Autores
Guadalupe Panduro Barón
Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), Universidad de Guadalajara (UdeG)
Contacto: j.panduro@academicos.udg.mx
Fernanda Svetlana Montes González
Estudiante de la Licenciatura en Médico Cirujano y Partero, CUCS, UdeG
La preeclampsia es una enfermedad que se presenta exclusivamente en mujeres embarazadas. Su principal manifestación es la hipertensión (elevación anormal de la presión arterial) a partir de la semana 20 de gestación, y actualmente es una de las principales causas de muerte en las gestantes, ocasionando alrededor de 50 mil fallecimientos anuales (4). Pese a que en la actualidad contamos con más recursos tecnológicos y de laboratorio, así como con un mayor conocimiento de sus causas, la desafortunada realidad es que muchos casos siguen sin detectarse o, cuando se identifica que una mujer tiene altas probabilidades de desarrollarla, no se ejecutan las medidas preventivas pertinentes. Sin embargo, los expertos han encontrado, a través de sus investigaciones, nueva información relevante sobre cómo la función cardiovascular materna (es decir, el estado del corazón y los vasos sanguíneos de la madre) puede influir en la aparición de la preeclampsia.
Las condiciones que debe presentar una mujer para considerar que efectivamente tiene preeclampsia son:
- Presión arterial sistólica y diastólica igual o mayor a 140/90 mmHg (es decir, los valores más alto y más bajo de la presión arterial durante una toma). Estos valores deben aparecer en dos ocasiones, con al menos 4 horas de diferencia entre las tomas, y deben presentarse después de la semana 20 de gestación en una mujer que anteriormente tenía cifras normales (1).
- Presión arterial sistólica mayor o igual a 160 mmHg o presión arterial diastólica mayor o igual a 110 mmHg (1).
- Hallazgo de 300 mg o más de proteínas en el total de orina recolectada durante 24 horas, una relación proteínas/creatinina mayor a 0.3 mg/dl, o una lectura de tira reactiva de más de 2 cruces (estas últimas mediciones pueden obtenerse mediante exámenes de orina) (1).
- En ausencia de proteínas en orina: disminución de las plaquetas, insuficiencia renal, disfunción hepática manifestada como elevación de enzimas hepáticas, edema pulmonar, cefalea intensa que no cede con medicamentos, o síntomas visuales y auditivos (por ejemplo: ver manchas, visión borrosa, escuchar zumbidos) (1).
Papel de las arterias espirales
Hace tiempo se identificó como una de las causas de la preeclampsia la falta de remodelación adecuada de las arterias espirales, las cuales se encargan de llevar sangre oxigenada desde la circulación de la madre hasta la placenta para que esta última transporte sangre oxigenada al bebé dentro del útero. Este proceso normalmente implica que las arterias espirales aumenten su diámetro, permitiendo el paso de mayores cantidades de sangre desde la circulación materna hacia la del bebé. Sin embargo, en las mujeres con preeclampsia esto no ocurre, y las arterias espirales se mantienen delgadas y poco elásticas, lo que dificulta el paso de sangre de la madre al feto y ocasiona isquemia en la placenta (1,3). (esto significa que la placenta deja de recibir suficiente sangre y oxígeno, por lo que deja de funcionar adecuadamente). La compleja remodelación de las arterias espirales se denomina «placentación», y se ha propuesto que las fallas en este proceso y el consecuente desarrollo de preeclampsia se deben parcialmente a una reacción inmunológica contra el trofoblasto (células del bebé cuya función es ensanchar las arterias uterinas durante la placentación, las cuales son atacadas por células de defensa maternas) (1). Otras teorías describen que existe un desbalance entre moléculas promotoras de la correcta remodelación de las arterias espirales (factores angiogénicos, como el PIGF) y moléculas que inhiben este proceso (factores antiangiogénicos, como el sFlt-1) (1,2).
Rol de la función cardiovascular materna
La función cardíaca de una persona se divide en dos partes:
- Función sistólica: la capacidad del corazón de contraerse (lo que se detecta mediante los latidos).
- Función diastólica: la capacidad del corazón de relajarse (el corazón deja de contraerse o de latir para permitir que sus cavidades se llenen de suficiente sangre y bombearla al resto del cuerpo en el siguiente latido) (3).
Cuando alguna de estas funciones del corazón materno está alterada, incluso antes del embarazo, la mujer se considera en alto riesgo de desarrollar preeclampsia, ya que el correcto funcionamiento del corazón es lo que permite que llegue sangre oxigenada al útero, la placenta y el bebé (y prácticamente a la totalidad de los órganos de la madre), a la vez que promueve una placentación adecuada. Varios estudios han demostrado que las mujeres con insuficiencia cardíaca y otras enfermedades del corazón desarrollan preeclampsia con mayor frecuencia que las sanas. Esto se debe a que un corazón disfuncional no es capaz de bombear suficiente sangre a todo el cuerpo, promoviendo el aumento de la presión arterial en un intento por incrementar la cantidad de sangre oxigenada que llega a los órganos principales (como el corazón, el cerebro y los riñones), pero, al hacerlo, se dificulta simultáneamente la correcta oxigenación de los demás tejidos (en este caso, la placenta y el feto). Como consecuencia de esta falta de flujo sanguíneo a la placenta, las arterias espirales no se modifican como es necesario para suministrar suficiente sangre al bebé (4).
Algunas anomalías cardíacas encontradas en mujeres con preeclampsia son: remodelamiento ventricular izquierdo (cambios en el tamaño y la forma del corazón en respuesta a una enfermedad o daño cardíaco previos), disfunción diastólica (pérdida de la capacidad del corazón para relajarse adecuadamente entre latidos), incremento en las resistencias vasculares periféricas (aumento de la presión arterial con el objetivo de suplir a los tejidos con una cantidad adecuada de sangre), disminución del volumen intravascular (cantidad normal de sangre dentro de los vasos sanguíneos) y reducción de la capacidad de reserva venosa (capacidad de las venas para ensancharse y albergar más sangre en su interior). Estos cambios sugieren que el corazón materno no se adapta adecuadamente a los cambios del embarazo, manifestándose después como preeclampsia (4).
En mujeres consideradas de bajo riesgo de desarrollar preeclampsia según los antecedentes de sus embarazos previos y su estado de salud antes y durante el embarazo, se han encontrado anomalías en parámetros que miden la función cardíaca: presión de llenado aumentada (esta presión refleja la capacidad del ventrículo izquierdo del corazón para relajarse y llenarse adecuadamente) y un índice de masa ventricular izquierda incrementado (engrosamiento anómalo de las paredes del corazón que puede alterar su correcta función). Estas alteraciones se atribuyen principalmente a isquemia y fibrosis (acumulación de tejido diferente al que normalmente compone el corazón y que se asemeja a una cicatriz, haciendo rígidas sus paredes). Lo anterior respalda que, para desarrollar preeclampsia, puede ser necesario que el corazón de la madre ya presente algún grado de disfunción o alteraciones en su anatomía antes del embarazo (4).
Efectos de la preeclampsia en el corazón materno después del embarazo
Mediante estudios de imagen se han observado cambios en el corazón de las mujeres que tuvieron preeclampsia, los cuales persistieron hasta un año después del nacimiento (evento que teóricamente es el mejor «tratamiento» para la enfermedad) (1). Estos cambios consisten en: alteraciones en la estructura de las paredes del corazón, disfunción diastólica de ambos ventrículos cardíacos y alteración en la relajación del músculo cardíaco. Más de la mitad de las mujeres estudiadas desarrollan hipertensión después de 2 años de dar a luz, lo que se relaciona con el agravamiento de la función cardíaca y vascular a largo plazo. Un ejemplo de lo anterior es que las mujeres con preeclampsia tienen alto riesgo de desarrollar insuficiencia cardíaca congestiva (afección que se produce cuando el corazón es incapaz de bombear suficiente sangre y líquidos al cuerpo, acumulándose en distintos órganos) y enfermedad coronaria (cuando las arterias que suministran sangre oxigenada al corazón se bloquean o se estrechan, condicionando la disminución del flujo de sangre rica en oxígeno al propio corazón) (4).
Conclusiones
Por todo lo expuesto, queda claro que una buena función cardíaca es indispensable para reducir el riesgo de desarrollar preeclampsia durante el embarazo. Si bien, en muchas ocasiones, las alteraciones de este órgano no generan ningún síntoma ni manifestación, es importante hacer énfasis en la necesidad de que las mujeres que buscan la concepción se preparen para llevar una gestación sin eventos adversos, implementando en sus vidas hábitos saludables como el ejercicio regular y una dieta balanceada, determinantes en la prevención de obesidad, diabetes e hipertensión. Estas enfermedades se consideran factores de riesgo para desarrollar preeclampsia, especialmente en mujeres que pretenden embarazarse por primera vez o que se encuentran en una edad considerada de riesgo para la aparición de condiciones adversas durante y después del embarazo (1,3,4). La recomendación está especialmente dirigida a aquellas mujeres que ya padecen alguna enfermedad del corazón o trastorno hipertensivo. Sin embargo, a pesar de que muchos de los cambios cardiovasculares predictores de preeclampsia no son evidentes, se plantea la necesidad de idear nuevos modelos que sean capaces de detectar una disfunción cardiovascular, a fin de identificar a aquellas mujeres que se encuentran en alto riesgo de desarrollar trastornos hipertensivos del embarazo, incluso sin manifestar signos o síntomas.
Referencias
[1] Bajpai D, Verma P, Duanski S, and Shah S. Evaluation and Management of Hypertensive Disorders of Pregnancy. Kidney360. 2023;4(12):1512-25.
[2] Hackelöer M, Schmidth L, and Verlohren S. New advances in prediction and surveillance of preeclampsia: role of machine learning approaches and remote monitoring. Arch Gynecol Obstet. 2023;308(6):1663-77.
[3] Forteza JF, Noris M. Disfunción diastólica: más allá del ventrículo izquierdo. Rev Ecocar Pract (RETIC). 2021;4(2):4-7.
[4] Melchiorre K, Giorgione V, and Thilaganathan B. The placenta and preeclampsia: villain or victim? Am J Obstet Gynecol. 2022;227(5):S954-S962.
[5] Velumani V, Duran C, and Hernandez X. Preeclampsia: una mirada a una enfermedad mortal. Rev Fac Med UNAM. 2021;64(5):7-18.



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