De la dieta al metabolismo: la importancia de la vitamina D en nuestra salud

De la dieta al metabolismo: la importancia de la vitamina D en nuestra salud

Autores

Omar Íñiguez-Mosqueda

Especialidad Médica en Medicina Interna y Endocrinología, Servicio de Medicina Interna, Nuevo Hospital Civil de Guadalajara “Dr. Juan I. Menchaca”

Anabell Alvarado Navarro

Centro de Investigación en Inmunología y Dermatología, Departamento de Fisiología, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara (UdeG)

Omar Graciano-Machuca

Centro de Investigación en Procesamiento Digital de Señales, Centro Universitario de los Valles, UdeG

Contacto: omargmachuca@academicos.udg.mx


Todos hemos escuchado que un poco de sol «hace bien», pero ¿sabías que esa luz solar puede transformarse en un nutriente esencial para nuestro cuerpo? La vitamina D, también llamada «vitamina del sol», no solo fortalece los huesos: participa en el sistema de defensa del cuerpo (sistema inmunológico), en el motor del cuerpo que transforma lo que comemos en energía (metabolismo energético) y también ayuda en la prevención de algunas enfermedades que duran mucho tiempo (enfermedades crónicas) [1]. Sin embargo, pese a su importancia, una gran parte de la población mundial presenta niveles bajos de esta vitamina, lo que la convierte en un problema de salud pública.

¿Qué es la vitamina D?

La vitamina D es una vitamina liposoluble (se disuelve en grasas o aceites) que en realidad funciona como una hormona en el cuerpo; es decir, es un mensaje químico para dar instrucciones a distintas partes del organismo. Se presenta en dos formas principales:

  • D2 (ergocalciferol): se encuentra en alimentos de origen vegetal como los hongos.
  • D3 (colecalciferol): se produce en la piel cuando recibimos la luz del sol (rayos ultravioleta o UV) y también está presente en alimentos de origen animal como pescados grasos, hígado y yema de huevo [2].

Una vez que entra al cuerpo, la vitamina D se transforma (activación) en el hígado y los riñones, generando una sustancia llamada calcitriol, que ayuda a controlar múltiples funciones en nuestras células (Figura 1) [3].

Figura 1. Obtención, activación y funciones principales de la vitamina D.

¿Dónde podemos obtenerla?

Existen tres formas principales de obtener vitamina D:

  • La luz solar: con 10–20 minutos de exposición en brazos y piernas, varias veces a la semana, nuestro cuerpo puede producir buena parte de lo que necesita. Sin embargo, factores como el uso de bloqueador, el lugar donde vivimos, la época del año o el tono de piel pueden afectar esa producción.
  • Los alimentos: pescados como el salmón, la sardina y el atún; el hígado de res; los huevos; y productos fortificados (como algunas leches y cereales) aportan vitamina D [2].
  • Suplementos: cuando la dieta y el sol no son suficientes, la suplementación con vitamina D3 suele ser la más recomendada por su eficacia [1].

El papel de la vitamina D y la energía del cuerpo

La función más conocida de la vitamina D es ayudar en la absorción de calcio y fósforo, nutrientes clave para mantener huesos y dientes fuertes. Pero su influencia va más allá:

  • Energía en el cuerpo: la vitamina D ayuda en cómo usamos y almacenamos la energía en nuestro cuerpo [2].
  • Tejido adiposo (grasa corporal): regula el desarrollo y la función de las células de grasa, influyendo en la inflamación y en el riesgo de obesidad [4].
  • Sistema inmunológico: la vitamina D participa en la activación de células de defensa y ayuda a controlar procesos inflamatorios, reduciendo el riesgo de infecciones y enfermedades autoinmunes, que ocurren cuando las defensas del cuerpo atacan por error a nuestras propias células [5].
  • Prevención de enfermedades crónicas: niveles adecuados de vitamina D se han relacionado con menor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades del corazón y vasos sanguíneos e incluso algunos tipos de cáncer [1].

Deficiencia: un problema común

Se estima que hasta un 45% de la población mundial tiene deficiencia de vitamina D, especialmente en países con poca exposición solar o en personas con obesidad. La deficiencia puede causar:

  • Fatiga y debilidad muscular.
  • Mayor riesgo de osteoporosis y fracturas.
  • Alteraciones en el sistema inmune, con mayor susceptibilidad a infecciones [5].

Además, la deficiencia de dicha vitamina se ha vinculado con múltiples enfermedades, entre las que se incluyen:

  • Enfermedades neurológicas y psiquiátricas: bajos niveles de vitamina D se asocian con Alzheimer, Parkinson, esclerosis múltiple y depresión, debido a que la falta de esta vitamina favorece el estrés oxidativo (desequilibrio por el aumento en cierto tipo de sustancias químicas que dañan las células, lo cual sobrepasa las defensas que éstas tienen para evitar el daño) en las neuronas (principal tipo de célula del sistema nervioso) [5].
  • Enfermedades cardiovasculares: la deficiencia de vitamina D aumenta el riesgo de hipertensión, infartos y aterosclerosis (enfermedad en la que las arterias —los «tubos» que llevan la sangre a todo el cuerpo— se van endureciendo y estrechando porque en sus paredes se acumulan grasa, colesterol y otras sustancias), al afectar la elasticidad de los vasos sanguíneos y la regulación de la presión arterial [5].
  • Enfermedades metabólicas: la vitamina D participa en la regulación de la insulina (una sustancia que funciona como una llave que abre la puerta de las células para que el azúcar (glucosa) que circula en la sangre pueda entrar y transformarse en energía) y el metabolismo de la glucosa. Su deficiencia se asocia con obesidad, resistencia a la insulina y diabetes tipo 2 [5].
  • Trastornos del sistema inmune: la deficiencia debilita las defensas, incrementando la susceptibilidad a infecciones (como tuberculosis y VIH) y enfermedades autoinmunes, como el asma o la artritis reumatoide [5].
  • Problemas musculoesqueléticos: la falta de vitamina D favorece la pérdida de masa ósea y muscular, lo que aumenta el riesgo de osteoporosis, osteoartritis y sarcopenia (debilidad muscular asociada a la edad). En niños, la deficiencia severa puede provocar raquitismo, una enfermedad que debilita los huesos y causa deformidades [5].
  • Enfermedades digestivas y hepáticas: está relacionada con hígado graso, cirrosis (enfermedad del hígado en la que el tejido sano y flexible se reemplaza por cicatrices) y enfermedades inflamatorias intestinales como Crohn y colitis ulcerosa [5].
  • Salud reproductiva y ginecológica: la deficiencia de vitamina D se ha vinculado con preeclampsia durante el embarazo (complicación del embarazo que aparece después de la semana 20 y se caracteriza por presión arterial alta y, con frecuencia, por la presencia de proteínas en la orina), síndrome de ovario poliquístico e incluso con menor fertilidad [5].

¿Cómo mantener niveles adecuados?

No existe una receta única para todos, ya que influyen la edad, el peso, la dieta y el estilo de vida. Sin embargo, las recomendaciones generales incluyen:

  • Exposición solar moderada, evitando quemaduras.
  • Consumir alimentos ricos en vitamina D de forma regular.
  • Considerar suplementos cuando los niveles sanguíneos son bajos, siempre bajo orientación médica [1].

Algunos especialistas sugieren que tener más de 30 ng/mL de vitamina D en sangre ayuda a reducir riesgos de enfermedades [1].

Conclusiones

La vitamina D es mucho más que un nutriente: es una pieza central que mantiene el equilibrio de nuestro cuerpo y participa en la prevención de múltiples enfermedades. Aunque el sol es nuestra principal fuente, factores como la vida en interiores, la contaminación o la obesidad hacen que su deficiencia sea muy común.

Cuidar los niveles de vitamina D, ya sea con sol, alimentos o suplementos, no solo fortalece los huesos, también mejora la energía, la inmunidad y la salud en general. Conocerla y valorarla es un primer paso para construir un estilo de vida más saludable.

Referencias

[1] Grant WB, Wimalawansa SJ, Pludowski P, Cheng R. Vitamin D: Evidence-Based Health Benefits and Recommendations for Population Guidelines. Nutrients. 2025;17(2):277. https://doi.org/10.3390/nu17020277

[2] Voiculescu VM, Nelson Twakor A, Jerpelea N, Pantea Stoian A. Vitamin D: Beyond Traditional Roles—Insights into Its Biochemical Pathways and Physiological Impacts. Nutrients. 2025;17(5):803. https://doi.org/10.3390/nu17050803

[3] Bikle DD. Vitamin D: Production, Metabolism, and Mechanism of Action. En: Feingold KR, Anawalt B, Blackman MR, et al., editores. Endotext [Internet]. South Dartmouth (MA): MDText.com, Inc.; 2000-. [actualizado 2025 Mar 23; citado 2025 Sep 11]. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK278935/

[4] Lu S, Cao ZB. Interplay between Vitamin D and Adipose Tissue: Implications for Adipogenesis and Adipose Tissue Function. Nutrients. 2023;15(22):4832. https://doi.org/10.3390/nu15224832

[5] Dentino P, Mora J, Zuo L. Vitamin D Deficiency and Its Role in Pathologies of Oxidative Stress: A Literature Review. Cureus. 2025;17(5):e90042. https://doi.org/10.7759/cureus.90042


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