Autores
Ignacio Brambila Tostado
Doctorado en Derechos Humanos, Centro Universitario de Tonalá (CUTonalá), Universidad de Guadalajara (UdeG)
Jorge Vergara Galicia
Departamento de Ciencias de la Salud-Enfermedad, CUTonalá, UdeG
Aniel Jessica Leticia Brambila Tapia
Departamento de Psicología Básica, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, UdeG
Contacto: aniel.brambila@academicos.udg.mx
¿Qué es la violencia de pareja?
Se considera violencia de pareja a cualquier comportamiento por parte de la pareja o expareja que cause daño psicológico, físico, sexual, económico o patrimonial a cualquiera de los miembros de la relación.
Las agresiones psicológicas pueden ser acciones o frases intimidatorias, humillantes, denigrantes, insultos, gritos, indiferencia, coerción, entre otras. Ejemplos de agresiones físicas incluyen golpes, empujones, cachetadas, agresiones con objetos o estrangulamiento, mientras que las agresiones de tipo sexual abarcan relaciones sexuales forzadas, coerción sexual, tocamientos no consentidos u obligar a la pareja a realizar prácticas sexuales no deseadas. Por último, dentro de la violencia económica y patrimonial se encuentra la destrucción de objetos personales, el control de gastos, la prohibición de estudiar o trabajar, o el despojo de cosas de valor (1).
La violencia en la pareja puede escalar desde actos leves hasta graves, lo cual puede visualizarse fácilmente en el violentómetro de acuerdo con INMUJERES (2) (Figura 1).

Frecuencia de la violencia de pareja
La violencia de pareja es el tipo de violencia más frecuente ejercida contra la mujer. Se estima que 1 de cada 3 mujeres a nivel mundial la padece, siendo mucho más común en mujeres que en hombres, en quienes se reporta en 1 de cada 7 (1). Según el INEGI, en México, el 70% de las mujeres de 15 años o más han experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida. En relación con la violencia de pareja, se ha reportado que el 40% de las mujeres de 15 años o más que están o han estado en una relación de pareja la han vivido.
La consecuencia más grave de la violencia de pareja es el feminicidio, el cual, a nivel mundial, es perpetrado por una pareja íntima o miembros de la familia en el 47% de los casos. En México, la violencia de pareja más frecuentemente reportada es la psicológica (35.4%), seguida de la económica o patrimonial (19.1%), la física (16.8%) y, finalmente, la sexual (6.9%).
¿Qué propicia la violencia de pareja?
En una revisión que incluyó 30 estudios realizados en países de medianos y bajos ingresos, se encontró que los factores que propician este tipo de violencia se engloban en aspectos demográficos, familiares, personales, comunitarios y de comportamiento (1).
Dentro de los factores demográficos, se ha observado que un nivel educativo de primaria o inferior, tanto de la mujer como de su pareja, está asociado con ser víctima de violencia, en comparación con quienes terminaron la secundaria o niveles superiores. En cuanto a la edad, las mujeres de 30 años o menos tienen mayor riesgo de experimentar violencia de pareja, al igual que aquellas que se casan antes de los 19 años. Un menor nivel socioeconómico y el hecho de tener un trabajo con baja escolaridad han sido factores asociados a esta violencia; sin embargo, contar con empleo y alta escolaridad está relacionado con una menor probabilidad de ser víctima de violencia de pareja (1). En poblaciones de origen hispano, se ha observado que el desempleo tanto de la víctima como del agresor, o la dependencia económica de la pareja en el caso de la víctima, son factores asociados a sufrir violencia de pareja (3).
Asimismo, se encontró que las mujeres con mayor capacidad de toma de decisiones (con mayor empoderamiento) tienen menos riesgo de sufrir violencia de pareja. La residencia rural, en comparación con la urbana, también se ha asociado a este tipo de violencia, al igual que estar separadas o divorciadas, o estar en relaciones polígamas en comparación con mujeres casadas o en relaciones monógamas. Las actitudes a favor de la violencia de pareja o que la justifican también son un factor asociado, particularmente a la violencia física y sexual. Ejemplos de estas actitudes o creencias machistas son estar de acuerdo con frases como «una buena esposa obedece a su esposo» o «el hombre debe demostrar que es el que manda» (1). Por otro lado, en mujeres de origen hispano se ha observado que una menor autoestima está asociada a ser víctimas de violencia por parte de su pareja (3).
Dentro de los factores familiares, se encuentra el haber presenciado o haber estado expuesta a violencia en la infancia, lo cual se ha observado en países como Nigeria, India, Uganda y México (1). Este factor también se ha asociado a ser una pareja agresora en poblaciones de origen hispano (3), repitiendo así el ciclo de violencia. Esto puede relacionarse con la normalización de la violencia hacia la mujer en las relaciones de pareja, así como con la disminución de habilidades emocionales que podrían evitar que se sea víctima de este tipo de violencia. Asimismo, se ha encontrado que tener más de una pareja, un mayor número de hijos, así como hijos viviendo en casa, son factores asociados a experimentar violencia de pareja (1, 3).
En estudiantes universitarias mexicanas se ha reportado que a mayor dependencia emocional, mayor es la violencia experimentada. Los subtipos de dependencia emocional más asociados a la violencia fueron considerar a la pareja como prioridad y realizar actos para conservarla (4).
Dentro de los factores conductuales asociados a la violencia de pareja se encuentra el consumo de alcohol y drogas, tanto por parte de la víctima como de la pareja agresora (1, 3). Así como comportamientos controladores como celos, desconfianza o infidelidad en ambas partes, o, en el caso del agresor, tener historial de peleas con otros hombres o de comportamiento abusivo de tipo emocional y sexual (1, 3). Este tipo de conductas se han asociado al concepto de machismo en poblaciones hispanas, un concepto representado por el estereotipo de virilidad, bravura y ser quien toma las decisiones (3).
¿Qué consecuencias tiene la violencia de pareja?
Entre las consecuencias de la violencia de pareja se encuentran problemas de salud mental como ansiedad, depresión, depresión posparto, trastorno de estrés postraumático y suicidio. También produce daños físicos como golpes, lesiones, quemaduras, fracturas, así como feminicidio, siendo esta, junto con el suicidio, la consecuencia más grave de esta violencia. Asimismo, existen consecuencias sexuales como embarazos no planeados, abortos y nacimientos prematuros. Otra consecuencia es la infección por VIH, la cual está ampliamente diseminada entre las mujeres que experimentan violencia de pareja de larga duración y en aquellas expuestas a violencia más frecuente y severa (1). La presencia de otras infecciones de transmisión sexual, como el virus del papiloma humano, también son consecuencias de este tipo de violencia.
El impacto en los hijos que produce la violencia de pareja incluye menor desarrollo cognitivo, del lenguaje o motor, observado a los 2 años de edad en hijos de madres sudafricanas víctimas de violencia, especialmente si esta es física. Estos niños también experimentan pesadillas, enuresis y timidez con más frecuencia que los hijos de madres no víctimas de violencia. Asimismo, los hijos de madres víctimas de violencia física experimentaron más agresión, y los recién nacidos de madres que sufrieron violencia durante el embarazo presentaron mayores efectos adversos en la salud, incluyendo bajo peso, sufrimiento fetal y muerte fetal (1).
Círculo de violencia y cómo detectarlo
Las personas que se encuentran en una situación de violencia de pareja generalmente están inmersas en un círculo de violencia, descrito por Leonor Walker en 1978 (Figura 2). En este ciclo, la relación pasa por una acumulación de tensión caracterizada por mayor irritabilidad, intolerancia y frustración por parte de la pareja, que puede manifestarse con violencia psicológica como insultos, celos, aislamiento o críticas. Esta etapa suele ser justificada por la víctima con pensamientos como «yo lo provoqué» o «me cela porque me quiere», por lo que resulta difícil de identificar y atender.

De esta etapa se pasa a la fase violenta, caracterizada por episodios de violencia física en los que se pierde la comunicación con el agresor. Después del incidente violento, es posible que el agresor cure las heridas de la víctima o incluso la lleve al hospital, argumentando que fueron producto de un accidente.
Después de la fase violenta, se pasa a la de luna de miel, en la que el agresor inicia un periodo de reconciliación, se muestra arrepentido, pide disculpas y promete que el incidente no volverá a ocurrir. Tras varias repeticiones del ciclo, la fase de reconciliación o luna de miel desaparece y las agresiones se vuelven cada vez más violentas (5).
A dónde acudir en caso de presentar violencia de pareja
En zona metropolitana de Guadalajara o en el estado de Jalisco: Centro de Reunión y Atención para las Mujeres (CREA) de la Secretaría de Igualdad Sustantiva para mujeres y hombres con domicilio en Calle Miguel Blanco #883, colonia Centro, CP: 44100, teléfono: 36583170.
Referencias
[1] Gunarathne L, Bhowmik J, Apputhurai P, Nedeljkovic M. Factors and consequences associated with intimate partner violence against women in low- and middle-income countries: a systematic review. PLoS ONE. 2023;18(11):e0293295.
[2] Instituto Nacional de las Mujeres (MX). Violentómetro: si hay violencia en la pareja no hay amor [Internet]. Ciudad de México: INMUJERES; 2023 [citado 2025 Mar 8]. Disponible en: https://www.gob.mx/inmujeres/articulos/violentometro-si-hay-violencia-en-la-pareja-no-hay-amor-234888?idiom=es
[3] Cummings AM, González-Guarda RM, Sandoval MF. Intimate Partner Violence Among Hispanics: A Review of the Literature. J Fam Viol. 2013;28(2):153-71.
[4] Jiménez-Cruz BE, Pelayo GA, Ortega KFL, Rosas AR. Construcción y validación de la Escala de Dependencia Emocional (EDE). Rev Psicol Salud. 2022;10(1).
[5] Secretaría de Marina (MX). Circulo de violencia [Internet]. Ciudad de México: SEMAR; 2021 [citado 2025 Mar 8]. Disponible en: https://www.semar.gob.mx/redes/CirculoViolencia.pdf



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