Brujas, brebajes y toxinas: la toxicología detrás de los juicios de Salem

Brujas, brebajes y toxinas: la toxicología detrás de los juicios de Salem

Autores

Alejandro Barrón Balderas

Departamento de Clínicas de la Reproducción Humana, Crecimiento y Desarrollo Infantil, Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), Universidad de Guadalajara (UdeG).

Hospital Civil de Guadalajara “Dr. Juan I. Menchaca”.

Contacto: [email protected]

Mireya Robledo Aceves

Hospital Civil de Guadalajara “Dr. Juan I. Menchaca”.

Diana Fátima Ladrón de Guevara del Castillo

Estudiante de Preinternado de la Licenciatura en Médico Cirujano y Partero, CUCS, UdeG.


Los juicios de brujas de Salem, ocurridos en 1692 en la colonia de Massachusetts, representan uno de los episodios más enigmáticos y oscuros de la historia de Estados Unidos. Durante este periodo, más de 200 personas fueron acusadas de brujería y 20 de ellas ejecutadas. Los síntomas reportados tanto en las «brujas» como en sus presuntas víctimas incluyeron convulsiones, alucinaciones y comportamientos erráticos. Este documento explora la posibilidad de que dichos signos tuvieran un origen toxicológico, ofreciendo una explicación científica a un fenómeno que, durante siglos, se atribuyó exclusivamente a la brujería (1).

Los juicios de Salem: contexto histórico

Los juicios de Salem se desarrollaron en un contexto histórico marcado por la histeria colectiva y el miedo a lo desconocido. Todo comenzó en enero de 1692, cuando dos niñas, Abigail Williams y Betty Parris, comenzaron a experimentar síntomas inexplicables, como convulsiones, gritos y comportamientos extraños. Estos episodios se propagaron rápidamente a otras niñas y mujeres de la comunidad, quienes también empezaron a manifestar signos similares. Este fenómeno desató una ola de acusaciones de brujería, alimentando la histeria colectiva que caracterizó este período.

Entre junio y septiembre de 1692, los juicios alcanzaron su punto más crítico, resultando en numerosas ejecuciones. Durante este periodo, 19 personas fueron ahorcadas y una más murió aplastada con piedras. Los juicios se basaron, en gran medida, en testimonios subjetivos, confesiones obtenidas bajo coacción y «pruebas» tan cuestionables como visiones o la supuesta presencia de toques malignos. Este clima de paranoia y falta de rigor judicial refleja la intensidad del miedo y la superstición que dominaban la época (1,2).

La ciencia detrás de los síntomas

Existen varias teorías, entre las cuales destaca la del cornezuelo del centeno, también conocido como ergotismo. El cornezuelo del centeno (Claviceps purpurea) es un hongo que infecta el grano del centeno y produce alcaloides tóxicos, como la ergotamina (Figura 1). Estos compuestos tienen efectos toxicológicos significativos, entre ellos convulsiones, provocadas por los espasmos musculares que inducen los alcaloides. Además, la ergotamina posee propiedades alucinógenas similares a las del LSD, lo que explicaría las alucinaciones asociadas al ergotismo. En casos graves, la vasoconstricción severa derivada de la intoxicación puede provocar gangrena y dolor extremo. Esta teoría se relaciona con los eventos de Salem, ya que el clima húmedo y frío de Nueva Inglaterra durante 1691-1692 favoreció el crecimiento del hongo en los cultivos de centeno. Los síntomas descritos en las «brujas» de Salem coinciden notablemente con los efectos del ergotismo (2,3).

Figura 1. Hongo del cornezuelo del centeno (Claviceps purpurea) infectando una espiga de centeno, mostrando su característico crecimiento oscuro en los granos, fuente de alcaloides tóxicos asociados al ergotismo.

Otra posible explicación para los síntomas observados en Salem son las intoxicaciones por plantas solanáceas, como la belladona (Atropa belladonna), el estramonio (Datura stramonium) y la mandrágora (Mandragora officinarum). Estas plantas contienen sustancias como la atropina y la escopolamina, que pueden causar alucinaciones, delirio, taquicardia y comportamientos erráticos. Es posible que algunas de las acusadas en Salem hayan consumido o utilizado estas plantas en brebajes o medicinas caseras, lo que habría provocado síntomas similares a los atribuidos a la brujería (1).

Por último, la exposición a metales pesados, como el plomo y el mercurio, también pudo haber desempeñado un papel en los eventos de Salem. Estos metales estaban presentes en utensilios de cocina, tuberías de plomo y en la contaminación ambiental de la época. Sus efectos incluyen dolor abdominal, convulsiones y alteraciones neurológicas. La exposición crónica al plomo pudo haber contribuido al deterioro de la salud mental de la población, lo que podría explicar algunos de los comportamientos y síntomas observados durante los juicios de Salem (4,5).

Factores sociales y culturales

Los factores sociales y culturales desempeñaron un papel crucial en los eventos de Salem. La mentalidad puritana dominaba la sociedad de la época, caracterizada por una profunda religiosidad y una fuerte tendencia a la superstición. Cualquier comportamiento que se desviara de lo considerado como normal era interpretado como una manifestación del diablo o de la brujería, lo que alimentaba el miedo y la desconfianza entre los habitantes (Figura 2).

Figura 2. Representación conceptual de un aquelarre en lo profundo del bosque, donde un grupo de brujas elabora pociones y realiza hechizos bajo un ambiente místico y sobrenatural.

Además, las tensiones sociales y políticas contribuyeron a crear un ambiente de paranoia. Disputas familiares, conflictos económicos y el temor constante a los ataques de los nativos americanos generaban un clima de inseguridad y desconfianza. En este contexto, las acusaciones de brujería recaían con frecuencia sobre personas marginadas o en conflicto con la comunidad, lo que permitía a los acusadores resolver rencillas personales o consolidar su posición social bajo el pretexto de la justicia divina (3-5).

Conclusiones

Los juicios de brujas de Salem, tradicionalmente atribuidos a la histeria colectiva y la superstición, podrían tener una explicación basada en la toxicología. La intoxicación por cornezuelo del centeno, plantas solanáceas o metales pesados pudo haber desencadenado los síntomas que llevaron a las acusaciones de brujería.

Referencias

[1] Alzogaray R. El elixir de la muerte: Y otras historias con venenos (Ciencia que ladra). 1ª ed. Siglo XXI de España Editores, S.A.; 2007. ISBN: 978-987-1220-91-5.

[2] Caporael LR. Ergotism: The Satan loosed in Salem? Science. 1976;192(4234):21-26.

[3] Matossian MK. Poisons of the Past: Molds, Epidemics, and History. Yale University Press; 1989.

[4] Carlson LM. A Fever in Salem: A New Interpretation of the New England Witch Trials. Ivan R. Dee; 1999.

[5] Norton MB. In the Devil’s Snare: The Salem Witchcraft Crisis of 1692. Vintage Books; 2003.

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