Autores
Alejandro Barrón Balderas
Hospital Civil de Guadalajara “Dr. Juan I. Menchaca”, Jalisco, México
Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara, Jalisco, México
Contacto: alejandro.barron9295@academicos.udg.mx
Mireya Robledo Aceves
Hospital Civil de Guadalajara “Dr. Juan I. Menchaca”, Jalisco, México
Verónica Montserrat Chávez Legaspi
Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara, Jalisco, México
Imaginen una habitación en penumbra. Una persona se contorsiona con una rigidez extrema, sus ojos se hunden hacia arriba revelando solo la esclerótica (la parte blanca), y de su boca brotan sonidos guturales imposibles de entender. Durante siglos, esta escena fue el cuadro clínico incuestionable de una “posesión demoniaca”.
Sin embargo, lo que para muchos era obra del Maligno, hoy tiene un nombre claro en los libros de medicina: Síndrome Extrapiramidal (SEP). En muchos casos, este «teatro del horror» no es más que una reacción adversa a las fenotiazinas, una familia de fármacos antipsicóticos que, aunque revolucionaron la psiquiatría en el siglo XX, pueden convertir el cuerpo de un paciente en una pesadilla viviente si no se manejan con precisión diagnóstica.
Fenotiazinas: El mensajero bloqueado
Para que nuestro cuerpo se mueva con armonía, el cerebro utiliza un mensajero químico llamado dopamina. Las fenotiazinas (clorpromazina, tioridazina, etc.) funcionan bloqueando los receptores de este mensajero en los ganglios basales. El problema surge cuando el bloqueo es demasiado potente (ya sea por dosis elevadas o por sensibilidad individual): el control motor se «rompe» y los músculos empiezan a actuar por cuenta propia [1,2].
Los síntomas más impactantes para el observador son:
- Distonías agudas: Contracciones musculares violentas y sostenidas en cuello y lengua.
- Crisis oculógiras: Los ojos se desvían forzadamente hacia arriba; el paciente está consciente, pero es incapaz de bajar la mirada.
- Opistótonos: El cuerpo se arquea hacia atrás con tal fuerza que solo los talones y la nuca tocan el soporte, imitando la clásica pose de los «posesos» en el arte religioso (Figura 1).
El enigma del balbuceo: cuando la disartria simulaba lenguas extrañas
Uno de los fenómenos que más alimentó el mito del exorcismo fue la xenoglosia (el supuesto don de hablar lenguas extrañas). En la antigüedad, si un enfermo emitía sonidos rítmicos pero ininteligibles, se creía que un ente hablaba a través de él. La ciencia nos ofrece una explicación más terrenal: la disartria extrapiramidal. Debido a la rigidez extrema de la faringe y la lengua, el paciente pierde el control de la articulación. Al intentar hablar, la lengua se enreda o se queda «trabada» contra el paladar. El resultado no es un idioma olvidado, sino una serie de sílabas entrecortadas y sonidos guturales forzados por el espasmo muscular. No hay un mensaje oculto del inframundo; es una boca que intenta desesperadamente comunicarse mientras sus músculos están bajo un «candado» farmacológico. Lo que antes se percibia como un dialecto arcano, hoy lo identificamos como una vía aérea en lucha por expresarse [1,2,3].
¿Hubo «fenotiazinas» antes de la farmacia moderna?
Aunque la clorpromazina (la primera fenotiazina sintética) nació en un laboratorio en 1950, la naturaleza ya había diseñado sus propias formas de «encadenar» la dopamina. Históricamente, diversas culturas han estado expuestas a sustancias que provocaban cuadros extrapiramidales idénticos a una intoxicación moderna:
- La Raíz de serpiente (Rauwolfia serpentina): Utilizada durante milenios en la India para tratar la «locura». Contiene reserpina, un alcaloide que agota las reservas de dopamina. Una dosis mal calculada sumía al paciente en una rigidez y temblores que parecían el resultado de una invasión espiritual.
- Alcaloides de la Belladona y el Estramonio: Aunque famosos por causar delirios, en ciertas dosis, sus efectos sobre el tono muscular podían confundirse con la agitación de un poseso.
- Contaminación de granos: El consumo de pan contaminado con hongos (como el cornezuelo del centeno) causaba espasmos musculares prolongados que alimentaron crónicas enteras de posesiones colectivas en la Europa medieval [1,3].
Opistótonos y manos en garra
El opistótonos es la imagen más aterradora: una persona arqueada como un puente humano. Si a esto le sumamos la «mano en garra» y la mandíbula trabada (trismo), el cuadro clínico es idéntico a las descripciones de los asilos del siglo XIX.
Antes de 1970, estos pacientes solían terminar en celdas de castigo o ritos de expulsión. Hoy, se sabe que el «exorcismo» clínico se logra con anticolinérgicos (como el biperideno) o benzodiacepinas. Al administrar el antídoto, el «demonio» se retira en minutos: los músculos se relajan, la mirada baja y la voz recupera su claridad. La diferencia entre el terror y la paz no es un rezo, sino la aplicación del tratamiento correcto [2].
Este fenómeno nos invita a mirar el pasado con humildad. Es muy probable que muchos «endemoniados» fueran víctimas de intoxicaciones accidentales por plantas o preparados vegetales con alcaloides. Entender que los síntomas extrapiramidales pudieron alimentar historias de brujería o castigo divino nos ayuda a no patologizar culturalmente lo que es, en esencia, un efecto adverso tratable.
Conclusiones
La historia de las fenotiazinas nos enseña que el miedo suele nacer donde termina el conocimiento. Lo que en la antigüedad se interpretaba como un don de lenguas, hoy lo entendemos como una disartria; lo que parecía un castigo divino, hoy lo identificamos como una alteración de los ganglios basales.
Como profesionales de la salud, nuestra labor es ser los nuevos «exorcistas» de la ignorancia. Entender que un cuerpo contorsionado necesita un diagnóstico, no una condena, es el mayor avance de la medicina humanista. «Porque a veces, el diablo no está en el alma, sino en un receptor de dopamina alterado y en el juicio de una persona que desconoce la realidad de una intoxicación.»
Referencias
[1] Wolie AA, Mengistie BT, Mengistie CT, Genet A, Wakie SA, Alebachew EA, Bonus SM. Overlapping Hepatic and Neurological Toxicity Following Intentional Multidrug Poisoning with Acetaminophen, Metoclopramide, and Metronidazole: A Case Report. Clin Med Insights Case Rep. 2025 Dec 24;18:11795476251410404. doi: 10.1177/11795476251410404. PMID: 41467082; PMCID: PMC12743783.
[2] Pfeiffer WM. El fenómeno de la posesión desde el punto de vista de la psiquiatría transcultural. En: Historia de la Psiquiatría. Ciudad de México: Siglo XXI; 1994.
[3] Montoya Cabrera MA, López Martín G, Baca Rodríguez LC, Porcayo Vergara F, Hernández Zamora A, Juárez Aragón G. Síndromes extrapiramidales de evolución aguda causados por drogas. Bol Med Hosp Infant Mex. 1981;38(4):607-15.



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