Salud mental docente: El pilar invisible del sistema educativo

Salud mental docente: El pilar invisible del sistema educativo

Autores

Gerardo Vázquez Murillo

Departamento de Clínicas de Salud Mental, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara

Contacto: gerardo.vazquez5368@academicos.udg.mx

Diana Carolina García Ruiz

Departamento de Clínicas de Salud Mental, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara

Yadira Elizabeth Ceja Medina

Departamento de Clínicas de Salud Mental, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara


En nuestra sociedad desde hace ya varias décadas la labor de enseñanza ha sido idealizada y mirada desde de la vocación, lo cual en muchas ocasiones ha servido no solo para romantizar la labor docente, sino también para invisibilizar lo arduo de la tarea, y el agotamiento extremo de quien la realiza.

Actualmente, la labor de enseñanza es catalogada por expertos en salud ocupacional como una de las profesiones de mayor riesgo psicosocial. Es palpable que en los escenarios académicos las y los docentes no solo dedican su tiempo y energía a actividades que involucran procesos de aprendizaje; en muchas ocasiones brindan escucha y acompañamiento emocional, apoyan en la mediación de conflictos y forman parte de la red de contención de sus estudiantes.

Todo lo anterior lleva a una crisis silenciosa, en el personal académico, quienes frecuentemente no sólo experimentan cansancio tras la jornada laboral, sino un desgaste que afecta su identidad a nivel profesional al experimentar que las demandas del entorno superan los recursos personales, lo que termina impactando la calidad del sistema educativo.

Como señalan estudios recientes, la salud mental de las y los docentes es el epicentro sobre el cual se sostiene el aprendizaje, si este se resquebraja, el impacto se expande hacia los estudiantes y la institución en su totalidad (1).

Desafíos Principales: La Multitarea Emocional

El ámbito educativo actual demanda de las y los docentes una versatilidad sin precedentes que raya en lo imposible, en la que son interpelados a resolver retos que no solo son académicos sino relacionales y sistémicos.

Las y los docentes en una sola jornada pueden verse obligados a administrar datos, resolver situaciones de índole emocional y/o relacional en el alumnado, fungiendo como psicólogas y psicólogos de emergencia, gestionando en muchas ocasiones crisis de comportamiento, dedicando su tiempo no solo a la enseñanza. Esta fragmentación de la atención genera una carga cognitiva elevada, conllevando a lo que la literatura científica denomina conflicto de rol, donde las expectativas externas son contradictorias con el tiempo y los recursos disponibles (2)

Esta diversificación en las tareas trae por consecuencia un agotamiento emocional en la plantilla docente, que configura el centro del burnout (síndrome del quemado) que se presenta como una continua sensación de vacío de recursos afectivos. Las y los docentes llegan a un punto donde la empatía, herramienta fundamental de su trabajo, se agota. Lo cual fomenta la despersonalización, presentando un desarrollo de actitudes cínicas o distantes hacia los alumnos como mecanismo de defensa para no seguir en contacto con el sufrimiento (3).

A diferencia del estrés agudo que es temporal, el estrés docente es sostenido. La presión por los resultados, la supervisión constante y la falta de autonomía pedagógica mantienen el sistema nervioso en un estado de alerta permanente. Esto explica por qué el sector docente presenta tasas de ansiedad y depresión significativamente superiores a otras profesiones de servicios (4).

Además las y los docentes en muchas ocasiones nunca salen del trabajo, las tareas de planeación, revisión y evaluación continúan fuera del espacio educativo; los grupos de mensajería instantánea con padres y las plataformas de gestión administrativa invaden el espacio doméstico. Esta incapacidad de desconexión impide la recuperación neurobiológica necesaria, convirtiendo el hogar en una extensión de la oficina (5).

Impacto en la Salud Física y Mental

Es importante comenzar este apartado señalando que el estrés no es solo una idea en la mente; sino un proceso biológico con consecuencias tangibles, un ejemplo claro de ello es el cortisol, frecuentemente presentado en los docentes el cual puede generar consecuencias significativas en la salud cuando aumenta y persiste durante períodos prolongados.

En este contexto, el cuerpo es el primero en manifestar el malestar que la mente intenta ignorar. Así, diversos artículos en medicina del trabajo han identificado algunos de los cuadros más frecuentes asociados al estrés laboral, entre los que destacan los trastornos musculoesqueléticos, como la tensión cervical y lumbar derivada tanto de la postura como de la carga psicológica; las alteraciones del sueño, particularmente el insomnio de conciliación vinculado a la rumiación mental, es decir, la persistencia de pensamientos relacionados con las problemáticas del aula antes de dormir; y el debilitamiento del sistema inmunitario, que incrementa la vulnerabilidad a enfermedades infecciosas debido a la supresión de las defensas provocada por el estrés.

Otro aspecto crítico, aunque menos visibilizado es el trauma secundario, los docentes suelen ser testigos directos de las dificultades que enfrentan sus alumnos, como negligencia familiar, abuso, pobreza extrema o acoso escolar. Al intentar contener emocionalmente y en su esfuerzo por acompañar, el docente absorbe parte de ese trauma y con el tiempo puede aparecer la llamada fatiga por compasión, que es una sensación de desgaste profundo al percibir que, por más que haga, no puede cambiar la realidad estructural de sus alumnos, generando también sentimientos de profunda inadecuación. (7).

Cuidado de la Salud Mental

Para garantizar un ambiente de aprendizaje en el que todas y todos vivamos más saludables, es muy importante poder transitar del autocuidado individual, hacia formas y caminos que otorguen una prevención mucho más institucional.

Es muy importante que las instituciones regulen el uso de comunicaciones fuera de nuestros horarios laborales. Todas las personas merecemos el derecho a la desconexión, y esto no debería de ser un lujo para unos cuantos, sino una necesidad respetada y valorada. Los docentes deben ser motivados o alentados a establecer límites claros entre las familias y sus centros de trabajo, para permitir periodos de recuperación (8).

La salud mental mejora significativamente y exponencialmente cuando las y los docentes se sienten respaldados por su equipo directivo. Esto incluye la reducción de la carga administrativa, simplificar reportes para poder enfocarse a la enseñanza, así cómo espacios de apoyo emocional, por ejemplo sesiones de supervisión o diálogo donde docentes puedan compartir sus problemáticas, sus miedos, o sus estresores, sin miedo a represalias o a juicios.

Así mismo la formación en alfabetización emocional, es decir que se le otorguen herramientas no solo para gestionar a los alumnos, también para gestionar sus emociones (9).

Es fundamental alejarnos de la idea de que pedir ayuda, alzar nuestra voz o hablar de lo que nos atraviesa es un signo de debilidad, de incapacidad, o de deseos de abandonar la labor o falta de vocación.

Sería sumamente importante la incorporación de campañas de salud mental dentro del sistema educativo, que puedan normalizar o flexibilizar la consulta con profesionales especializados, como psicólogos o psiquiatras. Así como luchar para que el acceso a la salud mental pueda llegar a ser un derecho básico para todo el cuerpo docente (1).

Conclusiones

El trabajo docente es una labor de alto riesgo psicosocial que requiere una atención prioritaria. Es importante llevar acciones individuales e institucionales para atenderlo, ya que no podemos esperar que los maestros formen ciudadanos que sean emocionalmente sanos si ellos mismos están trabajando y resolviendo un cúmulo de situaciones bajo niveles de estrés intensos. El reconocimiento a su esfuerzo, la reducción de cargas y de burocracia y el apoyo clínico son las vías para asegurar que la educación no se convierta en una experiencia tortuosa, sino en un espacio de crecimiento.

Referencias

[1] Madigan DJ, Kim LE, Glandorf HL, Kavanagh O. Teacher burnout and physical health: A systematic review. Int J Educ Res. 2023;119:102173.

[2] Tsang KK. Emotional labor of teaching. Educ Res. 2011;2(8):1312-6.

[3] Steinhardt MA, Smith Jaggars SE, Faulk KE, Gloria CT. Chronic work stress and depressive symptoms: Assessing the mediating role of teacher burnout. Stress Health. 2011;27(5):420-9.

[4] Macías VGM, Jaramillo JDRM, Guevara JJG, Silva MAR. Importancia de reducir el estrés laboral en los docentes. Rev Cient Multidiscip Ogma. 2023;2(1):21-30.

[5] Sobral F, Dias-Oliveira E, Morais C, Hodgson J. Blurred boundaries: exploring the influence of work-life and life-work conflicts on university teachers’ health, work results, and willingness to teleworking. Front Educ. 2025 Jan;9:1512536.

[6] McGee AB, Scott SR, Manczak EM, Watamura SE. Associations between the psychophysiological impacts of teacher occupational stress and stress biomarkers: A systematic review. Psychoneuroimmunol J. 2023;4:1-16.

[7] Goff Archer B. Unseen Burdens: Secondary Traumatic Stress and the Mental Health Challenges of Female Educators in K-12 [Tesis]. Minnesota: Walden University; 2025.

[8] Alkandari A, Baroun A, Alboloushi B. The right to disconnect: Job demands, burnout, and well-being among female teachers and regulatory policy context. J Gov Regul. 2025;14(2).

[9] Núñez Arredondo VG. Síndrome de burnout y resiliencia en tiempo de post pandemia en docentes de una Institución Educativa de Jauja [Tesis]. Jauja: Universidad Nacional del Centro del Perú; 2024.

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