Autores
Karen Mariana Flores Nolasco
Hospital General ISSSTE Querétaro
Contacto: dra.marianafloresnolasco@gmail.com
Ariana Magdalena Castruita Pérez
Hospital General ISSSTE Querétaro
José Luis Piedra Peña
Hospital General ISSSTE Querétaro
Imagina que son las dos de la madrugada y tu hijo de tres años despierta llorando sin consuelo. Al revisar su pie, notas una marca rojiza. Poco después, el niño comienza a babear en exceso y no puede controlar sus movimientos oculares. Estos signos pueden indicar una picadura de alacrán, una emergencia médica que en México cobra especial relevancia.
El alacranismo, término que se usa para describir el conjunto de signos y síntomas producidos por la picadura de un alacrán, representa uno de los principales problemas de toxicología pediátrica en nuestro país. Según datos de la Secretaría de Salud, México reporta anualmente cientos de miles de casos, con una mortalidad que, aunque ha disminuido gracias al faboterápico (antídoto específico), sigue siendo una amenaza real en niños pequeños [1].
¿Por qué los niños son más vulnerables? Su menor masa corporal hace que la misma cantidad de veneno tenga un efecto proporcionalmente mayor. Además, su sistema nervioso en desarrollo responde de forma más intensa a las toxinas del alacrán. Por eso, conocer cómo actúa este veneno, qué señales de alarma observar y cómo responder puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
El culpable: ¿qué alacrán nos preocupa?
No todos los alacranes son igualmente peligrosos. En México, el género más temido es Centruroides, que incluye especies como C. limpidus, C. noxius y C. suffusus, distribuidas principalmente en estados del centro y occidente del país, como Jalisco, Nayarit, Guerrero, Morelos y Colima [2]. Estos arácnidos, la mayoría de menos de 10 cm, prefieren esconderse en grietas, zapatos, ropa y camas, lo que facilita el contacto accidental, especialmente durante la noche.
El veneno de Centruroides es una mezcla compleja de proteínas llamadas toxinas alfa y beta, que actúan bloqueando los canales de sodio en las células nerviosas. El resultado es una tormenta de señales eléctricas descontroladas que activa tanto el sistema nervioso simpático (el de la «respuesta al estrés») como el parasimpático (el de la «calma»), generando una crisis autónoma que puede afectar al corazón, los pulmones y el sistema digestivo.
¿Cómo reconocer si la picadura es grave?
La picadura de alacrán no siempre es evidente: a diferencia de otros insectos, el alacrán puede no dejar una marca visible. El primer síntoma suele ser dolor intenso e inmediato en el sitio de la picadura, acompañado de sensación de quemadura u hormigueo. Sin embargo, lo que distingue una picadura leve de una grave son los signos sistémicos, es decir, los que afectan al cuerpo entero (Figura 1).

La clasificación clínica más usada en México divide los casos en tres grados [3]:
Grado I (leve): dolor e inflamación local únicamente. El niño permanece alerta y sin síntomas generales.
Grado II (moderado): además del dolor local, aparecen dos o más de los siguientes signos: sialorrea (salivación excesiva), lagrimeo, rinorrea (mocos), diaforesis (sudoración intensa), náuseas o vómito, priapismo (en varones), agitación o inquietud.
Grado III (grave): se agregan signos neurológicos como movimientos oculares descontrolados (nistagmus), dificultad para hablar o tragar, crisis convulsivas, edema pulmonar agudo, arritmias cardiacas o choque.
En pediatría, el Grado III es una emergencia que requiere atención inmediata en una unidad con capacidad de cuidados intensivos. Los lactantes (menores de 12 meses) y preescolares son quienes con mayor frecuencia evolucionan a formas graves, incluso con picaduras inicialmente clasificadas como leves [3].
¿Qué se debe hacer ante una picadura?
Ante la sospecha de picadura de alacrán en un niño, la acción más importante es trasladarlo de inmediato a la unidad de salud más cercana, sin esperar a que aparezcan síntomas graves. Mientras se acude al médico, es útil recordar algunas medidas básicas:
Lo que SÍ se debe hacer:
• Mantener la calma y tranquilizar al niño.
• Lavar la zona con agua y jabón.
• Aplicar frío local (hielo envuelto en tela, nunca directo) para aliviar el dolor.
• Llevar al menor a urgencias de inmediato, especialmente si tiene menos de 5 años.
• Si es posible, capturar o fotografiar el alacrán para identificarlo.
Lo que NO se debe hacer:
• No aplicar torniquetes ni hacer cortes en la zona.
• No succionar el veneno.
• No dar medicamentos sin indicación médica.
• No esperar para ver «si empeora»: en niños, el deterioro puede ser rápido.
El tratamiento: el faboterápico como pieza clave
El tratamiento específico para el alacranismo es el faboterápico antialacrán, un medicamento derivado de anticuerpos de caballo que neutraliza las toxinas del veneno. En México, este producto es fabricado por el Instituto Bioclon y se distribuye a través del sistema público de salud, lo que lo hace accesible en la mayoría de los centros de salud y hospitales del país [4].
A diferencia de los antivenenos tradicionales (sueros), el faboterápico está elaborado con fragmentos de anticuerpos (Fab), lo que reduce significativamente el riesgo de reacciones alérgicas severas. Su administración intravenosa en dosis ajustadas al peso y a la gravedad clínica permite una reversión rápida de los síntomas, incluso en los casos más severos [4].
Además del faboterápico, el manejo puede incluir oxígeno, atropina para controlar la hipersecreción, midazolam para la agitación y, en casos graves, ventilación mecánica. El pronóstico es favorable cuando el tratamiento se inicia de forma oportuna.
Prevención: la mejor medicina
La prevención del alacranismo es posible y debe ser una prioridad en las zonas endémicas. Algunas medidas simples pero efectivas incluyen [5]:
• Revisar la ropa, zapatos y camas antes de usarlos, especialmente en temporada de calor.
• Sellar grietas en paredes y pisos, donde los alacranes suelen anidar.
• Evitar dejar ropa tirada en el suelo.
• Usar repelentes específicos para alacranes en zonas de alto riesgo.
• Instalar mallas en ventanas y puertas.
• Educar a los niños para que no volteen piedras ni maderos con las manos.
Las campañas comunitarias de fumigación y las brigadas de vigilancia epidemiológica han mostrado eficacia para reducir la incidencia en comunidades de alto riesgo, aunque requieren sostenibilidad en el tiempo para mantener su impacto.
Conclusiones
El alacranismo pediátrico es una emergencia toxicológica que, ante el reconocimiento temprano y el tratamiento oportuno con faboterápico, tiene un pronóstico favorable. Saber identificar los signos de gravedad, acudir sin demora a urgencias y aplicar medidas preventivas en el hogar puede salvar vidas. La ciencia ha puesto herramientas poderosas en manos del sistema de salud; ahora también es responsabilidad de las familias y comunidades conocerlas y utilizarlas.
Referencias
[1] Secretaría de Salud. Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica. Informe de alacranismo en México. Ciudad de México: SSA; 2022.
[2] Ramos-Cerrillo B, de Roodt AR, Chippaux JP, Possani LD. Scorpionism in Mexico. Toxicon. 2020;180:14–21. doi:10.1016/j.toxicon.2020.03.005
[3] Secretaría de Salud. Norma Oficial Mexicana NOM-033-SSA2-2011, Para la vigilancia, prevención y control de la intoxicación por picadura de alacrán. Diario Oficial de la Federación, 16 de enero de 2012. Ciudad de México: DOF; 2012.
[4] Alagón A, Sevcik C. Faboterápico antialacrán: historia, desarrollo y perspectivas. Gac Med Mex. 2021;157(3):248–255. doi:10.24875/GMM.20000567
[5] Chávez-Haro AL, Sotelo-Cruz N. Alacranismo en pediatría: revisión clínica y terapéutica. Bol Med Hosp Infant Mex. 2022;79(2):75–84. doi:10.24875/BMHIM.21000111



Deja una respuesta