El niño que no apaga el cerebro: sueño, conducta y aprendizaje en la primaria

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El niño que no apaga el cerebro: sueño, conducta y aprendizaje en la primaria

Autores

Alejandro Barrón Balderas

Universidad de Guadalajara, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Jalisco, México

Hospital Civil de Guadalajara “Dr. Juan I. Menchaca”, Jalisco, México

Contacto: alejandro.barron9295@academicos.udg.mx

Alejandra Gerardo Kautzman

Instituto de Estudios Superiores de América del Norte

Escuela Primaria Mariano Azuela, Tlaquepaque, Jalisco, México

Verónica Montserrat Chávez Legaspi

Universidad de Guadalajara, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Jalisco, México


Hace treinta años, los niños se dormían cuando el sol se metía. No había televisión en sus habitaciones, mucho menos tabletas o celulares. Hoy en día la historia es completamente diferente. Un niño de primaria típico terminando su horario escolar, hace tareas y come frente a una pantalla, ve videos en su tablet en la cama y se duerme “cuando se duerme” con el teléfono aún bajo la almohada.

Los padres no son malos padres. Simplemente no saben que el sueño no es negociable. No es ni un lujo, ni un premio. Es una necesidad biológica tan importante como comer o respirar. El problema es que la falta de sueño no se ve. No da fiebre, no sangra, no sale en un análisis de sangre. Pero sus efectos están ahí: el niño que no pone atención, el que se enoja por todo, el que se enferma «cada quince días», el que no quiere levantarse. Muchos terminan etiquetados como «distraídos», «flojos» o «mal portados», cuando en realidad lo único que tienen es sueño acumulado. Y a veces, detrás de ese mal dormir, hay una enfermedad que nadie ha diagnosticado.

Figura 1. El niño que no duerme bien no es «malo» ni «flojo»: su cerebro está cansado y eso se nota en su estado de ánimo, su conducta y su rendimiento en la escuela.

¿Qué pasa realmente en el cerebro del niño mientras duerme?

Dormir no es un estado pasivo. Es el momento en que el cuerpo realiza su «mantenimiento preventivo». Para un niño de primaria, esto es aún más importante que para un adulto, porque su cerebro está en pleno desarrollo y su cuerpo crece a un ritmo acelerado.

Durante el sueño profundo, el cerebro activa el sistema linfático, que podemos imaginar como el camión de la basura del cerebro. Este sistema elimina proteínas tóxicas que se acumularon durante el día. Cuando un niño no duerme lo suficiente, esa basura se queda y afecta la concentración, la memoria y el estado de ánimo. El niño que no duerme bien no es «desobediente» o «distraído» porque quiera serlo, sino porque su cerebro no pudo limpiarse durante la noche [1].

La hormona del crecimiento se libera principalmente durante el sueño profundo. Esta hormona no solo hace que los niños crezcan en estatura, sino que también repara tejidos y fortalece los músculos. Un niño que se duerme tarde o que se despierta varias veces en la noche está perdiendo su principal ventana de crecimiento. Durante el sueño, el cerebro también consolida lo aprendido. Por eso, estudiar hasta tarde y dormir poco es contraproducente: el niño que duerme bien aprende más. No es un consejo moral, es bioquímica [1,2].

¿Cuánto debe dormir un niño de primaria?

La Academia Americana de Pediatría y la Organización Mundial de la Salud son claras: un niño de entre 6 y 12 años necesita entre 9 y 12 horas de sueño diario. La realidad en México es preocupante: más del 40% de los niños de primaria duermen menos de nueve horas entre semana. Eso significa que millones de niños van a la escuela con sueño todos los días. El cuerpo no se acostumbra a dormir menos; simplemente empieza a fallar en silencio [1,3].

Los ladrones del sueño en el hogar mexicano

Existen varios factores que roban el sueño de los niños. Las pantallas son el enemigo número uno. La luz azul que emiten engaña al cerebro haciéndole creer que todavía es de día, frenando la producción de melatonina. Un niño que ve una pantalla una hora antes de acostarse puede tardar hasta el doble en quedarse dormido. La recomendación es clara: nada de pantallas una hora antes de dormir, y la cama no es un lugar para ver videos.

La cafeína también es un ladrón silencioso, asi como los refrescos de cola, el té negro, el chocolate amargo y las bebidas energéticas bloquean la señal de activación del sueño. Un niño que toma un refresco después de la comida puede tener dificultades para conciliar el sueño hasta seis horas después. Las cenas pesadas o muy tardías causan reflujo y despertares nocturnos; como consecuencia los horarios irregulares confunden el reloj biológico, provocando el «jet lag social»: el niño llega el lunes a la escuela con el cuerpo en un huso horario diferente [2,3].

Cuando el problema no son solo las pantallas: enfermedades que roban el sueño

No todos los problemas de sueño se resuelven apagando el celular. A veces, detrás de un niño que no duerme bien, que está irritable, que no pone atención o que es desafiante, existe una enfermedad que no ha sido diagnosticada. Dos de las más frecuentes son el asma no controlada y el síndrome de apnea obstructiva del sueño.

El asma es una enfermedad que inflama los bronquios y dificulta la respiración. Muchos padres creen que el asma solo da «ataques» de tos o silbidos en el pecho, pero la realidad es que el asma puede empeorar sobre todo por la noche. Esto se debe a que durante el sueño los bronquios se estrechan de forma natural y si el asma no está bien controlada, el niño puede despertarse tosiendo, con sensación de ahogo o con el pecho apretado. El niño no siempre se despierta por completo; a veces son microdespertares que él no recuerda, pero que fragmentan su sueño y lo dejan cansado al día siguiente. Ese niño llega a la escuela irritable, sin concentración, y puede ser confundido con un niño con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) o con un trastorno oposicionista desafiante. Si tu hijo ronca, tose por la noche o se despierta cansado aunque aparentemente durmió muchas horas, vale la pena preguntar al pediatra si el asma podría estar afectando su sueño.

El síndrome de apnea obstructiva del sueño (SAOS), es otra causa frecuente y poco diagnosticada. En esta condición, las vías respiratorias se obstruyen parcial o completamente durante el sueño. El niño deja de respirar por breves segundos, su cerebro se despierta para recuperar la respiración, y así toda la noche. El niño ronca fuerte, hace pausas al respirar, se mueve mucho en la cama, suda durante el sueño o se despierta con dolor de cabeza. Durante el día, el niño con SAOS no solo está somnoliento, sino que puede ser hiperactivo, impulsivo, agresivo, desafiante y con problemas de atención. ¿Por qué? Porque su cerebro, al no descansar, funciona en modo de alerta constante y eso se traduce en mal comportamiento. Muchos niños diagnosticados con TDAH o con trastorno oposicionista desafiante en realidad tienen SAOS y, cuando se trata, su conducta mejora notablemente.

Si tu hijo ronca todas las noches, tiene pausas al respirar mientras duerme, se despierta con dolor de cabeza o está somnoliento durante el día, no basta con ponerlo a dormir más temprano. Hay que consultar al pediatra. El SAOS tiene tratamiento y, cuando se resuelve, la conducta, la atención y el rendimiento escolar mejoran de forma impresionante [2,3].

El mito del niño malo: conducta y sueño

Uno de los hallazgos más importantes de la investigación del sueño infantil es el siguiente: muchos niños diagnosticados con TDAH o con trastorno oposicionista desafiante en realidad solo tienen sueño crónico o una enfermedad que les roba el sueño. Un adulto con falta de sueño se ve cansado y bosteza. Un niño con falta de sueño se ve completamente diferente: irritable, se enoja por todo, patalea sin motivo, no para quieto, parece «eléctrico», no pone atención, olvida las instrucciones y, en los casos más graves, puede volverse agresivo o golpear a sus compañeros. Muchos padres y maestros confunden estos síntomas con «mal comportamiento». Pero no es que el niño sea malo, es que su cerebro no descansó y está funcionando en modo de emergencia.

Antes de pensar en un problema de conducta o en un trastorno de atención, hay que preguntarse: ¿Este niño duerme lo suficiente? ¿Duerme de corrido? ¿Ronca? ¿Tiene asma que empeora por la noche? ¿Tiene pantallas en su habitación? ¿Toma refresco por la noche? La respuesta a estas preguntas puede ahorrar años de terapias innecesarias y etiquetas que no corresponden [1,3].

La recámara terapéutica

Los adultos podemos dormir casi en cualquier lugar. Los niños no. Ellos necesitan un ambiente diseñado específicamente para dormir. La habitación debe estar oscura, con persianas opacas, y sin luces LED innecesarias. La temperatura ideal está entre 18 y 22 grados. La televisión no debe estar prendida «para que el niño se duerma»; si hay ruido externo, puede usarse ruido blanco constante. Y la regla más importante: nada de pantallas en el cuarto. El niño debe asociar su cama exclusivamente con dormir [3].

Figura 2. Mientras el niño duerme, su cerebro realiza una limpieza profunda: elimina toxinas, consolida lo aprendido y libera hormona del crecimiento. Dormir bien, es parte del aprendizaje.

¿Qué pueden ofrecer los maestros en la escuela?

La higiene del sueño no es responsabilidad exclusiva de la casa. No ayuda dejar mucha tarea para la noche. Tampoco ayudan los horarios escolares extremadamente tempranos. Lo que no ayuda es culpar al niño de distraído o flojo sin preguntar por su sueño. Un maestro bien informado puede marcar la diferencia preguntando a los padres a qué hora se duerme el niño, si ronca o si tiene problemas para respirar por la noche. Esas preguntas pueden abrir una conversación que cambie la vida de un niño [1,2].

¿Cuándo hay que llevar al niño al pediatra?

Hay señales de alarma que requieren evaluación médica. El niño que ronca fuerte, que hace pausas al respirar mientras duerme o que se despierta ahogándose puede tener SAOS. El niño que tose por la noche, que se despierta con el pecho apretado o que tiene silbidos al respirar puede tener asma no controlada. El niño que tiene pesadillas frecuentes o terrores nocturnos que no mejoran con una rutina adecuada puede tener un trastorno del sueño subyacente. Si el niño tiene alguna de estas señales, hay que consultar al pediatra y, en muchos casos, a un especialista en sueño infantil.

Guía práctica para padres en diez pasos

Para los padres que quieren llevar estas recomendaciones a la práctica, aquí hay una guía sencilla. 

  1. Establecer un horario fijo para acostarse y levantarse todos los días. 
  2. Apagar todas las pantallas una hora antes de dormir. 
  3. Ofrecer una cena ligera y temprano. 
  4. Mantener el cuarto oscuro y fresco. 
  5. Seguir una rutina relajante todas las noches: baño caliente, cuento, hablar del día. 
  6. Evitar cualquier bebida con cafeína después de las cuatro de la tarde. 
  7. Usar la cama solo para dormir. 
  8. Asegurar actividad física al aire libre durante el día. 
  9. Evitar siestas largas después de las cuatro de la tarde. 
  10. Observar y registrar: si el niño ronca, se despierta mucho, tose por la noche o está muy somnoliento en el día, consultar al pediatra.

Conclusiones

Dormir bien no es un premio. Es una necesidad fisiológica. Un niño de primaria que duerme menos de nueve horas aprende menos, crece menos, se enferma más seguido, tiene más riesgo de obesidad y puede desarrollar ansiedad y problemas de conducta. La buena noticia es que la mayoría de los problemas de sueño se resuelven sin medicamentos, con rutina, límites claros y un ambiente adecuado.

Para los papás: el sueño de su hijo es su responsabilidad. Un niño de siete años no puede «aprender a autorregular su sueño» si tiene un celular en la mano a las diez de la noche. Los límites los ponemos los adultos. Para los maestros: pregunten por el sueño antes de diagnosticar un problema de conducta o de atención. Un niño que no duerme no es un niño malo. Es un niño cansado. A los médicos les recomendamos: pregunten por el sueño y por los ronquidos en toda consulta. Es tan importante como la alimentación y las vacunas. La salud comienza con un buen descanso. Y un buen descanso comienza esta noche.

Referencias

[1] World Health Organization. Guidelines on physical activity, sedentary behaviour and sleep for children under 5 years of age [Internet]. Geneva: World Health Organization; 2019 [citado 25 de julio de 2026]. Disponible en: https://iris.who.int/handle/10665/311664

[2] Carrillo-Mora, P., Barajas-Martínez, K. G., Sánchez-Vázquez, I., & Rangel-Caballero, M. F. (2018). Trastornos del sueño: ¿qué son y por qué son importantes para el médico general? Revista de la Facultad de Medicina (México), 61(1), 6-22.

[3] Academia Americana de Pediatría. (2016). Recommended amount of sleep for pediatric populations. Pediatrics, 138(2), e20161535.

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