Autores
Isaac May Fuentes
Licenciatura en Psicología Biomédica, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Lerma, Estado de México, México
Mariana Rodrigues Lopes
Doctora en Neurociencias, Departamento de Ciencias de la Salud, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Lerma, Estado de México, México
Silvestre Alavez
Doctor en Ciencias Químicas, Departamento de Ciencias de la Salud, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Lerma, Estado de México, México
Contacto: s.alavez@correo.ler.uam.mx
¿Te has preguntado alguna vez cómo sería llegar a una edad avanzada manteniendo la vitalidad y el bienestar? La búsqueda de la longevidad ha acompañado a la humanidad a lo largo de la historia, pasando de la epopeya de Gilgamesh –de hace más de 5000 años– a relatos bíblicos, elixires alquímicos, etc. En las últimas décadas, esta búsqueda ha sido abordada de manera científica, basándose en nuestro conocimiento del envejecimiento como un proceso biológico complejo. A medida que envejecemos, nuestro cuerpo experimenta transformaciones a nivel celular y molecular que afectan progresivamente el funcionamiento de nuestros órganos y nos hacen más susceptibles a enfermedades crónicas como la diabetes, el cáncer, problemas cardiovasculares y enfermedades neurodegenerativas. Esto ha motivado a los investigadores en biomedicina a explorar nuevas estrategias para prolongar la vida, pero con una meta aún más ambiciosa: asegurar un envejecimiento lleno de salud y calidad de vida. Entre las estrategias que se han explorado recientemente se encuentran la búsqueda de geroprotectores, que son compuestos que podrían no solo extender la longevidad, sino también preservar el bienestar durante el proceso de envejecimiento. A continuación, describimos los efectos benéficos de algunos geroprotectores y su potencial para alcanzar un envejecimiento saludable [1].
¿Qué son los geroprotectores?
Muy recientemente, durante las últimas décadas, la ciencia ha comenzado a entender los procesos biológicos que controlan el envejecimiento a través de manipulaciones genéticas en modelos experimentales sencillos. Como resultado, sabemos que existen mecanismos moleculares que se llevan a cabo al interior de las células para modular el proceso de envejecimiento. Esto ha puesto en perspectiva la posibilidad de identificar compuestos naturales o sintéticos, a los que llamamos geroprotectores, que interfieren con estos procesos para protegernos de enfermedades relacionadas con la edad, permitiendo evitar así el deterioro físico y mental. Aunque aún se requieren más investigaciones, es posible que los geroprotectores actúen sobre secuencias específicas de reacciones químicas, llamadas vías metabólicas, involucradas en el control de enfermedades degenerativas; por ejemplo, la principal vía involucrada en el envejecimiento es muy similar a la vía que activa la insulina en las células del páncreas. Si bien estos compuestos plantean una alternativa prometedora, dado que ofrecen la posibilidad de un envejecimiento más saludable y activo, es importante recordar que no son una solución mágica o están libres de riesgos, hay que tomar en cuenta que su eficacia y seguridad aún están siendo investigadas, especialmente para su uso en humanos. Pero antes de profundizar en ello, veamos lo que sabemos a la fecha [2].
Evidencia científica actual
Para entender el potencial de los geroprotectores, la ciencia ha recurrido a modelos animales más simples que los humanos como los ratones, las moscas o los gusanos. Estos modelos han sido de gran utilidad para entender procesos biológicos por compartir similitudes genéticas y celulares con los humanos. En estos modelos, algunos compuestos han mostrado resultados sorprendentes, logrando incrementar su periodo de vida y reducir la aparición de enfermedades ligadas al envejecimiento. Un ejemplo destacado de estos compuestos es la rapamicina, un medicamento utilizado originalmente para evitar el rechazo en trasplantes de órganos. Este fármaco ha demostrado aumentar significativamente la longevidad en estudios realizados con diversos modelos animales debido a su capacidad para inhibir una proteína llamada blanco de la rapamicina en mamíferos (mTOR), que regula el crecimiento celular y el metabolismo. Cuando esta proteína se encuentra sobre activada, puede acelerar el envejecimiento, y al bloquearla, la rapamicina logra extender la vida saludable de los organismos en los que se ha probado. Por otro lado, la metformina, un medicamento utilizado con mucha frecuencia para tratar la diabetes tipo 2, también ha mostrado efectos positivos sobre la longevidad y en la prevención de enfermedades asociadas a la edad. Su acción se basa en limitar la producción de glucosa en el hígado, como consecuencia disminuye los niveles de azúcar en la sangre, mejora la sensibilidad a la insulina y optimiza su uso en el organismo.
En estudios preclínicos, la metformina ha demostrado aumentar la longevidad y retrasar la aparición de enfermedades crónicas en modelos animales. Además de estos fármacos, se están investigando otros compuestos naturales y sintéticos con propiedades geroprotectoras, como la D-glucosamina, un suplemento ampliamente utilizado para el tratamiento de afecciones articulares. Este compuesto ha demostrado potencial geroprotector, puesto que se ha observado que su consumo puede influir en vías metabólicas relacionadas con la restricción calórica, además posee propiedades antiinflamatorias e inhibe la vía de mTOR, que actúan como mecanismos clave en la promoción de un envejecimiento saludable. Por su parte, la espermidina, un compuesto presente en alimentos como la soja, el queso y el trigo, ha demostrado activar un proceso llamado autofagia (reciclaje celular), el cual contribuye a la regeneración celular y a la prevención de enfermedades neurodegenerativas [3][4].
Ahora bien, estos hallazgos en modelos animales son prometedores, la gran pregunta es: ¿podemos esperar los mismos beneficios en los seres humanos? Aun cuando los mecanismos de envejecimiento son semejantes en muchas especies, se requieren estudios más extensos y detallados en humanos a los que llamamos ensayos o pruebas clínicas. Esto nos lleva a considerar las implicaciones que los geroprotectores podrían tener en nuestro bienestar y salud a largo plazo.
Implicaciones para la salud y el futuro de la longevidad
Trasladar estos prometedores resultados a los humanos no es una tarea sencilla. Los procesos metabólicos y de envejecimiento no son exactamente iguales en todas las especies y, en consecuencia, lo que resulta efectivo en organismos simples no siempre produce los mismos resultados en las personas.
A pesar de estas diferencias, se están llevando a cabo ensayos clínicos en humanos para investigar si medicamentos como la metformina pueden ofrecer beneficios similares en términos de longevidad y bienestar. El atractivo de los geroprotectores es innegable, imagina un futuro donde envejecer no implique necesariamente perder la calidad de vida, sino mantenernos activos y saludables por mucho más tiempo en un mundo donde la esperanza de vida aumenta, pero la calidad de esos años adicionales no siempre es la mejor. El desarrollo de terapias geroprotectoras podría marcar una diferencia significativa, menos enfermedades crónicas, mayor autonomía en la vejez y una reducción en los costos de atención médica son solo algunas de las posibles ventajas. Sin embargo, también es crucial ser cautelosos, algunos de estos compuestos podrían tener efectos secundarios que aún no comprendemos del todo y su uso prolongado requiere mayor investigación. Por ejemplo, la rapamicina, a pesar de sus efectos positivos en la longevidad, puede suprimir el sistema inmunológico, aumentando el riesgo de infecciones. Por ello, el balance entre los beneficios y los posibles riesgos debe ser cuidadosamente evaluado. Además, el envejecimiento es un fenómeno complejo, influido no sólo por nuestra biología sino también por factores ambientales y por el estilo de vida. Por estas razones, los geroprotectores deben verse como una herramienta complementaria y no como una solución mágica. Mantener una alimentación equilibrada, hacer ejercicio regularmente, descansar adecuadamente y cuidar nuestra salud mental siguen siendo prácticas esenciales para un envejecimiento saludable [5].
Conclusiones
El estudio de los geroprotectores es un campo activo en el ámbito de la biomedicina, lo que tiene un tremendo potencial para entender a profundidad los mecanismos que regulan el envejecimiento y proveer estrategias alternativas para mejorar nuestra salud. Así, esta estrategia podría acercarnos a este sueño, largamente acariciado, en el que envejecer no implique necesariamente perder nuestra condición de bienestar. El camino hacia la aplicación de geroprotectores en humanos es prometedor, pero también desafiante; la necesidad de estudios a largo plazo, la identificación de posibles efectos secundarios y la regulación de estos tratamientos son aspectos que aún deben resolverse antes de su implementación a gran escala en poblaciones humanas. Además, el acceso equitativo a estos avances debe ser una prioridad para la biomedicina y las políticas públicas en las próximas décadas. Mientras tanto, adoptar hábitos saludables sigue siendo nuestra mejor apuesta para un envejecimiento favorable. Los geroprotectores podrían convertirse en aliados clave en este proceso, pero el verdadero secreto para una vida larga y plena sigue estando, por el momento, en nuestras propias manos.
Referencias
[1] Alavez S. Intervenciones contra el envejecimiento y enfermedades asociadas guiadas por las gerociencias. En: Cordera R, Pasantes H, Molina S, editores. La vejez en México en el siglo XXI. 1a ed. México: Editorial Seminario de Cultura Mexicana; 2022. p. 191–203.
[2] Valle-Jiménez X, Osorio-Paz I, Alavez S. Caenorhabditis elegans como modelo para el estudio del envejecimiento. Rev Fesahancccal. 2023;9(1):4–11.
[3] Partridge L, Fuentealba M, Kennedy BK. The quest to slow ageing through drug discovery. Nat Rev Drug Discov. 2020;19(8):513–32.
[4] Janssens GE, Houtkooper RH. Identification of longevity compounds with minimized probabilities of side effects. Biogerontology. 2020;21(6):709–19.
[5] Liu YJ, McIntyre RL, Janssens GE. Considerations regarding public use of longevity interventions. Front Aging. 2022;3:903049.



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