Alimentación saludable y rendimiento escolar: Lo que los recreos nos están enseñando

Alimentación saludable y rendimiento escolar: Lo que los recreos nos están enseñando

Autores

Alejandra Gerardo Kautzman

Escuela Primaria Mariano Azuela, Tlaquepaque, Jalisco, México

Alejandro Barrón Balderas

Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara

Contacto: alejandro.barron9295@academicos.udg.mx

Mireya Robledo Aceves

Hospital Civil de Guadalajara, “Dr. Juan I. Menchaca”, Jalisco, México


En los últimos meses, diversas escuelas primarias en México han adoptado cambios significativos en la alimentación escolar, eliminando gradualmente los productos ricos en azúcares y promoviendo opciones más saludables durante el recreo. Estos cambios se enmarcan en los lineamientos establecidos por el Acuerdo publicado por la Secretaría de Educación Pública en 2024, el cual regula la preparación, distribución y expendio de alimentos en las escuelas del Sistema Educativo Nacional (1). Lo que inicialmente surgió como una estrategia para combatir la obesidad infantil ha mostrado efectos positivos inesperados en el comportamiento y el rendimiento académico de los estudiantes. Los maestros reportan que, tras reducir el consumo de golosinas y bebidas azucaradas, los niños regresan del recreo más tranquilos, atentos y participativos. Este artículo analiza cómo una alimentación balanceada no solo mejora la salud física de los niños, sino que también favorece su aprendizaje y convivencia en el aula (2,3).

La alimentación saludable en escuelas: cómo impacta en el aprendizaje y la obesidad

El sistema educativo mexicano ha promovido cambios sustanciales en los hábitos alimenticios escolares, eliminando gradualmente los productos ultraprocesados y fomentando el consumo de alimentos naturales y nutritivos. Aunque el objetivo principal ha sido combatir la obesidad infantil, los beneficios observados van más allá de la salud física. Los maestros coinciden en que, desde que los niños comenzaron a consumir menos azúcares simples, muestran una mayor capacidad de atención, menos impulsividad y mejor disposición para participar en clase. Esto no solo mejora el rendimiento escolar, sino que también favorece un ambiente más armonioso en el aula. Además, los niños en edad escolar requieren entre 1,500 y 2,000 kilocalorías diarias, dependiendo de su nivel de actividad física, y al reducir los productos ultraprocesados, se les ofrece una mejor calidad nutricional que apoya su desarrollo físico y cognitivo (4,5).

Requerimientos energéticos diarios por nivel escolar

Los niños de diferentes edades tienen necesidades energéticas específicas para su crecimiento y actividad diaria. A continuación, se proporciona una guía de las calorías que deberían consumir aproximadamente:

  • Educación inicial (niños pequeños): Entre 1,000 y 1,200 calorías diarias.
  • Preescolar: Entre 1,300 y 1,500 calorías diarias.
  • Primaria: Entre 1,500 y 1,800 calorías diarias.
  • Secundaria: Entre 1,800 y 2,300 calorías diarias.
  • Bachillerato/preparatoria: Entre 2,300 y 2,600 calorías diarias.
  • Educación superior/formación profesional: Entre 1,700 y 2,100 calorías diarias.

Desde que se introdujeron alternativas más saludables, como frutas frescas, verduras, cereales integrales y agua natural, los docentes han notado mejoras significativas. Los estudiantes regresan al aula más tranquilos, siguen indicaciones con mayor facilidad y cometen menos errores en las actividades escolares. Estas opciones no solo tienen un valor nutricional superior, sino que también generan menos residuos, fomentando hábitos alimenticios saludables desde la infancia (2,3).

Cambios pequeños, grandes beneficios

Cambios aparentemente pequeños, como sustituir un jugo azucarado por agua natural y fruta, o unas papas fritas por zanahorias crudas, pueden tener un gran impacto. Estos ajustes no solo previenen enfermedades crónicas a largo plazo, sino que crean condiciones más favorables para el aprendizaje. La experiencia en las escuelas evidencia que una buena alimentación es clave para el desarrollo físico, cognitivo y social de los niños (3,4).

Estos cambios recientes se ven respaldados por los nuevos Lineamientos generales para la preparación, distribución y expendio de alimentos y bebidas en las escuelas del Sistema Educativo Nacional, emitidos por la Secretaría de Educación Pública y en vigor desde marzo de 2025. Dichos lineamientos prohíben expresamente la venta de productos ultraprocesados, ricos en azúcares, grasas saturadas y sodio, e impulsan la oferta de frutas, verduras frescas, cereales integrales, agua simple potable y alimentos preparados de manera higiénica y equilibrada. Esta política nacional busca no solo combatir la obesidad infantil, sino también garantizar condiciones escolares que favorezcan el aprendizaje y el bienestar de los estudiantes (5).

Mitos y realidades sobre el consumo de azúcar

Las bebidas azucaradas y los snacks procesados son comúnmente vistos como una «recompensa» para mantener a los niños tranquilos durante el recreo. Sin embargo, es necesario desmentir ciertos mitos que giran en torno a estos productos. Uno de los más comunes es que los niños necesitan un «subidón» rápido de energía para poder seguir el ritmo escolar. La realidad es que el azúcar provoca picos y caídas abruptas en los niveles de energía, afectando negativamente la concentración y el comportamiento. En cambio, los alimentos naturales y nutritivos proporcionan una liberación constante de energía, favoreciendo el rendimiento físico y cognitivo (3,4).

Entonces, ¿qué deberían comer los niños en el recreo? Riesgos del azúcar vs. opciones reales

Los niños en edad escolar requieren entre 1,500 y 1,800 kcal diarias, dependiendo de su nivel de actividad. Sin embargo, productos como galletas rellenas (60 g) pueden aportar hasta 400 kcal y 40 g de azúcar —el 20% de la energía diaria en una sola porción—, lo que provoca picos de glucosa que alteran la concentración y favorecen la obesidad infantil. En cambio, alternativas saludables con menos de 150 kcal, como una manzana con almendras, un rollito de jamón de pavo con pan integral o bastones de jícama con limón, proporcionan energía sostenida y beneficios nutricionales superiores (2,5).

Porciones diarias recomendadas por grupo de alimentos

Es importante ajustar las porciones para que los niños reciban los nutrientes adecuados según su etapa de crecimiento. Se recomienda que los niños consuman:

  • Verduras: Entre 2 y 4 porciones al día.
  • Frutas: Entre 1.5 y 4 porciones al día.
  • Cereales integrales: Entre 3.5 y 9 porciones al día.
  • Proteínas de origen animal y leguminosas: Entre 1 y 5.5 porciones al día.
  • Lácteos bajos en grasa: Entre 2 y 2.5 porciones al día.

El agua natural es esencial, y se recomienda entre 1 y 8 vasos al día, dependiendo de la edad y la actividad física (1,5).

Conclusiones

La evidencia recopilada en escuelas primarias mexicanas demuestra que una alimentación saludable tiene un impacto directo en el rendimiento académico y el comportamiento de los estudiantes. La reducción en el consumo de azúcares y la promoción de alimentos nutritivos no solo mejora la salud física, sino también promueve la concentración, la atención y la disciplina en el aula. Estos resultados subrayan la importancia de fortalecer las políticas públicas de nutrición escolar. Como bien lo señala un docente: «Cambiar un juguito azucarado por agua y una mandarina no solo evita la obesidad, sino que mantiene la atención en clase». Los pequeños cambios generan grandes resultados: mejor salud hoy, mejores notas mañana.

Referencias

[1] Sebastián A, Estrada B. Alimentación escolar y educación alimentaria: tendencias recientes en la investigación en América Latina entre 2005 y 2021. Educ. 2023;47(1):588-604. Disponible en: https://doi.org/10.15517/revedu.v47i1.51724

[2] Roberts M, Tolar-Peterson T, Reynolds A, Wall C, Reeder N, Rico Mendez G. The Effects of Nutritional Interventions on the Cognitive Development of Preschool-Age Children: A Systematic Review. Nutrients. 2022;14(3):532. doi:10.3390/nu14030532.

[3] Dalile B, Kim C, Challinor A, Geurts L, Gibney ER, Galdos MV, et al. The EAT-Lancet reference diet and cognitive function across the life course. Lancet Planet Health. 2022;6(9):e749-e759. doi:10.1016/S2542-5196(22)00123-1.

[4] Nyaradi A, Li J, Hickling S, Foster J, Oddy WH. The role of nutrition in children’s neurocognitive development, from pregnancy through childhood. Front Hum Neurosci. 2013;7:97. doi:10.3389/fnhum.2013.00097.

[5] Secretaría de Educación Pública. Acuerdo mediante el cual se establecen los Lineamientos generales a los que deberán sujetarse la preparación, la distribución y el expendio de los alimentos y bebidas preparados, procesados y a granel, así como el fomento de los estilos de vida saludables en alimentación, dentro de toda escuela del Sistema Educativo Nacional. Diario Oficial de la Federación. 2024 Sep 30. Disponible en: https://sidof.segob.gob.mx/notas/docFuente/5740005


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