Autores
Luis Daniel López Murillo
Doctorado en Ciencias, Departamento de Fisiología, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara
Contacto: luis.lopez0239@academicos.udg.mx
Abril Anatomy Espinosa Herrera
Licenciatura en Médico Cirujano y Partero, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara
Ricardo Orozco Martínez
Licenciatura en Médico Cirujano y Partero, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara
¿Has olvidado alguna vez dónde dejaste las llaves o el nombre de alguien que acabas de conocer? Aunque estos episodios forman parte de la vida cotidiana, el interés por preservar la función cognitiva ha aumentado considerablemente. En este contexto, la investigación científica ha puesto atención en un hongo comestible de larga tradición en Asia: Hericium erinaceus, conocido como “Melena de León” por su característica apariencia blanca y filamentosa.
Más allá de su valor gastronómico, este hongo ha despertado interés por sus posibles efectos sobre la salud cerebral y metabólica. Diversos estudios publicados en los últimos cinco años han explorado sus mecanismos de acción y su potencial impacto en enfermedades neurodegenerativas y alteraciones metabólicas.
Un hongo con historia y sabor
El Hericium erinaceus ha sido utilizado durante siglos en la medicina tradicional asiática tanto por sus propiedades culinarias como por sus efectos atribuidos a la salud general. Su textura se ha comparado con la de algunos mariscos y su consumo es común en diversas preparaciones gastronómicas (Figura 1).

Lo que ha captado la atención de la comunidad científica moderna son sus compuestos bioactivos, particularmente las erinacinas (presentes principalmente en el micelio) y los hericenones (aislados del cuerpo fructífero). Estas moléculas han demostrado actividad biológica relevante en modelos experimentales recientes.
¿Cómo funciona? El cerebro como un jardín que necesita cuidados
Para comprender su mecanismo de acción, es útil recordar que la función cognitiva depende de la integridad de las neuronas y de sus conexiones. Diversos estudios han mostrado que compuestos derivados de Hericium erinaceus pueden estimular vías relacionadas con la plasticidad neuronal.
Un estudio publicado en 2023 demostró que derivados de hericerinas activan una vía neurotrófica convergente en ERK1/2, promoviendo el crecimiento neuronal y mejorando la memoria espacial en modelos animales [1]. Estos efectos se asocian con la estimulación de factores neurotróficos, proteínas esenciales para la supervivencia y diferenciación neuronal.
Además de promover la plasticidad, las erinacinas también parecen modular la respuesta inflamatoria del sistema nervioso. En 2024, se describió que estos compuestos reducen la activación excesiva de la microglía en modelos de enfermedad de Alzheimer bajo estrés metabólico, disminuyendo marcadores inflamatorios y daño neuronal [2].
Otro mecanismo relevante es su acción antioxidante. Estudios recientes demostraron que nuevas erinacinas activan la vía dependiente de Nrf2, promoviendo la expresión de enzimas antioxidantes en modelos de lesión cerebral traumática leve in vivo [3]. Esta activación contribuye a contrarrestar el estrés oxidativo, un proceso implicado en el envejecimiento cerebral y diversas enfermedades neurodegenerativas (Figura 2).

El viaje al cerebro: ¿Llegan realmente estos compuestos?
Una interrogante clave es si estos compuestos alcanzan efectivamente el sistema nervioso central tras su administración oral. La barrera hematoencefálica limita el paso de numerosas sustancias; sin embargo, estudios farmacocinéticos recientes han aportado información relevante.
En 2021 se evaluó la biodisponibilidad de la erinacina A en modelos animales. Los resultados mostraron que este compuesto puede detectarse en tejido cerebral tras su administración oral, alcanzando concentraciones máximas aproximadamente ocho horas después, con una fracción significativa de absorción sistémica [4]. Estos hallazgos respaldan la plausibilidad biológica de sus efectos centrales.
¿Qué dice la ciencia sobre su efecto en humanos?
Aunque la mayor parte de la evidencia proviene de modelos experimentales, también existen investigaciones clínicas preliminares. En estudios recientes se ha explorado su potencial como modulador de procesos inflamatorios y neurodegenerativos.
Por ejemplo, investigaciones publicadas en 2022 demostraron que la erinacina A puede reducir la activación glial inducida por lipopolisacáridos y proteger neuronas dopaminérgicas frente a daño inflamatorio tanto in vitro como in vivo [5]. Aunque estos datos siguen siendo preclínicos, aportan bases mecanísticas relevantes.
En humanos, los estudios disponibles son aún limitados en tamaño muestral y duración. Los resultados sugieren posibles beneficios modestos en parámetros cognitivos, pero todavía no existen ensayos clínicos amplios que permitan establecer conclusiones definitivas sobre eficacia terapéutica.
Por ello, actualmente no puede considerarse un tratamiento para enfermedades neurodegenerativas, sino un área de investigación prometedora que requiere estudios clínicos más robustos.
Más allá del cerebro: efectos sobre la glucosa en la sangre
Algunos modelos experimentales han mostrado que las erinacinas podrían influir también en parámetros metabólicos. En contextos de estrés metabólico asociado a enfermedad neurodegenerativa, se ha observado reducción de marcadores inflamatorios sistémicos y mejoras en parámetros relacionados con glucosa e insulina [2].
Se han propuesto mecanismos como la modulación de la inflamación sistémica, la regulación de la microbiota intestinal y la acción de polisacáridos como los β-glucanos. No obstante, hasta el momento no existen ensayos clínicos específicos que respalden su uso para el tratamiento de diabetes o trastornos metabólicos en humanos.
Aplicaciones prácticas y limitaciones actuales
Actualmente, Hericium erinaceus se comercializa como suplemento dietético orientado al bienestar cognitivo. La evidencia preclínica sugiere potencial como terapia complementaria en procesos neurodegenerativos o en deterioro cognitivo leve.
Sin embargo, deben considerarse varias limitaciones:
- Falta de estandarización: Los extractos disponibles varían en composición y concentración de compuestos activos. No todos contienen cantidades equivalentes de erinacinas o hericenones.
- Dosis no establecidas: No existen recomendaciones basadas en ensayos clínicos amplios que definan dosis óptimas en humanos.
- Evidencia clínica limitada: La mayoría de los datos proviene de estudios experimentales. Los ensayos en humanos son escasos y de corta duración.
- Seguridad: Aunque generalmente se reporta buena tolerabilidad, pueden presentarse molestias gastrointestinales leves o reacciones alérgicas en casos aislados. Se recomienda precaución en personas con enfermedades crónicas o que utilicen otros medicamentos.
El lado humano de la investigación
El estudio de Hericium erinaceus ejemplifica la integración entre conocimiento tradicional y metodología científica moderna. Investigadores en neurociencias, farmacología y biología molecular continúan explorando sus compuestos activos mediante modelos experimentales avanzados, incluyendo estudios mecanísticos y análisis moleculares.
Estos esfuerzos buscan determinar si los efectos observados en laboratorio pueden traducirse en beneficios clínicos reales y sostenidos.
¿Qué nos depara el futuro?
Las preguntas pendientes incluyen:
- ¿Cuáles son las dosis seguras y efectivas en distintas poblaciones?
- ¿Qué formulaciones presentan mayor biodisponibilidad?
- ¿Puede influir de manera significativa en la progresión de enfermedades neurodegenerativas?
- ¿Existen beneficios metabólicos clínicamente relevantes?
Responderlas requerirá ensayos clínicos controlados, con mayor tamaño muestral y seguimiento prolongado.
Conclusones: promesa y prudencia
El Hericium erinaceus representa un ejemplo interesante del potencial terapéutico de compuestos naturales. La evidencia experimental demuestra que sus bioactivos pueden estimular vías neurotróficas, modular la inflamación y activar mecanismos antioxidantes.
No obstante, es fundamental mantener una perspectiva equilibrada. Los hallazgos actuales son prometedores, pero aún insuficientes para establecer indicaciones clínicas formales. Mientras la investigación avanza, su uso debe considerarse complementario y no sustitutivo de tratamientos médicos establecidos.
La ciencia continúa explorando los secretos de este hongo, y futuros estudios determinarán con mayor precisión su verdadero impacto en la salud cerebral y metabólica.
Referencias
[1] Martínez-Mármol R, Chai YJ, Conroy J, et al. Hericerin derivatives activate a pan-neurotrophic pathway in central hippocampal neurons converging to ERK1/2 signaling enhancing spatial memory. J Neurochem. 2023;165(1):79-94. doi:10.1111/jnc.15767.
[2] Bui VT, Wu KW, Chen CC, et al. Exploring the synergistic effects of erinacines on microglial regulation and Alzheimer’s pathology under metabolic stress. CNS Neurosci Ther. 2024;30(12):e70137. doi:10.1111/cns.70137.
[3] Lee KF, Hsieh YY, Tung SY, et al. The cerebral protective effect of novel erinacines from Hericium erinaceus mycelium on mild traumatic brain injury via Nrf2-dependent pathways. Antioxidants. 2024;13(3):371. doi:10.3390/antiox13030371.
[4] Tsai PC, Wu YK, Hu JH, et al. Preclinical bioavailability, tissue distribution, and protein binding studies of erinacine A, a bioactive compound from Hericium erinaceus mycelia using validated LC-MS/MS method. Molecules. 2021;26(15):4510. doi:10.3390/molecules26154510.
[5] Lee SL, Hsu JY, Chen TC, et al. Erinacine A prevents lipopolysaccharide-mediated glial cell activation to protect dopaminergic neurons against inflammatory factor-induced cell death in vitro and in vivo. Int J Mol Sci. 2022;23(2):810. doi:10.3390/ijms23020810.



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