Autores
Lessa Alessandra Méndez-Lara
Estudiante, Facultad de Medicina, Universidad Veracruzana (UV), Minatitlán, México
León Jesús German-Ponciano
Investigador, Instituto de Neuroetología, UV, Xalapa, México
Contacto: lgerman@uv.mx
Para Guillermina, pararse en la fila del consultorio de medicina preventiva no era un acto menor. Como ocurre con muchas mujeres, esa experiencia estaba cargada de nerviosismo, incomodidad y miedo, emociones que transforman un servicio disponible en una situación difícil de enfrentar. Este umbral de indecisión puede convertirse en un factor de riesgo silencioso cuando la prevención existe, pero no resulta emocionalmente accesible.
El tamizaje para cáncer cervicouterino suele percibirse como una experiencia indeseable en el contexto sociocultural latinoamericano, donde el estigma y la vergüenza actúan como barreras persistentes. Las emociones que enfrenta Guillermina no son excepcionales, sino representativas de una experiencia compartida por muchas mujeres. A partir de esta realidad, el presente artículo tiene como objetivo analizar el papel de la salud mental como un determinante clave, aunque poco visibilizado, en la prevención del cáncer cervicouterino.
Contexto epidemiológico del cáncer cervicouterino en América Latina
El cáncer cervicouterino continúa siendo una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en mujeres en América Latina, lo que resulta particularmente preocupante al tratarse de una enfermedad ampliamente prevenible.
De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud, en 2022 se registraron más de 78 000 casos nuevos y más de 40 000 muertes por esta enfermedad en el continente americano, con tasas de mortalidad casi tres veces más altas en América Latina y el Caribe en comparación con América del Norte. Países como México, Brasil, Colombia y Perú reportan tasas elevadas de incidencia y mortalidad, particularmente en regiones con menor acceso a servicios de salud, donde la incidencia promedio se sitúa alrededor de 21 casos por cada 100 000 mujeres y la mortalidad alcanza aproximadamente 8.7 defunciones por cada 100 000 mujeres (1).
En México, la implementación de estrategias como el tamizaje ginecológico ha permitido avances importantes; sin embargo, el diagnóstico tardío sigue siendo frecuente. A pesar de que la citología cervical y las pruebas de detección del virus del papiloma humano forman parte de las políticas públicas de salud, la cobertura nacional de tamizaje en mujeres de 25 a 64 años se mantiene baja, con estimaciones que no superan el 11 %. Esta brecha se traduce en que una proporción significativa de los casos se identifique en etapas avanzadas de la enfermedad, lo que plantea la necesidad de explorar factores más allá de la mera disponibilidad de pruebas (2,3).
Tradicionalmente, la atención ginecológica se ha centrado en aspectos biológicos y clínicos, dejando en segundo plano los determinantes emocionales y psicológicos que influyen en el autocuidado. La salud mental incide directamente en la toma de decisiones relacionadas con la búsqueda de atención médica, la adherencia a controles preventivos y el seguimiento de indicaciones clínicas. En un contexto latinoamericano marcado por barreras culturales, estigmas asociados a la salud sexual y desigualdades en el acceso a los servicios, su papel en la prevención del cáncer cervicouterino cobra especial relevancia (4).
Salud mental y autocuidado en las mujeres
La salud mental influye de manera directa en las prácticas de autocuidado y en la disposición de las mujeres a participar en acciones preventivas. Estados emocionales como la ansiedad, la depresión y el estrés crónico pueden alterar la percepción de riesgo, disminuir la motivación para acudir a consultas médicas y dificultar la adopción sostenida de hábitos preventivos. En mujeres en edad reproductiva, estas condiciones son altamente prevalentes y con frecuencia permanecen sin diagnóstico ni tratamiento (4,5).
La ansiedad se asocia comúnmente con conductas de evitación frente a situaciones percibidas como amenazantes, como la consulta ginecológica o los estudios de tamizaje, mientras que la depresión se relaciona con apatía, desmotivación y descuido del autocuidado, afectando la continuidad de la atención médica (6).
En este contexto, el acompañamiento psicosocial durante los procesos de atención preventiva ha mostrado efectos positivos en distintos países de América Latina. En México, intervenciones comunitarias dirigidas a mujeres usuarias de servicios públicos han reportado reducciones de 30–40 % en síntomas de ansiedad cuando se incorpora apoyo emocional durante la atención médica, así como una mayor adherencia a prácticas preventivas. Hallazgos comparables se han documentado en Chile y Brasil, donde programas con enfoque psicosocial han mejorado la percepción del trato recibido y la confianza en los servicios de salud. En conjunto, estas intervenciones se han asociado con incrementos de hasta 25 % en la probabilidad de acudir de forma regular a controles preventivos (2,3).
No obstante, la brecha en atención en salud mental continúa siendo considerable. En países como Argentina y México, alrededor de dos de cada tres mujeres con necesidades emocionales no reciben atención profesional, y se estima que entre 60 y 75 % de las mujeres latinoamericanas con síntomas de ansiedad o depresión no acceden a servicios especializados (6).
Este fenómeno se ve agravado por condiciones sociales adversas como la sobrecarga de roles de género, la violencia y la precariedad económica, que reducen la prioridad que muchas mujeres pueden otorgar a su propia salud. En estos escenarios, la prevención suele quedar relegada frente a demandas inmediatas relacionadas con el cuidado familiar, la generación de ingresos o la resolución de necesidades básicas, lo que contribuye a explicar la baja participación en acciones preventivas oportunas y sostenidas (5,6).
Salud ginecológica y barreras invisibles
A pesar de la evidencia sobre el impacto positivo del acompañamiento psicosocial, la atención ginecológica en América Latina continúa enfrentando barreras emocionales significativas. Estudios en poblaciones de mujeres venezolanas indican que el 38.2 % de quienes no realizan tamizaje mediante citología lo atribuyen al temor, el 10.5 % a la vergüenza y el 9.5 % a la incomodidad o dolor percibido durante el procedimiento (2-5).
Encuestas en comunidades de Lima muestran que la vergüenza y el miedo al resultado de la prueba se asocian con menor conocimiento sobre el propósito del tamizaje cervical, lo que favorece su evitación. A ello se suma la normalización del malestar: en algunos contextos latinoamericanos, más de la mitad de las mujeres no busca atención médica ante síntomas físicos o emocionales leves, una tendencia que también reduce la asistencia regular a controles ginecológicos (3,4).
Estas barreras emocionales rara vez se abordan de manera sistemática en los programas de prevención, lo que limita su efectividad. Sin una comprensión integral de los factores psicológicos y culturales que influyen en las decisiones de las mujeres, las estrategias preventivas corren el riesgo de permanecer en el ámbito técnico, con un impacto limitado y poco sostenible.
Implicaciones para la prevención y la atención médica
Integrar la salud mental en la atención ginecológica representa una oportunidad para fortalecer la prevención del cáncer cervicouterino. Reconocer el papel de las emociones en la experiencia de las pacientes permite una atención más empática y centrada en la persona, capaz de reducir el miedo y la ansiedad asociados a la consulta ginecológica (1-3).
Desde la salud pública, considerar la salud mental como un determinante de la prevención facilita el diseño de intervenciones más integrales que incluyan educación, acompañamiento emocional y estrategias comunitarias. En América Latina, donde las desigualdades sociales influyen de manera marcada en la salud, este enfoque resulta especialmente pertinente. Asimismo, la formación del personal de salud en competencias psicosociales puede contribuir a identificar de manera temprana barreras emocionales y a ofrecer una atención más humanizada (1,6).
Conclusiones
La prevención del cáncer cervicouterino va más allá de la disponibilidad de estrategias técnicas y diagnósticas. La salud mental influye de manera decisiva en cómo las mujeres perciben, acceden y se adhieren a las acciones preventivas. Factores como la ansiedad, la depresión, el miedo y el estigma actúan como barreras invisibles que limitan el impacto de los programas de prevención, especialmente en América Latina.
Incorporar la salud mental en la atención ginecológica no solo puede mejorar la experiencia de las pacientes, sino también fortalecer la efectividad y equidad de la prevención. Pensar la prevención desde la salud mental no es un añadido, sino una condición indispensable para que la detección temprana sea realmente accesible.
Referencias
[1] Organización Panamericana de la Salud. El cáncer cervicouterino en la Región de las Américas: datos, avances y desafíos para su eliminación. Washington, DC: OPS; 2023.
[2] Arrossi S, Almonte M, Herrero R, Gago J, Sánchez Antelo V, Szwarc L, et al. Psycho-social impact of positive human papillomavirus testing in Jujuy, Argentina: results from the Psycho-Estampa study. Prev Med Rep. 2020;18:101070. doi:10.1016/j.pmedr.2020.101070
[3] Aguilar-Linares G, Márquez-Serrano M, Meneses-Navarro S, Pelcastre-Villafuerte BE, Castillo-Castillo LE, Estévez-García JA, et al. Barriers and facilitators for adherence to follow-up by HR-HPV-positive women with premalignant cervical lesions: a mixed-design study in Mexico. BMC Womens Health. 2024;24(1):550. doi:10.1186/s12905-024-03379-3
[4] Fernández-Deaza G, Caicedo-Martínez M, Serrano B, Roura E, Castillo JS, de Sanjosé S, et al. Cervical cancer screening programs in Latin America: current recommendations for facing elimination challenges. Salud Publica Mex. 2022;64:415–423. doi:10.21149/13204
[5] Moura MLNS, Silva RR, et al. Systematic literature review of primary and secondary cervical cancer prevention programs in South America. Rev Panam Salud Publica. 2023;47:e96. doi:10.26633/RPSP.2023.96
[6] Secretaría de Salud. Cáncer cervicouterino: información epidemiológica y acciones de prevención en México. Ciudad de México: Secretaría de Salud; 2023.



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