Enfermedad de Kawasaki: El enemigo silencioso detrás de la fiebre

Enfermedad de Kawasaki: El enemigo silencioso detrás de la fiebre

Autores

Pedro Iván Navarro González

Hospital Civil de Oriente, Tonalá.

Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), Departamento de Clínicas de la Reproducción Humana, Crecimiento y Desarrollo Infantil, Universidad de Guadalajara (UdeG).

Contacto: pedro.navarro@academicos.udg.mx

Rosario Salazar Linares

Hospital Civil Fray Antonio Alcalde, Guadalajara, CUCS, Departamento de Clínicas de la Reproducción Humana, Crecimiento y Desarrollo Infantil, UdeG.


En 1967, el Dr. Tomisaku Kawasaki, en Japón, describió por primera vez una enfermedad que afectaba principalmente a niños pequeños, caracterizada por fiebre prolongada y signos inflamatorios en diferentes partes del cuerpo. Lo que parecía una afección febril común resultó ser una inflamación severa de los vasos sanguíneos (1).

En América Latina, el diagnóstico de la enfermedad de Kawasaki sigue representando un desafío. Con frecuencia, se identifica de manera tardía o se confunde con otras enfermedades de presentación similar, como la escarlatina, la mononucleosis o las infecciones urinarias. Esta demora no solo retrasa el tratamiento oportuno, sino que también incrementa significativamente el riesgo de complicaciones cardíacas, lo que evidencia la necesidad urgente de una mayor sensibilización médica sobre esta patología (2).

Lo más preocupante es que, si no se trata a tiempo, el riesgo de complicaciones aumenta drásticamente, pudiendo provocar daños cardiovasculares graves que comprometen la salud a corto y largo plazo (1,3).

Un rompecabezas febril

El cuadro clásico de la enfermedad de Kawasaki (EK) se manifiesta con fiebre alta que persiste por más de cinco días, acompañada de ojos enrojecidos sin secreción, labios resecos y agrietados, una lengua enrojecida con apariencia de «fresa», sarpullido en la piel, hinchazón en manos y pies, y ganglios inflamados en el cuello (1,4).

Sin embargo, la enfermedad no siempre sigue el manual. En muchos casos, los síntomas pueden ser más sutiles o incluso confundir al médico. Algunos pacientes desarrollan vómitos, diarrea, irritabilidad, dolor de cabeza, tos persistente, convulsiones, debilidad muscular o inflamación articular, lo que puede llevar a un diagnóstico erróneo al asemejarse a otras enfermedades (4). Este carácter camaleónico en la presentación clínica convierte a la enfermedad de Kawasaki en un verdadero desafío para el diagnóstico oportuno y preciso (2,4).

¿Y el corazón apá?

El temor principal en la EK es el daño silencioso al corazón. Aunque el paciente pueda parecer estable, la inflamación puede estar comprometiendo las arterias coronarias sin dar señales evidentes, lo que aumenta el riesgo de complicaciones graves (1). Por esta razón, es fundamental considerar esta enfermedad como un posible diagnóstico ante cuadros febriles persistentes (3). Un tratamiento oportuno con inmunoglobulina intravenosa (IgIV) no solo ayuda a reducir la inflamación, sino que también previene problemas coronarios permanentes en más del 75% de los casos, disminuyendo significativamente el riesgo de infarto tanto en la infancia como en la adultez (1).

Entre el ingenio y la incertidumbre: el reto del diagnóstico en México

Al tratarse de una enfermedad que inflama los vasos sanguíneos y puede comprometer varios órganos, no existe una prueba diagnóstica específica para la EK (1,3). Para complicar aún más el panorama, a pesar de los avances en la investigación a nivel mundial, en México gran parte del conocimiento disponible proviene de reportes retrospectivos en hospitales de tercer nivel, lo que limita una comprensión más amplia de la enfermedad y su impacto en la población (2,5). En este contexto, el diagnóstico sigue dependiendo en gran medida de la sospecha clínica del médico, quien debe basarse en la evaluación de los síntomas y en pruebas de laboratorio básicas y accesibles (1,3,4).

Además del ecocardiograma, algunos elementos clave pueden ayudar al médico de primer contacto a orientar el diagnóstico. Entre ellos, las alteraciones en el hemograma pueden ser una pista importante, ya que pueden revelar anemia leve, caracterizada por una disminución de hemoglobina, la molécula encargada de transportar oxígeno en los glóbulos rojos. También pueden encontrarse un aumento significativo en los glóbulos blancos y, de manera llamativa, un incremento en las plaquetas después de la primera semana, mientras que un bajo conteo de eosinófilos podría estar relacionado con un mayor riesgo de daño coronario (1,3).

Cuando los niveles de ciertos indicadores de inflamación, como la proteína C reactiva (PCR) y la velocidad de sedimentación globular (VSG), permanecen elevados más allá de la primera semana, aumenta la sospecha de que el paciente podría tener enfermedad de Kawasaki. Además, si los niveles de procalcitonina son altos, esto puede ser una señal de alerta, indicando que el paciente tiene más riesgo de no responder bien al tratamiento estándar con inmunoglobulina intravenosa (3,4). Además de las alteraciones inflamatorias, los pacientes con enfermedad de Kawasaki suelen presentar cambios en el hígado y los riñones. Aproximadamente un tercio de ellos muestra niveles elevados de enzimas hepáticas (AST y ALT), bilirrubinas más altas y bajos niveles de albúmina en la sangre (hipoalbuminemia). También es común encontrar alteraciones en la orina, como la presencia de glóbulos blancos (piuria estéril), proteínas (proteinuria) o sangre (hematuria), lo que indica un impacto en los riñones (1,3).

Conclusiones

A pesar de que han transcurrido más de 50 años desde que el Dr. Sotelo describió el primer caso de enfermedad de Kawasaki en México, el diagnóstico continúa siendo un desafío. Si bien los avances en biomarcadores emergentes brindan nuevas esperanzas para su detección, en nuestro contexto, sigue dependiendo en gran medida de la sospecha clínica del médico de primer contacto. Por ello, es crucial continuar con los esfuerzos de investigación y educación para mejorar las tasas de éxito en su tratamiento, ya que un diagnóstico oportuno puede marcar la diferencia entre una recuperación completa y la aparición de complicaciones irreversibles.

Referencias

[1] Kuo HC. Diagnosis, Progress, and Treatment Update of Kawasaki Disease. Int J Mol Sci. 2023;24(18):13948. Disponible en: https://doi.org/10.3390/ijms241813948

[2] Narayan HK, Lizcano A, Lam-Hine T, et al. Clinical Presentation and Outcomes of Kawasaki Disease in Children from Latin America: A Multicenter Observational Study from the REKAMLATINA Network. J Pediatr. 2023;263:113346.

[3] Lee W, Cheah CS, Suhaini SA, et al. Clinical Manifestations and Laboratory Findings of Kawasaki Disease: Beyond the Classic Diagnostic Features. Medicina (Kaunas). 2022;58(6):734. Disponible en: https://doi.org/10.3390/medicina58060734

[4] Abraham D, Kalyanasundaram S, Krishnamurthy K. Refractory Kawasaki Disease—a Challenge for the Pediatrician. SN Compr Clin Med. 2021;3(3):855-60. Disponible en: https://doi.org/10.1007/s42399-021-00873-9

[5] Niu MM, Jiang Q, Ruan JW, et al. Clinical implications of procalcitonin in Kawasaki disease: a useful candidate for differentiating from sepsis and evaluating IVIG responsiveness. Clin Exp Med. 2021;21(4):633-42. Disponible en: https://doi.org/10.1007/s10238-021-00711-1

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