Autores
Bladimir Cha Soqui
Instituto de Investigación en Inmunología, Departamento de Fisiología, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara, Guadalajara, Jalisco, México
Licenciatura en Médico General, Facultad de Medicina Ext. Los Mochis, Universidad Autónoma de Sinaloa, Los Mochis, Sinaloa, México
Ingrid Berenice Montoya Delgado
Instituto de Investigación en Inmunología, Departamento de Fisiología, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara, Guadalajara, Jalisco, México
Doctorado en Genética Humana, Departamento de Biología Molecular y Genómica, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara, Guadalajara, Jalisco, México
Antonio Quintero Ramos
Instituto de Investigación en Inmunología, Departamento de Fisiología, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara, Guadalajara, Jalisco, México
Unidad de Investigación Biomédica 02, Unidad Médica de Alta Especialidad, Hospital de Especialidades, Centro Médico Nacional de Occidente, Instituto Mexicano del Seguro Social, Guadalajara, Jalisco, México
Contacto: antonio.qramos@academicos.udg.mx
Una emergencia mundial con rostro joven
Durante mucho tiempo, el cáncer colorrectal (CCR) se consideró una enfermedad casi exclusiva de personas mayores. Sin embargo, esta idea está cambiando, debido a que cada vez se diagnostican más casos en personas menores de 50 años, lo que representa un cambio importante en la forma en que esta enfermedad aparece en la población (1, 4). Existe una base de datos oficial de nombre GLOBOCAN, que es como el «gran contador» del cáncer. Es un proyecto de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que se encarga de recopilar información sobre el cáncer en el mundo. Y de acuerdo con datos aquí reportados en 2020, se registraron más de 1.9 millones de casos nuevos de cáncer colorrectal y casi un millón de muertes, lo que lo convierte en una de las principales causas de fallecimiento por cáncer en el mundo (5). Esto significa que una enfermedad que antes se asociaba con la vejez hoy está afectando a individuos en plena etapa productiva, a los jóvenes, cambiando no solo la vida de los enfermos, sino también la de sus familias.
En México, esta tendencia ya es evidente, donde se reporta que el cáncer colorrectal es la tercera neoplasia más frecuente y representa aproximadamente el 7.8% de todos los casos de cáncer en el país (3). Lo más preocupante es también el aumento en personas jóvenes (menores de 50 años). Un metaanálisis (estudio que combina resultados de varias investigaciones) realizado en hospitales de referencia en México, mostró que el 19% de los casos ocurre en jóvenes (3). En otras palabras, casi 2 de cada 10 casos se presentan en adultos jóvenes, lo que impacta directamente en su vida laboral, familiar y social (3).
Un laberinto para alcanzar el diagnóstico: ¿Por qué llegamos tarde?
Uno de los mayores retos para los pacientes jóvenes no es solo la enfermedad en sí, sino el tiempo que pasa antes de recibir un diagnóstico (Figura 1) (1). Este fenómeno se conoce como “retraso diagnóstico”, es decir, el tiempo que transcurre entre la aparición de los síntomas y la confirmación de la enfermedad mediante estudios. Mientras que en adultos mayores el diagnóstico puede ser ágil y tardar en promedio 21 días, en pacientes jóvenes menores de 50 años este tiempo se dispara y puede extenderse hasta 121 días (Figura 1). Por lo que el retraso no es solo administrativo, es cultural, ya que el médico no piensa en un problema de cáncer, y para cuando un joven recibe su diagnóstico tras cuatro meses de incertidumbre, las posibilidades de un tratamiento curativo han disminuido drásticamente, transformando un problema tratable en una emergencia de vida o muerte (1).

¿A qué se debe este abismo temporal?
Este retraso se debe a varios factores. Por un lado, muchos jóvenes tienden a ignorar los síntomas de alerta, ya sea por considerarse sanos o por atribuir los síntomas a problemas comunes como las hemorroides (1, 4). Por otro lado, en el sistema de salud es frecuente que no se sospeche de cáncer en personas jóvenes, lo que lleva a diagnósticos iniciales de enfermedades más comunes como el síndrome de colon irritable, infecciones gastrointestinales, colitis, etc., entre otros padecimientos relacionados (1). Además, es sabido que, en este grupo de jóvenes, los tumores suelen tener características más agresivas y con localización frecuente en el recto (3, 4). Como consecuencia, y debido a lo anterior, en México alrededor del 32% de los jóvenes son diagnosticados en etapas avanzadas (estadio IV, cuando el cáncer ya se ha diseminado a otros órganos), lo que reduce considerablemente las posibilidades de tratamiento exitoso (3).
Para entender mejor estas diferencias, en la tabla 1 se resumen algunas características clave del cáncer colorrectal entre pacientes jóvenes y adultos mayores:
| Tabla 1. Jóvenes vs Adultos mayores: ¿En qué nos diferenciamos? | ||
| Característica | Adultos jóvenes (˂50 años) | Adultos mayores (˃50 años) |
| Tiempo de diagnóstico | Prolongado (promedio 121 días) | Más rápido (promedio 21 días) |
| Detección | Generalmente por síntomas | Frecuentemente por tamizaje (estudios de rutina) |
| Localización común | Recto y colon distal | Distribuido en todo el colon |
| Etapa al diagnóstico | Comúnmente avanzada (estadio IV) | Suele detectarse en etapas más tempranas |
Las señales de alerta: El lenguaje del cuerpo
El cuerpo suele dar señales mucho antes de que el cáncer sea detectado mediante estudios médicos. Se encuentra documentado que síntomas específicos pueden estar presentes en el cáncer colorrectal desde 3 meses hasta 2 años antes del diagnóstico definitivo, por lo que reconocer estos signos de alerta puede hacer una gran diferencia (1). Identificar estas «banderas rojas» es vital:
- Hematoquecia (sangre visible en las heces): Es el signo de alerta más frecuente en jóvenes. Nunca debe ignorarse ni asumirse como algo benigno, como las hemorroides, sin una valoración médica (1, 4).
- Cambios en el hábito intestinal: Diarrea o estreñimiento persistente, o cambios en la forma de las heces que duren más de un par de semanas (1).
- Anemia (disminución de glóbulos rojos, generalmente por pérdida de sangre): Indica una pérdida microscópica de sangre interna que el paciente no puede ver, pero que debilita su organismo (1, 4).
- Dolor abdominal constante: Un dolor sordo, cólicos frecuentes o una sensación de plenitud que no desaparece tras ir al baño (1).
La ciencia detrás del riesgo: Obesidad y Estilo de Vida
Aunque en el cáncer colorrectal existen casos asociados a factores hereditarios, como en el síndrome de Lynch (es una condición genética hereditaria que aumenta las probabilidades de que una persona desarrolle ciertos tipos de cáncer, especialmente el de colon y el de útero), se sabe que cerca del 80% de los casos en jóvenes no tienen una causa genética directa, sino que están más relacionados con el estilo de vida y su entorno (Figura 2) (1, 2).
El impacto de la inflamación metabólica
México vive una de las crisis de obesidad más severas del mundo. El exceso de grasa corporal, especialmente la que se acumula en el abdomen, no es solo un problema estético es un grave problema de salud pública. Este tejido graso funciona como un órgano que libera sustancias inflamatorias (moléculas químicas liberadas en el cuerpo) que mantienen al organismo en un estado de inflamación constante. Con el tiempo, esta inflamación puede dañar el ADN (o Ácido desoxirribonucleico, es la molécula que contiene las instrucciones genéticas necesarias para el desarrollo, funcionamiento y reproducción de todos los seres vivos), de las células y de esta manera favorecer el desarrollo de tumores (2, 4). Se estima que cuando una persona aumenta de peso y por cada unidad que aumenta su Índice de Masa Corporal (IMC), el riesgo de desarrollar CCR crece de manera proporcional (2).
Microbiota y Alimentación
La microbiota es el conjunto de millones de microorganismos como bacterias, virus y hongos que viven en estrecha relación y en equilibrio con nuestro cuerpo, a su vez nos ayudan a mantenernos sanos. Actúa prácticamente como un órgano adicional del cuerpo que realiza funciones vitales que nosotros no podemos hacer por nuestra cuenta. Cuando consumimos grandes cantidades de alimentos ultra procesados, como carnes rojas, bebidas azucaradas, productos enlatados, etc., este equilibrio se altera (lo que se conoce como disbiosis, es decir, un desequilibrio en estos microorganismos, 1, 4). Por el contrario, una dieta sana, rica en fibra y productos más naturales (frutas, verduras y granos), favorece la producción de moléculas químicas como el butirato, la cual es una sustancia que fortalece al intestino, además de tener efectos antiinflamatorios probados (2).
El riesgo del sedentarismo digital El estilo de vida actual, caracterizado por largas horas frente a pantallas, también influye en este riesgo. Las investigaciones muestran que pasar más de 14 horas a la semana frente a pantallas (TV, computadora o celular) pueden aumentar el riesgo de CCR hasta en un 69%, independientemente de si el paciente realiza actividad física ocasional (Figura 2) (1).

Pasos para la prevención: Las «3 A»
La prevención es uno de los factores más importantes para reducir el impacto del cáncer colorrectal. Existen tres acciones clave a realizar, que pueden marcar la diferencia: (3).
- Conciencia (Awareness): Leer e informarse, reconocer que el cáncer de colon no es sólo un problema de personas mayores, sino también una enfermedad que puede afectar a personas jóvenes(1).
- Acción (Action): No ignorar los síntomas y buscar atención médica oportuna(1).
- Cita con el médico (Appointment): Realizar visitas periódicas con su médico, especialmente si existen antecedentes familiares(1, 4).
Conclusiones
El aumento del cáncer colorrectal en jóvenes menores de 50 años es una señal de alerta para nuestra sociedad. Comprender que la edad no es un factor protector absoluto permite tomar acciones oportunas. Adoptar hábitos saludables, reducir el sedentarismo y, sobre todo, prestar atención a las señales del cuerpo puede marcar la diferencia entre un diagnóstico tardío y una detección oportuna. En este contexto, la información no solo educa: también puede salvar vidas. (1, 3).
Referencias
[1] Fritz CDL, George M, Carethers JM, Cao Y. Approach toward early detection and prevention of early-onset colorectal cancer. Annu Rev Med. 2026;77:147-59.
[2] Nguyen L, Shanmugan S. A review article: the relationship between obesity and colorectal cancer. Curr Diab Rep. 2024;25:8.
[3] Arriaga-Izabal D, Morales-Lazcano F, Angulo-Zamudio UA, Canizalez-Román A, León-Sicairos N. Prevalencia y características clínicas del adenocarcinoma colorrectal en los pacientes jóvenes en México: revisión sistemática y metaanálisis. Rev Gastroenterol Mex. 2026;91(1):1-9.
[4] Ionescu VA, Gheorghe G, Bacalbasa N, Chiotoroiu AL, Diaconu C. Colorectal cancer: from risk factors to oncogenesis. Medicina. 2023;59:1646.
[5] Sung H, Ferlay J, Siegel RL, Laversanne M, Soerjomataram I, Jemal A, et al. Global Cancer Statistics 2020: GLOBOCAN estimates of incidence and mortality worldwide for 36 cancers in 185 countries. CA Cancer J Clin. 2021;71(3):209-49.



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