Innovación y precisión: ¿Qué tanto sabemos de la medicina de precisión en enfermedades alérgicas?

Innovación y precisión: ¿Qué tanto sabemos de la medicina de precisión en enfermedades alérgicas?

Autores

Zayra Alejandra López Morales

Residente del Servicio de Alergia e Inmunología Clínica Pediátrica, Hospital Civil «Dr. Juan I. Menchaca»

Beatriz Bayardo Gutiérrez

Médico adscrito al Servicio de Alergia e Inmunología Clínica Pediátrica, Hospital Civil «Dr. Juan I. Menchaca»

María Enriqueta Núñez Núñez

Profesor titular e investigadora, adscrita al Servicio de Alergia e Inmunología Clínica Pediátrica, Hospital Civil «Dr. Juan I. Menchaca»

Contacto: nunezen@hcg.gob.mx


La medicina de precisión se define como una estrategia que busca adaptar los tratamientos a las características individuales de cada paciente. Su objetivo es lograr terapias más precisas, eficaces y con menos efectos secundarios en comparación con los métodos convencionales. Esto ha sido posible gracias al desarrollo de productos biotecnológicos, que permiten diseñar tratamientos dirigidos a blancos específicos. Dentro de este grupo se encuentran los anticuerpos monoclonales, que representan una de las herramientas más importantes en la aplicación de la medicina de precisión en enfermedades alérgicas [1].

¿Qué es un anticuerpo monoclonal?

Los anticuerpos monoclonales son proteínas producidas en el laboratorio que tienen la capacidad de reconocer y unirse con gran precisión a un blanco específico en el cuerpo, como una molécula, un receptor o una célula. Esto los convierte en medicamentos muy útiles porque actúan de manera selectiva y con menos efectos secundarios que otros tratamientos más generales. Se llaman monoclonales porque provienen de un solo clon de linfocitos B (células del sistema inmunológico encargadas de producir anticuerpos), lo que hace que todos sean idénticos y ataquen siempre al mismo objetivo [1,2].

¿Quiénes descubrieron los anticuerpos monoclonales?

Su historia comenzó en 1975, cuando dos científicos Köhler y Milstein desarrollaron un método para producir anticuerpos idénticos de forma ilimitada; los primeros anticuerpos monoclonales obtenidos eran murinos (provenientes de ratón), lo que representó un gran avance en la investigación médica. Este descubrimiento los hizo merecedores de un Premio Nobel casi una década después y abrió la puerta a una nueva generación de tratamientos. El primer anticuerpo monoclonal aprobado para uso clínico fue muromonab-CD3, utilizado para prevenir el rechazo en trasplantes. Con el tiempo, los anticuerpos murinos fueron reemplazados por anticuerpos monoclonales quiméricos (compuestos por una parte de origen murino y otra parte humana), humanizados (formados con pequeños fragmentos murinos y el resto humano) y finalmente totalmente humanos, reduciendo el riesgo de reacciones alérgicas y aumentando su seguridad (Figura 1). En el campo de las enfermedades alérgicas, el primer anticuerpo monoclonal aprobado fue omalizumab, autorizado en 2003 para el tratamiento del asma alérgica grave, lo que marcó un acontecimiento importante en la aplicación de la medicina de precisión en alergología. Hoy en día existen más de doscientos anticuerpos monoclonales aprobados en el mundo utilizados en distintos campos de la medicina [3].

Figura 1. Evolución estructural y grado de humanización de los anticuerpos monoclonales. El color azul representa anticuerpos totalmente murinos (0 % humanos), mientras que el color morado indica anticuerpos completamente humanos. Los fragmentos murinos se muestran en amarillo, evidenciando cómo, con el avance biotecnológico, fueron reemplazados progresivamente por regiones humanas, disminuyendo su inmunogenicidad y mejorando su tolerancia terapéutica.

¿Cómo se nombra un anticuerpo monoclonal?

Los anticuerpos monoclonales tienen una forma especial de nombrarse que permite identificar rápidamente su origen y su función. Todos terminan con el sufijo “-mab”, que significa anticuerpo monoclonal. Antes de este sufijo se colocan dos elementos que brindan información importante: uno indica el blanco terapéutico y otro señala el origen del anticuerpo, que puede ser -o- si es murino (de ratón), -xi- si es quimérico (con un 25% murino), -zu- si es humanizado (con solo un pequeño fragmento murino) o -u- si es completamente humano. De esta manera, con solo leer el nombre es posible entender de manera sencilla su origen y su objetivo [1,2]. (Tabla 1)

NombreSitio de acciónOrigenTipo de anticuerpo
Omalizumab-I(i)- → Sistema inmune (IgE)zu → Humanizadomab → Anticuerpo monoclonal
Dupilumab-p(i)- → Sistema inmune (IL-4Rα/IL-13)u → completamente humanomab → Anticuerpo monoclonal
Mepolizumab-I(i)- → Sistema inmune (IL-5)zu → Humanizadomab → Anticuerpo monoclonal
Benralizumab-I(i)- → Sistema inmune (IL-5Rα)zu → Humanizadomab → Anticuerpo monoclonal
Reslizumab-I(i)- → Sistema inmune (IL-5Rα)zu → Humanizadomab → Anticuerpo monoclonal
Tezepelumab-pel- → Proteína (TSLP)u → completamente humanomab → Anticuerpo monoclonal

Tabla 1. Nomenclatura de los anticuerpos monoclonales implicados en patologías alérgicas.

Los anticuerpos monoclonales y su papel en la medicina actual en el campo de la alergia

En la práctica médica, los anticuerpos monoclonales se han vuelto fundamentales en distintas áreas de la medicina, principalmente en el campo de la alergia. Sus efectos terapéuticos han mejorado la calidad de vida de pacientes con padecimientos alérgicos, convirtiéndose en una opción capaz de modificar el curso natural de la enfermedad. Un ejemplo de esto es omalizumab, un anticuerpo monoclonal que se une a la IgE (un tipo de anticuerpo que juega un papel importante en las reacciones alérgicas). Al unirse a la IgE que circula en la sangre, omalizumab reduce sus niveles y disminuye la cantidad de receptores para IgE (estructuras en la superficie de las células que permiten su reconocimiento) en células como mastocitos y basófilos (células del sistema inmunológico que liberan sustancias responsables de los síntomas alérgicos). Además, ha demostrado eficacia tanto en adultos como en niños.

Por otro lado, mepolizumab y reslizumab son anticuerpos dirigidos contra la interleucina-5 (IL-5, proteína que permite la comunicación entre células del sistema inmune), encargada de la maduración y supervivencia de los eosinófilos (células relacionadas con inflamación alérgica). Al bloquearla, reducen la inflamación eosinofílica en las vías respiratorias, lo que es muy útil en el tratamiento del asma eosinofílica grave. Ambos se han aprobado en pacientes adultos y adolescentes, y en el caso de mepolizumab, también en población pediátrica.

Benralizumab se diferencia porque no se une a la IL-5 directamente, sino a su receptor (IL-5Rα) en eosinófilos y basófilos, llevando a una disminución casi completa de eosinófilos, con impacto positivo en pacientes con asma grave eosinofílica [4].

Un desarrollo más reciente es tezepelumab, un anticuerpo monoclonal dirigido contra la linfopoyetina estromal tímica (TSLP), proteína que participa en la activación de células dendríticas (células que presentan antígenos, es decir, fragmentos de sustancias extrañas que el sistema inmune reconoce para activar la respuesta), linfocitos Th2 (subtipo de linfocitos T implicados en alergia), células linfoides innatas tipo 2 (células del sistema inmune) y otras vías inflamatorias como IL-5, IL-13 e  IL-17 (proteínas involucradas en la enfermedad alérgica). Al bloquear esta señal inicial, su efecto es más amplio, reduciendo exacerbaciones en pacientes con asma grave independientemente del endotipo (subtipo de enfermedad definido por su mecanismo biológico) alérgico o eosinofílico [3]. (Figura 2).

Figura 2. Mecanismos de acción e indicaciones clínicas de los principales anticuerpos monoclonales utilizados en enfermedades alérgicas tipo 2. Los fármacos se dirigen a distintas dianas inmunológicas: Omalizumab bloquea la unión de la IgE a su receptor, Mepolizumab, Reslizumab y Benralizumab inhiben la vía de la IL-5 reduciendo la activación y supervivencia de eosinófilos, Dupilumab bloquea la señalización de IL-4/IL-13 a través del receptor IL-4Rα, y Tezepelumab neutraliza TSLP, una alarmina epitelial clave en la inflamación tipo 2. Cada uno actúa en puntos distintos del eje inmunológico, lo que permite un tratamiento dirigido y personalizado según el endotipo de enfermedad.

De esta manera, los anticuerpos monoclonales representan la aplicación más clara de la medicina de precisión en alergología: terapias dirigidas a blancos moleculares específicos, que permiten un control más eficaz de enfermedades como asma grave, urticaria crónica, dermatitis atópica y rinosinusitis crónica con pólipos.

Conclusiones

Los anticuerpos monoclonales son uno de los avances más importantes de la medicina actual. Gracias a ellos hoy existen tratamientos más precisos y efectivos para muchas enfermedades alérgicas y otras condiciones crónicas. Si bien no están libres de efectos secundarios y su costo puede dificultar el acceso en algunos lugares, su beneficio para la salud de millones de personas es muy evidente. Para el personal de salud, conocer cómo funcionan y en qué casos se utilizan es esencial, ya que seguirán siendo una herramienta clave en el futuro de la práctica médica.

Referencias

[1] Bavbek S, et al. Hypersensitivity reactions to biologicals: An EAACI position paper. Allergy. 2021;76(6):1469–1489.

[2] Chan AC, et al. Fifty years of monoclonals: The past, present and future of antibody therapeutics. Nat Rev Immunol. 2025;25(10):745–765.

[3] Menzies-Gow A, et al. Tezepelumab in adults and adolescents with severe, uncontrolled asthma. N Engl J Med. 2021;384:1800–1809.

[4] Villarreal-González RV, et al. Reacciones adversas por anticuerpos monoclonales en el tratamiento de enfermedades alérgicas. Rev Alerg Mex. 2025;72(1):52–71.

[5] Wechsler ME, et al. Mepolizumab and benralizumab in eosinophilic asthma: efficacy and safety. Lancet Respir Med. 2022;10(5):448–460.

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