Autores
Hugo David Jesús Espinosa Molina
Licenciatura en Cirujano Dentista, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara
Jacqueline Adelina Rodríguez Chávez
Departamento de Clínicas Odontológicas Integrales, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara
Contacto: jacqueline.rchavez@academicos.udg.mx
Abigailt Flores Ledesma
Laboratorio de Materiales y Biomateriales Dentales, Facultad de Estomatología, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
A muchas personas les pasa lo mismo: llegan al consultorio dental pensando que solo van por una molestia en una muela y, de pronto, el dentista empieza a hacer preguntas que parecen no tener relación. Que si toman medicamentos, que si padecen diabetes, que si son alérgicos, que si alguna vez se han desmayado, que si tienen presión alta. Entonces aparece la duda: “¿Por qué me preguntan tanto si solo vengo por un diente?”.
La respuesta es más importante de lo que parece. El dentista no solo revisa dientes; también valora señales que pueden afectar tu salud durante una consulta. Lo que parece una simple entrevista, en realidad forma parte de una herramienta esencial llamada historia clínica odontológica, que sirve para conocer su estado de salud y prevenir riesgos antes, durante y después del tratamiento [1-3].
Muchas complicaciones en odontología no ocurren por el procedimiento en sí, sino porque faltó información importante. Un antecedente omitido, una alergia no mencionada o un medicamento que se considera “sin importancia” pueden cambiar por completo la manera en que debe ser atendido [1,4]. Por eso, responder con honestidad no es un detalle menor: es una medida de seguridad.
Cuando el dentista te pregunta, te está protegiendo
Existe un término técnico para esa parte de la consulta en la que el odontólogo hace preguntas sobre tu salud: anamnesis (interrogatorio clínico que ayuda a conocer antecedentes y síntomas del paciente). Aunque suene complejo, en realidad se trata de una conversación clave para evitar errores.
Durante esta anamnesis, el dentista busca información sobre enfermedades actuales, operaciones previas, alergias, medicamentos, hábitos y molestias recientes. Todo esto le permite entender si el tratamiento puede realizarse de forma segura o si necesita hacer ajustes [1]. Ningún paciente es igual y su salud bucal puede variar mucho. No es lo mismo atender a una persona completamente sana que a alguien con problemas del corazón, presión alta, diabetes o antecedentes de sangrado [4].
A veces los pacientes creen que ciertos datos «no tienen nada que ver con los dientes». Sin embargo, sí son fundamentales para brindar una atención segura. Por ejemplo, una persona que toma anticoagulantes (medicamentos que disminuyen la capacidad de coagulación de la sangre) puede presentar un sangrado excesivo durante una extracción dental. Del mismo modo, las alergias no solo incluyen medicamentos como algunos antibióticos o anestésicos, sino también materiales utilizados en odontología. Existen personas que pueden ser alérgicas a metales presentes en algunas restauraciones o prótesis, como el níquel —uno de los metales con mayor potencial alergénico— o cobre, y con menor frecuencia, a otros componentes de las aleaciones dentales. Asimismo, antecedentes como episodios de ansiedad intensa o desmayos deben considerarse antes de iniciar cualquier procedimiento, ya que permiten al odontólogo tomar las medidas necesarias para prevenir complicaciones. [1,4].
Además, el expediente clínico no es opcional. La NOM-004-SSA3-2012 señala que la información del paciente debe registrarse de manera clara, ordenada y suficiente para respaldar la atención médica y odontológica [2]. En otras palabras, el interrogatorio es parte del cuidado responsable.
Tus antecedentes médicos también hablan de tu boca
Uno de los errores más comunes es pensar que la boca funciona separada del resto del cuerpo. Pero no es así. Lo que ocurre en tu organismo puede influir directamente en un tratamiento dental, y muchas enfermedades generales tienen manifestaciones o consecuencias dentro del consultorio.
Los antecedentes médicos incluyen enfermedades previas, padecimientos actuales, medicamentos, alergias, cirugías, hospitalizaciones e incluso ciertos hábitos (Figura 1). Toda esta información ayuda a identificar riesgos que podrían pasar desapercibidos si solo se revisaran dientes y encías [1]. Por ejemplo, una persona con diabetes mal controlada puede tardar más en cicatrizar y tener mayor riesgo de infección. Un paciente con hipertensión puede requerir vigilancia especial antes de aplicar anestesia. Una enfermedad hepática puede modificar la forma en que el cuerpo procesa medicamentos.
Incluso los tratamientos cotidianos importan. Muchas personas toman aspirina, suplementos herbolarios o antiinflamatorios sin considerarlos relevantes. Sin embargo, algunos de ellos pueden alterar el sangrado, interactuar con otros medicamentos o modificar la respuesta del cuerpo al tratamiento odontológico [1,4]. Incluso medicamentos para el control de la epilepsia pueden tener efectos secundarios muy específicos en la boca, como la inflamación y el crecimiento del tejido de las encías. Por eso, detallar cada tratamiento ayuda a prevenir complicaciones durante el procedimiento odontológico. Lo mismo ocurre con las alergias, aunque parezcan antiguas o “leves”.
Decir “estoy bien” no siempre basta. El odontólogo necesita contexto para tomar decisiones seguras. No se trata de desconfiar del paciente, sino de protegerlo con base en información real. De hecho, el valor de la historia clínica también se mantiene en su versión digital: aunque la tecnología facilita el registro y la organización de datos, sigue dependiendo de la sinceridad del paciente y del juicio clínico del profesional [5].

Los signos vitales
Además de preguntar, el dentista también observa y mide. Ahí entran los signos vitales, que son indicadores básicos del estado actual del cuerpo, como la presión arterial, la frecuencia cardiaca (latidos por minuto), la frecuencia respiratoria y, en ciertos casos, la temperatura o la glucosa [1].
Puede parecer exagerado que te tomen la presión antes de un procedimiento dental, pero no lo es. Estos datos permiten detectar si el cuerpo está en condiciones adecuadas para recibir tratamiento. Si una persona llega con la presión arterial muy elevada, con palpitaciones, mareo o respiración alterada, el procedimiento puede representar un riesgo mayor. En ese momento, suspender, revalorar o remitir al paciente puede evitar una urgencia.
Aquí entra un concepto fundamental de la propedéutica: la prevención de emergencias. Esto significa actuar antes de que aparezca una complicación, no cuando ya está ocurriendo. Una reacción alérgica, un desmayo, una crisis hipertensiva o una descompensación por enfermedad previa pueden presentarse en el consultorio si no se identifican a tiempo los factores de riesgo [1].
La semiología clínica enseña precisamente eso: escuchar, observar, explorar e interpretar. Un buen dentista no solo resuelve el problema visible, sino que identifica condiciones que podrían poner en peligro al paciente. Por eso cada pregunta, cada dato clínico y cada signo vital forman parte de una misma estrategia: ofrecer una atención segura.
Conclusiones
La historia clínica no es un papeleo innecesario ni una serie de preguntas incómodas. Es una herramienta de protección. Gracias al interrogatorio, a la revisión de antecedentes médicos y a la toma de signos vitales, el dentista puede anticiparse a complicaciones y cuidar mejor de cada paciente.
Ser honesto en el consultorio no debería generar vergüenza, sino confianza. Cada dato que compartes ayuda a prevenir hemorragias, infecciones, reacciones alérgicas y otras emergencias que muchas veces pueden evitarse con una buena valoración previa.
Por eso, la próxima vez que vayas al dentista, recuerda que no está haciendo preguntas por curiosidad. Está reuniendo información para atenderte con seguridad. Tu salud bucal también depende de tu sinceridad.
Referencias
[1] Ibáñez Mancera NG. Propedéutica y semiología en odontología. 3ª ed. Ciudad de México: Elsevier; 2026.
[2] Secretaría de Salud. Norma Oficial Mexicana NOM-004-SSA3-2012, Del expediente clínico. Diario Oficial de la Federación; 2012.
[3] Sembawa SN, Dustakir E, Skatawi B, Alsulayhabi N, Alghamdi M. Attitude and awareness of dental patients towards disclosure of medical history to dentists: a cross-sectional study. Front Oral Health. 2026;7:1748465. DOI:10.3389/froh.2026.1748465
[4] California Dental Association. Medical and Dental Health Histories Play a Crucial Role in Reducing Risk. CDA News. 2024.
[5] Li S, Rajapuri AS, Felix Gomez GG, Schleyer T, Mendonca EA, Thyvalikakath TP. How Do Dental Clinicians Obtain Up-To-Date Patient Medical Histories? Modeling Strengths, Drawbacks, and Proposals for Improvements. Front Digit Health. 2022;4:847080. DOI: 10.3389/fdgth.2022.847080



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