El cuerpo siente la depresión: corazón, sistema digestivo y metabolismo en la salud mental

El cuerpo siente la depresión: corazón, sistema digestivo y metabolismo en la salud mental

Autores

Xavier Anaya-Reza

Clínica Integral Universitaria, laboratorio de Medicina Integrativa Basada en la Evidencia. Universidad Estatal del Valle de Ecatepec., Estado de México 55210, México

Instituto Nacional de Medicina Genómica. Laboratorio de Genómica de Enfermedades Psiquiátricas y Neurodegenerativas, Tlalpan Ciudad de México, 14610, México

Programa Investigadoras e Investigadores COMECYT. Consejo Mexiquense de Ciencia y Tecnología, 50120, Estado de México, México

Contacto: xavier.anayareza@uneve.edu.mx

María Álvarez-Ávila

Maestría en Ciencias de la Acupuntura (MCA). Universidad Estatal del Valle de Ecatepec (UNEVE). Estado de México 55210, México

Rogelio Frank Jiménez-Ortega

Servicio de Medicina Genómica. Instituto Nacional de Rehabilitación Luis Guillermo Ibarra-Ibarra (INRLGII). Tlalpan Ciudad de México, 14389, Mexico


¿Y si la depresión fuera un problema tanto de la mente cómo del cuerpo? Pensemos en el organismo como una entidad que nos envía señales constantes de que algo no está funcionando correctamente, por ejemplo: si los microorganismos que constituyen al microbioma intestinal se alteran, los movimientos digestivos cambian, el corazón refleja una desarmonía y/o el metabolismo muestra cambios en su composición corporal, todo el sistema lo resiente, incluido nuestro estado de ánimo.

Durante mucho tiempo, la depresión se ha considerado como un trastorno confinado a la esfera psicológica. Sin embargo, cada vez existen más investigaciones las cuales revelan que el cuerpo humano está constituido como un sistema de redes interconectadas, en el que diversas alteraciones pueden conducir a un estado de enfermedad, incluido este complejo trastorno. El Reconocer estas señales nos invita a replantear la depresión no como un fenómeno aislado de la mente, sino como una condición donde el estado físico y emocional interactúan de manera silenciosa.   

Cuerpo-Mente: un sistema interconectado en la Depresión

El cuerpo humano funciona como una red compleja en la que cada sistema influye en los demás. Así mismo, el organismo no es solo una colección de órganos que funcionan de manera independiente (nervioso, cardiovascular, digestivo, endocrino, etc.) sino que se comunican e influyen mutuamente. Cuando uno de ellos se altera, el resto lo resiente. Desde esta perspectiva, se entiende por qué un trastorno aparentemente mental puede expresarse a través de síntomas físicos: la salud mental es en gran medida, el resultado de la armonía de todo el sistema.

Esta visión permite comprender a la depresión desde un pensamiento sistémico. Este trastorno no solo afecta nuestra esfera emocional y cognitiva, sino que se asocia con alteraciones en el funcionamiento del Sistema Nervioso Autónomo (SNA), el sistema digestivo y el metabolismo corporal, como se aprecia en la figura 1. Estas conexiones muestran que, más allá de lo psicológico, la depresión tiene una dimensión física que no podemos ignorar.

Figura 1.

Una de las variables fisiológicas más estudiadas es la Variabilidad de la Frecuencia Cardiaca (VFC). Esta mide como varían los intervalos entre los latidos del corazón en un electrocardiograma (ECG). Una alta VFC refleja flexibilidad y adaptación del SNA; una VFC baja, en cambio, señala desequilibrio. Análisis recientes han mostrado que las personas con depresión tienen una disminución en la VFC en reposo, lo que indica un desequilibrio en el SNA, mayor vulnerabilidad a problemas cardiacos, una menor capacidad de respuesta al estrés y un mayor riesgo de recaídas depresivas [1]. Esto sugiere que la VFC podría ser una variable clave para evaluar tanto la gravedad de los síntomas depresivos como la eficacia de las intervenciones terapéuticas.  

También la relación entre la depresión y el sistema digestivo es crucial. Se han demostrado alteraciones en la actividad eléctrica gástrica, medida a través de la electrogastroenterografía (EGG). Este procedimiento, similar a un ECG, pero aplicado al estómago, registra las ondas eléctricas que regulan la motilidad intestinal. En condiciones normales, estás ondas mantienen un ritmo estable cercano a tres ciclos por minuto, asegurando un tránsito digestivo armonioso. En pacientes con depresión, se han observado irregularidades, incluyendo ondas más rápidas o más lentas y pérdida de regularidad en el ritmo “normal”, reflejando una disfunción de la motilidad gástrica, afectando dicho tránsito digestivo. Estos hallazgos evidencian la influencia del eje intestino-cerebro en la regulación digestiva y su relación con la salud mental [2].

De forma complementaria, el microbioma intestinal es clave en esta comunicación bidireccional. Alteraciones en su composición, como la reducción de bacterias productoras de compuestos antiinflamatorios y el aumento de especies asociados a procesos inflamatorios, se han vinculado con un mayor riesgo de depresión. Estos cambios repercuten en vías inmunológicas, endócrinas y neuronales, modulando tanto la motilidad digestiva como el estado de ánimo, lo que refuerza la importancia del eje intestino-cerebro en la salud mental [3].

Por otro lado, para entender mejor la relación entre la depresión y el metabolismo, es importante conocer dos componentes importantes clave del cuerpo: la masa magra (músculos, huesos, órganos y agua corporal) y la masa grasa (cantidad total de grasa en el cuerpo). Mientras que la masa magra es el “motor” metabólicamente activo del cuerpo, la masa grasa, en particular la que se acumula alrededor de los órganos (grasa visceral), puede ser un indicador de riesgo para diversas enfermedades.

En este contexto, análisis realizados a través de dispositivos de bioimpedancia como el Inbody (equipo para medir indicadores de la composición corporal), ha mostrado que las personas con síntomas depresivos suelen presentar un aumento de la masa grasa y del Índice de Masa Corporal (IMC), así como menos masa magra que las personas sin depresión. Esto es debido al resultado de la inactividad y cambios en la dieta, ya que un mejor estilo de vida traducido a un sueño saludable, a la actividad física y a una buena conexión social, reducía el riesgo de sufrir depresión. Sin embargo, este efecto protector se veía reducido en personas con altos niveles de grasa corporal, lo que subraya la importancia de la composición corporal en la salud mental [4].

Una perspectiva integradora a futuro.

Las variables fisiológicas y metabólicas relacionadas con la depresión no solo son relevantes para comprender su fisiopatología, sino que podrían convertirse en herramientas valiosas para monitorear la respuesta terapéutica a intervenciones que actúan sobre sistemas integradores como el autonómico y el neuroendocrino.

Este enfoque integrador nos recuerda que el bienestar físico y mental están intrínsecamente conectados. Al prestar atención en las señales de nuestros órganos vitales sistema cardiovascular, digestivo y del metabolismo, podemos obtener pistas valiosas sobre nuestra salud mental. Comprender estás conexiones abre las puertas a nuevas vías de investigación para el diagnóstico y tratamiento de dicha enfermedad, enfocadas en restaurar el equilibrio de todo el sistema. Por lo tanto, la depresión no debe entenderse como un problema aislado, es necesario interpretar la conversación silenciosa que el cuerpo mantiene con la mente.

Conclusiones

Estas evidencias apoyan la idea de que la depresión no es un trastorno aislado que reside solo en la mente, sino un desequilibrio sistémico que se manifiesta en todo el cuerpo. Desde el ritmo armónico del latido del corazón, la motilidad del intestino y hasta la composición metabólica corporal, cada uno de nuestros sistemas biológicos está involucrado en esta compleja condición. Comprender esta conversación silenciosa entre el cuerpo y la mente es un primer paso a tratar y prevenir los trastornos del estado de ánimo, lo que nos permite comenzar a buscar soluciones que no solo traten los síntomas, sino que restablezcan el equilibrio de todo el organismo.

Referencias

[1] Wu, Q. et al. (2023) “Heart rate variability status at rest in adult depressed patients: a systematic review and meta-analysis”, Frontiers in public health, 11, p. 1243213. Disponible en: https://doi.org/10.3389/fpubh.2023.1243213.

[2] Li, B. et al. (2023) “Potential value of gastrointestinal myoelectrical activity in the diagnosis of anxiety-depression disorder: a population-based study”, BMC psychiatry, 23(1), p. 891. Disponible en: https://doi.org/10.1186/s12888-023-05319-1.

[3] Luqman, A. et al. (2024) “Mood and microbes: a comprehensive review of intestinal microbiota’s impact on depression”, Frontiers in psychiatry, 15, p. 1295766. Disponible en: https://doi.org/10.3389/fpsyt.2024.1295766.

[4] Lv, X. et al. (2024) “Body composition, lifestyle, and depression: a prospective study in the UK biobank”, BMC public health, 24(1), p. 393. Disponible en: https://doi.org/10.1186/s12889-024-17891-6.

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