Más allá de las emociones: la depresión como un desequilibrio biológico y metabólico

Más allá de las emociones: la depresión como un desequilibrio biológico y metabólico

Autores

Sara Paola Sandoval de la Torre

Licenciatura en Químico Farmacéutico Biólogo, Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingenierías (CUCEI), Universidad de Guadalajara (UdeG)

Diana Emilia Martínez Fernández

Departamento de Farmacobiología, CUCEI, UdeG

Instituto Transdisciplinar de Investigación y Servicios (ITRANS), UdeG

Francisco Josué Carrillo Ballesteros

Departamento de Farmacobiología, CUCEI, UdeG

Instituto Transdisciplinar de Investigación y Servicios (ITRANS), UdeG

Contacto: josue.carrillo@academicos.udg.mx


La depresión va más allá que un estado de ánimo ligado a una profunda tristeza. Es una condición en la que se presenta la falta de motivación y la pérdida del interés por actividades o situaciones que antes nos generaban placer, incluso se pueden dificultar actividades cotidianas como lo son el comer y el dormir.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) 332 millones de personas sufren depresión en todo el mundo. El origen de la depresión no está vinculada a una sola causa, es decir, es un trastorno multifactorial, por ejemplo, antecedentes genéticos, estilo de vida, alimentación, factores psicológicos y sociales de cada persona. Cada día existe mayor evidencia de la relación entre las alteraciones metabólicas y los cambios en las sustancias químicas del organismo con la aparición de síntomas ligados a la depresión, por lo cual a continuación se explican el impacto de las causas mejor estudiadas.

¿Puede el estrés ser la causa de la depresión?

El estrés es una respuesta de nuestro organismo a las amenazas del entorno. Esto no es solo una emoción sino también la consecuencia de una serie de interacciones de estímulos que terminan por liberar moléculas que contribuyen a las alteraciones fisiológicas. El estrés psicológico genera la producción excesiva de cortisol, también llamada hormona del estrés. Se ha demostrado que en personas con depresión mayor, hay una hiperactivación del eje hipotalámico–hipofisario–adrenal (HPA, por sus siglas en inglés), es decir se encuentra frecuentemente encendida la vía por la que se secreta el cortisol, lo que lleva a niveles elevados y/o en un continuo desequilibrio [1].

En condiciones habituales, el cortisol sigue un patrón relacionado con la hora del día. Por las mañanas su concentración en la sangre es más elevada y disminuye en la noche. En la depresión, este ritmo puede perderse, con niveles persistentemente altos o variaciones atípicas.

Las consecuencias de la sobreproducción del cortisol están relacionadas con la pérdida de la capacidad que tienen las neuronas para regenerarse en ciertas regiones del cerebro como el hipocampo y la corteza prefrontal, lo cual se asocia con problemas de memoria y regulación emocional. El exceso de cortisol prolongado también puede alterar la señalización de serotonina, dopamina y noradrenalina, neurotransmisores clave para funciones vinculadas a la felicidad, el placer, la concentración y el estado de alerta [2].

Asimismo, el cortisol en niveles normales tiene un efecto antiinflamatorio, suprimiendo la producción de moléculas proinflamatorias, sin embargo, en un estado de estrés prolongado, se genera resistencia al cortisol lo que impide su efecto antiinflamatorio y se relaciona directamente con la fisiopatología de la depresión. Esta respuesta también puede atribuirse parcialmente a cuestiones de género, debido a que las mujeres presentan mayor sensibilidad al cortisol ligado al estrés por factores sociales y tienen una incidencia de depresión del 50% mayor que los hombres [3]. 

¿Qué cambios bioquímicos pueden ocurrir en el cerebro?

Las neuronas se comunican y median sus funciones a través de un proceso denominado sinapsis neuronal en el cual una célula envía señales químicas a otra, con el objetivo de propagar mensajes a lo largo del sistema nervioso. Esta comunicación ocurre por moléculas conocidas como neurotransmisores. La serotonina y la dopamina son parte de estas sustancias que han sido asociadas a la depresión y que, por su estructura química, reciben el nombre de monoaminas [2].

La relación entre el desequilibrio en los niveles de neurotransmisores con las manifestaciones de la depresión es central, esto debido a que al no existir un control en los mensajes neuronales mediados por estas sustancias pueden verse afectados el estado de ánimo, la motivación, el sueño y el apetito. En este sentido, los pacientes con depresión presentan niveles bajos de estas moléculas por baja producción o alta degradación. En la sinapsis, la neurona que envía la señal suele recuperar parte de las moléculas de los neurotransmisores liberados, pero en la depresión este mecanismo se puede encontrar aumentado [2]. Este modelo es el que mejor explica el origen neurobiológico de la depresión y que, además, nos permite comprender la base de su tratamiento dado que los medicamentos antidepresivos actúan, por ejemplo, bloqueando la recaptura o evitando la degradación de la serotonina.

¿Qué otras sustancias podrían estar alteradas en una persona con depresión?

En los últimos años, los estudios en depresión se han enfocado en el área de la metabolómica, esto significa estudiar los niveles de la totalidad de moléculas que se encuentran en el cuerpo como resultado del metabolismo. Estos estudios demuestran alteraciones en el metabolismo de lípidos, conocidos comúnmente como grasas, y aminoácidos, los cuales son moléculas que conforman a las proteínas y, a su vez, pueden actuar como precursores de los neurotransmisores.

Existen estudios que relacionan altos niveles de lípidos en sangre con los síntomas de depresión, por ejemplo, triglicéridos, colesterol, ácidos grasos como el ácido palmítico y el ácido esteárico. El ácido araquidónico, que es un precursor de moléculas inflamatorias, también se ha encontrado elevado en sangre de pacientes con depresión; por el contrario, los ácidos grasos como el omega 3, que tienen funciones antioxidantes, se encuentran disminuidos tanto en sangre como en cerebro lo que impacta la unión de serotonina a sus receptores, afectando el ánimo [4].

Por otra parte, el metabolismo de aminoácidos también se encuentra alterado en la depresión, por ejemplo, el triptófano, que es un precursor de serotonina, se encuentra disminuido. La causa de esto no está confirmada; este aminoácido se obtiene de la alimentación, sin embargo, se ha observado que sus niveles bajos no son causados por falta de consumo [4]. Una posible explicación es que algunos aminoácidos de estructuras similares deben competir por enzimas y proteínas transportadoras para que puedan cumplir sus funciones biológicas. En este caso, es posible que las alteraciones por la depresión favorezcan el metabolismo de otros aminoácidos, afectando los valores de triptófano y la síntesis de serotonina. Otra posible explicación es que las alteraciones metabólicas favorecen la producción de las enzimas que degradan el triptófano.

Es importante resaltar que el estado inflamatorio favorecido por las desregulaciones metabólicas en la depresión, pueden aumentar la producción de radicales que crean un ambiente de estrés oxidativo [3]. Los radicales son moléculas inestables que generan daño a las células y sus subestructuras; los antioxidantes pueden prevenir este daño, pero su función se ve comprometida por una alimentación inadecuada, consumo de alcohol, tabaco u otras sustancias, falta de ejercicio, etc. Una vez que se genera el daño y no puede repararse, las células sufren estrés oxidativo. Una de las subestructuras celulares con alta sensibilidad a los radicales es la mitocondria, que además tiene un papel importante en la producción de energía. Se considera que el daño oxidativo a la mitocondria es de las principales causas de las alteraciones metabólicas en la depresión.

¿Qué otros estudios novedosos existen respecto a las causas de la depresión?

El último enfoque hacia los estudios en metabolómica de la depresión se basa en vincular a la totalidad de microorganismos que habitan en nuestro intestino, es decir, la microbiota intestinal con la depresión. Por ejemplo, se ha evidenciado que sustancias químicas producidas por diversos grupos de microorganismos contribuyen a la sintomatología de la depresión. Por otro lado, este conocimiento también puede explotarse para obtener efectos benéficos, por ejemplo, las bacterias intestinales del género Bifidobacterium y Roseburia intestinalis contribuyen a la transformación de triptófano a serotonina [5]. Esto contribuye al conocimiento de cómo se desarrolla la depresión, pero también representa oportunidad para nuevos métodos terapéuticos. 

Conclusiones

En resumen, la depresión debe entenderse como un trastorno complejo en el que interactúan factores biológicos, psicológicos y sociales. La investigación científica ha demostrado que no se trata solo de una disminución de la serotonina o de otros neurotransmisores, sino de un desequilibrio integral en los sistemas de regulación del organismo. Los niveles elevados de cortisol, la activación del sistema inmune y la inflamación cerebral son ejemplos de cómo el estrés crónico y los hábitos de vida poco saludables contribuyen a modificar la fisiología de las personas con depresión. Estos hallazgos refuerzan la idea de que la salud mental está íntimamente ligada a la salud física y metabólica.

Reconocer esta complejidad nos invita a dejar atrás los estigmas y simplificaciones que reducen la depresión a “falta de voluntad” o a “tristeza pasajera”. Por el contrario, abre el camino a tratamientos más integrales que incluyan no sólo intervenciones psicológicas y farmacológicas, sino también la promoción de estilos de vida saludables que favorezcan el equilibrio neuroquímico y metabólico. Comprender la depresión bajo esta perspectiva permite a la sociedad ofrecer respuestas más humanas, empáticas y eficaces frente a uno de los mayores retos de la salud global.

Referencias

[1] Beurel E, Toups M, Nemeroff CB. The Bidirectional Relationship of Depression and Inflammation: Double Trouble. Neuron. 2020 Jul 22;107(2):234-256. doi: 10.1016/j.neuron.2020.06.002

[2] Bremshey S, Groß J, Renken K, Masseck OA. The role of serotonin in depression-A historical roundup and future directions. J Neurochem. 2024 Sep;168(9):1751-1779. doi: 10.1111/jnc.16097.

[3] da Cunha LL, Feter N, Alt R, Rombaldi AJ. Effects of exercise training on inflammatory, neurotrophic and immunological markers and neurotransmitters in people with depression: A systematic review and meta-analysis. J Affect Disord. 2023 Apr 1;326:73-82. doi: 10.1016/j.jad.2023.01.086.

[4] Wang Y, Cai X, Ma Y, Yang Y, Pan CW, Zhu X, Ke C. Metabolomics on depression: A comparison of clinical and animal research. J Affect Disord. 2024 Mar 15;349:559-568. doi: 10.1016/j.jad.2024.01.053.

[5] Tiwari S, Paramanik V. Role of Probiotics in Depression: Connecting Dots of Gut-Brain-Axis Through Hypothalamic-Pituitary Adrenal Axis and Tryptophan/Kynurenic Pathway involving Indoleamine-2,3-dioxygenase. Mol Neurobiol. 2025 Jun;62(6):7230-7241. doi: 10.1007/s12035-025-04708-9.


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