Lo que un gusano de tierra nos puede enseñar sobre el aprendizaje y la memoria

Lo que un gusano de tierra nos puede enseñar sobre el aprendizaje y la memoria

Autores

Osiris América Gómez López

Licenciatura en Psicología Biomédica, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Lerma, Estado de México, México

Mariana Rodrigues Lopes

Doctora en Neurociencias, Departamento de Ciencias de la Salud, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Lerma, Estado de México, México

Silvestre Alavez Espidio

Doctor en Ciencias Químicas, Departamento de Ciencias de la Salud, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Lerma, Estado de México, México

Contacto: s.alavez@correo.ler.uam.mx


¿Cuál es tu recuerdo más arraigado? Quizás el olor de la comida favorita que preparaba tu mamá, tal vez tu primer día en la escuela o incluso cuando aprendías a andar en bicicleta y te caíste. Estos recuerdos, por más lejanos que parezcan, son la prueba de que tu cerebro comenzó a aprender y a guardar información importante desde que eras muy pequeño. En efecto, el aprendizaje y la memoria están presentes desde que nacemos, moldeando quiénes somos y cómo interactuamos con el mundo. Son herramientas de supervivencias fundamentales para adaptarnos y evolucionar. Sin ellas, no sabríamos qué alimentos son seguros, cómo protegernos del frío o cómo evitar a un depredador.

Pero estos procesos no son exclusivos de los humanos o los animales más complejos. Incluso un gusano de tierra, una criatura sin un cerebro como el nuestro, es capaz de aprender y recordar. Estos pequeños organismos pueden modificar su comportamiento en función de experiencias pasadas, demostrando que el aprendizaje y la memoria son habilidades fundamentales para la vida en muchas especies sin importar la complejidad del organismo. Al final, ¿Qué nos puede enseñar este gusano sobre el aprendizaje y la memoria? Vamos a explorarlo [1].

Aprendizaje y memoria: la clave para no empezar de cero

En pocas palabras, el aprendizaje es el proceso mediante el cual nuestro cerebro absorbe nueva información y la utiliza para modificar nuestro comportamiento. Imagina que, al aprender a andar en bicicleta, cada vez que te caes, tu cerebro toma nota de lo que salió mal para que la próxima vez puedas mantener el equilibrio de manera más segura. La memoria, por otro lado, funciona como un disco duro donde se guarda, codifica, almacena y luego nos permite recuperar la información cuando la necesitamos. Gracias a ella, podemos recordar el camino a casa, el nombre de una persona o incluso la sensación de haber vivido una experiencia antes. Sin memoria, el aprendizaje sería inútil, ya que no podríamos retener lo aprendido [2].

El paso del tiempo y la memoria: ¿por qué olvidamos?

Nuestra capacidad de aprender y recordar, por asombrosa que sea, es vulnerable. A medida que envejecemos, es común notar que nuestra memoria no es tan ágil como antes, ya no aprendemos o recordamos tan fácilmente; por ejemplo, empezamos a olvidar nuestros compromisos. Sin embargo, este proceso no ocurre de manera abrupta, sino que se manifiesta de forma gradual, afectando tanto la retención de información como la recuperación de los recuerdos almacenados. Este declive progresivo es parte natural del envejecimiento y se debe a cambios en el cerebro, como la reducción significativa de la neuroplasticidad, de la comunicación de las células de nuestro cerebro, llamadas neuronas, o la disminución en la producción de ciertas moléculas (neurotransmisores) esenciales para la memoria [3].

El envejecimiento es un proceso biológico inevitable que afecta a todos los seres vivos. Con el tiempo, las funciones fisiológicas se vuelven menos eficientes, y esto incluye capacidades cognitivas como la memoria [4]. Pero ¿por qué es tan importante estudiar cómo el envejecimiento afecta nuestras funciones cognitivas? Porque estas funciones no son solo un lujo; son herramientas de supervivencia. Para las personas mayores, recordar tareas cotidianas, reconocer rostros familiares o incluso evitar peligros puede marcar la diferencia entre vivir de manera independiente o depender de otros.

En un mundo donde la población mayor está creciendo rápidamente, entender cómo proteger la capacidad de aprendizaje y la memoria durante el envejecimiento se ha convertido en una prioridad. No se trata solo de vivir más años, sino de vivirlos con autonomía y bienestar. Curiosamente, uno de los aliados más inesperados en la investigación sobre dichas funciones es Caenorhabditis elegans (C. elegans), un diminuto gusano con un sistema nervioso sorprendentemente útil para la ciencia. A pesar de su sencillez, este organismo ha revelado pistas cruciales sobre cómo el envejecimiento afecta la memoria y qué podríamos hacer para ralentizar su deterioro en los humanos [4].

C. elegans: un aliado inesperado en la ciencia de la memoria

A pesar de tener muchas menos neuronas que las palabras de este artículo, el gusano de tierra se ha convertido en una herramienta indispensable para la investigación. Este pequeño gusano, transparente y de apenas un milímetro de largo, posee un sistema nervioso increíblemente simple: sólo 302 neuronas, en comparación con los 86 mil millones que tiene un cerebro humano. Sin embargo, su simplicidad es precisamente lo que lo hace tan valioso para los investigadores [4].

Aunque no se le puede preguntar directamente, varios estudios han demostrado que el C. elegans posee memoria. Por ejemplo, estos gusanos normalmente se sienten atraídos por el diacetilo, un químico con un olor agradable. Sin embargo, si se les expone al diacetilo mientras se les priva de comida, aprenden a asociar este olor con la falta de alimento. Como resultado, dejan de sentirse atraídos por el diacetilo, incluso si antes les gustaba. Este cambio de comportamiento, llamado aprendizaje aversivo, muestra que gusanos como C. elegans pueden aprender y adaptarse basándose en experiencias negativas [1].

Otro ejemplo es el aprendizaje aversivo a la temperatura. El C. elegans puede detectar cambios de temperatura y ajustar su movimiento en respuesta (un comportamiento llamado termotaxis). Normalmente, estos gusanos prefieren la temperatura a la que están acostumbrados a vivir, especialmente si coincide con condiciones de abundancia de comida. Sin embargo, si se les priva de alimento a esa temperatura, aprenden a asociarla con la falta de comida. Como resultado, dejan de moverse hacia su temperatura preferida, evitándola en el futuro. Este tipo de aprendizaje demuestra que el C. elegans no solo puede recordar, sino también adaptar su comportamiento para sobrevivir [1].

Geroprotectores: una herramienta para proteger la memoria y el aprendizaje

La investigación en C. elegans ha abierto nuevas puertas para entender cómo podríamos ralentizar algunos efectos del deterioro de la memoria y el aprendizaje. Entre las estrategias, los geroprotectores han surgido como una opción prometedora. Son compuestos que tienen el potencial de retrasar el envejecimiento y, probablemente, prevenir enfermedades neurodegenerativas, ofreciendo una posible vía para mantener las funciones cognitivas a lo largo del tiempo [4].

Uno de los geroprotectores más estudiados es la rapamicina, un fármaco que ha demostrado ser eficaz en la prevención de enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson, el Alzheimer y la enfermedad de Huntington. Aunque estos estudios se han hecho en gusanos, los procesos moleculares que regulan el envejecimiento son similares en humanos [5]. Esto sugiere que los geroprotectores podrían desempeñar un papel clave como neuroprotectores, ayudando a preservar la memoria y el aprendizaje incluso con el paso de los años [4].

Conclusiones

La memoria es mucho más que un simple baúl de recuerdos; es la herramienta que nos permite aprender, adaptarnos y sobrevivir. Desde recordar cómo andar en bicicleta hasta evitar situaciones peligrosas, nuestra vida cotidiana depende de esta capacidad. Sin embargo, con el paso del tiempo, la memoria se vuelve más frágil y nuestra capacidad de aprender disminuye. Entender cómo preservar estas funciones es un reto cada vez más importante en una sociedad que envejece rápidamente. Curiosamente, las respuestas a estas grandes preguntas han venido de un organismo diminuto: C. elegans. Este pequeño gusano, con su sistema nervioso sorprendentemente simple, nos ha enseñado que la memoria y el aprendizaje son habilidades esenciales incluso en las formas de vida más básicas.

Los estudios con C. elegans han abierto la puerta a posibles soluciones, como los geroprotectores, que podrían ayudarnos a proteger nuestra memoria y capacidad de aprendizaje a medida que envejecemos. Aunque aún queda mucho por investigar, estos avances nos acercan a un futuro donde el envejecimiento no tenga que ser sinónimo de pérdida de memoria. Al final, entender cómo un gusano tan simple puede aprender y recordar nos recuerda que, en el fondo, todos estamos conectados por la misma necesidad: adaptarnos para sobrevivir. Y quizás, en esa simplicidad, encontremos las claves para mantener nuestra mente joven por más tiempo.

Referencias

[1] Rahmani A, Chew YL. Investigación de los mecanismos moleculares del aprendizaje y la memoria utilizando Caenorhabditis elegans. JNC [Internet]. 2021;159(3):417-51. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1111/jnc.15510 [citado 28 de julio de 2025].

[2] Purves D, Augustine GJ, Fitzpatrick D, Hall WC, LaMantia AS, White LE. Neurociencia. 5ª ed. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 2020.

[3] Cruz T, García L, Álvarez MA, Manzanero AL. Calidad del sueño y déficit de memoria en el envejecimiento sano. Neurología [Internet]. 2022;37(1):31-7. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1016/j.nrl.2018.10.001 [citado 28 de julio de 2025].

[4] Valle-Jimenez X, Osorio-Paz I, Alavez S. Caenorhabditis elegans como modelo para el estudio del envejecimiento. Revista Fesahancccal [Internet]. 2023;9:4-11. Disponible en: https://revistafesahancccal.org/index.php/fesahancccal/article/view/82 [citado 18 de julio de 2025].

[5] Alavez S. Intervenciones contra el envejecimiento y enfermedades asociadas guiadas por la gerociencia. En: Cordera R, Pasantes H, Molina S, editores. La vejez en México en el siglo XXI. 1ª ed. México: Editorial Seminario de Cultura Mexicana; 2022. p. 191-203.

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