¿Hipertensión arterial en jóvenes? El asesino silencioso ya no distingue edades

¿Hipertensión arterial en jóvenes? El asesino silencioso ya no distingue edades

Autores

Cristian Alejandro Vergara-Domínguez

Licenciatura en Médico Cirujano y Partero, Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), Universidad de Guadalajara (UdeG)

Cecilia Colunga-Rodríguez

Departamento de Salud Pública, CUCS, UdeG

Contacto: cecilia.colunga@academicos.udg.mx

Mario Ángel González

División en Ciencias de la Salud, Centro Universitario de Tonalá, UdeG


¿Qué hay de nuevo con la Hipertensión Arterial?

La Hipertensión Arterial Sistémica (HAS) es una de las principales enfermedades crónico-degenerativas no solo en México, sino en el mundo, y representa el factor de riesgo modificable más común y responsable de complicaciones como Enfermedades Cardiovasculares (ECV), Insuficiencia Cardiaca (IC), Infarto Agudo al Miocardio (IAM), Insuficiencia Renal (IR), arritmias, ceguera, entre otras [1, 2].

Tradicionalmente, se le ha considerado una enfermedad de adultos mayores; sin embargo, esto ha cambiado en los últimos años. Actualmente, la prevalencia de la Hipertensión en adultos jóvenes > 20 años está en aumento, debido principalmente a un estilo de vida poco saludable y a otros factores que se mencionarán más adelante [3].

En México, durante el año 2022, el 29.4% de la población adulta (hombres y mujeres >20 años) tenían Hipertensión. Los datos más recientes, publicados en el 2024 por la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT), nos revelan que hasta un tercio de la población adulta mexicana tiene Hipertensión arterial; de los cuales, más del 40% desconocían su diagnóstico. Es importante resaltar que la prevalencia de Hipertensión fue 4 veces más alta en adultos con 40 años o más (44.4%) que en adultos de 20-39 años (11.6%); sin embargo, no hay que minimizar estos resultados ni dejarlos pasar por alto [4].

¿Por qué importa tanto que hablemos de la Hipertensión Arterial en la juventud? 

La importancia radica no solo en el incremento de casos, sino también en la “exposición prolongada”. Un adulto joven de 20 años que desconoce su diagnóstico puede permanecer durante años con cifras elevadas de presión arterial, lo que aumenta el riesgo de desarrollar eventos cardiovasculares a mediana edad, o incluso debutar prematuramente con complicaciones graves [5]. A ello se le suma la escasa concientización entre jóvenes, adultos jóvenes e incluso personal de la salud sobre la relevancia de medir la presión arterial (PA) desde los 20 años. Como suele presentarse sin síntomas, a veces solo podemos detectarla con mediciones periódicas; de ahí su denominación como “asesino silencioso”, ya que muchas veces se diagnostica cuando ya existe daño a órgano blanco (corazón, cerebro, riñones) [3, 4].

Definamos a la Hipertensión Arterial

La Hipertensión Arterial se define como el aumento persistente de las cifras de presión arterial, expresadas en milímetros de mercurio (mm Hg).

  • Hipertensión: Presión Arterial Sistólica (PAS) >140 mm Hg o Presión Arterial Diastólica (PAD) >90 mm Hg confirmada en consulta.
  • Presión Arterial elevada: PAS 120-139 mm Hg o PAD 70-89 mm Hg.
  • Presión Arterial no elevada: PAS <120 mm Hg y PAD <70 mm Hg [3].

¿Por qué sucede esto?

La HAS es multifactorial y su desarrollo implica interacciones complejas entre factores ambientales, conductuales, genéticos, hormonales, vasculares e inmunológicos, además de la participación de varios sistemas (cardiovascular, renal, nervioso) [3]. La hipótesis “Developmental Origins of Health Disease” sugiere que la presión arterial puede estar programada desde el periodo perinatal. Factores como trastornos hipertensivos en el embarazo, prematurez y bajo peso al nacer se han relacionado con mayor riesgo de alteraciones cardiovasculares y presión arterial elevada en la adolescencia [2, 5]. Cuando fallan los mecanismos reguladores es cuando se produce Hipertensión. Si no se trata oportunamente, puede ocasionar Daño Orgánico Mediado por Hipertensión (DOMH), afectando principalmente corazón, cerebro, riñones y vasos sanguíneos, con desenlaces como ictus, infarto, insuficiencia renal, deterioro cognitivo, arritmias y valvulopatías [3].

¿Qué factores me ponen en riesgo de padecer HAS?      

Existen algunos factores que no podemos controlar, como lo son: la predisposición genética y la edad. Pero también existen otros factores en los cuales sí podemos intervenir, ya sea de manera positiva o negativa; entre ellos, los más importantes son:

  • Sobrepeso y obesidad: es el principal factor de riesgo. Los adolescentes obesos presentan mayor prevalencia de presión arterial anormal en comparación con aquellos con peso normal.
  • Inactividad física y estilo de vida sedentario.
  • Dieta poco saludable.
  • Tiempo excesivo frente a pantallas (computadoras, dispositivos móviles, juegos electrónicos).
  • Mala higiene del sueño.
  • Consumo moderado regular de alcohol y bebidas energizantes, tabaquismo y uso de drogas ilícitas.
  • Factores socioeconómicos (exposición crónica al estrés académico, laboral, económico) [2].

Existen más factores de riesgo para esta enfermedad, pero solo se mencionan los más importantes y comunes entre la población de jóvenes y adultos jóvenes.

¿Como se realiza el abordaje?

La Hipertensión Arterial puede ser Primaria (esencial) o Secundaria. La diferencia principal que hay entre ambas radica en la presencia o ausencia de una causa subyacente identificable; es decir, que la primaria no es causada por otra enfermedad o condición médica, sino por el mecanismo fisiopatológico del cual se habló anteriormente; mientras que la secundaria sí es provocada por una causa identificable y potencialmente reversible [3].

Podremos sospechar de Hipertensión Arterial Secundaria cuando:

  • El paciente sea <30 años sin ningún factor de riesgo.
  • Hipertensión resistente a medicamento.
  • Hipertensión severa (>180/110 mm Hg).
  • Presencia de daño a órgano blanco mediado por hipertensión [5].

Aunque la Hipertensión Primaria es el tipo principal en la adolescencia, siempre se debe considerar la posibilidad de una causa secundaria en la evaluación [2]. Dependiendo de la literatura y de la cohorte estudiada, la prevalencia de la Hipertensión Arterial Secundaria es del 10-35% en todos los pacientes con Hipertensión [3, 5].

Para realizar un diagnóstico se requiere de dos a tres visitas clínicas con mediciones de PA ≥ 130/80 mm Hg; si hay niveles iniciales de PA >140/90 mm Hg, el diagnóstico debe confirmarse rápidamente [2]. Para los adultos jóvenes, es indispensable también la toma de la PA fuera de la consulta para confirmar el diagnóstico, ya que tienden a experimentar el síndrome de la “Bata Blanca” (aumento de las cifras de tensión arterial en presencia del personal de la salud). Esto implica la Automedida de la Presión Arterial (AMPA) por parte del paciente. La AMPA es un recurso diagnóstico usado como alternativa junto con el MAPA (Monitoreo Ambulatorio de la Presión Arterial). Para la correcta realización de la AMPA es necesario usar un dispositivo validado (lista de dispositivos validados: www.validatebp.org, www.stridebp.org). Se deben tomar dos mediciones por sesión, con un intervalo de 1-2 minutos; se debe llevar a cabo dos veces al día (mañana y tarde), a la misma hora y durante un periodo de 3 – 7 días; al finalizar se debe calcular la media. Una AMPA media de >135/85 confirma la Hipertensión. La preparación para la automedición de la PA es la siguiente:

  • Evitar el ejercicio y los estimulantes (cafeína, tabaco) 30 minutos antes de la medición.
  • Sentarse sin cruzar las piernas y con la espalda apoyada en respaldo.
  • El brazo debe estar apoyado.
  • Se debe retirar la ropa en el lugar donde se coloque el manguito; evitar remangar las mangas [3].

Se recomienda un panel de pruebas (hemograma completo, panel químico que incluye electrolitos, creatinina y un análisis de orina) para detectar o descartar anomalías subyacentes [2].

¿Cómo se debe tratar la Hipertensión Arterial en los jóvenes?

En caso de confirmar la Hipertensión en adolescentes y adultos jóvenes, el primer paso en el tratamiento para la hipertensión primaria en Estadio I es la Terapia No Farmacológica:

  • Reducción de peso: El plan de dieta DASH (enfoque dietético para detener la hipertensión) ha demostrado reducciones impresionantes en la presión arterial [2]. La reducción del 5-10% de peso corporal inicial puede mejorar no solo la PA, sino también los metabolismos de la glucosa y lípidos, y reducir la mortalidad prematura por todas las causas [3].
  • Realizar actividad física: cualquier tipo de ejercicio es beneficioso. Se debe fomentar la actividad física moderada a vigorosa, con un objetivo de 30 a 60 minutos al día, al menos 5 días a la semana [2].
  • Reducir consumo de sal: se recomienda restringir el consumo total de sodio dietético a 2 g/día [3].
  • Limitar completamente el consumo de alcohol: incluso una dosis baja de alcohol (10 g/día) aumenta el riesgo crónico de hipertensión en un 14% [3].
  • Evitar consumir bebidas energéticas: aumentan la PA y pueden llevar a complicaciones cardiovasculares [3].
  • Restringir consumo de bebidas azucaradas: en los niños y adolescentes, se asociaron con un aumento de la PA sistólica y riesgo de hipertensión [3].
  • La deshabituación tabáquica es la medida más efectiva para prevenir eventos graves de ECV [3].

La Terapia Farmacológica está indicada para adolescentes hipertensos cuando hay una reducción insuficiente o nula de la PA después de 6 meses de terapia no farmacológica, o en caso de presentar cifras >140/90 mm Hg [2].

Conclusiones

Este fenómeno nos obliga a visualizar en estos momentos a la Hipertensión Arterial Sistémica como un padecimiento que también afecta frecuentemente a los jóvenes, no solo a los adultos mayores. El diagnóstico oportuno puede cambiar radicalmente el pronóstico, asi pues iniciar con pequeños cambios en el estilo de vida en fases iniciales permite prevenir alteraciones orgánicas irreversibles, que potencialmente pueden comprometer la salud y calidad de vida de las personas e incluso llegar a ser fatales. En este sentido, debe dejar de ser vista como una rareza clínica y reconocerse como un problema de salud pública creciente que exige una detección temprana, estrategias preventivas y políticas enfocadas en esta población. 

Referencias

[1] Borrayo-Sánchez G, Rosas-Peralta M, Guerrero-León MC, Galván-Oseguera H, Chávez-Mendoza A, Ruiz-Batalla JM, et al. Hipertensión arterial en adolescentes y adultos jóvenes. Revisión de la literatura [Artículo de revisión]. Rev Med Inst Mex Seguro Soc. 2022;60(Supl 1):S12-S21.

[2] Hamrahian SM, Falkner B. Approach to Hypertension in Adolescents and Young Adults. Curr Cardiol Rep. 2022 Feb;24(2):131-40.

[3] McEvoy JW, McCarthy CP, Bruno RM, Brouwers S, Canavan MD, Ceconi C, et al. 2024 ESC Guidelines for the management of elevated blood pressure and hypertension. Eur Heart J. 2024 Oct 7;45(38):3912-4018.

[4] Campos-Nonato I, Oviedo-Solís C, Hernández-Barrera L, Márquez-Murillo M, Gómez-Álvarez E, Alcocer-Díaz L, et al. Detección, atención y control de hipertensión arterial en adultos mexicanos. Resultados de la Ensanut 2022. Salud Publica Mex. 2024 Aug 22;66(4):537-46.

[5] Hinton TC, Adams ZH, Baker RP, Hope KA, Paton JFR, Hart EC, et al. Investigation and Treatment of High Blood Pressure in Young People: Too Much Medicine or Appropriate Risk Reduction? Hypertension. 2020 Jan;75(1):16-22.

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