Autores
Rogelio Frank Jiménez-Ortega
Servicio de Medicina Genómica, Instituto Nacional de Rehabilitación Luis Guillermo Ibarra-Ibarra (INRLGII), Tlalpan Ciudad de México, 14389, México
Contacto: rogeliofrank.jimenez@uneve.edu.mx
Alberto Hidalgo-Bravo
Servicio de Medicina Genómica, Instituto Nacional de Rehabilitación Luis Guillermo Ibarra-Ibarra (INRLGII), Tlalpan Ciudad de México, 14389, México
Rafael Velázquez-Cruz
Laboratorio de Genómica del Metabolismo Óseo, Instituto Nacional de Medicina Genómica (INMEGEN), Ciudad de México, 14610, México
La OP suele llamarse una “enfermedad silenciosa” porque puede avanzar durante años sin dar señales claras, hasta que aparece la consecuencia más temida: una fractura por fragilidad, frecuentemente en cadera o columna. Más allá del dolor, una fractura puede significar pérdida de movilidad e independencia, además de un aumento del riesgo de mortalidad, por lo que representa un problema de salud pública principalmente en la población de adultos mayores [1].
En términos generales, no solo importa cuántos años tiene una persona, sino qué tan “viejos” están sus huesos; hoy sabemos que la OP no depende únicamente de cambios hormonales, sino también de procesos de envejecimiento acelerado del esqueleto, que pueden empezar antes e incluso de forma parcialmente independiente. En este contexto surge el concepto de “relojes biológicos”, uno de los más comunes es el que se refiere a las marcas químicas en la estructura del ADN (metilación), que pueden ser medibles a partir de una muestra biológica como la sangre [2].
La función de estos instrumentos es generar una estimación de la edad biológica a través de herramientas estadísticas, cuyos resultados se comparan con la edad cronológica para obtener la aceleración de la edad, es decir, cuando el reloj “marca” más años de los que dice el calendario, reflejando que tan rápido se acumula el desgaste biológico. Un estudio reciente en gemelos daneses exploró si estos relojes se asocian con el diagnóstico de OP y fracturas, abriendo la puerta a pensar en biomarcadores (sustancias medibles) que ayuden a anticipar el riesgo de fractura antes de que ocurra el primer evento. En este estudio, los autores dieron un seguimiento a los participantes durante años y se observó un patrón claro sobre quienes mostraban una edad ósea más alta con respecto a su edad biológica, los cuales mostraban una tendencia a una mayor probabilidad de recibir un diagnóstico de OP o de presentar fracturas por fragilidad. Además, este resultado se mantuvo de forma consistente, incluso al comparar a los gemelos entre sí. Lo que sugiere que los relojes biológicos podrían funcionar como biomarcadores útiles para capturar el “envejecimiento óseo” y anticipar el riesgo antes de que ocurra la primera fractura [3]. Sin embargo, es importante mencionar que los relojes biológicos no “diagnostican” OP por sí solos, ni sustituyen las herramientas clínicas que hoy usamos para evaluar el hueso. Sino que se está evaluando su utilidad como un complemento que podría resumir, en una sola medición, qué tan “acelerado” podría ir el desgaste biológico no solo del hueso, sino de todo el organismo [4].
En la práctica el método actual en la prevención de fracturas se apoya en la identificación de factores de riesgo, cuando corresponde, la medición de la densidad mineral ósea (DMO) con densitometría (DXA) y el cálculo de la probabilidad de fractura a 10 años con calculadoras clínicas como FRAX. Se espera en un futuro, con la popularización y estandarización de estos relojes biológicos, puedan demostrar su utilidad consistente. De este modo, podrían aportar una “capa” adicional de información para detectar un riesgo temprano, reforzar la prevención personalizada y monitorear el riesgo, en conjunto con las herramientas de diagnóstico ya establecidas [5].
El mensaje central de un reloj biológico se enfoca en la prevención, ya que la OP no “aparece de golpe”, sino que el hueso puede ir perdiendo fortaleza de manera silenciosa hasta terminar en una fractura por fragilidad, con consecuencias reales para la movilidad y la independencia. Por lo tanto, en la práctica clínica diaria, lo importante no es quedarse solo con un resultado aislado, por ejemplo, un resultado de laboratorio o una “edad biológica”, sino identificar a tiempo quién está en mayor riesgo y actuar con herramientas conocidas: valorar factores clínicos, estimar riesgo de fractura con calculadoras como FRAX (con o sin densitometría), y realizar DXA cuando está este indicada, especialmente en mujeres mayores y en mujeres posmenopáusicas con factores de riesgo [6].
En resumen, aunque conceptos como la “edad biológica” ayudan a entender que el hueso también envejece y puede hacerlo más rápido, que otros órganos, en algunas personas. La prevención de fracturas sigue apoyándose en acciones muy concretas y al alcance como, evaluar el riesgo de cada persona con su personal de salud y tomar medidas sostenidas para proteger el hueso y evitar caídas. Eso incluye mantener una ingesta adecuada de calcio y vitamina D (según necesidades individuales), hacer actividad física que combine fuerza y equilibrio, cuidar la visión y el calzado, revisar medicamentos que puedan favorecer mareos, y evitar tabaco. El tratamiento oportuno puede reducir de forma importante la probabilidad de fractura. La idea no es vivir con miedo, sino anticiparse: cuanto antes se identifique el riesgo, más opciones hay para conservar movilidad, independencia y calidad de vida [7].
Conclusiones
La OP puede avanzar en silencio hasta causar una fractura que comprometa movilidad e independencia. Aunque los relojes epigenéticos apoyan a entender el envejecimiento biológico, también podrían aportar información temprana del riesgo de la persona. Actualmente, la prevención se basa en acciones concretas: evaluación de factores de riesgo, realización de densitometría cuando está indicada, prevención de caídas y mantener hábitos que fortalezcan el hueso (fuerza y equilibrio, nutrición adecuada y evitar tabaco). Por lo que son necesarias, otras herramientas que, en conjunto con las actualmente en uso, poder acercarnos a una prevención del riesgo y a un diagnóstico temprano.
Agradecimientos
Al Instituto Nacional de Rehabilitación Luis Guillermo Ibarra Ibarra (INRLGII) por las facilidades brindadas para la elaboración de este manuscrito.
Referencias
[1] Sözen T, Özışık L, Başaran NÇ. An overview and management of osteoporosis. Eur J Rheumatol. 2017;4(1):46-56. doi: 10.5152/eurjrheum.2016.048.
[2] Chandra A, Rajawat J. Skeletal Aging and Osteoporosis: Mechanisms and Therapeutics. Int J Mol Sci. 2021;22(7):3553. doi: 10.3390/ijms22073553.
[3] Soerensen M, Figeac F, Christensen K, Kassem M. Epigenetic Clocks as Biomarkers for Bone Aging: Evidence From a Twin Study. Aging Cell. 2025;24(10):e70204. doi: 10.1111/acel.70204.
[4] Apsley AT, Etzel L, Ye Q, Shalev I. From population science to the clinic? Limits of epigenetic clocks as personal biomarkers. Epigenomics. 2025;17(18):1447-1461. doi: 10.1080/17501911.2025.2603880.
[5] Li-Yu J, Sison-Aguilar A, Tabu I, Bautista J, Co EV, Española SS, Fernandez ME, Gabat-Tan J, Guison-Bautista T, Lugue-Lizardo L, Maglonzo EI, Martinez E, Medina D, Ngalob-Samonte Q, Orillaza N Jr, Padua MR, Patricio J, Ronquillo J, Roxas-Panuda MCA, Urbanozo-Corpuz H, Wyson-Wong A, Parada I; Osteoporosis Clinical Practice Guideline Task Force. Philippine Clinical Practice Guidelines on Screening, Diagnosis, Management and Prevention of Primary Osteoporosis and Fragility Fractures Among Postmenopausal Women and Older Men. J ASEAN Fed Endocr Soc. 2025;40(2):18-26. doi: 10.15605/jafes.040.02.27.
[6] U.S. Preventive Services Task Force (USPSTF). Osteoporosis to Prevent Fractures: Screening. Final Recommendation Statement. 14 Jan 2025.
[7] National Osteoporosis Guideline Group (NOGG). NOGG 2024: Clinical guideline for the prevention and treatment of osteoporosis. 2024.



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