Autores
Cindy Yunuen León Hernández
Doctorado en Microbiología Médica, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara
Adriana Valle Rodríguez
Unidad de VIH, Antiguo Hospital Civil de Guadalajara “Fray Antonio Alcalde”
Monserrat Álvarez Zavala
Instituto de Investigación en Imunodeficiencias y VIH
Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara
Contacto: monserrat.zavala@academicos.udg.mx
Todos los seres humanos necesitamos protección frente a agentes externos. Nuestro organismo cuenta con un sistema especializado capaz de detectar amenazas como microorganismos patógenos (virus, bacterias y hongos) y mantener el equilibrio interno: lo conocemos como el sistema inmune, y es el guardián de nuestro cuerpo. Este sistema no solo reconoce lo propio de lo extraño, sino que también activa respuestas rápidas para neutralizar infecciones y reparar daños. Sin embargo, este guardián no siempre funciona de manera equilibrada. En ciertas circunstancias, puede descontrolarse y convertirse en un enemigo interno. Esto ocurre en la sepsis, donde la respuesta del organismo frente a una infección se vuelve exagerada, dando lugar a un proceso conocido como desregulación inmune. Esta desregulación implica cambios complejos en la respuesta del sistema inmune, descritos clásicamente como fases inflamatorias y antiinflamatorias (SIRS y CARS), que serán abordadas más adelante. Este fenómeno convierte a la sepsis en un proceso particularmente complejo y potencialmente mortal. Comprender cómo y por qué el sistema inmune puede descontrolarse en este contexto no es solo un desafío científico, sino una oportunidad clave para mejorar el diagnóstico, el tratamiento y, en última instancia, salvar vidas (1).
Sepsis: una urgencia silenciosa
Lo que determina la gravedad de una infección, no es solo la presencia de un microorganismo patógeno, sino cómo reacciona nuestro cuerpo ante ese desafío, específicamente nuestro sistema inmune. La sepsis es el resultado extremo de esta interacción, es un síndrome complejo en el que la respuesta del organismo frente a una infección termina provocando daño a los propios tejidos y órganos, desencadenando lo que conocemos como falla orgánica múltiple, en dónde diferentes órganos especialmente los vitales como riñones, corazón, cerebro y pulmones, pueden verse afectados y poner en peligro la vida (2).
La sepsis puede originarse a partir de infecciones causadas por cualquier tipo de patógeno y en cualquier foco de infección ya sea por neumonías, infecciones urinarias, abdominales, de la piel, entre otras, lo que puede provocar síntomas como: fiebre o hipotermia, frecuencia cardiaca elevada, respiración rápida, presión arterial baja, sudoración excesiva y malestar general, síntomas inespecíficos que pueden llegar a confundirse con los de una infección leve u otras enfermedades, esto provoca que en muchas ocasiones el diagnóstico se retrase, conduciendo a una atención tardía y con resultados poco favorables (2).
Es por ello que la sepsis es una emergencia médica que requiere la actuación rápida por parte del equipo médico, esto incluye la administración rápida de medicamentos como antibióticos, el control del foco de infección, por ejemplo cirugía si es necesario, reponer líquidos por medio de soluciones directo en la vena, para mantener una adecuada presión arterial, y vigilancia continua de los pacientes; además de estas intervenciones recientemente se ha evaluado el uso de medicamentos llamados inmunomoduladores, que como el nombre hace referencia, pueden ayudar a equilibrar nuevamente la respuesta del sistema inmune; en conjunto el objetivo inicial es estabilizar al paciente y controlar la infección (3).
A pesar de estos avances terapéuticos, la sepsis continúa siendo una de las principales causas de muerte hospitalaria a nivel mundial. Se estima que una de cada cinco muertes en el mundo es causadas por la sepsis, lo que equivale a 11 millones de fallecimientos anuales, una cifra comparable con la población total de Bolivia. Además, representa un impacto económico considerable para los sistemas de salud pública a nivel mundial, con costos que superan los 24 mil millones de dólares anuales tan solo en Estados Unidos (4).
El sistema inmune: el gran protector
Como hemos mencionado, nuestro cuerpo está constantemente expuesto a agentes patógenos, y el sistema inmune actúa como un ejército altamente organizado, siempre alerta para detectar, neutralizar y eliminar amenazas.
Como un ejército, el sistema inmune también tiene diferentes unidades con funciones específicas, La primera línea de defensa está conformada por el sistema inmune innato, que está presente desde el nacimiento y genera una respuesta menos especifica que el sistema inmune adaptativo, esta conformado por estructuras de barrera como la piel y mucosas, células como los neutrófilos y macrófagos, que atacan cualquier amenaza de manera rápida y general, estas células también liberan señales químicas, llamadas citocinas, que activan otras defensas y facilitan la reparación de los tejidos dañados (5).
Por su parte, el sistema inmune adaptativo está formado por los linfocitos T y B, funcionan como unidades de inteligencia y fuerzas especiales, capaces de reconocer enemigos específicos y generar memoria inmunológica, para coordinar respuestas más precisas ante futuras infecciones. Mientras los linfocitos T destruyen directamente células infectadas o ayudan a otras células inmunitarias, los linfocitos B producen anticuerpos que neutralizan los patógenos. Ambas ramas del sistema inmune se comunican y estimulan mediante mediadores (IL-1B, IL-6, TNF-alfa, IL-8, IL18) y algunas anti inflamatorias (IL-10, TGF-B) en la figura 1, puedes ver ejemplos de las células que forman parte de este grandioso sistema.

Así, el sistema inmune se convierte en el gran protector, no solo reconociendo amenazas, sino atacándolas de manera coordinada y adaptativa. La interacción entre la inmunidad innata y la adaptativa permite optimizar la defensa del organismo, reforzando cada línea de defensa y creando un ciclo de retroalimentación que asegura la protección frente a infecciones.
Sin embargo, en situaciones específicas, como la sepsis, este ejército puede verse sobrepasado. La respuesta inicial puede ser tan intensa que daña los propios tejidos, y posteriormente la supresión de la respuesta inmune deja al cuerpo vulnerable frente a nuevas infecciones, por ello es importante reconocer cuando nuestro protector se convierte en nuestro enemigo y comprender estos mecanismos.
Cuando el protector se convierte en enemigo
Durante un proceso grave como la sepsis, este ejército (el sistema inmune) bien entrenado pierde el control. Al detectar una infección, lanza una ofensiva tan intensa que se propaga por todo el organismo, provocando una falla orgánica múltiple. En ese punto, no solo el sistema inmune está fuera de control, los órganos vitales también resultan gravemente comprometidos; esta reacción extrema se debe a una tormenta inflamatoria desencadenada por el propio sistema inmune, llamada síndrome de respuesta inflamatoria sistémica (SIRS), que genera una respuesta de defensa tan fuerte (una tormenta inflamatoria IL-1B, IL-6, TNF-alfa) que empieza a causar daño indiscriminadamente en el organismo, convirtiéndose en su propio “enemigo”.
A medida que la batalla avanza, el sistema inmune se agota, entrando una fase llamada síndrome de respuesta antiinflamatoria compensatoria (CARS) caracterizada por un incremento de citocinas antiinflamatorias (IL-10, TGF-B), lo que hace que las células defensivas, los “soldados” de este ejército, se vuelvan menos reactivas, dando paso a un estado de inmunosupresión, en el que las defensas se debilitan y el organismo quede vulnerable frente a nuevas infecciones.
Este tránsito desde una fase de tormenta inflamatoria hacia una inmunosupresión profunda se conoce como desregulación inmune, y constituye una de las mayores complejidades de la sepsis. Cada paciente libra una “batalla inmunitaria” distinta, lo que hace muy difícil establecer tratamientos universales y resalta la importancia de estrategias personalizadas que ayuden a restablecer el equilibrio inmunológico lo antes posible, es por ello que cientificos alrededor del mundo se han dado a la tarea de estudiar tanto la sepsis como la batalla que esta librando internamente (1). En la figura 2 se observa una representación gráfica de las fases de la desregulación inmune, SIRS y CARS que se presentan durante la sepsis, recordando que estas pueden llegar a converger en los pacientes que han desarrollado sepsis.

Conclusiones
Comprender cómo el sistema inmune pasa de ser nuestro principal protector para convertirse en un enemigo o una amenaza interna es clave para enfrentar enfermedades como la sepsis. Esta desregulación, donde la respuesta inflamatoria inicial da paso a un estado de agotamiento inmunitario, revela la fragilidad del equilibrio que mantiene la vida. Hoy sabemos que detrás de cada persona que desarrolla sepsis hay una batalla silenciosa, donde el éxito del tratamiento depende tanto de identificar al patógeno como de entender la respuesta del propio cuerpo. Por lo tanto, estudiar los mecanismos detrás de esta desregulación inmune no solo permite salvar vidas en el presente, sino que abre la puerta a terapias personalizadas que restauren la armonía del sistema inmune.
Referencias
[1] Cao M, Wang G, Xie J. Immune dysregulation in sepsis: experiences, lessons and perspectives. Cell Death Discov. 2023 Dec 19;9(1):465. doi: 10.1038/s41420-023-01766-7. PMID: 38114466; PMCID: PMC10730904.
[2] Guarino, M.; Perna, B.; Cesaro, A.E.; Maritati, M.; Spampinato, M.D.; Contini, C.; De Giorgio, R. 2023 Update on Sepsis and Septic Shock in Adult Patients: Management in the Emergency Department. J. Clin. Med. 2023, 12, 3188. https://doi.org/10.3390/jcm12093188
[3] Marques A, Torre C, Pinto R, Sepodes B, Rocha J. Treatment Advances in Sepsis and Septic Shock: Modulating Pro- and Anti-Inflammatory Mechanisms. J Clin Med. 2023;12(8):2892. doi:10.3390/jcm12082892
[4] Shackelford KA, Tsoi D, Colombara DV, Ikuta KS, Hay SI, Lozano R, et al. Global, regional, and national sepsis incidence and mortality, 1990–2017: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2017. Lancet. 2020;395(10219):200–211. doi:10.1016/S0140-6736(19)32989-7.
[5] Wang R, Zhang Y, Li X, et al. The interaction of innate immune and adaptive immune systems. MedComm (2020). 2024;5(1):e714. doi:10.1002/mco2.714



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