Autores
Valeria León García
Pasante de la Licenciatura en Nutrición, Universidad Guadalajara Lamar
Georgina Ruiz Bautista
Pasante de la Licenciatura en Nutrición, Universidad Guadalajara Lamar
María de Lourdes López Flores
Doctora en Ciencias de la Salud Pública, Docente e Investigadora, Universidad Guadalajara Lamar
Contacto: marialopez@lamar.edu.mx
Imagina que un día disfrutas de una hamburguesa poco cocida o de una ensalada mal lavada y, horas después, empiezas con dolor de panza, diarrea y fiebre. Lo que parecía una comida inofensiva pudo haberte contagiado de Escherichia coli (E. coli), una bacteria que vive en el intestino y que, aunque normalmente es parte de nuestro cuerpo, en algunas ocasiones se convierte en la causa de enfermedades que pueden ir de leves a graves. Conocerla y saber cómo prevenirla es clave para proteger nuestra salud y la de nuestras familias [1].
¿Qué es la E. coli y cómo puede enfermarte?
La E. coli es un microorganismo invisible al ojo humano que, en la mayoría de los casos, convive con nosotros sin causar problemas. Sin embargo, algunas de sus variedades pueden generar infecciones. En el sistema digestivo, puede ocasionar diarrea leve o con sangre; en el sistema urinario, infecciones como la cistitis (inflamación de la vejiga) que producen dolor y ganas frecuentes de orinar [2].
¿Cómo se transmite y cuáles son los tipos que existen?
La forma más común de contagio es a través de agua contaminada o alimentos mal lavados o poco cocidos. También puede transmitirse de persona a persona cuando no se lavan las manos después de ir al baño.
- La E. coli enterotoxigénica (ETEC) provoca diarrea acuosa (casi totalmente liquida), especialmente en zonas con escasa higiene.
- La E. coli enteropatógena (EPEC) afecta sobre todo a bebés y niños pequeños, y puede generar que muchas personas se enfermen al mismo tiempo [3].
Síntomas y complicaciones
Los síntomas más frecuentes son dolor abdominal, diarrea, fiebre y vómitos. En infecciones urinarias, se presenta ardor al orinar y molestias en la parte baja del abdomen. En casos severos, puede causar deshidratación (cuando el cuerpo pierde más agua de la que recibe) o incluso problemas renales (afectando los riñones), como el síndrome urémico hemolítico, que es más común en niños pequeños, presentando síntomas como diarrea (a veces con sangre), palidez, cansancio extremo, disminución en la cantidad de orina, hinchazón en cara, manos o pies, así como moretones o sangrado fácil. El tratamiento requiere atención hospitalaria, con el manejo adecuado, la mayoría de los niños se recuperan, aunque en algunos casos puede quedar daño en los riños a largo plazo. [2][4].
Recomendaciones prácticas basadas en evidencia científica
- Lava frutas y verduras con agua potable y, de ser posible, desinféctalas. El lavado y desinfección adecuado de los alimentos reducen significativamente la presencia de E. coli en verduras crudas [5].
- Separa los alimentos crudos de los cocidos y usa tablas o utensilios distintos para evitar la contaminación cruzada (un ejemplo muy común es cuando se corta carne cruda en una tabla y luego, sin lavarla, se usan la misma tabla y cuchillo para picar verduras que se van a comer crudas. Las bacterias de la carne pueden pasar a las verduras y enfermar a quien las consuma).
- Cocina carnes, en especial la molida, a temperaturas seguras (pollo y pavo: 74 °C; carne molida (res, cerdo, pollo): 71 °C; cortes enteros de res, cerdo, cordero o pescado: 63 °C), puedes ayudarte con un termómetro de cocina o asegúrate que la carne debe soltar jugos claros, no rosados o rojos.
- Mantén la cadena de frío: refrigera los alimentos a la temperatura adecuada. Guarda las carnes crudas en recipientes cerrados en la parte baja del refri y no dejes alimentos a temperatura ambiente más de 2 horas (1 hora si hace mucho calor).
- Lava tus manos con agua y jabón antes y después de cocinar, y siempre después de ir al baño.
- Si presentas síntomas graves o persistentes, consulta con un profesional de la salud.
El lado humano de la investigación
Los estudios recientes no solo se enfocan en entender la bacteria en laboratorios, sino en buscar soluciones prácticas que impacten directamente en la vida diaria: desde métodos de lavado de verduras hasta nuevas estrategias de control en la industria de alimentos. Detrás de estas investigaciones hay médicos, nutriólogos y científicos que trabajan para reducir el riesgo de enfermedades, especialmente en los más vulnerables: niños, mujeres embarazadas y adultos mayores [2].
El rival invisible en tu comida: la E. coli
Imagina que organizas una comida familiar. La mesa está llena de ensaladas, carne y frutas frescas. Todos están emocionados, compartiendo risas y conversaciones. Horas más tarde, algunos empiezan con dolor de panza, diarrea o ardor al orinar. ¿Qué pasó?
Al analizar la situación, descubrimos que algunos alimentos no fueron lavados correctamente, la carne no alcanzó la temperatura adecuada al cocinarse y, mientras tanto, nadie se lavó las manos antes de preparar la comida. Sin darnos cuenta, creamos un “terreno de juego” perfecto para E. coli, un jugador invisible que aprovechó cada descuido para multiplicarse y afectar a todos [1].
Es como si en un partido de fútbol nuestros rivales dominaran la cancha sin que nos demos cuenta. La bacteria estaba allí, silenciosa, y cada pequeño error como lo fue mezclar alimentos crudos con cocidos, usar utensilios contaminados o agua no potable, le dio ventaja para “marcar goles” en forma de síntomas digestivos y urinarios [2].
La buena noticia es que podemos cambiar las reglas del juego. Separar los alimentos crudos de los cocidos, lavar y desinfectar frutas y verduras, cocinar bien la carne y mantener una higiene correcta de manos son como entrenamientos y tácticas que nos permiten ganar el partido contra E. coli antes de que cause daño [3].
Al final, cada acción de higiene y precaución puede marcar la diferencia entre disfrutar de la comida o pagar las consecuencias con enfermedad. Como en cualquier deporte, la preparación, la disciplina y la atención a los detalles son claves para ganar.
Conclusiones
La E. coli puede estar más cerca de lo que creemos, en la comida diaria o en la falta de higiene cotidiana. Sin embargo, prevenir está en nuestras manos: hábitos simples como lavarse bien las manos, cocinar de manera adecuada y consumir agua potable marcan la diferencia entre enfermarse o disfrutar de una vida saludable. Recuerda: ante cualquier duda o síntoma, lo más importante es consultar con un profesional de la salud antes de hacer cambios en tus hábitos o automedicarte.
Referencias
[1] World Health Organization. E. coli [Internet]. Geneva: World Health Organization; 2018 [citado 2025 Sep 27]. Disponible en: https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/e-coli
[2] Zhou Y, Zhou Z, Zheng L, Gong Z, Li Y, Jin Y, Huang Y, Chi M. Urinary Tract Infections Caused by Uropathogenic Escherichia coli: Mechanisms of Infection and Treatment Options. Int J Mol Sci. 2023;24(13):10537. doi:10.3390/ijms241310537
[3] Flores-Mireles AL, Walker JN, Caparon M, Hultgren SJ. Urinary Tract Infections: The Current Scenario and Future Prospects. Front Cell Infect Microbiol. 2023;13:1185947. doi:10.3389/fcimb.2023.1185947
[4] Mueller M, Tainter CR. Escherichia coli Infection. In: StatPearls [Internet]. Treasure Island (FL): StatPearls Publishing; 2025 Jan. [citado 2025 Sep 27]. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK564298/
[5] Shrestha A, Pantha P, Neupane P, Adhikari B, Khanal S. Impact of Various Washing Protocols on the Mitigation of Escherichia coli Contamination in Raw Salad Vegetables. Foods. 2024;13(2):256. doi:10.3390/foods13020256



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