Leche de brujas: un fenómeno normal que no debe alarmar a los padres

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Leche de brujas: un fenómeno normal que no debe alarmar a los padres

Autores

Alejandro Barrón Balderas

Universidad de Guadalajara, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Jalisco, México

Hospital Civil de Guadalajara “Dr. Juan I. Menchaca”, Jalisco, México

Contacto: alejandro.barron9295@academicos.udg.mx

Cinthya Pérez Tinoco

Hospital General del ISSSTE Querétaro, Universidad Autónoma de Querétaro

Daisy Carolina González Hermosillo

Hospital Civil de Guadalajara “Dr. Juan I. Menchaca”, Jalisco, México


Imagine que acaba de llegar a casa con su bebé recién nacido. Entre las tomas, los pañales y las noches en vela, durante un baño o un cambio de ropa, descubre algo que le llama la atención: los pezones de su hijo o hija tienen una pequeña secreción blanquecina. Le parece extraño. ¿Por qué un bebé, que solo toma leche materna o fórmula, está produciendo leche? La preocupación es normal. Y lo primero que hace es buscar información: familiares, internet o, mejor aún, acudir a su pediatra. Este artículo va dirigido a usted, papá o mamá, para que entienda qué es la «leche de brujas», por qué aparece, y lo más importante: qué debe hacer y, sobre todo, qué nunca debe hacer (Figura 1).

Figura 1. La «leche de brujas» es una secreción blanquecina que puede aparecer en los pezones del recién nacido durante los primeros días o semanas de vida. Es un fenómeno normal, provocado por las hormonas maternas que atravesaron la placenta durante el embarazo. No es una enfermedad y no requiere tratamiento.

¿Qué es y por qué se produce?

La llamada «leche de brujas» es, en realidad, la secreción de un líquido similar a la leche que puede aparecer en los pezones de los recién nacidos, tanto en niños como en niñas. No es una enfermedad, sino una condición fisiológica, lo que significa que es normal y parte del proceso de adaptación del bebé a la vida fuera del útero.

¿Cómo ocurre? Durante el embarazo, las hormonas maternas, en especial los estrógenos, atraviesan la placenta y llegan al bebé. Estas hormonas provocan que la glándula mamaria del feto crezca y se desarrolle. Cuando el bebé nace, el cordón umbilical se corta y la fuente de esas hormonas maternas se interrumpe abruptamente. Este descenso hormonal desencadena, en un 5 a 20% de los recién nacidos, la producción de una secreción láctea. Se produce en mayor medida en bebés nacidos a término y no tanto en prematuros.

Es importante saber que la «leche de brujas» comparte una composición muy similar a la leche materna, con concentraciones similares de inmunoglobulinas como la IgA y la IgG, lactoferrina y lisozima. Sin embargo, no está relacionada con la lactancia materna, ya que puede aparecer tanto en bebés amamantados como en los que toman leche de fórmula [1,2].

El riesgo escondido detrás de una mala práctica

Si la leche de brujas es normal, ¿por qué hay que preocuparse? El problema no es la secreción en sí, sino la antigua y peligrosa creencia de que debe extraerse manualmente. En el folklore, se decía que las brujas se alimentaban de esta leche y para evitarlo, se recomendaba exprimir las mamas de los bebés. Esta práctica es uno de los errores más comunes y peligrosos que se pueden cometer.

¿Por qué es tan grave? El tejido mamario del recién nacido es inmaduro y muy delicado. La manipulación excesiva, el apretar o masajear la zona para extraer la leche, no solo puede prolongar la secreción durante semanas, sino que es la principal vía de entrada para que bacterias de la piel, como el Staphylococcus aureus, infecten la glándula [1,2,3].

Complicaciones: Cuando lo normal se convierte en un problema

La manipulación inadecuada puede transformar un proceso benigno en una verdadera urgencia médica. Las complicaciones más frecuentes son:

  1. Galactocele: Se produce cuando los conductos lácteos del bebé no están completamente canalizados y la leche se estanca, formando un quiste lleno de leche.
  2. Mastitis neonatal: Es la infección de la glándula mamaria. A diferencia de la ingurgitación hormonal (que suele ser bilateral y sin signos de infección), la mastitis suele ser unilateral y aparece generalmente después de la segunda semana de vida. Se manifiesta con signos claros de inflamación: enrojecimiento, calor, aumento de volumen, dolor y, en ocasiones, fiebre o secreción purulenta. La mastitis neonatal es una urgencia médica, ya que en un recién nacido la infección puede diseminarse y causar complicaciones graves. Afortunadamente, las complicaciones severas son raras si se trata a tiempo [3].

¿Qué hacer si mi bebé tiene leche de brujas?

La respuesta es muy sencilla: nada. O mejor dicho, la mejor intervención es la «no intervención». Es la recomendación de la Asociación Española de Pediatría: adoptar una actitud expectante y tranquilizar a la familia.

  • No apriete, no masajee, no exprima: Insistir en este punto es crucial. Cualquier manipulación aumenta el riesgo de infección.
  • Observación: Lo único que necesita el bebé es vigilancia. Si aparecen signos de alarma, se debe acudir al pediatra.
  • Signos de alarma: Enrojecimiento, calor local, dolor al tacto, aumento rápido de tamaño de la mama, secreción con pus o sangre, o si el bebé presenta fiebre o malestar general.

El papel de la familia y del personal de salud

La primera línea de defensa contra la mastitis neonatal es la educación. Es tarea del personal de salud explicar a los padres que el bultito en el pecho del bebé y esa gotita de leche son parte de la fisiología normal del recién nacido. Una buena consulta es la oportunidad perfecta para despejar dudas y sobre todo, para advertir sobre los peligros de la manipulación.

Si se descubre la secreción, se debe mantener una higiene normal durante el baño y no intentar extraer el líquido. En la gran mayoría de los casos, la ingurgitación mamaria desaparece por sí sola en unos días o semanas, a medida que los niveles hormonales del bebé se estabilizan (Figura 2).

Figura 2. La regla de oro ante la «leche de brujas» es no manipular. Apretar, masajear o exprimir el pecho del bebé puede provocar infecciones graves como mastitis neonatal. Lo único que necesita el bebé es observación y cuidados normales de higiene durante el baño.

Conclusiones

La «leche de brujas» es un recordatorio de que el recién nacido “no es un adulto en miniatura”, sino un ser en plena transición. Es un fenómeno normal que asusta a los padres, pero que tiene una explicación biológica muy simple: el eco de las hormonas maternas. El mensaje principal que debe quedar grabado en cada familia es que la manipulación del pecho del bebé es el verdadero peligro. Dejar que la naturaleza siga su curso es el mejor tratamiento. La «leche de brujas» es solo un capítulo, breve y benévolo, en la increíble historia del desarrollo del ser humano. Lo importante es no intervenir, observar y consultar siempre que haya alguna duda.

Referencias

[1] Farfán Orte T, Ortuzar Yandiola S, Bizkarra Azurmendi I, Valverde Benítez I, Maluenda Díaz E, Lozano Ayala M. ¿Cosa de brujas? ¡No, leche de brujas! . Rev Pediatr Aten Primaria. 2023;(32):e203-e204.

[2] Ortega Navaridas Marina, López Aznárez Isabel, López Negueruela Nuria. Telorragia en el lactante. Rev Pediatr Aten Primaria  [Internet]. 2022  Mar [citado  2026  Jun  19];  24( 93 ): e167-e169.

[3] Plasencia Fernández E, Fontán Domínguez M, Rey Rey MJ, Miguez Silva F. Aproximación diagnóstica y manejo clínico de la telorragia. Rev Pediatr Aten Primaria. 2008;10:457-62.

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