Leucemia infantil: lo que debemos saber sobre el cáncer más común en niños

Leucemia infantil: lo que debemos saber sobre el cáncer más común en niños

Autores

Ana Rosa Rincón Sánchez

Departamento de Biología Molecular y Genómica, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara

Contacto: rosa.rincon@academicos.udg.mx

Omar Vargas López

Licenciatura en Químico Farmacéutico Biólogo, Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingenierías, Universidad de Guadalajara

Juan Antonio Garzón Lamarque

Doctorado en Farmacología, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara


La leucemia linfoblástica aguda es el cáncer infantil más común. Se origina en la médula ósea, un tejido que funciona como una gran fábrica de células de la sangre. De ahí se producen los glóbulos rojos, encargados de llevar oxígeno, plaquetas que ayudan a cicatrizar y los glóbulos blancos que actúan como defensas frente a infecciones. Cuando aparece la leucemia, esta fábrica empieza a producir en exceso glóbulos blancos defectuosos llamados linfocitos inmaduros. Al multiplicarse sin control, no permiten que se fabriquen suficientes células sanas, y eso deja al cuerpo sin defensas, con cansancio y con riesgo de infecciones y sangrados [1].

Clasificación de la leucemia linfoblástica aguda

La leucemia linfoblástica aguda no es una sola enfermedad, sino que se presenta en dos variantes principales.

  • Tipo B: es la más frecuente, afecta a 85 de cada 100 niños diagnosticados.
  • Tipo T: aparece con menos frecuencia, pero suele ser más agresiva y difícil de tratar [2].

¿Qué tan frecuente es este cáncer?

Cada año, miles de familias en el mundo reciben la noticia de que su hijo tiene cáncer. Entre todos los tipos de cáncer que afectan a los más pequeños, la leucemia es la más común y representa aproximadamente uno de cada tres casos en niños menores de 15 años. En México, esta cifra es aún más preocupante, ya que la leucemia constituye casi la mitad de todos los cánceres infantiles, y la forma que aparece con mayor frecuencia es la leucemia linfoblástica aguda [1]. Conocerla y detectarla a tiempo puede marcar una gran diferencia en la vida de los niños y sus familias.

Aunque los avances médicos han mejorado las probabilidades de supervivencia, no todos los países se benefician por igual. Desde la década de 1970, los países desarrollados han logrado avances notables en el tratamiento y diagnóstico, alcanzando actualmente tasas de supervivencia a cinco años de ocho de cada diez niños. En cambio, en países en vías de desarrollo como México, solo seis de cada diez niños con la enfermedad logran superarla, lo que refleja la desigualdad en el acceso a terapias avanzadas y atención médica especializada [1,2].

Factores que aumentan el riesgo

Aunque no siempre es posible identificar por qué aparece la leucemia, se conocen algunos factores que aumentan el riesgo [2,3]:

  • Síndromes genéticos: por ejemplo, los niños con síndrome de Down tienen hasta 20 veces más probabilidades de desarrollar leucemia en comparación con quienes no lo tienen;
  • Radiación: la exposición repetida a rayos X o tratamientos previos con radioterapia puede dañar el material genético y favorecer la aparición de cáncer;
  • Pesticidas en alimentos: la exposición a ciertos pesticidas usados en la agricultura puede afectar a las células sanas y favorecer que se transformen en cancerosas, aunque la evidencia aún no es concluyente.

Señales de alerta

Uno de los grandes retos de la leucemia infantil es que sus síntomas pueden confundirse con enfermedades comunes. Sin embargo, hay signos que deben llamar la atención y motivar una consulta médica inmediata (figura 1) [2]:

  • Cansancio excesivo y debilidad;
  • Fiebre recurrente;
  • Infecciones frecuentes;
  • Moretones o sangrados sin causa aparente;
  • Dolor en huesos y articulaciones;
  • Inflamación de “bolitas” en cuello, axilas o ingle (ganglios linfáticos);
  • En etapas más avanzadas, el hígado o el bazo pueden aumentar de tamaño, lo que a veces se nota como una sensación de llenura o una “bolita” en el abdomen.
Figura 1. Signos y síntomas más frecuentes en la leucemia linfoblástica aguda.

¿Cómo se diagnostica?

Cuando un médico sospecha de leucemia, es fundamental actuar rápidamente para confirmar o descartar el diagnóstico. El proceso consiste en revisar la sangre y la médula ósea para saber cuántos linfocitos defectuosos hay. Una forma sencilla de entenderlo es imaginar que la médula ósea es como una fábrica: los médicos necesitan entrar a esa fábrica y revisar cuántas piezas defectuosas (linfocitos inmaduros) se están produciendo [2].

Además, se hacen estudios como la biometría hemática, que cuenta cuántas células hay en la sangre, y pruebas de los cromosomas, que funcionan como los «planos de construcción» de las células. Estos análisis permiten saber si hay cambios que puedan influir en el tratamiento o en las probabilidades de recuperación [2].

Tratamiento: Una batalla larga, pero con esperanza

El tratamiento se divide en tres fases principales: inducción (1 mes), consolidación (3 meses) y mantenimiento (hasta completar 2 años), cada una con objetivos específicos para eliminar células cancerosas y prevenir recaídas. Incluye medicamentos muy potentes conocidos como quimioterapia, en algunos casos acompañados de radiación y, en situaciones específicas, el trasplante de médula ósea. La quimioterapia tiene la capacidad de destruir a las células malignas, pero también puede dañar a las células sanas, lo que provoca efectos secundarios. Entre los más comunes están la debilidad, la caída del cabello, las náuseas y una mayor vulnerabilidad a infecciones [1,2] (figura 2).

Figura 2. Efectos secundarios del tratamiento de la leucemia linfoblástica aguda.

Pronóstico y nuevos avances

El pronóstico de los niños con leucemia linfoblástica aguda ha mejorado mucho en las últimas décadas. Hoy, gracias a los avances en investigación, la mayoría logra superar la enfermedad en países desarrollados. Además de la quimioterapia, se han incorporado tratamientos más “inteligentes”: unos atacan de manera directa a las células enfermas y otros ayudan al sistema de defensas a reconocerlas, como si fueran tratamientos hechos a la medida. Estos avances ofrecen más esperanza y mejor calidad de vida durante el tratamiento. Aunque en México persisten retos de acceso, la ciencia abre nuevas oportunidades para los pacientes y sus familias [1,2].

Más allá del cuerpo: el impacto emocional y social

El cáncer no solo afecta el cuerpo. También impacta la vida emocional y social de los niños y adolescentes. Largos períodos de hospitalización, procedimientos médicos dolorosos y la separación de sus amigos y escuela generan ansiedad, tristeza y sentimientos de aislamiento [4].

Otra situación que enfrentan estos pacientes y sus familias es la marginación social, muchas veces derivada del desconocimiento sobre cómo relacionarse con personas con cáncer. Esta falta de información genera barreras innecesarias en su recuperación. La implementación de estrategias de concientización en escuelas y talleres educativos puede fomentar la empatía, disminuir la discriminación y mejorar la detección temprana, lo que contribuiría a aumentar la tasa de supervivencia. Incorporar la educación sobre la leucemia linfoblástica aguda desde la infancia permitiría sensibilizar a la población y favorecer la integración social de los pacientes [4].

Aquí es donde el apoyo familiar, psicológico y comunitario se vuelve esencial. En México existen organizaciones como Nariz Roja A.C., De la mano con Dany A.C., CANICA, Mi Gran Esperanza A.C. y Casa de la Amistad para Niños con Cáncer I.A.P., que ofrecen hospedaje, alimentos, medicamentos, transporte y acompañamiento emocional a las familias.

Conclusiones

La leucemia infantil representa uno de los mayores desafíos de salud pública en México, pero también una de nuestras mayores oportunidades para fortalecer la detección temprana, mejorar el acceso a tratamientos de calidad y construir redes de apoyo que realmente marquen la diferencia. Cada niño que recibe atención oportuna y tratamiento adecuado tiene la posibilidad real de vencer esta enfermedad y construir un futuro pleno. El camino hacia mejores resultados no depende solo del sistema de salud, sino de todos nosotros: padres que reconocen señales de alerta, comunidades que abrazan sin prejuicios, y una sociedad que esté comprometida con el bienestar infantil. Informarnos, sensibilizarnos y actuar con empatía no solo salva vidas, sino que construye un México más solidario donde ningún niño enfrente el cáncer en soledad.

Referencias

[1] Valdez-Garibay B, Sosa-Bustamante GP, González AP, Linares-Segovia B, Martínez-Villegas O, Reyes-Sosa AM, et al. Diagnóstico y tratamiento de la leucemia linfoblástica aguda pediátrica: reseña histórica. Rev Med Inst Mex Seguro Soc. 2025;63(4):e6552.

[2] Halfon-Domenech C. Leucemia linfoblástica aguda del niño y el adolescente. EMC Pediatr. 2021;56(1):1-9. doi:10.1016/S1282-895X(21)46216-7.

[3] Onyije FM, Olsson A, Baaken D, Erdmann F, Stanulla M, Wollschläger D, et al. Environmental risk factors for childhood acute lymphoblastic leukemia: an umbrella review. Cancers (Basel). 2022;14(2):382. doi:10.3390/cancers14020382.

[4} García-Solano B. El cáncer infantil, misión interdisciplinaria de la ciencia. 1ª ed. México: Consejo de Ciencia y Tecnología de Puebla (CONCYTEP); 2023. 170 p.

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