Autores
Rodrigo Francisco Chávez Michel
Licenciatura en Médico Cirujano y Partero, Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), Universidad de Guadalajara (UdeG)
Christopher Manuel Ochoa Magaña
Licenciatura en Médico Cirujano y Partero, Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), Universidad de Guadalajara (UdeG)
Itzel Viridiana Reyes Pérez
Departamento de Disciplinas Filosófico, Metodológicas e Instrumentales, CUCS, UdeG
Contacto: itzel.reyes@academicos.udg.mx
Para algunos, mencionar gusanos es pensar en las lombrices de tierra y, otras veces, en la solitaria. También es común que, al pensar en estas últimas, las relacionemos con enfermedades intestinales y el robo de nutrientes. Si bien este pensamiento no es incorrecto, solo es una parte del panorama de las infecciones por helmintos (gusanos) (1-3).
¿Te imaginas que acudes a una visita con tu médico por malestares respiratorios y fiebre y, contra todo pronóstico, te menciona que tienes hospedados gusanos en tus pulmones? Pues esto fue lo que Wilhelm Löffler en 1932 les dijo a sus pacientes, describiendo por primera vez el síndrome que lleva su apellido (Figura 1) (1).

El síndrome de Löffler es una enfermedad pulmonar acompañada de fiebre, tos, eosinofilia (aumento de células que nos protegen contra infecciones por gusanos) e infiltrados pulmonares migratorios en una radiografía (manchas que se mueven en los rayos X) en pacientes infectados con gusanos (1-3).
La verdadera pregunta que permanece después de estas líneas es cómo los gusanos pueden llegar al pulmón. La respuesta está en la clase de gusanos de la que se hable, su forma de transmisión y los ambientes donde se desarrollan. En este caso, existen varios organismos que pueden infectar; por mencionar algunos, se encuentra Ascaris lumbricoides, el principal culpable del síndrome, junto a otros como Necator americanus, Ancylostoma duodenale, Strongyloides stercoralis, etcétera. En general, la vía de infección es por medio de alimentos o agua contaminados por heces con huevos del gusano, o por el contacto de la piel desnuda con la tierra donde hay larvas. Al llegar al intestino, las larvas salen del huevo y buscarán llegar al sistema circulatorio como medio de transporte. La meta final en la carretera del sistema circulatorio siempre es el corazón, que, al estar cercano al pulmón, comparte arterias y venas donde los gusanos pueden hacer escala antes de ser expulsados mediante la tos y vueltos a deglutir para seguir su vida en el intestino, un ciclo vicioso que, sin tratamiento, se vuelve interminable (Figura 2) (1, 2).

No todos los gusanos hacen escala temporal en los pulmones; algunos se quedan ahí como destino final, caso de Paragonimus westermani, que se adquiere por el consumo de langosta o cangrejos crudos o contaminados (3).
La importancia de hablar de este síndrome se debe a que 1500 millones de personas alrededor del mundo están infectadas con gusanos, según la OMS, y están presentes en toda América, destacando países como Perú, Colombia, Brasil, México, Guatemala, etcétera. Insistiendo, A. lumbricoides está en el podio de helmintos que ocasionan enfermedades (4).
La presentación clásica de este síndrome va acompañada de tos, dificultad para respirar, anomalías en la radiografía y aumento de eosinófilos, aunque pueden existir otras manifestaciones de alarma como tos con sangre o tener anemia por pérdida sanguínea. Es debido al tour o excursión que realizan estos gusanos que pueden afectar no solo a los pulmones o al intestino, y pueden quedarse atascados en la piel en su búsqueda de llegar a los pulmones en una afección conocida como larva migrans cutánea. También pueden obstruir conductos del hígado que sirven para la secreción de bilis o los conductos pancreáticos, provocando no solo vómito, sino también diarrea (2, 3).
La población que más fácilmente puede verse afectada son los niños. No es tan raro que un niño pruebe la tierra y se contamine de muchas otras maneras las manos. Además, son arduos exploradores al pie desnudo, aspectos que facilitan la penetración de estos gusanos. Asimismo, es más fácil que desarrollen anemia y pica, una extraña condición donde la persona busca comer cosas que no son alimentos; algunos ejemplos son la obsesión con comer tierra, hielo, cabello o piedras. Estas conductas pueden ser normales por la curiosidad de los niños, pero cuando es una conducta repetitiva y afecta a la salud del niño, es mejor visitar al médico. Además, tienen que diferenciarse otras enfermedades eosinofílicas comunes en niños, como el asma (5).
Y ahora nos preguntaremos: ¿cómo el médico sabrá que puedes tener gusanos en los pulmones? Además de las manifestaciones anteriormente descritas, que algunas pueden presentarse en muchas otras enfermedades infecciosas y no infecciosas, buscará analizar una muestra de heces. Especialmente para los gusanos que pasan del pulmón hacia el intestino, se pueden buscar los huevos de los gusanos en su excremento con una prueba llamada coproparasitoscópico, donde con un microscopio se observan las deposiciones y es posible establecer el diagnóstico. Otra forma es ver directamente un parásito adulto en las heces, en las flemas o por colonoscopia, un proceso donde una cámara se introduce en el sistema digestivo (2, 3).
El tratamiento se enfoca en eliminar al parásito. Antes de continuar, hay que mencionar que las dosis y el manejo terapéutico de los fármacos siguientes deben ser dados por un médico. En un inicio, parece que el tratamiento está más enfocado en destruir a los helmintos intestinales que en el problema pulmonar; sin embargo, una cosa lleva a la otra. El uso de antiparasitarios como albendazol o mebendazol puede eliminar de manera efectiva muchos parásitos comúnmente relacionados con el síndrome de Löffler (A. lumbricoides). Un reto en el tratamiento es la duela pulmonar (P. westermani), que requiere fármacos como prazicuantel o triclabendazol por periodos prolongados de tiempo (a veces hasta más de 90 días). Otro aspecto es si se acompaña de larva migrans, en el que comúnmente se emplea ivermectina (2-4).
Entonces, respondiendo a la incógnita inicial, sí, los gusanos pueden llegar a los pulmones y generar enfermedades. Son expertos en viajar por el cuerpo y causar diferentes estragos, tanto por acción propia como por los mecanismos de defensa del cuerpo. Si bien el tratamiento es sencillo, puede ser prolongado. La mejor manera de evitar estos problemas es mantener una higiene personal adecuada, así como prácticas de higiene en la preparación y consumo de alimentos.
Referencias
[1] Mitre E, Klion AD. Eosinophils and helminth infection: protective or pathogenic? Semin Immunopathol. 2021;43:363-81.
[2] Altameemi K, Kabakli R. Ascaris lumbricoides: epidemiology, diagnosis, treatment, and control. Asian J Pharm Clin Res. 2020;13(4):8-11.
[3] Richter J. Current status of the treatment of paragonimiasis. One Health Implement Res. 2022;2:92-107.
[4] Organización Panamericana de la Salud. Geohelmintiasis [Internet]. Washington, D.C.: OPS; 2020 [citado 2025 Mar]. Disponible en: https://www.paho.org/es/temas/geohelmintiasis
[5] Xu TH, Lovaton N, Serpa J, Ochoa TJ. Pulmonary Manifestations of Parasitic Diseases in Children. Pediatr Clin North Am. 2021;68(1):193-207.



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