Contaminación invisible: El veneno oculto en el plástico

Contaminación invisible: El veneno oculto en el plástico

Autores

Mireya Robledo Aceves

Hospital Civil de Guadalajara, “Dr. Juan I. Menchaca”, Jalisco, México

Contacto: myreace@yahoo.es

Alejandro Barrón Balderas

Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara

José Gabriel Gutiérrez Barba

Hospital Civil de Guadalajara, “Dr. Juan I. Menchaca”, Jalisco, México


Los ftalatos (ácido 1,2-benzodicarboxílico, éster de ácido ftálico) son compuestos químicos que suavizan y dan flexibilidad a los plásticos. Se utilizan en componentes de automóviles, embalajes de alimentos, tintas de impresión, productos farmacéuticos, productos sanitarios como bolsas para almacenar sangre, tubos, catéteres, cosméticos, esmalte de uñas, espuma de cabello, cremas hidratantes, juguetes, entre otros productos; es decir, pueden encontrarse en todas partes. Una característica de estos compuestos es que no tienen una unión permanente a los plásticos (unión covalente). Al ser una unión débil, los ftalatos pueden liberarse del plástico y ser ingeridos por los seres vivos que estén en contacto con ellos, desde humanos hasta otros animales y plantas, cuando los plásticos se desechan en el medio ambiente. Se han encontrado altos niveles de ftalatos en orina, heces, sangre e incluso en leche materna y líquido amniótico. En la Unión Europea se ha legislado el uso mínimo de estas sustancias en productos que estén en contacto con los alimentos. Sin embargo, su uso es tan extendido que es prácticamente imposible no estar expuesto a ellos o ingerirlos (1).

Los ftalatos más conocidos por sus siglas son: BBP, DEHP o DBP. Al igual que el bisfenol A (BPA), sustancia también presente en los plásticos, su función es contraria a la de los ftalatos. El BPA es un compuesto que rigidiza los plásticos. Ambas sustancias son consideradas contaminantes ambientales y disruptores endocrinos (1).

La OMS define como disruptor endocrino a cualquier sustancia exógena, como los ftalatos y el BPA, que, al ingresar al cuerpo humano en cantidades variables, imita o altera la función hormonal, afectando el sistema endocrinológico. Esto puede provocar efectos en la reproducción femenina y masculina, el metabolismo, la obesidad, alteraciones neuronales, problemas cardiovasculares y diversos tipos de cáncer dependientes de hormonas (2).

Es decir, el cuerpo humano regula y mantiene muchas de sus funciones básicas mediante hormonas. Estas sustancias derivadas de los plásticos ingresan al organismo por ingestión directa o indirecta. Una vez dentro del cuerpo, son hidrolizadas y conjugadas, generando metabolitos que simulan hormonas y alteran el equilibrio hormonal natural. Inicialmente, el cuerpo puede regular este desequilibrio, pero con la exposición continua, los niveles pueden volverse tóxicos, provocando alteraciones insostenibles.

Se han reportado estudios a nivel mundial donde altos niveles de ftalatos han causado retraso en el desarrollo puberal en niños chinos, mientras que un estudio danés asoció niveles bajos (70 mg/kg) con pubertad temprana en niños. La pubertad está mediada por hormonas con efectos de contrarregulación, y los ftalatos interfieren en este proceso. Por este motivo, pediatras en México observan con mayor frecuencia niñas con cambios puberales a los 8 años, cuando antes ocurrían a los 10 o 12 años (2).

La exposición a ftalatos en dosis superiores a 200 mg/kg no solo reduce el conteo espermático, sino también la motilidad de los espermatozoides, causando problemas reproductivos en hombres. En mujeres, los ftalatos alteran el desarrollo folicular, provocando insuficiencia ovárica, problemas en la maduración del óvulo e infertilidad (2).

La exposición a ftalatos no solo está asociada a problemas reproductivos. Las hormonas también participan en funciones cardiovasculares, y su alteración puede promover ateroesclerosis, caracterizada por placas que obstruyen los vasos sanguíneos hasta causar trombosis o infartos. A nivel neurológico, se observan alteraciones en el desarrollo, especialmente si la exposición ocurre durante el período embrionario o fetal, ya que estas sustancias pueden atravesar la barrera placentaria (3).

Ha generado inquietud en la comunidad médica que ciertas alteraciones neurológicas en niños, como el trastorno del espectro autista o problemas de conducta, sean atribuidas por la población general a las vacunas. Las vacunas se aplican desde el siglo XVIII y han aumentado la expectativa de vida. En cambio, la contaminación ambiental por microplásticos o sus derivados, como ftalatos y BPA, ha incrementado paralelamente a los problemas neurológicos en niños, así como afecciones cardiacas y reproductivas en la población.

Conclusiones

La contaminación ambiental por compuestos derivados de los plásticos, como ftalatos y bisfenol A, no se limita al entorno, sino que también ingresa al cuerpo humano. Estos compuestos, conocidos como disruptores endocrinos, interfieren con los mecanismos reguladores y contrarreguladores hormonales, contribuyendo al desarrollo de enfermedades reproductivas, cardiovasculares y neurológicas, cuyo aumento ha sido progresivo en los últimos años.

Referencias

[1] Gencat. Agència Catalana de Seguretat Alimentària. Ftalats en materials en contacte amb aliments [Internet]. 2021 [consultado el 26 mayo 2025]. Disponible en: https://acsa.gencat.cat/es/actualitat/butlletins/acsa-brief/ftalats-en-materials-en-contacte-amb-aliments/index.html

[2] Varticovski L, Stavrera DA, McGowan A, Raziuddin R, Haeger GL. Endocrine disruptors of estrogen hormone activities. Mol Cell Endocrinol. 2022;539:1-35. DOI: 10.1016/j.mce.2021.111415

[3] Mariana M, Castelo-Branco M, Soares AM, Cairrao E. Phthalates exposure leads to an increasing concern on cardiovascular health. J Hazard Mater. 2023;457:1-21. DOI: 10.1016/j.jhazmat.2023.131680

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