¿Un peligro en casa? Toxoplasmosis y sus riesgos para la salud

¿Un peligro en casa? Toxoplasmosis y sus riesgos para la salud

Autores

Alicia Ramírez Ramírez

Departamento de Infectología e Inmunología, Instituto Nacional de Perinatología «Isidro Espinosa de los Reyes», Ciudad de México, México

Contacto: armzrmz@gmail.com

Omar Hernández Montes

Departamento de Inmunología, Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, Ciudad de México, México


¿Sabías que podrías estar expuesto a un parásito sin siquiera notarlo?

La toxoplasmosis es una infección causada por el protozoo parásito Toxoplasma gondii, que puede encontrarse en la carne cruda, las verduras mal lavadas, el agua no purificada o incluso por contacto con gatos. Aunque en la mayoría de las personas pasa desapercibida, en ciertos grupos puede ser muy peligrosa, incluso mortal. Aquí exploraremos cómo este parásito está más cerca de lo que imaginamos y las medidas que podemos tomar para evitarlo.

T. gondii es un microorganismo parásito perteneciente al grupo de los apicomplejos, capaz de invadir las células y reproducirse dentro de ellas, por lo que es un intracelular obligado. Puede infectar a casi todos los mamíferos y aves, que actúan como sus hospedadores intermediarios, mientras que los gatos y otros felinos son sus hospedadores definitivos [1]. Entendemos por «hospedador» al ser vivo capaz de albergar a otro organismo, como, en este caso, a un parásito, de manera permanente o por un corto tiempo.

T. gondii se ha extendido por todo el mundo, afectando a millones de personas sin que muchas lo noten y manteniendo al parásito en estado latente. Se estima que entre el 30 % y el 50 % de la población mundial ha estado expuesta a este parásito, y el número de casos varía según factores como el clima —siendo mayor en regiones cálidas y húmedas—, así como por los hábitos alimenticios y las medidas de saneamiento [2]. En México es un problema de salud pública poco visibilizado, aun cuando existe una prevalencia del 50 % en la zona central del país, que puede aumentar en las zonas costeras hasta un 64 % y disminuir en las zonas áridas a un 13 % [3]. En personas sanas, el sistema inmunitario suele mantenerlo inactivo, por lo que la infección pasa desapercibida. En personas con defensas bajas (como quienes viven con VIH/sida) [4] o embarazadas, puede reactivarse y causar problemas graves, como daño cerebral, ocular o malformaciones en el feto [5].

¿Por qué es importante conocerlo?

Porque es más común de lo que se cree. Se estima que un tercio de la población mundial ha estado en contacto con el parásito. La mayoría de las infecciones son leves o asintomáticas. Con medidas simples de higiene y prevención, se puede evitar contraer esta infección.

El viaje del parásito: el ciclo de vida de T. gondii

Imagina que este parásito es un viajero en busca de nuevos destinos. Su hogar principal son los gatos, en los cuales completa su ciclo de vida y se multiplica. Pero para llegar hasta ellos, el parásito puede pasar por diferentes hospedadores intermediarios, incluido el ser humano (figura 1).

Figura 1. Ciclo de vida de Toxoplasma gondii. Este “viaje” comienza con un gato alimentándose de un hospedero intermediario (ratón) el cual lleva al parásito en su fase latente (quiste tisular) presente en la musculatura, cerebro, ojos, etc. El gato va a excretar la fase resistente del parásito (ooquiste) hacia el medio ambiente contaminado los alimentos, agua, pastos, tierra de jardines y areneros. Los ooquistes van a ser ingeridos por los hospederos intermediarios entre los que se encuentra el humano. Las mujeres embarazadas van a transmitir a sus hijos la infección (transmisión vertical) pudiendo ser mortal para el feto.

El hospedador definitivo: los gatos

Estos se infectan al comer presas contaminadas (como ratones o aves) o al ser alimentados con carne cruda que funciona como hospedador intermediario, o bien, al ingerir ooquistes (las formas resistentes del parásito) que el mismo gato excreta y que contaminan el medio ambiente, como el suelo y el agua. Dentro del intestino del gato, el parásito se multiplica y produce millones de ooquistes, que son eliminados a través de las heces. Es importante dejar claro que acariciar o jugar con un gato no es motivo para contraer la infección por T. gondii; son las heces las que son potencialmente peligrosas [4].

El medio ambiente y los hospedadores intermediarios

Los ooquistes pueden contaminar el agua, la tierra, frutas, verduras y pasto, sobreviviendo durante meses. Animales como vacas, cerdos, ovejas, aves o ratones los ingieren sin darse cuenta; es entonces cuando el parásito se aloja en sus músculos en forma de quistes tisulares, la forma latente del parásito [2].

El ser humano como hospedador accidental

Las personas pueden infectarse de varias formas: comiendo carne cruda o mal cocida que contiene quistes tisulares del parásito, o consumiendo agua o alimentos contaminados con ooquistes. También al manipular o tocar tierra, areneros o superficies contaminadas con ooquistes y luego llevarse las manos a la boca. En los humanos, este parásito también puede permanecer en estado latente dentro de los músculos, el cerebro y los ojos, sin causar síntomas, pero en personas inmunodeprimidas o embarazadas puede provocar complicaciones graves al reactivarse estas formas latentes [5].

En el «viaje» del parásito, nos damos cuenta de que la toxoplasmosis está más cerca de lo que creemos, por lo que debemos ser conscientes y aplicar las medidas adecuadas de higiene y prevención para evitar la infección.

Formas de toxoplasmosis según la población afectada

Como se ha mencionado, la toxoplasmosis puede presentarse de diferentes maneras dependiendo del estado de salud de la persona infectada:

Personas con un sistema inmunitario sano

En estas personas, la infección suele pasar desapercibida o causar síntomas leves similares a los de una gripe, como fiebre baja, dolor muscular, inflamación de ganglios linfáticos (principalmente del cuello), cansancio y malestar general. Estos síntomas desaparecen en pocas semanas sin necesidad de tratamiento [2].

Personas que viven con VIH/sida o inmunodeprimidas

Las personas con un sistema inmunológico debilitado tienen mayor riesgo de desarrollar una toxoplasmosis grave, especialmente si ya han estado en contacto con el parásito en el pasado y este se reactiva. En estos casos, la infección puede afectar al cerebro, causando toxoplasmosis cerebral, que se manifiesta con síntomas como dolor de cabeza intenso, confusión o alteraciones mentales, convulsiones, pérdida de coordinación o debilidad en un lado del cuerpo. También pueden verse afectados otros órganos, como el corazón y los pulmones, provocando síntomas más graves y potencialmente mortales si no se tratan a tiempo [4].

Mujeres embarazadas: toxoplasmosis congénita

Si una mujer se infecta por primera vez durante el embarazo, el parásito puede atravesar la placenta y afectar al bebé, lo que se conoce como toxoplasmosis congénita. El riesgo y la gravedad dependen de la etapa del embarazo en la que ocurra la infección. Durante el primer trimestre, existe un mayor riesgo de aborto espontáneo o malformaciones graves. Durante el segundo y tercer trimestre, puede haber daño neurológico en el feto, como hidrocefalia, calcificaciones cerebrales y alteraciones en la visión. Algunos bebés pueden nacer sin síntomas aparentes, pero desarrollar problemas visuales, auditivos o de aprendizaje más adelante en la vida [2].

Personas que reciben trasplante de órganos

La transmisión a través del trasplante de un órgano de un donante que ha tenido toxoplasma a un receptor que nunca ha adquirido la infección es un fenómeno documentado con frecuencia. En este contexto, se observa habitualmente la reactivación de T. gondii latente en forma de quiste tisular [4].

¿Cómo se diagnostica la toxoplasmosis?

Dado que la mayoría de las veces los síntomas no existen o son inespecíficos, el diagnóstico se basa en la detección de los anticuerpos producidos contra el parásito, llamados inmunoglobulinas M (IgM) e inmunoglobulinas G (IgG). La presencia de valores altos de IgM indica una infección reciente, mientras que la presencia de IgG indica que en el pasado ya se tuvo la enfermedad. Sin embargo, el método diagnóstico debe adaptarse al contexto clínico del paciente estudiado. En el paciente sano se realiza principalmente mediante pruebas en muestras de sangre, mientras que en los pacientes inmunodeprimidos son las manifestaciones clínicas de la enfermedad, los datos de laboratorio y de imagen los que establecen el tratamiento. En los recién nacidos, los datos clínicos, los signos y los anticuerpos son útiles [2, 4].

Cualquier alteración del sistema inmunitario (sida, corticoterapia, linfomas) puede desencadenar una reactivación de la enfermedad [4].

Tratamiento de la toxoplasmosis

En la mayoría de las personas sanas, la toxoplasmosis no requiere tratamiento, ya que el sistema inmunológico la controla por sí solo. Sin embargo, en casos graves o en personas con defensas inmunitarias bajas, se usan medicamentos como la pirimetamina y la sulfadiazina, acompañadas de ácido folínico para reducir efectos adversos. En los casos de embarazadas con una infección reciente, se utiliza la espiramicina para reducir los riesgos de transmisión al feto [2, 4].

Prevención

Para disminuir los riesgos de infección, se recomienda evitar el consumo de carne cruda o poco cocida, lavar frutas y verduras antes de comerlas, consumir agua purificada y usar guantes al manipular carne cruda, tierra de jardines y areneros de mascotas, para después lavarse bien las manos. Los grupos vulnerables deben extremar precauciones, evitando las tareas antes citadas y el contacto con gatos desconocidos [2].

Conclusiones

La toxoplasmosis, una amenaza subestimada, afecta gravemente a personas vulnerables como quienes viven con VIH/sida, mujeres embarazadas y receptores de trasplantes. Factores cotidianos como el consumo de carnes poco cocidas o crudas y de verduras sin lavar aumentan el riesgo. La falta de diagnóstico eleva su prevalencia, lo que destaca la necesidad de informar y prevenir, fomentando cambios de hábitos que pueden marcar una gran diferencia para reducir su impacto en la salud pública y en las generaciones futuras.

Referencias

[1] Zavala-Hoppe AN, Piguave-Cacao RR, Ponce-Macias NN. Epidemiología y Factores de riesgo de la Toxoplasmosis en los países de Latinoamérica. MQRInvestigar. 2025;9:e234. doi:10.56048/MQR20225.9.1.2025.e234

[2] Centers for Disease Control and Prevention. DPDx – Toxoplasmosis [Internet]. 2024 [citado 20 Mar 2025]. Disponible en: https://www.cdc.gov/dpdx/toxoplasmosis/index.html

[3] Juárez MC, Martínez FJ, Rivera MG, Pérez LM, Castillo JL, Sánchez RM. Posibles Factores de Riesgo Asociados a Seropositividad y Seronegatividad de IgM para Toxoplasmosis en Tamaulipas. J Negat No Posit Results. 2021;6:1446-60. doi:10.19230/jonnpr.4504

[4] Dian S, Ganiem AR, Ekawardhani S. Cerebral toxoplasmosis in HIV-infected patients: a review. Pathog Glob Health. 2023;117(1):14-23. doi:10.1080/20477724.2022.2083977

[5] Hurt K, Kodym P, Stejskal D, Zikan M, Mojhova M, Rakovic J. Toxoplasmosis impact on prematurity and low birth weight. PLoS One. 2022;17(1):e0262593. doi:10.1371/journal.pone.0262593

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