Autores
Alejandro Barrón Balderas
Hospital Civil de Guadalajara “Dr. Juan I. Menchaca”, Jalisco, México
Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara, Jalisco, México
Contacto: alejandro.barron9295@academicos.udg.mx
Alejandra Gerardo Kautzman
Escuela Primaria Mariano Azuela, Tlaquepaque, Jalisco, México
Verónica Montserrat Chávez Legaspi
Médico pasante del Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara, Jalisco, México
Hace unas décadas, los charlatanes de la salud eran fáciles de reconocer: vendían remedios milagrosos en plazas públicas o folletos rudimentarios. Hoy, el panorama es diferente. El «Dr. Internet» viste una bata impecable, graba videos en alta definición, usa términos científicos complejos y acumula millones de reproducciones en TikTok, Instagram o YouTube.
Para cualquier persona, e incluso para un estudiante de ciencias de la salud que va empezando, es muy fácil caer en la trampa. Tendemos a pensar que si alguien habla con seguridad, tiene un consultorio estético y miles de seguidores, automáticamente es un experto.
Sin embargo, las redes sociales tienen una trampa: los algoritmos premian el miedo, las soluciones mágicas y la certidumbre absoluta. La medicina real no funciona así; la ciencia está llena de matices, dudas y estudios que toman años. El peligro actual no es solo el creador de contenido que promueve un medicamento dudoso o una planta medicinal; el riesgo real viene de las personas que inflan o inventan títulos académicos para recetar medicamentos, suspender tratamientos o dar diagnósticos graves sin tener la autorización legal ni la preparación para hacerlo [1,2].

Cuando la mentira salta de la pantalla al consultorio
Lo que pasa en internet tiene consecuencias graves en el mundo real. Tres ejemplos claros documentados en nuestro país nos muestran la dimensión de este problema:
- El mercado de la salud mental: Recientemente se expuso el caso de una licenciada en derecho que operaba en un hospital privado haciéndose pasar por psiquiatra y neurocientífica, inventando títulos de universidades como Harvard u Oxford. Lo grave es que llegó a diagnosticar patologías graves como la esquizofrenia y a recetar medicamentos controlados que alteran el sistema nervioso. La desesperación por encontrar ayuda rápida en salud mental puede hacernos confiar en falsas promesas como «curar la depresión en ocho días».
- El «Especialista en Todo»: Es común ver en redes o publicidad médica de perfiles que presumen combinaciones imposibles: «Pediatra, Cardiólogo, Neumólogo e Internista», «Especialista en niños, adultos y embarazos» o «Neurólogo, Neurocirujano y Psiquiatra». Lograr una sola de estas especialidades toma entre 9 y 13 años de estudio hospitalario intensivo. Al revisar los registros oficiales, resulta que estas personas solo tienen el título de Médico General (o a veces ni eso). Inventan credenciales para cobrar consultas caras y atender problemas para los que no están capacitados.
- Clínicas clandestinas y tratamientos «milagro»: En la zona metropolitana de Guadalajara se han clausurado establecimientos y farmacias irregulares que ofrecían sueros «vitamínicos» o «inyecciones milagrosas de células madre». Tras los análisis sanitarios, se descubrió que los productos contenían tejido biológico de animales, poniendo a los pacientes en riesgo de infecciones mortales o alergias graves.
El paciente que ya no confía
Los casos anteriores muestran el lado más visible del fraude, pero existe una situación mucho más frecuente y silenciosa: el paciente o familiar que llega a la consulta con la cabeza llena de desinformación, saboteando la relación médico-paciente, te expongo 3 escenarios reales.
Escenario 1, La historia clínica secuestrada: Un niño con diarrea persistente. La madre ha consumido decenas de videos sobre «moho intestinal» y «limpieza de toxinas». Al intentar realizar el interrogatorio médico, ella interrumpe continuamente: “¿Y si es un hongo?”, “¿Ya le hicieron el estudio de metales pesados?”. El síntoma real se mezcla con interpretaciones absurdas de internet, alargando la consulta, entorpeciendo el diagnóstico y haciendo sentir a la madre que el médico «no la escucha» porque este intenta poner orden racional.
Escenario 2, El abandono de tratamiento: El paciente asmático que dejó los corticoides inhalados porque un influencer dijo que «los esteroides son malos»; el niño con epilepsia cuyas crisis regresaron porque su familia cambió la medicación por gotitas recomendadas en Facebook; o el paciente que abandona terapias biológicas por «lo natural». Cuando regresan al hospital en crisis, el sistema de salud y la familia asumen un alto costo humano y económico por decisiones basadas en un video de sesenta segundos.
Escenario 3, El juicio que empezó con un like: La desinformación no solo enferma, también demanda. El médico que prescribe basándose en la mejor evidencia científica y se niega a dar antibióticos innecesarios para una gripa viral y se convierte en un blanco. El familiar, influenciado por discursos como «la medicina convencional no sirve» o «los médicos solo buscan ganar dinero con las farmacéuticas», asume que cualquier desenlace médico adverso (propio de la naturaleza de la enfermedad) es una negligencia. Las demandas actuales ya no argumentan solo un error técnico, sino frases como: «el doctor no me tomó en serio cuando le mencioné lo que vi en internet».
El flujo de trabajo roto de la consulta
En la práctica real, el proceso de atención médica se ve constantemente interrumpido por lo que llamamos interferencias digitales:
- Interrogatorio: El paciente responde según lo que leyó en internet y no según sus síntomas reales, lo que provoca un diagnóstico tardío o equivocado.
- Examen físico: El paciente exige estudios innecesarios (de parásitos ocultos o intolerancias raras), generando sobrecarga y costos innecesarios al sistema.
- Indicación de tratamiento: Se rechaza el tratamiento indicado porque el paciente «vio algo mejor» en redes, resultando en un abandono de la terapia.
- Seguimiento: El paciente modifica dosis o añade «remedios naturales» sin avisar, causando interacciones medicamentosas o toxicidad.
Al intentar corregir esto, el médico enfrenta una paradoja: si dedica la consulta a desmentir el internet, el sistema colapsa por falta de tiempo; si no lo hace, el paciente se va desinformado y en riesgo.
Tres banderas rojas para detectar a un falso experto
Para darnos cuenta de si un perfil en internet es sospechosos, basta con poner atención a estas tres señales [1,2,3]:
- Demasiados títulos inconexos: Si alguien afirma ser especialista en áreas que pertenecen a troncos de estudio completamente distintos (operar cerebros, atender partos y ver niños), dude inmediatamente. El que afirma ser experto en todo, no es especialista en nada.
- El «efecto vitrina» en la biografía: Las redes aguantan todo. Frases como «Estudios en Harvard» o «Avalado por la OMS» muchas veces esconden un curso en línea de diez horas que cualquiera puede pagar y tomar desde su computadora.
- Curas definitivas sin matices: Un médico honesto usa frases como: «La evidencia sugiere…» o «Vamos a evaluar el riesgo/beneficio…». El falso experto habla en absolutos: «Siempre», «Nunca», «Cura garantizada en tres días» o «Lo que tu médico te esconde».

¿Qué hacer en la consulta?
Para minimizar el daño de la desinformación en una consulta regular, podemos aplicar tres acciones:
- Validar sin avalar: Decir al paciente: «Es bueno que te informes, pero no todo internet es confiable. Vamos a ver qué aplica exactamente a tu caso». Así se siente escuchado y no atacado.
- Preguntas filtro: Ante la duda del paciente, preguntar: “¿Ese video mencionaba la dosis exacta?” o “¿El estudio fue en humanos o en laboratorios con ratones?”.
- Derivación a fuentes oficiales: Tener a la mano un código QR o documento impreso con los enlaces al Registro Nacional de Profesionistas y a las guías de práctica clínica oficiales.
Cómo verificar a un profesional de verdad en México
El pensamiento crítico consiste en saber usar las herramientas que las instituciones nos dan para protegernos. Antes de consumir un producto recomendado en internet o acudir a un consultorio sospechoso, todos deberíamos realizar esta pequeña auditoría de tres pasos [4]:
| Paso | Qué verificar | Dónde consultar |
|---|---|---|
| 1. Cédula General | Que el nombre aparezca con registro de Medicina General. | Registro Nacional de Profesionistas (RNP): https://cedulaprofesional.sep.gob.mx/ |
| 2. Cédula de Especialidad | Que cuente con un segundo registro que lo faculte en su área (ej. Pediatría). | Misma página del RNP, en la sección de «Cédulas adicionales». |
| 3. Certificación Vigente | Que sus conocimientos estén actualizados ante sus pares médicos. | Página web del Consejo de Especialidad respectivo (ej. Consejo Mexicano de Certificación en Pediatría). |
Conclusiones
El combate a la desinformación no consiste en censurar el internet ni en engancharse en discusiones en los comentarios de un video viral. El verdadero abordaje es educativo y preventivo.
La desinformación en salud es un problema de seguridad del paciente y de riesgo legal para el médico. El paciente que consume este contenido llega al consultorio con un guion alternativo que puede sabotear su propia salud. Debemos normalizar en la población el derecho y la corresponsabilidad de verificar que el médico que atiende a su familia cuente con los títulos que ostenta en su receta o publicidad.
La popularidad digital se mide en likes, pero la seguridad de nuestra vida se mide en evidencias, cédulas profesionales y certificaciones vigentes. Aprender a distinguirlas es la habilidad clínica más importante del siglo XXI.
Referencias
[1] Wardle C, Derakhshan H. Information disorder: Toward an interdisciplinary framework for research and policymaking. Strasbourg: Council of Europe; 2017 Oct. Report No.: DGI(2017)09.
[2] European Public Health Association (EUPHA). Public health in the era of misinformation and disinformation [abstract]. In: 18th European Public Health Conference; 2025 Nov 12-15; Lisbon, Portugal. Eur J Public Health. 2025;35(Suppl 4):iv1-iv2. Abstract ckaf161.002.
[3] Vosoughi S, Roy D, Aral S. The spread of true and false news online. Science. 2018 Mar 9;359(6380):1146-51. doi: 10.1126/science.aap9559.
[4] Registro Nacional de Profesionistas. Gobierno de México. https://cedulaprofesional.sep.gob.mx/



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