales y generen respuesta inmune.
- Virus modificados: no causan enfermedad, pero entrenan al sistema inmune para reconocer el virus.
- Partículas similares a virus: imitan al ZIKV sin material genético, por lo que no pueden replicarse.
- Vacunas basadas en epítopos: emplean herramientas bioinformáticas para identificar partes del virus que activan defensas del cuerpo, como linfocitos B y T.
Todas estas estrategias buscan garantizar seguridad y eficacia, pilares fundamentales en el control de futuros brotes. [5].
Conclusiones
Es paradójico que algo tan pequeño como un virus pueda provocar consecuencias tan profundas y duraderas, especialmente en la vida de quienes aún no han nacido. El virus del Zika posee una sorprendente capacidad para atravesar barreras biológicas y alterar procesos neurológicos esenciales durante el desarrollo fetal. Comprender cómo se disemina en el organismo y cómo interactúa con nuestras defensas es clave para diseñar estrategias efectivas de prevención y nuevos tratamientos. Aunque las vacunas representan una esperanza, el conocimiento y la investigación siguen siendo nuestra principal herramienta para protegernos.
Referencias
[1] Dahiya N, Choudhary S, Sehgal D, Kaur S, Gupta A, Sharma S, et al. ZIKV: Epidemiology, infection mechanism and current therapeutics. Front Trop Dis. 2023;3:2022.
[2] Giraldo MI, Gonzalez-Orozco M, Rajsbaum R. Pathogenesis of Zika Virus Infection. Annu Rev Pathol. 2023;18:181-203.
[3] King EL, Irigoyen N. Zika Virus and Neuropathogenesis: The Unanswered Question of Which Strain Is More Prone to Causing Microcephaly and Other Neurological Defects. Front Cell Neurosci. 2021;15:695106.
[4] Guzeloglu-Kayisli O, Guo X, Tang Z, Semina E, Ozmen A, Yakubov E, et al. Vertical Zika Virus Transmission at the Maternal-Fetal Interface. Front Virol. 2022;2:2022.
[5] Buitrago-Pabón AL, Ojeda-Rodríguez K, Acuña-Reyes MJ, Rojas-Barón JS, Reyes-Ramos AM, Castellanos JE, et al. An Update on Zika Virus Vaccine Development and New Research Approaches. Microbiol Res. 2024;15(2):667-92.



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