Autores
Javier Saúl García García
Estudiante del Doctorado en Ciencias Biomédicas, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara.
Contacto: javier.garcia@cucs.udg.mx
En el cuerpo humano existen tres tipos principales de músculo: el músculo esquelético, el músculo cardíaco y el músculo liso. El músculo cardíaco es el que conforma la estructura del corazón, mientras que el músculo liso se encuentra en las paredes de los órganos internos, como el estómago, los intestinos y los vasos sanguíneos, entre otros. El músculo esquelético (ME) es un tipo de tejido muscular que se encuentra unido a los huesos, por medio de los tendones, y permite el movimiento del cuerpo (1).
Aunque cada uno de estos músculos cumple funciones específicas, todos comparten una característica fundamental: la capacidad de contraerse y relajarse. Sin embargo, a diferencia del ME (que se activa de forma voluntaria), tanto el músculo cardíaco como el músculo liso realizan sus contracciones de manera involuntaria, es decir, sin intervención consciente (1).
Enfocándonos en el ME, sus principales funciones son el mantenimiento de la postura, producir movimiento, mantener la temperatura corporal a través de la contracción y almacenar nutrientes (2). El ME está estrechamente conectado al sistema nervioso, dicha unión permite una comunicación constante entre ambos y de ella depende la contracción muscular. Sin embargo, esta no es la única vía de comunicación entre los músculos y otros órganos del cuerpo, ahora se conoce que el ME también funciona como un órgano que produce y libera diferentes componentes de señalización hacia otras partes del organismo, es decir, un órgano secretor (1).
El ME como órgano secretor y emisor de señales
La estimulación del ME lo activa como órgano endocrino (productor y liberador de sustancias que actúan como hormonas o mensajeros) (4), dichas sustancias pasan a la sangre para transportarse y llegar a sus objetivos. Al ser expresadas por las células musculares se les denominó “miocinas”.
Se han identificado aproximadamente 650 miocinas, entre sus funciones está el mediar la comunicación entre los músculos y órganos como el cerebro, el tejido adiposo, los huesos y otros (3), que por medio de la actividad física (AF) provocan un efecto positivo sobre el organismo (4). También se ha demostrado que regulan la actividad de células del sistema inmunitario (3, 4), cuya finalidad es proteger al cuerpo de las enfermedades.
¿Cómo influye el ejercicio físico en la producción y secreción de miocinas?
El ejercicio físico (EF) es un tipo de AF intencionada (5), conlleva una planificación, estructura y se practica de forma repetitiva con el objetivo de mantener o mejorar la salud (4). La AF es cualquier movimiento corporal producido por el ME que requiera un gasto de energía.
Los efectos beneficios del EF en relación con la salud parecen ser claros y bien reconocidos. Aunque falta mucho por conocer de los mecanismos que explican los resultados positivos de este tipo de AF, ahora se entiende que gracias a la contracción y elongación del músculo esquelético se producen y liberan miocinas inducidas por el EF, también llamadas “ejercinas”.
Hay evidencia que respalda que la AF y el EF es importante en la prevención y el tratamiento de enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes mellitus tipo 2, el deterioro cognitivo, el cáncer, enfermedades cardiovasculares y mejora el sistema inmune (5) sugiriendo que las ejercinas pudieran tener un rol significativo en ello.
El cuerpo es un organismo que reacciona a estímulos internos y externos para adaptarse. En el contexto del EF, todos los sistemas del cuerpo responden a exposiciones agudas (una sesión de entrenamiento o sesiones ocasionales) y crónicas (entrenamiento de forma regular). El tipo, la intensidad y la duración de la AF; el nivel de condición física de la persona y su estado de alimentación (por ejemplo, si está en ayunas) son factores que afectan la respuesta de las ejercinas. Una exposición aguda EF provoca una reacción en el cuerpo para mantener estables ciertas sustancias dentro de niveles seguros. En cambio, cuando se realiza de forma crónica, el cuerpo se adapta poco a poco y ajusta esos niveles de forma más duradera (5).
Las ejercinas y su relación con otros órganos del cuerpo
Las ejercinas ejercen efectos beneficiosos en la salud cardiovascular, neurológica, metabólica e inmunológica (5). Además, actúan de manera local dentro del ME, participando en la regulación de la masa muscular y el aprovechamiento de nutrientes para la producción de energía (3, 5). Se ha sugerido que el tipo de EF ya sea aeróbico o de resistencia, se asocia con la expresión de diferentes ejercinas, y que dicha expresión puede variar además en función de la intensidad (5).
Músculo-Cerebro: El EF se considera una estrategia innovadora para el mantenimiento y mejora de la función cerebral (5). Estudios sugieren que existe una conexión entre el ME y el cerebro, mediada por ejercinas y otras sustancias liberadas por el tejido muscular. Esta interacción estimula en el cerebro la producción de una proteína llamada factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), relacionada con la mejora del aprendizaje y la memoria (3).
Músculo-Tejido adiposo: El EF facilita la utilización de los componentes del tejido adiposo como energía (5). Sigue en investigación que, algunas ejercinas promueven que el tejido adiposo blanco (característico de almacenar energía) se transforma funcionalmente en un tejido adiposo marrón (utiliza energía en lugar de almacenarla), conocido como “pardeamiento” (3, 5). Este fenómeno generalmente muestra una menor probabilidad de padecer enfermedades cardiometabólicas (5).
Músculo-Hígado: Se ha demostrado que una ejercina estimula la producción de glucosa por el hígado durante el ejercicio (3). La glucosa es la principal fuente de energía de las células.
Relación entre las ejercinas y el sistema inmunológico
El sistema inmunológico es el sistema de defensa del organismo, compuesto por órganos, células y moléculas especializadas, cuya función es detectar y eliminar elementos que representen una amenaza para la salud.
Cuando uno de sus componentes identifica un agente infeccioso, se inicia un proceso de inflamación, es decir, una acumulación de células y factores inmunológicos en el sitio donde se detectó la amenaza, con el objetivo de erradicarla lo antes posible.
Las ejercinas influyen directamente en la función del sistema inmunológico, modulando la actividad de las células inmunitarias. Favorecen su movilización hacia los sitios de inflamación y optimizan su capacidad de respuesta frente a elementos dañinos, lo que mejora la eficiencia del sistema inmune y contribuye al mantenimiento de la salud (3, 4, 5).
Una inflamación aguda es benéfica, es la forma en la que el cuerpo combate infecciones y repara tejidos afectados de forma rápida y controlada. Por otro lado, una inflamación crónica es perjudicial, la activación constante del sistema inmune puede dañar tejidos sanos y contribuir al desarrollo de enfermedades autoinmunes o crónicas como: Artritis reumatoide, esclerosis múltiple, ateroesclerosis, diabetes mellitus tipo 2, obesidad, entre otras.
Un nivel deficiente de actividad física se asocia con inflamación crónica leve (3). Sa ha descrito que el ejercicio físico promueve efectos antiinflamatorios en respuesta a entrenamientos agudos y de manera crónica inducido por ejercinas (3, 5). El entrenamiento físico conlleva una reducción de la cantidad de masa grasa visceral y cardiaca, con ello, una disminución de los factores proinflamatorios a través de mecanismos inducidos por las ejercinas antiinflamatorias (3).
Conclusiones
El ME, tradicionalmente reconocido por su papel en el movimiento voluntario, ha demostrado ser también un órgano endocrino clave, capaz de liberar miocinas, especialmente ejercinas, en respuesta al EF. Estas sustancias actúan como mensajeros que impactan positivamente múltiples sistemas del cuerpo, incluyendo el inmunológico, metabólico, neurológico y cardiovascular. Su estudio abre nuevas posibilidades para tratamientos no farmacológicos en la prevención y manejo de enfermedades crónicas. No obstante, para optimizar sus efectos, es esencial considerar principios del entrenamiento como la frecuencia, intensidad, tiempo y tipo de EF.
Referencias
[1] McCuller C, Jessu R, Callahan AL. Physiology, Skeletal Muscle. 2023 Jul 30. In: StatPearls [Internet]. Treasure Island (FL): StatPearls Publishing; 2025 Jan–. PMID: 30725824.
[2] Severinsen MCK, Pedersen BK. Muscle-organ crosstalk: The emerging roles of myokines. Endocr Rev [Internet]. 2020;41(4):594–609. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1210/endrev/bnaa016
[3] Lu Z, Wang Z, Zhang X-A, Ning K. Myokines may be the answer to the beneficial immunomodulation of tailored exercise-A narrative review. Biomolecules [Internet]. 2024;14(10). Disponible en: http://dx.doi.org/10.3390/biom14101205
[4] Chow LS, Gerszten RE, Taylor JM, Pedersen BK, van Praag H, Trappe S, et al. Exerkines in health, resilience and disease. Nat Rev Endocrinol [Internet]. 2022;18(5):273–89. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1038/s41574-022-00641-2



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