¿Puede la infección por COVID-19 dejar una “huella” en nuestras arterias?

¿Puede la infección por COVID-19 dejar una “huella” en nuestras arterias?

Autores

Guillermo Adrián Alanis Sánchez

Instituto de Terapéutica Experimental y Clínica, Laboratorio de Mecánica Vascular, Departamento de Fisiología, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara

David Cardona-Muller

Instituto de Terapéutica Experimental y Clínica, Laboratorio de Mecánica Vascular, Departamento de Fisiología, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara

Carlos G. Ramos-Becerra

Instituto de Terapéutica Experimental y Clínica, Laboratorio de Mecánica Vascular, Departamento de Fisiología, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara

Contacto: carlos.rbecerra@academicos.udg.mx


¿Sabías que tus arterias pueden ser más viejas que tú edad? El envejecimiento vascular es el proceso natural por el cual nuestros vasos sanguíneos van perdiendo su flexibilidad con el tiempo, lo que aumenta progresivamente el riesgo de sufrir problemas del corazón. Pero ¿qué pasaría si un virus pudiera acelerar de golpe este reloj interno? Si eres una de los millones de personas que tuvo COVID-19, este tema debería interesarte, ya que la infección podría haber dejado una huella silenciosa en tu sistema circulatorio.

Para entender este efecto, imagina tus arterias como una manguera nueva: es sumamente elástica y se expande con facilidad cuando alguna fuerza la estira. Sin embargo, con los años y el desgaste por el uso continuo, esa misma manguera se vuelve dura, rígida y propensa a agrietarse. En la medicina, esta pérdida de flexibilidad se evalúa mediante la velocidad de onda de pulso (una prueba que mide qué tan rápido viaja el impacto de la sangre por tus arterias). Si las arterias están más duras como una tubería vieja, el pulso viaja mucho más rápido, lo que supone un esfuerzo constante para el corazón y un mayor daño en los órganos vitales como el cerebro y los riñones.

Hoy en día, existen casi 800 millones de sobrevivientes de COVID-19 en el mundo [1]. Aunque la urgencia respiratoria de la pandemia quedó atrás, la evidencia médica revela un escenario oculto: el virus ha elevado el riesgo cardiovascular a largo plazo a escala mundial [2]. Entender este daño vascular es nuestro primer paso para prevenirlo.

Para comprender a fondo cómo el COVID-19 afecta a nuestras arterias, un equipo científico internacional llevó a cabo el estudio CARTESIAN (por sus siglas en inglés: COVID-19 effects on ARTErial StIffness and vascular AgeiNg), publicado recientemente en el European Heart Journal [3]. Se recopilaron datos de 38 centros médicos distribuidos en 18 países, logrando evaluar a un total de 2390 personas. El Laboratorio de Rigidez Arterial del Centro Universitario de Ciencias de la Salud de la Universidad de Guadalajara fue uno de los centros participantes, contribuyendo con la evaluación de pacientes mexicanos a este esfuerzo de investigación global. Para asegurar que la comparación fuera correcta y precisa, se dividió a los participantes en cuatro grupos según la gravedad de su diagnóstico: personas que nunca tuvieron COVID-19 (grupo de control sano), aquellos que pasaron la enfermedad con síntomas leves, pacientes que requirieron hospitalización normal, y quienes sufrieron cuadros tan graves que ingresaron a una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).

El hallazgo principal del estudio fue contundente: todos los grupos que habían dado positivo por COVID-19 presentaban arterias más rígidas que las personas del grupo de control (Figura 1A). Lo verdaderamente preocupante es que el endurecimiento de las arterias, ocurrió de forma totalmente independiente a los factores de riesgo cardiovascular tradicionales. Es decir, sin importar si la persona fumaba, tenía obesidad o padecía hipertensión previa, el paso del virus por sí solo fue capaz de restarle elasticidad a los vasos sanguíneos [3].

Sin embargo, el descubrimiento más llamativo de la investigación tuvo rostro de mujer. Al analizar los datos separando por sexo, los investigadores notaron que el efecto de envejecimiento vascular fue significativo en las mujeres, pero no se observó el mismo daño en los hombres (Figura 1B y 1C). Para dimensionar la gravedad de este impacto: las mujeres que superaron la forma más grave de COVID-19 internadas en la UCI sufrieron un daño equivalente a sumar diez años de envejecimiento vascular adicional. En términos prácticos, sus arterias envejecieron una década entera tras unas pocas semanas de enfermedad. Incluso las mujeres con formas leves de la enfermedad mostraron un envejecimiento de aproximadamente cinco años. En contraste, en los hombres no se encontraron diferencias significativas, lo que podría deberse, entre otros factores, a que los hombres con COVID-19 más grave tuvieron mayor mortalidad durante la fase aguda, dejando en el estudio a los sobrevivientes con mejor perfil vascular [3].

Figura 1. Diferencias en la velocidad de onda de pulso (VOP) entre los grupos del estudio en la población general (A), en mujeres (B) y en hombres (C). Los puntos representan el incremento promedio y las líneas horizontales el rango de error del 95%. Los valores positivos indican arterias más rígidas respecto al grupo control (COVID−). Adaptado de Bruno RM et al., European Heart Journal, 2025 [3].

Otro hallazgo relevante fue que las mujeres que aún presentaban síntomas persistentes tras la infección, conocido como COVID prolongado o persistente, tenían arterias aún más rígidas que aquellas que se habían recuperado por completo. Entre los síntomas más frecuentes se encontraban fatiga, dificultad para respirar y dolores musculares. Esto sugiere una conexión entre las secuelas del COVID-19 y el deterioro en las arterias, lo que añade una nueva dimensión al llamado síndrome de COVID prolongado [3].

Afortunadamente, el estudio también arrojó una importante luz de esperanza. La vacunación se asoció directamente con una menor rigidez arterial, un beneficio protector que destacó de forma especial en las mujeres [3]. Esto confirma que las vacunas no solo fueron vitales para salvar vidas en los momentos más críticos de la pandemia, sino que también actuaron como un escudo protector para la juventud de nuestras arterias a largo plazo. Además, los datos de seguimiento a 12 meses mostraron que el daño vascular tendió a estabilizarse o mejorar parcialmente con el tiempo en los grupos con COVID-19 [3], lo que sugiere que parte de este envejecimiento acelerado podría ser reversible.

Los resultados del estudio CARTESIAN representan un avance significativo para entender las consecuencias a largo plazo de la pandemia. El hecho de que la Universidad de Guadalajara haya participado como centro de investigación refleja el compromiso de nuestra institución con la ciencia global y con la salud de la población mexicana. Para quienes sobrevivieron al COVID-19, el mensaje no es alarmante sino preventivo: vigilar la salud cardiovascular, mantener hábitos saludables como la actividad física regular y una alimentación equilibrada y completar los esquemas de vacunación son las mejores herramientas que tenemos para proteger nuestras arterias y evitar que envejezcan antes de tiempo. Como siempre, se recomienda consultar con un profesional de la salud para una evaluación personalizada.

Agradecimientos especiales

Los autores agradecen a la Dra. Rosa Maria Bruno, autora de correspondencia del estudio CARTESIAN, al Dr. Pierre Boutouyrie y al Dr. Jean-Philippe Empana, así como al Instituto Nacional Francés de Salud e Investigación Médica (INSERM) y al Centro de Investigación Cardiovascular de París (PARCC) por su apoyo institucional y centro neural del proyecto. Así como a todos los coautores e investigadores que participaron en esta investigación multicéntrica. Asimismo, se reconoce el apoyo de la Artery Society y de la red VascAgeNet (COST Action CA18216), cuyo respaldo fue fundamental para la coordinación y desarrollo de este proyecto internacional. El artículo original del estudio CARTESIAN fue publicado en el European Heart Journal.

La investigación original fue financiada por una beca de investigación de la Artery Society; los Canadian Institutes of Health Research (referencia GA4-177761); la Fundación Université de Paris; el AXA Research Fund; la Fundación Hôpitaux de Paris-Hôpitaux de Francia y el DMU BioPhyGen.

Referencias

[1] Al-Aly Z, Xie Y, Bowe B. High-dimensional characterization of post-acute sequalae of COVID-19. Nature. 2021;594:259-64. doi: 10.1038/s41586-021-03553-9

[2] Xie Y, Xu E, Bowe B, Al-Aly Z. Long-term cardiovascular outcomes of COVID-19. Nat Med. 2022;28:583-90. doi: 10.1038/s41591-022-01689-3

[3] Bruno RM, Badhwar S, Abid L, Agharazii M, Anastasio F, Bellien J, et al. Accelerated vascular ageing after COVID-19 infection: the CARTESIAN study. Eur Heart J. 2025;46:3905-18. doi: 10.1093/eurheartj/ehaf430

[4] Ben-Shlomo Y, Spears M, Boustred C, May M, Anderson SG, Benjamin EJ, et al. Aortic pulse wave velocity improves cardiovascular event prediction. J Am Coll Cardiol. 2014;63:636-46. doi: 10.1016/j.jacc.2013.09.063

[5] Jiang J, Chan L, Kauffman J, Narula J, Charney AW, Oh W, et al. Impact of vaccination on major adverse cardiovascular events in patients with COVID-19 infection. J Am Coll Cardiol. 2023;81:928-30. doi: 10.1016/j.jacc.2022.12.006

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