Antioxidantes: Los aliados del cerebro escondidos en lo que consumes

Antioxidantes: Los aliados del cerebro escondidos en lo que consumes

Autores

Isaac Daniel Magdaleno Alvarez

Doctorado en Ciencias Biomédicas, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara

Contacto: isaac.malvarez@alumnos.udg.mx

Jesús Enrique López Barbosa

Doctorado en Ciencias Biomédicas, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara


El Alzheimer es una enfermedad cerebral que suele presentarse con mayor frecuencia en adultos mayores. Se caracteriza por el deterioro progresivo de la memoria y de otras funciones importantes como el lenguaje, la orientación y la capacidad para razonar [1,2,3,4]. Conforme la enfermedad avanza, las personas pueden presentar cada vez más dificultad para recordar información reciente [1,4]. Debido al gran impacto que tiene sobre la calidad de vida de la sociedad, el Alzheimer se ha convertido en una de las enfermedades neurodegenerativas más estudiadas en la actualidad [1,4].

A pesar de los avances científicos, todavía no existe una cura definitiva para esta enfermedad [1,3,4]. Los tratamientos disponibles ayudan principalmente a disminuir algunos síntomas o retrasar parcialmente el avance del deterioro cognitivo, pero no logran detener completamente el daño neuronal [1,4]. Por esta razón, muchos investigadores han comenzado a estudiar alternativas complementarias que puedan contribuir al cuidado de la salud cerebral [1,2,4]. Entre estas alternativas ha surgido un interés por ciertos compuestos naturales presentes en los alimentos, entre ellos, los flavonoides [1,2,5].

Los flavonoides son compuestos naturales que se encuentran en diversos alimentos. Son conocidos principalmente por sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias [1,3,5]. Dentro de este grupo se encuentran las antocianinas, pigmentos responsables de los colores rojos, morados y azulados, los cuales posiblemente presentan efectos importantes sobre la salud [2,5].

En los últimos años, las antocianinas han llamado la atención de los científicos debido a su posible relación con la protección del cerebro [2,5]. Diversas investigaciones sugieren que estos compuestos podrían ayudar a disminuir algunos procesos relacionados con el envejecimiento cerebral y con enfermedades neurodegenerativas [1,2,5].

Para entender por qué las antocianinas podrían ser importantes, es necesario conocer algunos procesos relacionados con el Alzheimer. Actualmente, una de las principales teorías sobre esta enfermedad propone que existe una acumulación de proteínas anormales, principalmente beta-amiloide y proteína tau, dentro del cerebro [1,3,4]. Estas sustancias forman conglomerados y otras estructuras que alteran la comunicación neuronal y favorecen el daño celular [1,3]. Como consecuencia, las conexiones neuronales comienzan a deteriorarse, lo que se relaciona con problemas de memoria, aprendizaje y otras alteraciones cognitivas características del Alzheimer [1,4].

Además de la acumulación de proteínas dañinas, el Alzheimer también presenta otros procesos importantes como el estrés oxidativo y la inflamación cerebral [1,3,5)]. Ambos contribuyen al deterioro progresivo de las neuronas [1,3]. El estrés oxidativo ocurre cuando existe un desequilibrio entre la producción de radicales libres y la capacidad del cuerpo para neutralizarlos [1,5]. Los radicales libres son moléculas inestables que pueden dañar proteínas, grasas y ADN dentro de las células [1,5].

Una manera sencilla de entender el estrés oxidativo es pensar en cómo un metal se oxida cuando permanece mucho tiempo expuesto al ambiente. Algo parecido sucede en las células del cuerpo. Con el paso de los años, este daño puede acumularse y afectar el funcionamiento normal de diferentes tejidos [1,5].

Diversos estudios han mostrado que las antocianinas y otros flavonoides pueden actuar como antioxidantes [1,2,5]. Esto significa que ayudan a reducir el daño causado por los radicales libres y apoyan los mecanismos de defensa del organismo [1,5]. También se ha observado que los flavonoides participan en procesos relacionados con la comunicación neuronal, la memoria y la supervivencia de las neuronas [1,3,5].

Otro aspecto importante del Alzheimer es la inflamación cerebral. En el cerebro existen células llamadas microglía y astrocitos, cuya función es proteger el tejido nervioso [1,3]. Sin embargo, durante la enfermedad estas células pueden activarse de manera excesiva y liberar sustancias inflamatorias que terminan agravando el daño neuronal [1,3,5]. Algunas investigaciones sugieren que las antocianinas podrían ayudar a disminuir esta respuesta inflamatoria y reducir parte del daño [2,5].

Además de sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, las antocianinas parecen relacionarse con la plasticidad neuronal [1,5]. La plasticidad es la capacidad del cerebro para adaptarse, formar nuevas conexiones entre neuronas y responder a diferentes estímulos, siendo un proceso fundamental para el aprendizaje y la memoria. [1,3]. Cuando la plasticidad neuronal disminuye, las capacidades cognitivas también pueden verse afectadas [1,4].

Se ha observado que ciertos flavonoides podrían favorecer la comunicación entre neuronas y estimular mecanismos relacionados con la memoria [1,3]. Esto es importante porque el Alzheimer afecta regiones cerebrales encargadas del aprendizaje y la memoria, como el hipocampo [1,4]. Mantener la comunicación neuronal en buenas condiciones podría ayudar a retrasar parcialmente algunos cambios asociados con el deterioro cognitivo [1,3].

En modelos animales se ha observado que las dietas ricas en flavonoides pueden mejorar el aprendizaje y el rendimiento en pruebas de memoria [2,4,5]. Algunos estudios realizados en ratones con características similares al Alzheimer mostraron una disminución en el daño oxidativo y una reducción en la acumulación de ciertas proteínas dañinas después del consumo de compuestos ricos en antocianinas [2,5].

También se ha señalado que los flavonoides poseen propiedades neuroprotectoras y pueden actuar sobre diferentes mecanismos relacionados con el Alzheimer al mismo tiempo [1,2,3]. Por ejemplo, ayudan a disminuir el estrés oxidativo, reducen procesos inflamatorios y participan en la regulación de la muerte celular [1,3,5].

Aunque muchos resultados experimentales son prometedores, la evidencia en humanos es limitada [2,4,5]. Algunos estudios han encontrado que las personas que consumen regularmente frutas y verduras presentan menor riesgo de deterioro cognitivo [4,5]. También se ha observado que adultos mayores con dietas ricas en flavonoides pueden obtener mejores resultados en pruebas de memoria y atención [1,4]. Sin embargo, esto no significa que las antocianinas curen el Alzheimer o impidan completamente su aparición [2,4].

Otra posible explicación de los efectos positivos de los flavonoides sobre el cerebro tiene relación con el flujo sanguíneo cerebral [1,4]. El cerebro necesita un suministro constante de oxígeno y nutrientes para funcionar adecuadamente [4]. La evidencia disponible sugiere que los flavonoides podrían favorecer la circulación sanguínea y mejorar la función vascular, permitiendo una mejor irrigación del tejido nervioso [1,4,5].

El cerebro puede compararse con una ciudad conectada por carreteras, cuando las rutas funcionan bien, la comunicación también lo hace, pero cuando los caminos se deterioran, comienzan a surgir problemas en distintas zonas. Algo parecido ocurre en el cerebro cuando disminuye el flujo sanguíneo o se dañan las conexiones neuronales. Las antocianinas podrían ayudar a mantener estas “rutas” en mejores condiciones y apoyar el funcionamiento cerebral [1,4].

Otro aspecto interesante es que algunos flavonoides pueden atravesar la barrera hematoencefálica, una estructura que protege al cerebro del paso de sustancias potencialmente dañinas [1,3,5]. Esto significa que ciertos compuestos presentes en los alimentos podrían llegar directamente al tejido cerebral y ejercer sus efectos de manera más directa [1,5].

A pesar de todos estos hallazgos, aún existen varias limitaciones importantes. Una de ellas es que muchos estudios se han realizado en animales y no siempre los resultados pueden aplicarse en humanos [2,4,5]. Además, en algunos experimentos las cantidades de flavonoides utilizadas son mayores a las que normalmente se consumen mediante la alimentación diaria [2,5].

Otro punto importante es que el Alzheimer es una enfermedad multifactorial. Aunque las antocianinas puedan ayudar a disminuir ciertos procesos dañinos, esto no garantiza que detengan completamente el avance de la patología [1,2,4].

Actualmente continúan realizándose investigaciones para entender mejor cómo funcionan las antocianinas y cuáles podrían ser las dosis adecuadas [2,5]. También se estudia si se pudiesen combinar con otros tratamientos o utilizarse en alimentos funcionales y suplementos [2,4,5]. Sin embargo, se necesitan más estudios clínicos en humanos para confirmar sus beneficios reales en pacientes con Alzheimer [2,4].

Aunque consumir frutas ricas en antocianinas puede ser beneficioso para la salud, esto no reemplaza la atención médica ni garantiza la prevención total de enfermedades neurodegenerativas [2,4]. Lo más recomendable es mantener hábitos saludables de manera general [4].

Conclusiones

En conclusión, las antocianinas podrían ayudar a proteger el cerebro gracias a sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias [1,2,5]. La evidencia científica sugiere que estos compuestos pueden participar en procesos relacionados con la memoria, la comunicación neuronal y la protección frente al daño celular [1,3,5]. Sin embargo, la mayor parte de la información disponible proviene de estudios experimentales y no existe evidencia suficiente para considerarlas un tratamiento definitivo contra el Alzheimer [2,4,5].

Por el momento, el principal beneficio de las antocianinas parece estar relacionado con formar parte de una alimentación equilibrada y saludable [4,5]. Consumir frutas y verduras ricas en estos compuestos, junto con hábitos como el ejercicio, el descanso adecuado y la estimulación mental, puede contribuir al cuidado de la salud cerebral [4]. Aunque aún falta investigar más, las antocianinas representan una opción prometedora para proteger el cerebro durante el envejecimiento [1,2,5].

Referencias

[1] Calderaro A, Patanè GT, Tellone E, Barreca D, Ficarra S, Misiti F, et al. The neuroprotective potentiality of flavonoids on Alzheimer’s disease. Int J Mol Sci. 2022;23(23):14835.

[2] Suresh S, Begum RF, Singh AS, Chitra V. Anthocyanin as a therapeutic in Alzheimer’s disease: a systematic review of preclinical evidences. Ageing Res Rev. 2022;76:101595.

[3] Minocha T, Birla H, Obaid AA, Rai V, Sushma P, Shivamallu C, et al. Flavonoids as promising neuroprotectants and their therapeutic potential against Alzheimer’s disease. Oxid Med Cell Longev. 2022;2022:6038996. doi:10.1155/2022/6038996.

[4] El Gaamouch F, Chen F, Ho LH, Lin HY, Yuan C, Wong J, et al. Benefits of dietary polyphenols in Alzheimer’s disease. Front Aging Neurosci. 2022;14:1019942.

[5] Zaa CA, Marcelo ÁJ, An Z, Medina-Franco JL, Velasco-Velázquez MA. Anthocyanins: molecular aspects on their neuroprotective activity. Biomolecules. 2023;13(11):1598.


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