Si un niño deja de respirar: lo que cualquier persona debe saber antes de que llegue la ambulancia

Si un niño deja de respirar: lo que cualquier persona debe saber antes de que llegue la ambulancia

Autores

Ruth Yesica Ramos Gutiérrez

Hospital Civil Nuevo de Guadalajara «Dr. Juan I. Menchaca»

Contacto: ryramosg@hcg.gob.mx


La RCP podemos definirla como básica o avanzada, según se emplee equipamiento específico o no. La RCP básica se compone de una serie de maniobras que se realizan de manera secuencial y cuyos fines son identificar una situación de paro cardiorrespiratorio (PCR), activar el sistema de emergencias y sustituir la función respiratoria y cardiocirculatoria del paciente hasta la recuperación o hasta el inicio de la RCP avanzada. Esta última corresponde a aquellas medidas que se deben aplicar para el tratamiento definitivo de un PCR [1].

A diferencia de la RCP básica, requiere medios técnicos adecuados y personal cualificado y entrenado. El paro cardiorrespiratorio en niños ocurre frecuentemente en un entorno extrahospitalario, como son los lugares públicos y los domicilios, donde la primera persona que enfrenta esta situación no suele ser un profesional de la salud. A pesar de ello, la evidencia indica que es fundamental iniciar de inmediato las maniobras básicas de reanimación, ya que pueden marcar una diferencia importante en la evolución del paciente [1].

La PCR en niños difiere del adulto tanto en su origen como en su evolución clínica. Mientras en adultos suele ser cardiaco, en pediatría generalmente es consecuencia de hipoxia progresiva secundaria a asfixia, infección respiratoria, atragantamiento o ahogamiento. En pediatría son poco frecuentes la PCR fuera del hospital y desafortunadamente la supervivencia es muy baja. Las guías internacionales de la American Heart Association y la American Academy of Pediatrics señalan que la intervención por testigos es el factor pronóstico modificable más importante fuera del hospital. Sin embargo, la mayoría de los padres y cuidadores desconocen cómo actuar durante los primeros minutos críticos. Una preparación adecuada puede facilitar la adaptación de los cuidadores y brindarles una mayor seguridad tras el alta hospitalaria [2].

Magnitud del problema

Cada año, se producen más de 7000 paradas cardíacas extrahospitalarias y aproximadamente 20,000 paradas cardíacas intrahospitalarias en bebés y niños. Aproximadamente el 80% de las paradas cardíacas extrahospitalarias tratadas por los servicios médicos de emergencia se producen en el hogar. La evidencia muestra que sólo entre el 5% y 12% de los niños que presentan un paro cardiorrespiratorio en el ámbito extrahospitalario sobreviven. La supervivencia extrahospitalaria representa el 6.6% en recién nacidos y lactantes y el 17.3% para los niños de 13 a 18 años.

La emergencia que surge de un paro cardiorrespiratorio es tal que, por cada minuto que transcurre sin atención, disminuye un 10% su posibilidad de sobre vida de la víctima, y entre 3 y 5 minutos del evento, comienza la muerte cerebral. La American Heart Association (AHA) sugiere que la morbilidad y mortalidad del PCR extrahospitalaria podría reducirse en forma significativa si el 15%-20% de la población pudiera realizar reanimación cardiopulmonar (RCP) [2].

¿Qué causa un paro cardiorrespiratorio?

Las principales causas de muerte en pediatría son:

  • Fallo respiratorio: obstrucción de la vía aérea por cuerpo extraño, asma, laringotraqueítis, neumonía, ahogamiento.
  • Fallo circulatorio: deshidratación, quemaduras, hemorragias.
  • Depresión severa del Sistema Nervioso Central/Coma: convulsiones prolongadas, intoxicaciones, traumatismo craneoencefálico (TCE).
  • Miscelánea:  hipoglucemia, inhalación de humo y otras intoxicaciones, hemorragias cerebrales y malformaciones en periodo neonatal y síndrome de la muerte súbita del lactante.

Muchas de estas enfermedades o lesiones en la población pediátrica pueden manifestarse como urgencias médicas que, de no recibir atención oportuna y adecuada, pueden evolucionar hacia un paro cardiorrespiratorio. Por ello, la intervención durante la primera hora resulta decisiva para mejorar el pronóstico [3].

Red Flags para la identificación temprana

El reconocimiento oportuno de signos de alarma es fundamental para prevenir la progresión a un paro cardiorrespiratorio:

  • Coloración azulada o labios morados
  • Quejido respiratorio
  • Convulsiones
  • Desmayo súbito o alteración del estado de consciencia
  • Dificultad respiratoria progresiva
  • Atragantamiento persistente
  • Somnolencia extrema
  • Incapacidad para hablar o llorar

¿Qué hacer si un niño deja de respirar?

  • Primer paso: reconocer la situación

Si un recién nacido o lactante deja de respirar, no reacciona o no se mueve, deberá descubrir cara y pecho del bebe y colocarlo en una superficie firme, mirar si hay movimiento del pecho o ruidos respiratorios audibles. Llame al niño por su nombre y estimule al niño mediante palmadas en piernas y tórax.

  • Segundo paso: pedir ayuda y activar sistema de emergencias

Si se encuentra solo y cuenta con teléfono móvil, llame al 911 y pida ayuda en modo manos libres activado mientras inicia RCP.

Si se encuentra acompañado, solicite a su acompañante llame al 911.

  • Tercer paso: iniciar masaje cardiaco

En bebés y niños, la reanimación cardiopulmonar (RCP) consiste en presionar el pecho de forma rítmica para mantener la circulación de la sangre.

En recién nacidos y lactantes, las compresiones pueden hacerse con una mano o con ambos pulgares rodeando el tórax. En niños mayores, se utiliza una mano (o ambas en mayores de 8 años) colocada en el centro del pecho. En todos los casos, se debe presionar aproximadamente un tercio de la profundidad del tórax y permitir que el pecho vuelva a su posición normal entre cada compresión, ya que este movimiento es clave para que la sangre circule. El ritmo recomendado es de 100 a 120 compresiones por minuto, intercalando dos respiraciones artificiales después de cada 30 compresiones.

  • Cuarto paso: respiraciones artificiales

En recién nacidos y lactantes, para ayudar a que el aire llegue a los pulmones, primero se debe colocar una mano en la frente y inclinar suavemente la cabeza hacia atrás, mientras con dos dedos se eleva el mentón. Luego, se cubren con la boca tanto la nariz como la boca del bebé, formando un sello, y se sopla suavemente. La respiración es adecuada si se observa que el pecho del bebé se eleva.

  • Quinto paso: Iniciar maniobras básicas de RCP

Después de realizar 30 compresiones en el pecho, se deben dar dos respiraciones boca a boca y continuar con este ciclo de forma continua hasta que llegue ayuda o el niño reaccione.

Si hay dos personas ayudando, se recomienda alternar 15 compresiones y 2 respiraciones. Es importante no interrumpir las maniobras y, en caso de contar con un segundo reanimador, intercambiar roles aproximadamente cada 2 minutos para mantener la eficacia [2].

Prevención

La prevención del paro cardiorrespiratorio pediátrico se centra en reducir riesgos en el hogar, ya que muchos casos son evitables. Es fundamental mantener supervisión constante, especialmente en actividades acuáticas, evitar alimentos de alto riesgo en menores, y guardar medicamentos fuera de su alcance. En lactantes, se recomienda dormir boca arriba para disminuir eventos respiratorios graves. También es importante prevenir atragantamientos mediante una alimentación adecuada y supervisada.

Por lo tanto, la educación de padres y cuidadores es clave para reconocer riesgos y actuar oportunamente, contribuyendo a la seguridad del niño [3].

Cuidados posteriores al evento.

Son fundamentales y pueden influir directamente en la recuperación del niño, especialmente en su estado neurológico. Aunque el niño despierte, sigue existiendo riesgo de complicaciones, por lo que siempre debe recibir atención hospitalaria, así como seguimiento y, en caso necesario, rehabilitación [4].

En esta etapa, es importante no ofrecer alimentos, vigilar de cerca la respiración, mantener al niño abrigado y asegurar su traslado inmediato a un hospital. La atención adecuada después del evento es clave para mejorar el pronóstico y reducir el riesgo de secuelas neurológicas.

La supervivencia pediátrica depende principalmente de la intervención temprana del cuidador. La educación comunitaria en RCP ha demostrado aumentar la tasa de supervivencia y disminuir daño neurológico. El principal obstáculo continúa siendo el desconocimiento y el temor para actuar. Convertir a los padres en primeros respondedores constituye una estrategia de salud pública costo-efectiva [4].

Conclusiones

El paro cardiorrespiratorio pediátrico es una urgencia grave, pero en muchos casos prevenible y tratable si se actúa en los primeros minutos. La evidencia muestra que la supervivencia depende en gran medida de la intervención temprana de quienes están presentes, por lo que padres y cuidadores juegan un papel crucial como primeros respondedores.

La capacitación en reanimación cardiopulmonar (RCP) no solo aumenta las probabilidades de supervivencia, sino que también reduce el riesgo de daño neurológico. Sin embargo, el desconocimiento y el temor a actuar siguen siendo las principales barreras. Por ello, promover la educación en cuidadores en RCP se convierte en una estrategia de salud pública costo-efectiva y de alto impacto.

Reconocer a tiempo una emergencia y actuar de inmediato puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Fortalecer el conocimiento de la población general y fomentar la enseñanza universal de RCP debe considerarse una medida básica para la seguridad infantil, con el potencial de reducir significativamente la mortalidad y las secuelas a largo plazo.

Referencias

[1] Mejías AM. Soporte vital básico y avanzado pediátrico [Internet]. Seup.org. [citado el 26 de marzo de 2026]. Disponible en: https://seup.org/wp-content/uploads/2024/04/3_Soporte_vital_4ed.pdf

[2] Lasa JJ, Dhillon GS, Duff JP, Hayes J, Kamath-Rayne BD, Levy A, et al. Part 8: Pediatric advanced life support: 2025 American Heart Association and American Academy of Pediatrics guidelines for cardiopulmonary resuscitation and emergency cardiovascular care. Circulation [Internet]. 2025;152(16_suppl_2):S479–537. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1161/CIR.0000000000001368

[3] Balerio A, Blasina F, Cantirán K, Cantirán V, Dávila M, García L, et al. Reanimación cardiopulmonar para padres y primeros respondedores. Arch Pediatr Urug [Internet]. 2022 [citado el 26 de marzo de 2026];93(2):e806. Disponible en: https://adp.sup.org.uy/index.php/adp/article/download/418/241

[4] Camejo M, Noboa M, Stegmann T, Morelli DM. Conocimiento sobre soporte vital básico en padres de niños menores de 5 años: estudio de corte transversal. Nure Investig [Internet]. 2022 [citado el 26 de marzo de 2026];(117):7. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=8428147

[5] Faraone E, Mas D’Alessandro NM, Miloro FB. Evaluación del conocimiento de la población en reanimación cardiopulmonar pediátrica. Rev Chil Anest [Internet]. 2024;53(3):272–7. Disponible en: http://dx.doi.org/10.25237/revchilanestv53n3-11

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