Autores
David Fernández-Quezada
Departamento de Neurociencias del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), de la Universidad de Guadalajara (UdeG).
Contacto: david.fernandez@academicos.udg.mx
Alisson Chriseth Torres Leal
Estudiante de la Licenciatura en Psicología del CUCS, UdeG.
Fernanda Giselle Chávez Vallejo
Estudiante de la Licenciatura en Psicología del CUCS, UdeG.
La depresión es como una nube gris que no solo oscurece el estado de ánimo, sino que también afecta la forma en que pensamos, recordamos y enfrentamos el día a día. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión es una de las principales enfermedades mentales en el mundo, y afecta a más de 280 millones de personas. Sin embargo, ¿qué pasa exactamente en el cerebro de alguien con depresión? ¿Por qué se vuelve más difícil concentrarse, tomar decisiones o incluso recordar cosas simples?
¿Qué es el Trastorno Depresivo Mayor?
El Trastorno Depresivo Mayor (TDM) es un tipo de depresión que va más allá de sentirse triste o desanimado. Es como si el cerebro estuviera «estancado» en un estado de funcionamiento que dificulta disfrutar de la vida, tomar decisiones o incluso levantarse de la cama. Las personas con TDM experimentan síntomas como pérdida de interés en actividades que antes disfrutaban (anhedonia), fatiga constante, dificultad para concentrarse y pensamientos negativos recurrentes.
Generalmente, se atribuye la causa de la depresión a un desequilibrio en la química cerebral, pero en realidad es mucho más complejo. No se trata solo de que algunos neurotransmisores estén desajustados, sino de que las conexiones entre las neuronas no funcionan correctamente. Es como si el sistema eléctrico de una casa fallara: si los cables están dañados, las luces no se encienden. De manera similar, las neuronas forman redes que requieren coordinación precisa y recursos metabólicos adecuados para mantener un equilibrio funcional, reflejado en la conducta, la cognición y las emociones.
¿Cómo afecta la depresión?
La depresión tiene un efecto directo en el cerebro, afectando tanto su estructura como su funcionamiento. Una de las principales formas en que esto ocurre es a través de los neurotransmisores. En la depresión, los niveles de serotonina, ácido gamma-aminobutírico (GABA), dopamina y noradrenalina disminuyen, lo que interrumpe la comunicación neuronal (1). Esto puede causar dificultades para concentrarse, tomar decisiones o recordar.
Además de los cambios químicos, el volumen y la conectividad de ciertas áreas cerebrales también se ven afectados. El hipocampo, responsable del aprendizaje y la memoria, tiende a reducir su tamaño en personas con depresión, lo que dificulta la formación de nuevos recuerdos. Por otro lado, la corteza prefrontal, que controla funciones como la planificación y la toma de decisiones, muestra menor actividad en personas deprimidas, lo que puede afectar su capacidad para organizarse.
Otro factor determinante es el debilitamiento de las conexiones entre áreas cerebrales. En un cerebro sano, estas regiones se comunican de manera eficiente, pero en la depresión, las conexiones son más lentas o menos efectivas. Como resultado, las personas pueden tener dificultades para manejar emociones, concentrarse o enfrentar situaciones cotidianas.
El impacto del estrés en los trastornos depresivos
Se ha hipotetizado que los trastornos depresivos son resultado de modificaciones en el sistema nervioso central (SNC) debido a la exposición continua al estrés. Diversos estudios respaldan esta teoría, evidenciando que el estrés es un factor clave en la vulnerabilidad a estos trastornos. El eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA) regula nuestra respuesta al estrés e involucra tres partes del cerebro: el hipotálamo, la hipófisis y las glándulas suprarrenales, que liberan cortisol. En personas con depresión, este sistema no funciona correctamente, lo que lleva a niveles anormales de hormonas y afecta la regulación del estrés, el ánimo y la concentración (2).
El estrés persistente puede alterar la plasticidad cerebral, dificultando la adaptación a nuevas experiencias. Investigaciones en humanos y modelos animales demuestran que el aumento de cortisol produce cambios estructurales en la corteza prefrontal y el hipocampo, reduciendo la actividad cerebral. Además, el estrés afecta la producción de sustancias como el factor de crecimiento derivado del cerebro (BDNF) y el factor de crecimiento nervioso (NGF), esenciales para la formación de nuevas conexiones neuronales. Su disminución contribuye al deterioro cognitivo observado en la depresión (3).
Factores genéticos en el Trastorno Depresivo Mayor
La depresión es el resultado de la interacción entre factores genéticos y ambientales, que alteran la liberación de neurotransmisores. Los estudios muestran que los familiares de personas con depresión tienen mayor riesgo de padecerla, especialmente en primeros grados de parentesco. Además, las mujeres tienen más probabilidades de heredarla que los hombres. Se han identificado casi 200 genes relacionados con la depresión, siendo los más significativos:
- 5HTTLPR (SLC6A4): Transportador de serotonina.
- APOE: Apolipoproteína E.
- DRD4: Receptor de dopamina D4.
- GNB3: Subunidad beta 3 de la proteína G.
- HTR1A: Receptor 1A de serotonina.
- MTHFR: Metilentetrahidrofolato reductasa.
- SLC6A3 (DAT1): Transportador de dopamina.
Estos genes están involucrados en funciones cerebrales clave, y su interacción con el ambiente influye en el desarrollo de la depresión (4).
Conclusiones
Es crucial comprender que la depresión, especialmente el Trastorno Depresivo Mayor (TDM), es mucho más que un «desequilibrio químico». Es un trastorno complejo que afecta la comunicación neuronal, la estructura cerebral y la función cognitiva, impactando profundamente la vida diaria. Desde la anhedonia hasta los déficits en memoria y atención, el TDM altera cómo las personas interactúan con el mundo. Además, su relación con el deterioro cognitivo y la demencia plantea preguntas fascinantes: ¿Es posible revertir el daño causado por la depresión? ¿Cómo influyen los mecanismos biológicos en la recuperación? Profundizar en estos temas no solo amplía nuestro entendimiento, sino que también abre puertas a nuevos tratamientos y esperanza para millones de personas.
Referencias
[1] Jiang Y, Zou D, Li Y, Gu S, Dong J, Ma X, et al. Monoamine neurotransmitters control basic emotions and affect major depressive disorders. Pharmaceuticals (Basel). 2022 Oct;15(10):1203. doi:10.3390/ph15101203.
[2] Bertollo AG, Santos CF, Bagatini MD, Ignácio ZM. Hypothalamus-pituitary-adrenal and gut-brain axes in biological interaction pathway of the depression. Front Neurosci. 2025;19:1541075. doi:10.3389/fnins.2025.1541075.
[3] Matar D, Serhan A, El Bilani S, Faraj RA, Hadi BA, Fakhoury M. Psychopharmacological approaches for neural plasticity and neurogenesis in major depressive disorders. Adv Exp Med Biol. 2024;1456:27-48. doi:10.1007/978-3-031-60183-5_3.
[4] Galiautdinova A, Dolgopolova I, Troshina D, Petelin D, Volel B. The association of genetic polymorphisms and atypical depression in adults: a systematic review. Clin Neuropsychiatry. 2024 Oct;21(5):376-84. doi:10.36131/cnfioritiy20240501.



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