Autores
Yusnier Lázaro Díaz-Rodríguez
Maestría en Microbiología Médica, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara
Luz Alicia González-Hernández
Instituto de Investigación en Inmunodeficiencias y VIH (InIVIH), Departamento de Clínicas Médicas, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara
Unidad de VIH del Antiguo Hospital Civil de Guadalajara “Fray Antonio Alcalde”
Karina Sánchez-Reyes
Instituto de Investigación en Inmunodeficiencias y VIH (InIVIH), Departamento de Clínicas Médicas, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara
Unidad de VIH del Antiguo Hospital Civil de Guadalajara “Fray Antonio Alcalde”
Contacto: karina.sanchez@academicos.udg.mx
Más allá del control del virus en las personas que viven con VIH
La historia natural de la infección por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) se ha visto modificada en los últimos años gracias al tratamiento antirretroviral (TAR). Estos medicamentos han permitido que las personas que viven con la infección (PVVIH) puedan mantener cargas virales indetectables y llevar una vida larga y productiva [1].
A pesar de esto, el control del virus no siempre es sinónimo de que todo está normal en el organismo. Se ha demostrado en muchas investigaciones que en PVVIH con TAR exitoso pueden persistir alteraciones inflamatorias y del metabolismo, las cuales aumentan el riesgo de complicaciones como enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2 [1,2].
Estos hallazgos han dado lugar a interrogantes relacionadas a si el VIH afecta a más sistemas del cuerpo de lo que se pensó en un inicio. Sobre este pensamiento, el intestino ha emergido como un protagonista inesperado. Es cada vez más amplia la evidencia que apunta a que las alteraciones en el ambiente intestinal influyen de manera consistente en el estado del sistema inmunológico y en el metabolismo del organismo [3].
Conocer estos vínculos ha permitido entender al VIH más allá de una enfermedad que afecta solo a linfocitos, sino como una condición donde existe una interacción bidireccional constante entre el intestino, las defensas del cuerpo y el metabolismo [1].
El intestino como pieza clave para comprender la interacción del VIH con la inmunidad y el metabolismo
Recientes estudios han demostrado el papel del intestino en una amplia gama de procesos que van mucho más allá de su conocido papel en la digestión. En este sitio anatómico viven muchísimos microorganismos, de los cuales la mayor parte son bacterias, formando un ecosistema que se conoce con el nombre de microbiota intestinal (MI) [1].
Esta MI, se ha implicado a su vez con múltiples funciones: defienden nuestro intestino, ayudan a procesar los alimentos que consumimos en la dieta y producen metabolitos y vitaminas que pueden entrar al torrente sanguíneo y llegar a los diferentes órganos [4].
Además, el intestino en sí alberga una de las mayores concentraciones de células del sistema inmunitario. Estas células se disponen en una extensa red de estructuras que integran el sistema de defensa asociado al tracto gastrointestinal, las cuales mantienen contacto permanente con la MI, y establecen un estado de equilibrio entre tolerancia y vigilancia inmunológica [1,4].
El mantenimiento de este equilibrio es clave para el establecimiento de una relación benéfica microbiota-huésped. En este contexto, el sistema inmune mantiene controlados a los microorganismos, mientras que muchas bacterias beneficiosas contribuyen al mantenimiento y el fortalecimiento de la barrera intestinal [1].
Entre los compuestos producidos por la MI, están los ácidos grasos de cadena corta, ácidos biliares, los indoles derivados del catabolismo del triptófano, los aminoácidos de cadena ramificada y el N-óxido de trimetilamina (TMAO). Estos metabolitos se han vinculado con modulación de la respuesta inmune tanto a nivel local como sistémico, así como con la regulación de diversas vías metabólicas [1,2].
Cuando la barrera intestinal se debilita en el VIH
La barrera intestinal está conformada fundamentalmente por la unión de células epiteliales que se disponen en forma de “muro” y separan el lumen intestinal, donde se encuentra la MI. Esta barrera es altamente selectiva, permite la absorción de nutrientes y agua provenientes del proceso de digestión y, por otro lado, limitan el paso de microorganismos y sus componentes a la circulación sanguínea. En el fortalecimiento de esta barrera intervienen bacterias benéficas, como se mencionó anteriormente, y una amplia variedad de células inmunológicas que vigilan el entorno intestinal y generan un microambiente de tolerancia [2,4,5].
Estas células inmunitarias que se ubican a este nivel se ven afectadas tempranamente tras la infección por VIH, ya que el virus ocasiona una marcada depleción de linfocitos T CD4+, dejando a la barrera intestinal sin la debida protección, un daño intestinal que nunca se recupera. De esta forma, el epitelio se daña, es decir, pierde sus funciones normales y aumenta la permeabilidad, propiciando que algunas bacterias y sus componentes pasen a la circulación. Este fenómeno se conoce como “translocación microbiana” y ha sido caracterizado de forma consistente en el contexto de la infección por VIH (Figura 1) [1].

Hacia una visión integral del VIH
Gracias a la evidencia acumulada en los últimos años se ha comenzado a entender al VIH con una visión más amplia en integral. Actualmente se reconoce que la enfermedad involucra múltiples procesos biológicos que van más allá de la muy conocida replicación viral o la disminución del conteo de linfocitos en sangre.
Dentro de esta perspectiva integradora surge el intestino como punto de encuentro entre diferentes sistemas fisiológicos. En el convergen microorganismos, células inmunológicas, señales metabólicas y mecanismos de regulación inflamatoria que interactúan de forma continua. Este enfoque, mejor conocido como eje intestino–inmunidad–metabolismo, explica muchas de las interrogantes que se tenían anteriormente.
Perspectivas futuras
A partir de estos hallazgos, diversos estudios se han enfocado en el intestino desde una nueva perspectiva. Si los microorganismos que habitan en este órgano influyen en la inmunidad y en el metabolismo, entonces surge una pregunta lógica: ¿sería posible mejorar la salud de las PVVIH actuando también sobre este ecosistema intestinal?
Esta idea ha dado lugar al desarrollo de diversas estrategias diagnósticas y terapéutica. Entre las alternativas para modular el ambiente intestinal se encuentran las intervenciones dietéticas, el uso de probióticos (bacterias beneficiosas que pueden incorporarse a la dieta), prebióticos que estimulan el crecimiento de bacterias favorables o incluso compuestos que propiamente derivan de las bacterias intestinales capaces de ejercer efectos positivos en el organismo [1].
Es válido señalar que muchas de estas propuestas aún están en etapas tempranas de investigación. El intestino alberga un repertorio altamente complejo de microorganismos con interacciones difíciles de descifrar, por lo que quedan muchas preguntas por responder. Sin embargo, lo que sí es notable es el papel del intestino más allá de ser un órgano digestivo. Comprender mejor el diálogo entre MI, inmunidad y metabolismo podría ayudar a comprender mejor por qué algunas complicaciones persisten en PVVIH, incluso cuando el virus está controlado [1].
Referencias
[1] Díaz-Rodríguez YL, Anaya-Ambriz EJ, Méndez-Ríos PC, et al. The Impact of Gut Microbial Metabolomics on Type 2 Diabetes Development in People Living with HIV. Metabolites. 2025;15(9):627. doi:10.3390/metabo15090627
[2] Trøseid M, Nielsen SD, Vujkovic-Cvijin I. Gut microbiome and cardiometabolic comorbidities in people living with HIV. Microbiome. 2024;12(1):106. doi:10.1186/s40168-024-01815-y
[3] Luo K, Peters BA, Moon JY, et al. Metabolic and inflammatory perturbation of diabetes associated gut dysbiosis in people living with and without HIV infection. Genome Med. 2024;16(1):59. doi:10.1186/s13073-024-01336-1
[4] Nganou-Makamdop K, Douek DC. The Gut and the Translocated Microbiomes in HIV Infection: Current Concepts and Future Avenues. Pathog Immun. 2024;9(1). doi:10.20411/pai.v9i1.693
[5] Gáspár Z, Nagavci B, Szabó BG, Lakatos B. Gut Microbiome Alteration in HIV/AIDS and the Role of Antiretroviral Therapy—A Scoping Review. Microorganisms. 2024;12(11):2221. doi:10.3390/microorganisms12112221



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