Autores
Alejandro Barrón Balderas
Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), Universidad de Guadalajara (UdeG)
Hospital Civil de Guadalajara «Dr. Juan I. Menchaca», Jalisco, México
Contacto: alejandro.barron9295@academicos.udg.mx
Alejandra Gerardo Kautzman
Instituto de Estudios Superiores de América del Norte
Escuela Primaria Mariano Azuela, Tlaquepaque, Jalisco, México
Verónica Montserrat Chávez Legaspi
CUCS, UdeG
La vacunación es uno de los mayores logros de la humanidad. Durante décadas, el sarampión estuvo casi eliminado. Los médicos crecimos sin ver casos graves. Los padres dejaron de tener miedo. Pero en pleno 2026 el sarampión ha vuelto. Y no es porque la vacuna sea mala ni porque el virus haya mutado. Es porque muchas personas han dejado de confiar en la ciencia y ahora confían más en los llamados pseudo-expertos (youtubers, coaches de bienestar, tiktokers y otros creadores de contenido sin formación médica). A este fenómeno le llamamos «inmunidad de la ignorancia». Se trata de una barrera mental que lleva a las personas a rechazar la evidencia científica y a creer en mensajes simples, emocionales y falsos que circulan en redes sociales. En los hospitales vemos las consecuencias todos los días: niños graves cuyos padres decidieron no vacunarlos porque lo vieron de pseudo-expertos en YouTube o porque un pseudo-experto dijo que era mejor la inmunidad natural. Hoy los pediatras no solo luchamos contra el virus, sino también contra los prejuicios y el miedo que sembraron los algoritmos de las redes sociales [1,2].
Lo que vemos en los hospitales: la factura de creer en youtubers y coaches
Hoy, en el Hospital Civil de Guadalajara “Dr. Juan I. Menchaca”, la mayoría de los niños hospitalizados por sarampión no están vacunados. Cuando preguntamos a los padres por qué no vacunaron a sus hijos, la respuesta casi nunca es falta de dinero o dificultad para acceder a un centro de salud. La respuesta más común es que vieron un video en YouTube, que un coach de bienestar les dijo que las vacunas son dañinas, o que un creador de contenido aseguró que los médicos estamos adoctrinados por la industria farmacéutica. Estos pseudo-expertos nunca han pisado una facultad de medicina, nunca han atendido a un niño con dificultad para respirar y nunca han visto de cerca las complicaciones del sarampión. Sin embargo, hablan con una seguridad absoluta. Usan palabras bonitas como «empoderamiento materno», «hacer tu propia investigación» o «despertar de conciencia». Mientras dicen todo eso, desprestigian sistemáticamente a médicos, enfermeras y al sistema de salud en general. La consecuencia de creerles es devastadora. Cuando una familia decide darle más crédito a un video de treinta segundos que a un médico con años de estudio y experiencia, el niño termina pagando el precio en una unidad de cuidados intensivos. Y lo más grave es que estos pseudo-expertos no se hacen responsables. Ellos borran los comentarios que los critican, siguen grabando contenido y siguen ganando dinero con el miedo que ellos mismos siembran. Mientras tanto, los médicos, enfermeras y el personal de salud en general, son los que ven a los niños sufrir, a los padres llorar y en los peores casos, a las familias despedirse de sus hijos (Figura 1) [2,3].

El sarampión no es una enfermedad leve
Es muy importante que tanto los padres de familia como los estudiantes de ciencias de la salud entiendan una cosa: el sarampión no es solo una erupción en la piel ni una enfermedad de la infancia que deba pasarse de manera natural. Es una enfermedad sistémica agresiva que puede dañar múltiples órganos. En los niños no vacunados que estamos recibiendo en los hospitales vemos con frecuencia neumonía grave, es decir, una infección en los pulmones que impide el intercambio normal de oxígeno. Muchos de estos niños necesitan ventilación mecánica, que es una máquina que respira por ellos. También estamos viendo casos de encefalitis, que es una inflamación del tejido cerebral. La encefalitis puede dejar secuelas permanentes como sordera, convulsiones recurrentes, retraso en el desarrollo motor o problemas para aprender. Y sí, también hay muertes por sarampión. Ninguno de esos pseudo-expertos muestra esto en sus videos. Ellos solo muestran mensajes bonitos, frases motivadoras y falsas promesas de salud natural. Pero la realidad de los hospitales es muy distinta. Además de todo esto, el sarampión tiene una característica que los desinformadores omiten a propósito: el virus infecta y destruye las células de memoria del sistema inmune (los linfocitos B y T de memoria), lo que deja al niño más vulnerable a infecciones que ya había superado. Esto significa que un niño que logra sobrevivir al sarampión queda desprotegido frente a otras enfermedades comunes durante meses o incluso años, como está documentado en estudios científicos (Mina et al., Science, 2015). La famosa «inmunidad natural» que tanto venden los pseudo-expertos solo se obtiene sobreviviendo a una enfermedad que perfectamente pudo haber sido mortal. Y hay algo más: cuando muchas familias dejan de vacunar por miedo o por desinformación, se rompe la llamada inmunidad de rebaño. Eso deja desprotegidos a los más vulnerables de nuestra sociedad: los bebés que aún no tienen la edad suficiente para vacunarse, los niños con cáncer, los pacientes con defensas bajas o trasplantes. Ellos no pueden vacunarse por razones médicas. Dependen de que los demás sí lo hagamos para no contagiarse. La desinformación no solo daña a quien cree en ella, sino que daña a toda la comunidad [1,4].
El espejismo de la normalidad: «si no lo veo, no existe»
Una frase que escuchamos con frecuencia es: «¿Sarampión? Si en la escuela de mi hijo no hay ningún caso, ¿para qué vacunarlo?» Esta idea es peligrosa y falsa. Justamente porque los filtros escolares están funcionando, muchos brotes se detectan a tiempo y los niños enfermos son enviados a valoración médica antes de que contagien a otros. Pero eso no significa que el sarampión haya desaparecido. Significa que las medidas preventivas están haciendo su trabajo. Lo mismo pasó durante la pandemia por COVID-19: mucha gente decía que el virus no existía o que era un invento, precisamente porque no veían casos graves en su entorno inmediato. Sin embargo, los hospitales estaban llenos. Hoy ocurre algo similar con el sarampión: los casos graves no están en las escuelas, están en los hospitales. Que no vea un brote en la escuela de su hijo no significa que el virus haya desaparecido; significa que los filtros, la vacunación y las brigadas itinerantes están conteniéndolo. Precisamente por eso no debemos bajar la guardia.
Estrategias que sí funcionan
A pesar de todo lo anterior, no estamos derrotados. Hay medidas concretas que han demostrado ser efectivas para frenar el sarampión y que ya se han aplicado en Jalisco y en otras partes del país. La primera es la vacunación itinerante. Ya no esperamos a que las familias lleguen al centro de salud. Los equipos de salud salen a buscarlas. Se instalan módulos de vacunación en plazas comerciales, mercados públicos, paradas de camión, colonias populares y ferias comunitarias. La presencia física del personal de salud, cara a cara, explicando con calma y resolviendo dudas, ha demostrado ser una de las formas más efectivas de recuperar la confianza perdida. La segunda estrategia son los filtros escolares. En muchas escuelas se ha implementado que cada mañana los maestros o el personal de salud revisen a los niños: se toma la temperatura, se observa si tienen tos, si tienen erupciones en la piel. Si se detecta un niño con síntomas, se aísla de inmediato y se avisa a los padres para que acudan al médico. Además, se promueve el uso de cubrebocas, el lavado frecuente de manos y el uso de gel alcoholado. Estas medidas parecen sencillas, pero han evitado brotes grandes dentro de las escuelas. La tercera estrategia es la vacunación en círculo o cerco inmunológico. Cuando se detecta un caso de sarampión, se investiga rápidamente quiénes tuvieron contacto cercano con el enfermo, ya sea en la escuela, en la familia o en el vecindario. Se revisan los carnets de vacunación de todos esos contactos y se vacuna de inmediato a quienes tengan esquemas incompletos. Así se corta la cadena de contagio antes de que el brote crezca. La cuarta estrategia, y quizás la más importante a largo plazo, es recuperar la comunicación presencial y de confianza. Los verdaderos profesionales de la salud no necesitan convertirse en creadores de contenido para competir en redes sociales; su lugar está en la consulta, en los hospitales y en los espacios comunitarios. Es allí, cara a cara, donde se resuelven dudas, se desmontan mitos y se construye confianza. En los hospitales públicos, la información confiable ya se ofrece en paneles de capacitación para padres, en foros educativos y durante la propia consulta médica. Fomentar que las familias acudan a estas fuentes presenciales y gratuitas es más efectivo que intentar replicar el formato de los pseudo-expertos en sus propios canales (Figura 2) [1,5].

Conclusiones
Para frenar el sarampión en 2026 necesitamos una decisión clara y colectiva: dejar de creer en pseudo-expertos (youtubers, coaches de bienestar, tiktokers y otros creadores de contenido sin estudios médicos) y volver a confiar en los profesionales de la salud. La evidencia que vemos todos los días en los hospitales es contundente. No vacunar es el principal factor de riesgo para que un niño con sarampión desarrolle complicaciones graves, quede con daño permanente o muera. Eso no es una opinión, es un hecho. Los médicos, enfermeras, estudiantes y todos los trabajadores de la salud debemos ser puentes de información verdadera. Con empatía, porque entendemos que muchos padres fueron engañados, pero con firmeza técnica, porque la ciencia no se negocia. Desmentir los mitos una y otra vez, sin cansarnos. A los padres de familia les decimos: es normal tener dudas. Pregunten, investiguen, pero háganlo con fuentes confiables. Su médico familiar, su pediatra, su enfermera, su centro de salud. No un video de TikTok ni un coach de internet. A los estudiantes de ciencias de la salud les decimos: ustedes son el futuro de la salud pública. Aprendan ciencia, pero aprendan también comunicación. Salgan a las comunidades. Escuchen. Expliquen con claridad. No se rindan ante la desinformación. El sarampión puede volver a controlarse. Ya lo logramos antes. Podemos hacerlo de nuevo. Pero solo si trabajamos juntos: médicos, padres, maestros, estudiantes, periodistas, autoridades sanitarias. La desinformación es poderosa, pero la verdad, la evidencia y la solidaridad lo son aún más. La protección de los niños debe ser un compromiso colectivo inquebrantable.
Referencias
[1] Organización Panamericana de la Salud. Guía práctica para la eliminación del sarampión y la rubéola. Washington, D.C.: OPS; 2020.
[2] Ungar L. It’s not just vaccines — parents are refusing other routine preventive care for newborns. Associated Press (AP News). 2026.
[3] Secretaría de Salud Jalisco. Boletín Epidemiológico sobre Enfermedades Febriles Exantemáticas. Guadalajara: SSJ; 2025.
[4] Mina MJ, Metcalf CJ, de Swart RL, Osterhaus AD, Grenfell BT. Long-term measles-induced immunomodulation increases overall childhood infectious disease mortality. Science. 2015 May 8;348(6235):694-9. doi: 10.1126/science.aaa3662. Epub 2015 May 7. PMID: 25954009; PMCID: PMC4823017.
[5] Secretaría de Salud del Estado de Jalisco. Oficio No. SSJ/DGSP/104/2025: Indicación para el uso obligatorio de cubrebocas en planteles escolares [documento oficial]. Guadalajara, Jalisco; 3 de febrero de 2026.



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