El veneno de los asesinos: toxicología e intrigas en la Edad Media

El veneno de los asesinos: toxicología e intrigas en la Edad Media

Autores

Mireya Robledo Aceves

Hospital Civil de Guadalajara “Dr. Juan I. Menchaca”, Jalisco, México.

Contacto: myreace@yahoo.es

Alejandro Barrón Balderas

Hospital Civil de Guadalajara “Dr. Juan I. Menchaca”, Jalisco, México.

Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara, Jalisco México.

Eva Elizabet Camarena Pulido

Hospital Civil de Guadalajara “Dr. Juan I. Menchaca”, Jalisco, México.

Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara, Jalisco México.


El arsénico, conocido como el «rey de los venenos», se utilizaba en una fórmula de trióxido de arsénico, que se diluía de 5 a 10 gotas en alguna bebida para tratar las fiebres. Sin embargo, a dosis altas era letal. Se disolvía fácilmente en alimentos y bebidas, lo que lo convertía en el aliado perfecto para los asesinos de la corte. La intoxicación por arsénico puede ser aguda o crónica. Por su efectividad, se utilizaba en forma aguda el arsénico pentavalente (As5), conocido como ácido arsénico (Figura 1), que se disuelve en un 95% en el agua sin cambiar su aspecto (color, sabor y olor) y se absorbe a nivel intestinal. Los síntomas aparecían en los primeros 30 minutos e incluían náuseas, vómito, confusión, delirio, dolor de pecho y abdomen, convulsiones y alteración del ritmo cardíaco, lo que causaba la muerte (1, 2).

La cicuta, famosa por haber sido el veneno que acabó con la vida de Sócrates, es una planta (Conium maculatum) que se encuentra en Europa. Se machacaba en un mortero su semilla y se colocaba en agua, donde reposaba un tiempo; después, se decantaba el sedimento y se ingería el líquido restante (Figura 2). Su uso persistió en la Edad Media por su accesibilidad, ya que el Conium maculatum crecía como pastizal a los lados de los caminos, lo que facilitaba su obtención y permitía envenenar de manera discreta. Aunque los síntomas comenzaban a los 15 minutos, la muerte podía tardar varias horas. Estos síntomas incluían sequedad de la boca, sudoración, temblores, debilidad muscular, parálisis, convulsiones y alteración del ritmo cardíaco, lo que provocaba la muerte. Debido a que la agonía podía prolongarse, el arsénico era el veneno más popular (3).

Por su parte, la belladona (Atropa belladonna), un arbusto perenne de la familia Solanaceae, también nativa de Europa, se utilizaba para tratar afecciones intestinales o en gotas aplicadas directamente en los ojos para dilatar las pupilas de las mujeres, lo que les daba un aspecto soñador o una mirada seductora. Con sus propiedades alucinógenas y letales, se incorporaba en pociones y brebajes para eliminar rivales de manera sutil (3).

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Figura 1. Ácido arsénico, polvo blanco que al diluirse no cambiaba la coloración del agua o el vino.

Los métodos de administración de estos venenos variaban según la ocasión. El más común era mezclarlos con comida o bebida, asegurando una ingestión sin sospechas. Sin embargo, también se utilizaban cosméticos y ungüentos impregnados con sustancias tóxicas, o incluso prendas de vestir y objetos personales envenenados para que la absorción cutánea hiciera su trabajo de forma imperceptible (2).

Figura 2. Decantado de semillas de cicuta.

En un mundo donde la medicina apenas comenzaba a comprender las enfermedades, los envenenamientos se atribuían con frecuencia a maldiciones o dolencias desconocidas. Esta incertidumbre convertía al veneno en un arma ideal: silenciosa, indetectable y altamente efectiva. Sin embargo, con el avance de la toxicología y la ciencia forense, estos métodos comenzaron a perder eficacia, dando paso a nuevas formas de intriga y conspiración.

Los venenos de la Edad Media no solo son parte de la historia de la toxicología, sino también de la narrativa del poder, la traición y la supervivencia en tiempos turbulentos. Hoy, su legado persiste en relatos, leyendas y estudios científicos que nos permiten comprender mejor cómo la ciencia y la historia se entrelazan en un mundo donde el conocimiento era, y sigue siendo, la mejor defensa contra el veneno del engaño.

Conclusiones

El «veneno de los asesinos» en la Edad Media es un testimonio fascinante de cómo la toxicología puede arrojar luz sobre prácticas históricas que combinaban ciencia, intriga y poder. Sustancias como el arsénico, la cicuta y la belladona explican científicamente los métodos utilizados por figuras como los Borgia y Madame Tofana para eliminar a sus enemigos de manera letal y discreta.

Referencias

[1] Nurchi VM, Djordjevic AB, Crisponi G, Alexander J, Bjørklund G, Aaseth J. Arsenic toxicity: molecular targets and therapeutic agents. Biomolecules. 2020 Feb;10(2):235.

[2] Jaime Lorén JM. Licor arsenical de Fowler [Internet]. Valencia: Universidad CEU Cardenal Herrera; 2025 [actualizado 1 de abril de 2025; consultado 1 de abril de 2025]. Disponible en: https://blog.uchceu.es/eponimos-cientificos/licor-arsenical-de-fowler/

[3] Wendt S, Lübbert C, Begemann K, Prasa D, Franke H. Poisoning by plants. Medicine (Baltimore). 2022 Feb;119(5):317-24.


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