Autores
Laura Elena Rea Mercado
Departamento de Microbiología y Patología, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara, Sierra Mojada 950, Col. Independencia, C.P. 44340, Guadalajara, Jal.
Instituto de Investigación en Cáncer de la Infancia y la Adolescencia, Departamento de Clínicas de la Reproducción Humana, Crecimiento y Desarrollo Infantil, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara, Sierra Mojada 950, Col. Independencia, C.P. 44340, Guadalajara, Jal.
Departamento de Clínicas Odontológicas Integrales, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara, Sierra Mojada 950, Col. Independencia, C.P. 44340, Guadalajara, Jal.
Karen Margarita Hernández González
Departamento de Microbiología y Patología, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara, Sierra Mojada 950, Col. Independencia, C.P. 44340, Guadalajara, Jal.
Centro de Investigación en Enfermedades Infectocontagiosas, Departamento de Microbiología y Patología, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara, Sierra Mojada 950, Col. Independencia, C.P. 44340, Guadalajara, Jal.
Julio César Villegas Pineda
Laboratorio de Investigación en Cáncer e Infecciones, Departamento de Microbiología y Patología, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara, Sierra Mojada 950, Col. Independencia, C.P. 44340, Guadalajara, Jal.
Contacto: julio.villegas@academicos.udg.mx
Imagina que dentro de tu boca existe una pequeña ciudad llena de microorganismos: bacterias, hongos, virus y más, que conviven en un delicado equilibrio. Aunque no los veas, estos habitantes silenciosos pueden cambiar la forma en que tu cuerpo procesa el azúcar. En particular, cuando el equilibrio de esa comunidad se rompe, puede desencadenar inflamación y, sin que lo notes, tu organismo comienza a responder inadecuadamente a la insulina, la hormona encargada de equilibrar el azúcar en la sangre. Eso es parte de lo que ocurre en la diabetes tipo 2 (DT2) (1).
Pero ¿Cómo influye esta “micro-ciudad” en un proceso tan complejo como el metabolismo del azúcar? Las investigaciones más recientes han revelado que este desequilibrio, conocido como disbiosis, puede ser un factor clave para la resistencia a la insulina (RI). Ya que afecta procesos moleculares esenciales para que la insulina funcione correctamente, y esta alteración puede provocar un incremento en la RI. Por ejemplo, la microbiota que vive en la saliva de personas con enfermedades de las encías como la periodontitis, tiene el potencial de afectar al sistema inmune, provocando una respuesta que genera inflamación sistémica, influyendo directamente en la capacidad del cuerpo para responder a la insulina (1). Además, se ha identificado que ciertos microorganismos específicos pueden contribuir a estos trastornos metabólicos y se han relacionado con alteraciones en la secreción de insulina (2). Esto significa que la salud de tu boca y sus microorganismos están íntimamente ligados a la manera en que tu cuerpo procesa el azúcar, estableciendo una conexión sistémica que va más allá de la cavidad oral.
A lo largo de este artículo, te invitamos a conocer cómo funciona esta “micro-ciudad” bucal, quiénes viven allí y de qué manera su influencia puede cambiar cómo tu cuerpo procesa el azúcar.
Entendiendo la resistencia a la insulina: Cuando la «llave» no funciona
Cada célula en tu cuerpo funciona como una pequeña fábrica que produce proteínas, carbohidratos, ácidos nucleicos y otras moléculas esenciales para su función y, en consecuencia, para mantener la vida. Para realizar estos procesos, la célula requiere energía, la cual obtiene al absorber nutrientes de nuestra alimentación. Tras descomponer estos nutrientes, la glucosa se convierte en el principal combustible de nuestras células. Sin embargo, para que el azúcar pueda ser absorbido por ellas, es necesaria la acción de la insulina, una hormona que funciona como una llave, permitiendo que la glucosa entre en las células y sea utilizada.
Pero ¿qué pasa cuando la cerradura de esa puerta no funciona correctamente y la insulina no puede abrirla? Esto se conoce como RI (Figura 1), un trastorno que eleva los niveles de glucosa en sangre (hiperglucemia) y, con el tiempo, puede causar condiciones más graves como la DT2. Durante mucho tiempo, la RI se ha asociado principalmente con factores como la dieta, falta de ejercicio y obesidad. Sin embargo, investigaciones recientes señalan un actor inesperado en esta compleja historia: los pequeños habitantes de la “micro-ciudad” en nuestra boca (1).

Los pequeños habitantes: La microbiota oral y su equilibrio
Es fácil olvidar que, además de dientes y lengua, tu boca es hogar de millones de microorganismos. Este conjunto diverso se conoce como microbiota oral (MO). En su estado de equilibrio, esta comunidad convive en armonía, protegiendo activamente tu salud al defenderte de patógenos externos. Esta relación no es casualidad; es el resultado de un delicado balance entre distintas especies que se apoyan y regulan mutuamente. La salud oral, entonces, no es solo la ausencia de enfermedad, sino la presencia de un ecosistema microbiano funcional, cuya estabilidad es clave para el bienestar general de la «micro-ciudad» bucal (3).
Cuando está en equilibrio actúa como un ejército silencioso que contribuye a la salud del cuerpo. Por ejemplo, ciertas bacterias beneficiosas, como las nitratoreductoras, son expertas en convertir los nitratos de las verduras en nitritos, que el cuerpo utiliza para producir óxido nítrico. Esta molécula es un potente antimicrobiano y fundamental para relajar vasos sanguíneos, lo que ayuda a regular la presión arterial y mejorar la salud cardiovascular. Además, este ecosistema balanceado ayuda a «educar» al sistema inmunológico. La exposición constante a una comunidad microbiana diversa y estable ayuda a entrenar las defensas del cuerpo para que reaccionen de manera adecuada, lo que puede prevenir una inflamación excesiva y sistémica.
Sin embargo, este equilibrio puede alterarse como en la enfermedad periodontal y los efectos pueden sentirse más allá de la boca. En un estudio (3) se analizaron muestras salivales de personas con DT2 y distintos grados de enfermedad periodontal. Encontraron que, a medida que esta empeoraba, cambiaba la composición de las bacterias bucales. Algunas bacterias que normalmente están presentes en la boca disminuían, mientras que otras, relacionadas con la inflamación, aumentaban. Estos cambios en la MO pueden contribuir a la inflamación en las encías y afectar la salud general. Los hallazgos sugieren que la progresión de la periodontitis en pacientes diabéticos puede asociarse con cambios específicos en la MO, lo que resalta la importancia de mantener un equilibrio microbiano saludable para prevenir complicaciones orales y sistémicas.
Además, estudios muestran que ciertos microorganismos orales como Fusobacterium o Tannerella, suelen estar más presentes en personas con alteraciones metabólicas. Es como si algunos habitantes de la “ciudad bucal” enviaran señales que dificultan la comunicación de la insulina con los órganos que deben responder a ella. Esto refuerza la idea de que la boca no solo es un espejo de tu salud interna, sino que también puede estar influyendo en cómo tu cuerpo controla el azúcar (2).
La conexión oculta: De la boca a la inflamación sistémica
Varios estudios han demostrado que la disbiosis en la MO puede favorecer el desarrollo de enfermedades como la periodontitis, que se caracteriza por la pérdida progresiva del tejido que sostiene los dientes. A pesar de parecer una condición localizada, este daño al tejido puede actuar como una «puerta de entrada» para las bacterias patógenas de la boca. Al migrar al torrente sanguíneo, estos microorganismos y sus productos son detectados por células de tu sistema inmune, descencadenando una serie de eventos que provocan una condición de inflamación sistémica (4).
Esta inflamación, aunque relativamente imperceptible en un inicio, se convierte en un estado de alerta constante para el cuerpo, que se puede medir por la producción continua de moléculas llamadas citocinas proinflamatorias. Su circulación constante daña al receptor (cerradura) que la insulina necesita para permitir que la glucosa ingrese en las células (5).
La circulación anormal y crónica de azúcar favorece el daño a células y tejidos, aportando aún más al estado inflamatorio del organismo y con el tiempo, la capacidad del sistema inmunológico para reaccionar ante patógenos se ve limitada. Por ejemplo, se ha observado que los neutrófilos (células que se encargan de patrullar en busca de bacterias) pierden precisión en sus movimientos y fuerza en su capacidad de atrapar microorganismos. En otras palabras, el mismo proceso que impulsa la progresión de la periodontitis debilita a las células encargadas de contenerla, generando un ciclo de retroalimentación en el que la inflamación bucal y la RI se potencian mutuamente (Figura 2) (5).

Conclusiones: Un mensaje para la prevención y la salud integral
Ahora que sabemos que la salud de nuestra «micro-ciudad» bucal está conectada con la salud de nuestro metabolismo, la pregunta es: ¿qué podemos hacer? La buena noticia es que, las acciones de prevención son sencillas y se centran en el cuidado diario. Mantener una higiene bucal adecuada (con un buen cepillado, uso de hilo dental y visitas regulares al dentista) es importante para evitar desequilibrio en la microbiota que puede llevar a la periodontitis.
Con base en la evidencia, la estrategia más importante es la atención odontológica, especialmente en pacientes con diabetes o en riesgo de desarrollarla. La investigación muestra que el tratamiento de la periodontitis no solo mejora la salud de las encías, sino que también contribuye a un mejor control de los niveles de azúcar en la sangre (5).
Otro factor clave es la dieta; imagínala como el menú que le ofreces a tu «micro-ciudad». Si la alimentas con un exceso de azúcares, carbohidratos refinados y alimentos ultraprocesados, estás dando el banquete perfecto a los microorganismos que causan enfermedades orales e inflamación, lo que desordena a toda la comunidad. Por el contrario, si ofreces un menú rico en vegetales llenos de vitaminas, minerales y nitratos; ayudas al crecimiento de las bacterias beneficiosas que protegen tu salud. Son estos «buenos vecinos» quienes ayudan a que tu cuerpo funcione mejor, beneficiando no solo a tu boca sino a tu bienestar general.
Al final, la conexión entre tu boca y el resto del cuerpo es innegable. La salud oral es pilar fundamental en la prevención de enfermedades sistémicas como la diabetes. Con cada cepillado, uso de hilo dental y visita al dentista, estás tomando una medida proactiva que beneficia a tu salud de manera integral. Recuerda: tu bienestar general comienza con el primer paso… y ese paso está en tu boca… y en tu microbiota.
Referencias
[1] He J, Shen X, Fu D, Yang Y, Xiong K, Zhao L, et al. Human periodontitis-associated salivary microbiome affects the immune response of diabetic mice. J Oral Microbiol. 2022;14(1):2107814.
[2] Chang YR, Cheng WC, Hsiao YC, Su GW, Lin SJ, Wei YS, et al. Links between oral microbiome and insulin resistance: involvement of MAP kinase signaling pathway. Biochimie. 2023;214:134-44.
[3] Gu M, Ge J, Pan Q, Hu N, Hua F. Salivary microbiome variations in type 2 diabetes mellitus patients with different stages of periodontitis. BMC Oral Health. 2024;24(1):1424.
[4] Hajishengallis G, Chavakis T. Local and systemic mechanisms linking periodontal disease and inflammatory comorbidities. Nat Rev Immunol. 2021;21(7):426-40.
[5] Shinjo T, Nishimura F. The bidirectional association between diabetes and periodontitis, from basic to clinical. Jpn Dent Sci Rev. 2024;60:15-21.



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