Autores
Ruth Rodríguez Montaño
Departamento de Salud-Enfermedad como Proceso Individual y Colectivo, Universidad de Guadalajara (UdeG)
Mario Alberto Alarcón Sánchez
Estudiante del Doctorado en Biología Molecular en Medicina, Departamento de Biología Molecular, Instituto de Investigación en Odontología, Departamento de Clínicas Dentales Integradas, Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), UdeG
Sarah Monserrat Lomelí Martínez
Departamento de Ciencias Médicas y de la Vida, Centro Universitario de la Ciénega, UdeG
Contacto: sarah.lomeli@academicos.udg.mx
En los últimos años, la población mundial ha enfrentado diversas enfermedades infecciosas, de las cuales una se expandió lo suficiente para convertirse en pandemia (COVID-19). A raíz de esta pandemia, se implementaron diversas formas de evitar la propagación, como el uso de cubrebocas, alcohol en gel para las manos, tapetes desinfectantes, aerosoles y un intenso lavado de manos. Sin embargo, a pesar de que estas enfermedades se han controlado y ya no estamos bajo contingencia por la pandemia, es importante continuar con distintos hábitos para evitar propagar una infección. En este sentido, los consultorios o clínicas dentales son espacios con alta probabilidad de infectar, ya sea a un paciente o al mismo odontólogo.
Origen de los contaminantes
Los contaminantes que ingresan desde el exterior pueden hacer que la calidad del aire sea ineficiente, principalmente por la localización de estos centros de atención médica y odontológica, donde hay bastante tránsito de automóviles, industrias y sistemas de calefacción central.
Sin embargo, dentro de los consultorios o clínicas dentales, los tratamientos más comunes son realizados con distintos equipos, como piezas de mano de alta o baja velocidad con secreción de agua y múltiples jeringas de aire-agua. Estos equipos generan gotículas y aerosoles que pueden contener restos de saliva de los pacientes con virus, bacterias, hongos, etc. Estas gotículas generadas pueden estar suspendidas en el aire y posteriormente reposar sobre el suelo, la unidad dental, la lámpara y demás instrumentos y equipos que estén en el consultorio, por lo que tanto pacientes como odontólogos pueden infectarse [1].
La estructura de los bioaerosoles es variada: pueden incluir sangre, gérmenes, células mucosas, elementos de restauración, fragmentos dentales y amplias cantidades de saliva. En el campo de la odontología, a través de diferentes estudios, se ha podido determinar la tasa de contagio asociada a los aerosoles producidos durante procedimientos dentales y el riesgo de transmisión que esto conlleva [2].
Instrumental que genera aerosoles contaminados en el consultorio dental
Pieza de mano de alta y baja velocidad: estos instrumentos son los famosos «taladritos». El de alta velocidad tiene la capacidad de retirar tejido carioso del esmalte y dentina de los dientes. Cuando se acciona la pieza de alta velocidad, se eyecta agua que ayuda a evitar el sobrecalentamiento del diente y lubrica la zona de trabajo; sin embargo, esto propicia la formación de gotículas que se contaminan con las bacterias que se encuentran en la boca, en especial aquellas que están en la caries que el dentista está retirando.
Por otra parte, la pieza de baja velocidad es utilizada principalmente para rebajar aparatos ortodónticos, placas totales cuando se requieren hacer ajustes y demás dispositivos orales de acrílico. Sin embargo, en atención directa a los pacientes, la pieza de baja velocidad se utiliza para eliminar hueso en algunas cirugías, principalmente cuando se extraen las terceras molares o mejor conocidas como muelas del juicio, las cuales suelen estar dentro del hueso maxilar y se requiere retirar este hueso para extraer el diente. Una vez accionada la pieza de baja velocidad, se debe irrigar la zona para evitar el sobrecalentamiento del hueso y no generar algún problema posterior a los pacientes. Este líquido irrigante puede ser desde suero fisiológico hasta algún tipo de irrigante antiséptico como la clorhexidina; sin embargo, se siguen generando bioaerosoles que pueden contaminar a pesar de que se irrigue con un antiséptico. Estos bioaerosoles pueden contener restos de saliva y sangre, además de detritus del hueso tallado [2].
Áreas críticas del sillón dental
El área de mayor porcentaje de contaminación dentro del consultorio dental es precisamente el sillón donde se recuesta el paciente. Sin embargo, el sillón dental no es solo un sillón; viene equipado con una charola que tiene el control de mando de la jeringa triple y las piezas de alta y baja velocidad, así como la lámpara y los mangos para cambiar de posición la incidencia de la luz (Figura 1).

Desinfección y esterilización
La esterilización implica la eliminación total de todos los microorganismos que se encuentran en un objeto o en una superficie. A diferencia de la desinfección, que elimina solo una parte de los gérmenes, la esterilización es el método más riguroso de limpieza, eliminando por completo la presencia microbiana. En relación con el consultorio dental y las clínicas, es necesario esterilizar todo el instrumental que así lo requiera y pueda someterse al ambiente de una autoclave; sin embargo, no todo se puede esterilizar, ya sea porque es de plástico que se puede quemar o derretir, o simplemente porque no tiene el volumen para ser propiamente esterilizado.
Para el caso de los muebles, pisos y paredes, es importante realizar una buena limpieza donde se elimine polvo y basura, para después someterlos a una limpieza con agentes desinfectantes adecuados que no erosionen o corran el material de los pisos o los plásticos de la unidad dental.
Para el instrumental dental es indispensable distinguir aquello que es desechable y lo que no lo es. Respecto a los instrumentos de acero inoxidable, como el espejo dental, las diversas cucharillas o espátulas para cementos o resinas, y las piezas de alta y baja velocidad, deben ser esterilizadas, rotuladas y almacenadas adecuadamente sin estar en contacto con el ambiente de trabajo del consultorio.
Sin embargo, no todas las piezas de alta o baja velocidad soportan la temperatura y las atmósferas para ser debidamente esterilizadas, por lo cual es importante tanto conocer las cualidades del instrumental utilizado como las opciones para poder lograr una buena desinfección o esterilización. En este sentido, existen en el mercado diversos productos líquidos que logran eliminar los patógenos de instrumental delicado; los más utilizados son el glutaraldehído y el amonio cuaternario. También se pueden utilizar las cámaras de esterilización por rayos UV-C, que son altamente efectivas sobre todo para eliminar virus.
Tener los equipos y el instrumental en buenas condiciones y libres de patógenos evita la contaminación cruzada de paciente a paciente, e incluso de pacientes a dentista.
Desinfección del aire en el consultorio o clínica dental
Es un hecho que estas áreas de trabajo están en constante contaminación debido a la naturaleza de los tratamientos odontológicos. Si bien tener en buena condición el instrumental y los equipos es obligatorio e indispensable, también se debe pensar en el aire que se respira en estos lugares. Una vez que se atiende a un paciente y se generan gotículas o bioaerosoles, el aire se contamina, y este contaminará los equipos y muebles del consultorio. Para estas circunstancias es importante contar con filtros HEPA. Estos son limpiadores de aire muy efectivos que se emplean en consultorios dentales para limpiar el aire y minimizar la contaminación. Cuentan con una malla de fibras de vidrio con diámetros que varían entre 0,5 y 0,2 micras. Atrapan partículas nocivas como el polvo, el polen, el moho, los ácaros y otros alérgenos.
La mayoría de los consultorios o clínicas dentales tienen aires acondicionados que refrescan el ambiente, pero también pueden ser el foco que esparce los microorganismos por todos lados, incluso hasta la sala de espera.
La tecnología ha puesto al alcance nanopartículas de grafeno que logran eliminar hasta los patógenos de menor tamaño. Este material puede ser implementado en purificadores de aire que se encuentren dentro de las áreas de alto riesgo, tanto en el consultorio dental como en clínicas y hospitales [3].
Por otra parte, si no se cuenta con la posibilidad de adquirir esta tecnología, es importante buscar la forma de descontaminar el aire. Afortunadamente, se cuenta con distintos aerosoles desinfectantes en el mercado que se pueden utilizar para el área de la salud; estos no contienen aromatizantes. Solo se deben accionar cuando no se encuentre personal ni pacientes en el área a desinfectar y dejarlos un tiempo definido para que hagan efecto. Es importante seguir la guía de uso de cada desinfectante, tanto en cuidados por casos de irritación, modo de uso y tiempo de acción.
Conclusiones
La buena praxis en los consultorios y clínicas dentales va más allá de realizar un buen trabajo clínico al paciente; también radica en las condiciones del área de trabajo. Esto evita propagar infecciones en ambas direcciones, de paciente a dentista y viceversa, y además logra controlar problemas de salud pública que pueden ser desde endémicos, epidémicos o pandémicos.
Referencias
[1] Tzoutzas I, Karoussis I, Maltezou HC. Air Quality in Dental Care Facilities: Update to Current Management and Control Strategies Implementing New Technologies: A Comprehensive Review. Vaccines. 2022 May;10(6).
[2] Montesinos-Rivera MV, Andrade-Ordóñez KL, Redrován-Reyes PC, Zaruma-Zhagñay NG. Contaminación microbiana durante la atención odontológica por la producción de aerosoles y salpicaduras. Rev Arbitr Interdiscip Ciencias la Salud Salud y Vida. 2023;7(13):28–39.
[3] Montaño RR, Alarcón-Sánchez MA, Nieto MM, Hernández JJV, Martínez SML. Application of nanotechnology to dentistry: Impact of graphene nanocomposites on clinical air quality. World J Clin Cases. 2025;13(8).



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