Autores
Violeta Rios-Escalante
Licenciatura en Nutrición, Departamento de Ciencias de la Salud, Centro Universitario de los Valles, Universidad de Guadalajara.
Licenciatura en Nutrición, Departamento de Ciencias de la Salud, Universidad del Valle de Atemajac, Campus Guadalajara.
Xóchilt Trujillo-Trujillo
Centro Universitario de Investigaciones Biomédicas, Universidad de Colima.
María Claudia Espinel-Bermúdez
Unidad de Investigación Biomédica 02, UMAE Hospital de Especialidades CMNO, Instituto Mexicano del Seguro Social, Guadalajara.
Contacto: mclaudia_espinel@yahoo.com.mx
¿Qué es la sarcopenia?
El término «sarcopenia» tiene sus raíces en el griego antiguo, combinando «sarx» (carne) y «penia» (pérdida). Esta palabra es relativamente nueva en el ámbito médico, ya que fue definida en 1989 por el Dr. Irwin Rosenberg como la pérdida de masa y fuerza muscular asociada al envejecimiento. Sin embargo, es crucial entender que la sarcopenia no es una consecuencia inevitable del proceso de envejecimiento, y no todas las personas mayores desarrollarán esta condición. De hecho, la sarcopenia se considera una enfermedad prevenible y, en cierta medida, reversible (1).
En 2010, el Grupo de Trabajo en Sarcopenia en Personas Mayores (EWGSOP, por sus siglas en inglés) propuso el primer algoritmo para el diagnóstico de sarcopenia, integrando la evaluación de tres componentes fundamentales: rendimiento muscular (velocidad de la marcha), funcionalidad muscular (fuerza en manos o piernas) y volumen muscular (masa muscular). Seis años después, la sarcopenia fue reconocida como una enfermedad al ser incluida en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10), lo que ha facilitado su seguimiento y comprensión a nivel mundial. Este avance permitió que, en 2019, se estableciera un segundo algoritmo para su detección temprana, considerando el término «probable sarcopenia», su diagnóstico y la severidad de la enfermedad. La sarcopenia sigue en constante estudio, y en 2024 se propuso que los puntos clave para su detección son la fuerza y la masa muscular, mientras que la reducción en la velocidad de la marcha podría ser una consecuencia de la enfermedad (1, 2).
Aunque tradicionalmente se ha asociado con el envejecimiento, hoy se sabe que la sarcopenia es una enfermedad muscular que puede comenzar a desarrollarse desde edades tempranas. Entre las causas secundarias que contribuyen a su aparición se encuentran la falta de actividad física, la movilidad limitada, períodos de sueño inadecuados (demasiado cortos o largos), el consumo de tabaco, la presencia de demencia, depresión, malabsorción de nutrientes y una dieta insuficiente en calorías y proteínas. Además, enfermedades como diabetes, cáncer, enfermedad renal, enfermedad hepática, obesidad y cardiopatías también aumentan el riesgo de desarrollarla (3). Sin embargo, este padecimiento es silencioso en sus inicios y suele pasar desapercibido tanto por los pacientes como por los profesionales de la salud.
¿Por qué se debe hablar de sarcopenia?
Recientemente, la sarcopenia ha recibido mucha atención debido al envejecimiento progresivo de la población mundial. A medida que las personas envejecen, experimentan pérdida de músculo y fuerza, lo que las pone en riesgo de desarrollar esta enfermedad. Además, los estilos de vida poco saludables y el aumento de enfermedades crónicas y degenerativas en personas de todas las edades también incrementan su prevalencia. Para las personas mayores, la sarcopenia se ha relacionado con fragilidad, dependencia, caídas, fracturas, deterioro de la calidad de vida, estancias hospitalarias prolongadas, peores pronósticos y altos costos de atención (3). Por ello, es fundamental identificar esta enfermedad en etapas tempranas, cuando aún puede ser reversible.
A pesar de los avances en su reconocimiento, persiste una falta de información tanto entre los profesionales de la salud como en la población general. Esto se debe, en parte, a las diferencias en los criterios diagnósticos, los cambios en los parámetros de evaluación a lo largo de los años y la falta de herramientas accesibles (como dinamómetros, básculas de bioimpedancia, tomógrafos o densitómetros) para evaluar la masa y fuerza muscular. Estos equipos son costosos, requieren entrenamiento especializado y se han utilizado principalmente en investigación (2, 4).
Ante esta situación, se han desarrollado herramientas sencillas y rápidas para identificar posibles casos de sarcopenia. Un ejemplo es el cuestionario SARC-F, que evalúa la capacidad para realizar actividades como cargar objetos pesados, caminar, subir escaleras o levantarse de una silla. Su principal ventaja es que no requiere equipos especializados, lo que lo convierte en una herramienta óptima para la detección temprana, especialmente en la atención primaria. Este cuestionario es económico y ha sido validado en población mexicana.
Al aplicar el SARC-F y detectar posibles casos, se pueden implementar cambios en el estilo de vida, como mejorar la alimentación, aumentar la actividad física y promover ejercicios de fuerza y resistencia, lo que aumenta las posibilidades de retrasar, tratar o incluso revertir la enfermedad (1).
¿Cómo sospechar de una posible sarcopenia?
En la práctica clínica, síntomas como debilidad, cansancio, reducción de la velocidad al caminar y pérdida de peso pueden indicar sarcopenia (1, 3). Sin embargo, una evaluación más detallada se logra aplicando el cuestionario SARC-F, que consta de cinco preguntas:
- ¿Qué tanta dificultad tiene para cargar 4.5 kg?
- ¿Qué tanta dificultad tiene para caminar por un cuarto?
- ¿Qué tanta dificultad tiene para levantarse de una silla o cama?
- ¿Qué tanta dificultad tiene para subir 10 escalones?
- ¿Cuántas veces se ha caído en el último año?
Cada respuesta se puntúa de 0 a 2, donde 0 indica ninguna dificultad, 1 alguna dificultad y 2 mucha dificultad o incapacidad. Para las caídas, 0 equivale a ninguna, 1 a una o tres caídas, y 2 a cuatro o más. Un puntaje igual o mayor a cuatro sugiere alta probabilidad de sarcopenia y justifica una evaluación exhaustiva y seguimiento médico (1).
Para reflexionar
Hoy es esencial hablar de sarcopenia, ya que afecta gravemente la funcionalidad y calidad de vida de las personas, y suele ser silenciosa en sus inicios. Afortunadamente, su aparición puede prevenirse con actividad física regular y una alimentación adecuada (1), pilares fundamentales para un envejecimiento saludable. Además, se recomienda mantener niveles óptimos de fuerza y masa muscular desde edades tempranas, conservarlos durante la adultez y enlentecer su pérdida en la vejez.
En países como México, donde prevalecen el sobrepeso, la obesidad y la diabetes, el riesgo de sarcopenia podría aumentar en el futuro, deteriorando aún más la salud de la población. Sin embargo, un diagnóstico temprano mejoraría la calidad de vida y reduciría la carga económica para el sistema de salud y las familias.
Es crucial aumentar la conciencia sobre esta enfermedad, fomentar su prevención y eliminar la idea errónea de que es una consecuencia inevitable del envejecimiento. La sarcopenia es una condición prevenible y tratable, y su manejo adecuado puede marcar una diferencia significativa en la vida de quienes la padecen.
Referencias
[1] Cruz-Jentoft AJ, Bahat G, Bauer J, Boirie Y, Bruyère O, Cederholm T, et al. Sarcopenia: revised European consensus on definition and diagnosis. Age Ageing. 2019;48(1):16-31.
[2] Kirk B, Cawthon PM, Arai H, Fielding RA, Landi F, Phillips SM, et al. An executive summary on the Global conceptual definition of Sarcopenia. Aging Clin Exp Res. 2024;36(1):1-4.
[3] Yuan S, Larsson SC. Epidemiology of sarcopenia: Prevalence, risk factors, and consequences. Metabolism. 2023;144:155533.
[4] Evans WJ, Guralnik J, Cawthon P, Allman R, Alessi C, Aubertin-Leheudre M, et al. Sarcopenia: no consensus, no diagnostic criteria, and no approved indication—How did we get here? Geroscience. 2024;46(1):183-190.



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