Rojo artificial en el plato: el color que altera la conducta de los niños

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Rojo artificial en el plato: el color que altera la conducta de los niños

Autores

Alejandro Barrón Balderas

Universidad de Guadalajara, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Jalisco, México

Hospital Civil de Guadalajara “Dr. Juan I. Menchaca”, Jalisco, México

Contacto: alejandro.barron9295@academicos.udg.mx

Alejandra Gerardo Kautzman

 Instituto de estudios superiores de América del Norte

Escuela Primaria Mariano Azuela. Tlaquepaque, Jalisco, México

Verónica Montserrat Chávez Legaspi

Universidad de Guadalajara, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Jalisco, México


El ser humano come primero con los ojos. La industria alimentaria lo sabe mejor que nadie y por eso invierte millones en lograr colores brillantes e imposibles en la naturaleza. Detrás de esos tonos rojos, naranjas y morados se esconde con frecuencia un grupo de sustancias químicas llamadas colorantes azoicos sintéticos. El más usado en México y América Latina es el Rojo Allura (Red 40, E129), un derivado del petróleo que no nutre, no conserva, no mejora el sabor. Su única función es hacer atractivo lo que de otro modo sería gris o pálido.

Pero la ciencia ha acumulado décadas de evidencia que pocos consumidores conocen: estos colorantes no son inocuos. Desde los años 70, estudios clínicos, ensayos doble ciego y metaanálisis han demostrado su asociación con hiperactividad, déficit de atención, alergias y en modelos animales, daño celular e incluso metabolitos carcinógenos. En Europa, desde 2010, cualquier producto que contenga Rojo Allura debe llevar una leyenda que advierte: «puede tener efectos negativos sobre la actividad y la atención de los niños». En México, esa advertencia no existe. Los mismos productos que fueron reformulados en España, Francia o Alemania siguen llegando a nuestras mesas, tiendas y despensas con el colorante intacto.

Este artículo responde a tres preguntas: ¿qué dice la ciencia sobre el Rojo Allura y la conducta infantil?, ¿dónde se esconde en la dieta cotidiana?, y ¿qué podemos hacer para evitarlo mientras las leyes se actualizan? La respuesta es contundente: no es una exageración ni un mito. Es toxicología aplicada a la nutrición diaria [1].

¿Qué es el Rojo Allura y por qué preocupa?

El Rojo Allura, conocido también como Red 40, FD&C Red 40 o E129, es un colorante azoico sintético producido a partir de derivados del petróleo. Fue aprobado en Estados Unidos en 1971 para sustituir al Amaranto (E123), prohibido por sospechas de carcinogenicidad. Su popularidad se debe a tres ventajas sobre los colorantes naturales como el betabel o la cochinilla: es barato, es estable al calor y a la luz, y da colores intensos con muy poca cantidad.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria estableció una Ingesta Diaria Admisible de 7 miligramos por cada kilogramo de peso corporal por día. Un niño de 20 kilogramos podría consumir hasta 140 miligramos al día «sin riesgo teórico». Pero diversos estudios han demostrado que un solo producto puede contener dosis cercanas o superiores a ese límite, y que los niños que consumen varios productos al día lo rebasan con facilidad.

En 2004, investigadores del Hospital General de Southampton en el Reino Unido publicaron un estudio doble ciego controlado con placebo en niños de 3 años. Utilizaron una mezcla de colorantes sintéticos (tartrazina, carmoisina, rojo allura, amarillo ocaso, rojo ponceau 4R) más el conservador benzoato de sodio. Los resultados mostraron un aumento significativo de la hiperactividad en los niños que consumieron la mezcla. En 2007, Donna McCann y colaboradores repitieron el estudio en niños de 3 y de 8 a 9 años, con las mismas conclusiones, demostrando que el efecto se presentaba tanto en niños con TDAH como en niños sin ningún trastorno. Estos hallazgos llevaron a la Unión Europea, en julio de 2010, a ordenar que todo producto con estos colorantes incluya la leyenda de advertencia. En México y América Latina no existe ninguna obligación similar (Figura 1) [1,2].

Figura 1.  Se contrasta la normativa de la Unión Europea (reformulación y advertencia obligatoria) frente al rezago regulatorio en México.

No solo hiperactividad: otros riesgos documentados

El Rojo Allura no solo está relacionado con problemas de conducta. Diversas investigaciones han encontrado otros efectos adversos. En pacientes sensibles, promueve una mayor liberación de histamina, lo cual puede intensificar síntomas de asma y alergias en niños con predisposición. Estudios en modelos animales han mostrado daño citológico en el colon de ratas expuestas, así como alteraciones en el ADN.

Un aspecto particularmente preocupante es el papel de la microbiota intestinal. Las bacterias que viven en nuestro intestino pueden romper el enlace azo de estos colorantes y generar metabolitos secundarios como aminas aromáticas, algunas potencialmente carcinógenas. Esto no significa que un caramelo rojo vaya a causar cáncer, pero el consumo diario durante años, desde la primera infancia, sí representa un riesgo que ninguna agencia regulatoria ha evaluado a largo plazo. Además, en dosis altas algunos colorantes se acumulan en riñones y ganglios linfáticos. También preocupa el sinergismo: los niños no consumen un solo colorante sino mezclas de varios (rojo allura, tartrazina y amarillo ocaso juntos son muy comunes), y los estudios de toxicidad por mezclas son prácticamente inexistentes [3].

¿Dónde se esconde el Rojo Allura en la dieta cotidiana y cómo llega a la escuela?

En un estudio realizado en México por la organización El Poder del Consumidor, se analizaron 52 productos adquiridos al azar. El resultado fue contundente: el 58 por ciento de esos productos contenía al menos un colorante sintético asociado a hiperactividad, y el Rojo Allura fue el más frecuente. Es decir, 6 de cada 10 productos de consumo común contienen estos aditivos. Entre los productos más frecuentes se encuentran yogures de fresa, leches saborizadas, refrescos de uva, jugos envasados, sobres de saborizante en polvo, cereales de caja de colores brillantes, galletas con relleno, barras energéticas, pastelitos empaquetados, gomitas, paletas de hielo, gelatinas, caramelos rojos, frituras de papa o maíz con sabor a queso o chile, cacahuates enchilados, purés de tomate envasados, salsas picantes rojas, y hasta harinas para hotcakes y avenas instantáneas.

Un hallazgo especialmente preocupante es que muchos productos que se anuncian como «saludables» o que forman parte de programas gubernamentales de asistencia alimentaria dirigidos a bebés de 6 a 24 meses también contienen estos colorantes. Los primeros dos años de vida son cruciales para el desarrollo cognitivo, y los pocos estudios disponibles en animales sugieren efectos que pueden transmitirse hasta dos generaciones. En la Ciudad de Puebla, un estudio de Dey y colaboradores en 2019 encontró que la población infantil de 10 a 13 años consume diariamente frituras con Rojo Allura, seguidas por cereales y yogur. Los niños mexicanos están expuestos a dosis que superan los límites que en Europa se consideran seguros para la población infantil [2,3].

Aunque desde 2023 existen en México lineamientos que restringen la venta de alimentos ultraprocesados dentro de las escuelas, la realidad es que los niños siguen consumiendo estos productos porque los llevan de casa escondidos en la mochila (el llamado «contrabando escolar»), los compran en la tienda de la esquina antes o después de clases, o los reciben como premios o en convivios. Por lo tanto, el problema no ha desaparecido: los colorantes siguen llegando al aula, solo que por otras vías. Y eso impacta directamente en el comportamiento escolar: un niño que ha consumido un yogurt de fresa con Rojo Allura en el desayuno o durante el recreo puede presentar dificultades para mantener la atención, mayor irritabilidad y episodios de inquietud que afectan no solo su propio aprendizaje sino el ambiente del salón completo [4].

Figura 2. Impacto del Rojo Allura frente a la alimentación natural en el aula. Lado izquierdo: Disrupción cognitiva, ansiedad e hiperactividad tras el consumo de aditivos sintéticos. Lado derecho: Enfoque, autorregulación y aprendizaje óptimo mediante una lonchera saludable. (Diseño editorial para correlación clínica y pedagógica).

Lo que dice la ley en México y la guía práctica para evitarlo

Mientras que la Unión Europea exige la leyenda de advertencia desde 2010, y países como Suiza, Francia y Dinamarca han restringido o prohibido el Rojo Allura en alimentos infantiles, México se mantiene rezagado. La NOM-051 de etiquetado frontal incluye sellos para azúcares y grasas, pero no para colorantes asociados a hiperactividad. La Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes no menciona explícitamente los aditivos neuroconductuales. Las empresas transnacionales han demostrado que pueden reformular sus productos: Danone retiró los colorantes sintéticos de sus yogures en la Unión Europea, pero los mantiene en México. No es un problema de factibilidad técnica, es un problema de exigencia regulatoria.

Mientras la ley no cambie, las familias pueden protegerse con acciones sencillas. En la lista de ingredientes, el Rojo Allura aparece como Rojo Allura, Red 40, FD&C Red 40 o E129. Los sabores que casi siempre lo contienen son fresa, frambuesa, grosella, uva, arándano y sandía. Una regla práctica: si el producto tiene un color rojo, rosa, morado o naranja muy intenso, brillante y uniforme, es casi seguro que contiene colorantes sintéticos. Los colorantes naturales dan tonos más opacos.

En casa, prefiera yogures naturales sin sabor y añada fruta fresca; elija agua natural o de frutas frescas en lugar de bebidas de colores brillantes; evite cereales de colores y opte por integrales sin aditivos; lea siempre las etiquetas de los productos «light» o «saludables». Para la escuela, mande lonches con alimentos naturales y hable con sus hijos sobre por qué ciertos productos de colores brillantes no son buena idea, no desde la prohibición sino desde la explicación amable. En la consulta médica, los pediatras deberían preguntar por el consumo de productos de colores brillantes en niños con hiperactividad, déficit de atención o irritabilidad inexplicada. Una dieta de eliminación durante dos o tres semanas puede ser una prueba diagnóstica muy útil: muchos padres reportan mejorías notables al retirar los colorantes [4].

Por qué la industria no quiere que sepas esto

La industria alimentaria no usa el Rojo Allura porque haga falta. Lo usa porque es barato y porque los niños eligen productos de colores brillantes. Durante décadas, los fabricantes argumentaron que no había pruebas suficientes de daño en humanos. Sin embargo, el estudio de Southampton de 2007 es considerado por la comunidad científica como una prueba robusta, y la propia Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria reconoció un efecto pequeño pero estadísticamente significativo en la hiperactividad infantil. Lo que la industria no dice es que el efecto no dependía del azúcar: los niños recibían las mismas cantidades de azúcar con y sin colorantes, y solo los que consumían los colorantes mostraban aumento de hiperactividad.

La estrategia ha sido siempre la misma: negar, retrasar, y cuando la evidencia es abrumadora, aceptar cambios solo en los países donde la ley lo exige. Por eso los yogures en España ya no tienen Rojo Allura, pero los mismos yogures en México sí lo tienen. No es un asunto de ciencia, es un asunto de poder de mercado y falta de regulación.

El Rojo Allura no hace falta. No mejora el sabor, no conserva el alimento, no aporta vitaminas. Su única existencia es para que un producto se vea más bonito en el estante. Pero ese «más bonito» tiene un costo: puede estar alterando el comportamiento, la atención, el sueño y la capacidad de aprendizaje de los niños. La evidencia científica es clara, robusta y replicada. Las agencias europeas ya actuaron. La industria ya demostró que puede reformular sus productos cuando la ley la obliga.

Lo que falta en México no es conocimiento ni tecnología, es voluntad política y exigencia ciudadana. Mientras la ley no cambie, el poder más importante está en la decisión de compra de cada familia. Leer una etiqueta toma treinta segundos. Elegir el yogurt natural en lugar del de fresa toma otros treinta. Ese minuto puede significar años de mejor atención en la escuela, menos crisis de irritabilidad y un cerebro que se desarrolla sin interferencias químicas innecesarias. Aunque ya no se vendan oficialmente dentro de las escuelas, los niños siguen llevando estos productos en sus mochilas y consumiéndolos en el recreo. Por eso es tan importante que las familias tomen conciencia y que los docentes estén atentos a cómo ciertos alimentos pueden estar afectando el ambiente del aula. Los colorantes no duelen como un golpe, pero duelen en la capacidad de estar quieto, de escuchar, de aprender. Quitar el rojo no quita el sabor. Quita un riesgo evitable. Y eso, en salud pública, es lo único que debería importar.

Referencias

[1] McCann D, Barrett A, Cooper A, et al. Food additives and hyperactive behaviour in 3-year-old and 8/9-year-old children in the community: a randomised, double-blinded, placebo-controlled trial. The Lancet. 2007.

[2] Bateman B, Warner JO, Hutchinson E, et al. The effects of a double blind, placebo controlled, artificial food colourings and benzoate preservative challenge on hyperactivity in a general population sample of preschool children. Arch Dis Child. 2004.

[3] Nigg JT, Lewis K, Edinger T, Falk M. Meta-analysis of attention-deficit/hyperactivity disorder symptoms, restriction diet, and synthetic food color additive. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry. 2012;51(1):86-97.

[4] Gerardo Kautzman A, Barrón Balderas A, Robledo Aceves M. Alimentación saludable y rendimiento escolar: lo que los recreos nos están enseñando. Con Evidencia Plus [Internet]. 2025 jun 24 [citado 2026 jun 4]; Disponible en: https://conevidenciaplus.com/2025/06/24/cep-2025-056/

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