Autores
Juan Manuel Ascencio-Reyes
Licenciatura en Médico Cirujano y Partero, Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), Universidad de Guadalajara (UdeG)
Eduardo Jahir Angulo-de la Cruz
Licenciatura en Médico Cirujano y Partero, CUCS, UdeG
Juan Eduardo González-Aboytes
Médico Adscrito a la Unidad de Atención Integral a Niñas, Niños y Adolescentes con Quemaduras y el servicio de Cirugía Endoscópica Pediátrica, Antiguo Hospital Civil de Guadalajara “Fray Antonio Alcalde”, Guadalajara, Jalisco, México
Contacto: juan.gonzalezaboytes@academicos.udg.mx
El dolor abdominal en niños puede ser causado por un sinnúmero de condiciones médicas, algunas de ellas infecciosas, otras relacionadas con obstrucciones del sistema digestivo, por golpes o accidentes que afectan el abdomen, o incluso por algunas malformaciones. En este artículo aprenderemos cómo distinguir cuáles de estas condiciones requieren una atención de urgencia y cuáles pueden ser atendidas por su pediatra de cabecera sin urgencia médica, aunque sí a la brevedad posible [1, 2].
Para comenzar… ¿Qué es lo que hace que nos duela la panza? Dentro del abdomen tenemos varios órganos, y estos pueden dividirse en dos tipos: las llamadas vísceras huecas (aquellas similares a un tubo), como el intestino o el estómago; y las vísceras macizas (las que son sólidas), como el hígado o los riñones. Cada uno de estos órganos tiene la capacidad de percibir amenazas e interpretarlas como dolor, aunque por diferentes mecanismos. El dolor en las vísceras huecas, por lo general, puede originarse por tres cosas: 1) irritación por virus o bacterias dentro del tubo digestivo, 2) el agrandamiento excesivo o 3) por un cese del aporte de sangre hacia estos órganos (Figura 1) [1].
Por otro lado, las vísceras macizas carecen de receptores de dolor en su interior; sin embargo, poseen una cápsula protectora que sí tiene la capacidad de interpretar estos estímulos, pero a diferencia de las vísceras huecas, solo se activa cuando esta cápsula se estira más de lo que debería (Figura 1) [1]..

Entonces… ¿Qué es lo que causa el dolor abdominal?
El dolor abdominal es una condición que todos hemos experimentado alguna vez en nuestra vida y muy pocas veces requiere una atención de urgencia. Se estima que casi la mitad del dolor abdominal se debe al estreñimiento, es decir, la dificultad para defecar; seguido de enfermedades infecciosas que conocemos como gastroenteritis, causadas por algunos virus y bacterias, y que generalmente suelen estar acompañadas de diarrea [3, 4]. Estas últimas son comúnmente referidas por la población, e incluso por médicos generales, como «se fue la infección al estómago», un término coloquial que agrupa varios cuadros de origen infeccioso con síntomas similares.
Algunas otras condiciones pueden estar asociadas también a las infecciones de vías urinarias, pues en los niños generalmente presentan dolor abdominal; además, en adolescentes el dolor asociado a la menstruación es una causa frecuente. A pesar de que estas situaciones se presentan comúnmente en la vida de los niños, es importante no minimizarlas y acudir a un asesoramiento médico [1, 2].
¡Situaciones peligrosas!
Accidentes – Ya conocimos algunas de las causas poco urgentes del dolor abdominal, que afortunadamente son las condiciones más comunes en los niños, pero entonces, ¿en qué escenarios es imprescindible acudir al servicio de urgencias? Una de las situaciones más peligrosas es el trauma abdominal –cualquier tipo de lesión que afecte el abdomen, ya sea por golpes o heridas–; esta clase de situaciones debe atenderse de forma inmediata, pues en los peores escenarios el dolor puede ser causado por la ruptura de vasos sanguíneos importantes dentro del abdomen, y si estos no se reparan a tiempo, podría haber un desenlace catastrófico [1, 4].
Los niños entre 1 y 5 años son especialmente vulnerables dentro del hogar debido a su curiosidad y desconocimiento del peligro. La ingestión de productos peligrosos, como algunos limpiadores coloridos o con sabor dulce, puede dañar gravemente el tubo digestivo e incluso perforarlo, causando infecciones o hemorragias que ponen en riesgo la vida. Asimismo, tragar imanes pequeños representa un alto riesgo, ya que pueden atraerse dentro del cuerpo y perforar órganos [5].
Apendicitis – El apéndice cecal es parte del tubo digestivo; se encuentra casi donde inicia el intestino grueso, en una zona que conocemos como fosa ilíaca derecha (Figura 2). Este órgano tiene una forma muy parecida al intestino, pues también es un tubo, aunque considerablemente más delgado, y es precisamente esto lo que lo hace propenso a enfermarse. En la infancia, la apendicitis suele ocurrir porque dentro del apéndice crecen células de defensa del cuerpo que, al acumularse, lo tapan y provocan que se inflame; esto limita el aporte de sangre al tejido hasta que eventualmente muere y perfora el apéndice, liberando materia fecal llena de bacterias hacia el abdomen [1, 2].
La forma más común en que se presenta la apendicitis es con un dolor intenso que se extiende desde el ombligo hacia la zona de la cadera derecha (o médicamente, fosa ilíaca) acompañado de fiebre. Sin embargo, para hacer el diagnóstico definitivo de esta enfermedad es necesario el uso de instrumentos como el ultrasonido o tomografía para observar las características del apéndice, pues existen otras enfermedades que causan síntomas muy similares [1, 2].

Intususcepción – La intususcepción intestinal, también conocida como invaginación intestinal, ocurre cuando una parte del intestino se introduce en sí misma –es literalmente cuando la tripa grande se come a la tripa chica–; eso ocasiona que la porción de intestino que está dentro pierda su aporte de sangre, llegando al extremo de perforarse e infectar los órganos cercanos. Algunos signos de alarma para sospechar de esta situación son el sangrado en las heces y vómitos amarillentos acompañados de un dolor intenso [1,2].
Hernias incarceradas – Una hernia se define como la salida anormal de órganos a través de una abertura o zona debilitada en las paredes que contienen a dichos órganos. En el abdomen, lo más común es que el intestino delgado sea ese órgano que protruye; algunas veces estas hernias se deben a defectos adquiridos antes de nacer o pueden adquirirse con el paso de los años. Generalmente las hernias pueden verse fácilmente, son masas redondas que pueden estar en el ombligo o arriba de este, o bien en el abdomen bajo; suelen tener tamaños pequeños, pero cuando los niños hacen esfuerzos como toser, llorar o pujar, estas masas se hacen más grandes. El problema con las hernias es que, en ocasiones, es tanto el intestino que sale a través de un agujero muy pequeño que compromete el flujo sanguíneo, lo que se manifiesta con un dolor intenso en el lugar de la hernia. Ante el antecedente de un diagnóstico de hernias, lo más prudente es repararlas lo antes posible, ya que si se llega a complicar puede poner en peligro la vida; en ese escenario es imprescindible realizar la cirugía de igual manera [1, 2].
Obstrucción intestinal – Las obstrucciones intestinales son condiciones en las que el intestino delgado se bloquea y evita el paso de alimentos a través de él; tiene muchas causas, por ejemplo, las cicatrices formadas por cirugías anteriores, algunas infecciones por parásitos o incluso malformaciones en las que se pierde la conexión entre dos partes del intestino. Cualquiera que sea la causa, una obstrucción intestinal provoca una acumulación de comida antes de esta obstrucción, lo que distiende demasiado las paredes y causa dolor. La única forma de resolver estas situaciones es con cirugía para solucionar cualquiera que sea el problema [1, 2].
Focos rojos del dolor abdominal
En conclusión, algunas de las señales que nos deben llevar inmediatamente a atención de urgencias son aquellas que se presentan con dolor abdominal intenso y repentino, que generalmente se acompaña de otros síntomas como fiebre, sangre en heces o en vómitos, dificultad para respirar o un dolor que empeora con el movimiento. Cabe resaltar que esos signos y síntomas pueden variar de acuerdo con la edad de los niños: en menores de 2 años, estos síntomas pueden manifestarse como llanto inconsolable, irritabilidad o empeoramiento tras comer, ya que no pueden expresarse verbalmente. En situaciones como accidentes o ingestión de objetos o sustancias extrañas, también es imprescindible la atención médica para prevenir complicaciones o dar soluciones al daño causado por estos objetos.
Para finalizar, es de suma importancia identificar los escenarios en los que un «simple dolor de panza» puede poner en peligro la vida de los más pequeños, pues la atención temprana está relacionada con una recuperación más rápida y menos complicaciones. También es relevante resaltar que, aunque el dolor abdominal no sea urgente, siempre es necesaria una valoración por un profesional. La identificación oportuna de señales de alarma puede marcar la diferencia entre una evolución favorable y una situación de riesgo vital.
Referencias
[1] Buel KL, Wilcox J, Mingo PT. Acute Abdominal Pain in Children: Evaluation and Management. Am Fam Physician. 2024;110(6):621-31.
[2] Syrett-Page J, Heaton PA, Jenner L, Paul SP. Acute abdominal surgical presentations in children. Br J Nurs. 2021;30(13):780-6. doi:10.12968/bjon.2021.30.13.780.
[3] Posovszky C, Buderus S, Classen M, Lawrenz B, Keller KM, Koletzko S. Acute Infectious Gastroenteritis in Infancy and Childhood. Dtsch Arztebl Int. 2020;117(37):615-24. doi:10.3238/arztebl.2020.0615.
[4] Vandenplas Y, Darma A, Indrio F, Aw M, Vieira MC, Vivatvakin B, et al. Understanding functional abdominal pain disorders among children: a multidisciplinary expert consensus statement. Front Pediatr. 2025;13:1576698. doi:10.3389/fped.2025.1576698.
[5] Dorterler ME, Günendi T. Foreign Body and Caustic Substance Ingestion in Childhood. Open Access Emerg Med. 2020;12:341-52. doi:10.2147/OAEM.S241190.



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